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c^V- 






^^^2m^^^ 



DE 

ESPAÑA, DE OroiAS T DEL ESTRAKJERO. 






0^3^23^41 



ESPAÑA, DE INDIAS T DEL ESTRANJERO. 

« 



H<^'^- 



REVISTA 



^^^^^^^9 ^S 3¡¡3^L!^^S 



DEL ESTRAMJERO, 



bajo la direcRíon 



DE D. rBRMZn 001VZAIK> MOROV T D, MftHAGIO DB KAMOW 
GABBOnBLL. 



TOMO SÉTIMO. 



MADRID, 

IMPRENTA DE M. RIVADSNEYRA Y COMPAÑÍA^ 
eall« (la J«tiit del Valle, Bdm. 6. 

1846. 



Barrará OoUege Libr^ry 

De . 24, 10.4 

Tranef err rom 

liarvará Law L brary. 



pSpaví BBÍ-U 



lW<tWWíl»MI»>MIM<W^Wil»(ll»>IW<W<IMílíÍ><>^^ U W» 



RESEÑA vmñtk m espA!Sa. 



RÁMDi 0<IB«»A DE LA GUERftA CinL Y DB LA aiTÜAGlON POLÍTICA DI LA PENtNSUU , 
1B8DS itti BASTA lltJSlTBOt DIAI. 



ÁfiTlCULO XUL 

Los ilesórdenes y laotines que se han referido es el arti- 
culo anterior, probaban desgraciadamente, que no obstante 
el espíritu reformador del ministerio, se iba creando y or- 
ganizando on partido turbulento y demagógico, al cual no 
satisfacian concesiones de ningún género , y que en su fu- 
ror y estrayio deseaba «n trastorno g^[ieral y completo del 
orden social. Perjudicaban notablemente al ministerio ac- 
tual su origen y antecedentes revoludonarios, y los tumul- 
tos y. asonadas que se repetían en las principales ciudades 
de España, á pesar suyo , no dqabañ d^ complicar su si- 
tuaeiob, ó de quitai:le fuerza y prestigio. Ya en el mes de 
febrero de 4837 habia hedió dimisión del ministerio de la 
guerra D. Francisco Rodríguez de Vera, que le fué admi- 
tida en 37 del mismo mes, 4^ando en marzo siguiente 
aceptó igualmente S. M. la dimisión del de gobernación, 
becha repetidas veces por D. Joaquín María Lopez^ nom- 
brando por sucesor del primero al conde de Almodó?ar, 
y del segundo al diputado D. Ko Pita Pizarro. Las cortes 
participaban en estos días, basta cierto punto, de la inquie-^ 



6 'UmSTÁim'CSPAf^A, 1)EIinnÁ8Yl>Btí'ESTRÁlf7ER(y; 

tud y de la alarma que dominaban en las cabezas mas exal- 
tadas , y haciéndose intérpretes de este sentimiento» for- 
maron y adoptaron en el mes de abril de 1837 una proposi- 
ción declaraBdo^laiieQ^sidiLddexjpe'el gobieimo procediese; 
con mayor energia pai*a la terminación de la guerra civiL 
Equivalía semejante declaración á un verdadero voto de 
censura ; pero muchos diputados se apresuraron á mani- 
festar el sentido de aquella proposición, y á tranquilizar la 
conciencia de los ministros» los cuales á pesar de estas^p^q.- 
testas quedaron un tanto desautorizados y débiles para go- 
bernar en medio de tan difíciles circunstancias. 

Como ya en otras ocasiones hemos indicado, la lentitud 
y escasos resultados de nuestras operaciones militaxes da- 
ban ocasión ó pretesto á la agitación de los ánimos, á los 
tumultos y desórdenes , al cambio continuo de míBisterios 
y á la debilrdkd del gobierno. Levantado el sitio de Bilbao, 
concibiéronse lais mas lisonjeras esperaTizas sobre la termi-^ 
nación de la guerra, y al ver frus^ados tantos esfuerzos, al 
i)bservar que nuestras tropas^ hablan sido batidas enHep> 
inani , y que las contrarias se preparaban para nuevas espe-*- 
diclones, desfallecía el ánimo délos mas valientes , y los 
-alborotadores de o&cio hallaban sobradas causas para 
enardecer las pasiones y concitarlas al desorden. Desígra* 
•dadamente no eran infundados .los temores y recelos en 
esta época. Ya antes de concluir el «año 1836 se habían 
notado serios- preparativos y mayor actividad en las tropas 
carlistas ; pero la campaña emprendidaen marzo suspendió 
por algunos días la realización de los planes concertados. 
Sin embargo, como semejante campaña fué desfavorable á 
nuestras armas , cobraron con ello nuevo aliento los par- 
tidarios de D. Carlos, y se apresuraron á verificar una es* 
pedición por el interior del reino, mas fuerte y respetable 
que nínj^una de las anteriores, y acaudillada además por el 



RESSXA política DE ESPAÑA. i 

ex-infante y sus toas célebres generales. Ignoróse al prin- 
cipio el punto fijo adonde se dirigía esta éspedicion, pero 
no se tardó en saber que marchaba acia Cataluña , y que 
en su tránsito por Aragón se proponía incorporar las fuer- 
zas de Cabrera y demás cabecillas. Las suyas consistian, 
según los estados remitidos al gobierno, en diez y seis ba- 
tallones con diez mil setecientas plazas , en ocho escua- 
drones de caballería con setecientos veinte hombres mon- 
tados, trescientos desmontados y setenta artilleros. En 
las provincias Vascongadas y Navarra quedaban todavía, 
descontadas estas fuerzas , treinta batallones con catorce, 
mil doscientos hombres, ciento ochenta y cuatro caballos 
y áe cuarenta á cincuenta piezas de artillería, cuyo con- 
junto de fuerzas ei^a suficiente para sostener la guerra en 
aquel territorio. D. Carlos marchaba en persona al frente 
de esta éspedicion, acompañado de su sobrino el infante 
I>. Sebastian, de sus mejores generales, y de un gran nú- 
mero de consejeros y aficionados. La infantería habíase di- 
vidido en cuatro brigadas á las órdenes respectivas de los 
generales Villareal, Sopelana, Cuevillas y Arroyo, y la ca- 
ballería iba mandada por Quilez, haciendo de jefe de es- 
tado mayor el general Moreno. Echase de menos en esta 
lista de caudillos carlistas el nombre de Gómez ; pero mal 
podia asistir á esta éspedicion, cuando á la sazón se hallaba 
preso y sujeto á un<5onsejo de guerra, ^or haber desobe- 
decido las órdenes de D. Carlos, por su conducta en An- 
dalucía, y sobre todo, por los émulos que le trajeron sus 
riquezas obtenidas por medio del botín y del robo , hasta 
• de las alhajas sagradas. 

En 17 de mayo de 1837 se hallaba reunida en Echauri 
tan imponente éspedicion , y al dia siguiente se dirigió á 
Monreal, desde cuyo punto llegó por Lumbier el 20 á Case- 
da, Galllpienzo y pueblos inmediatos, entrando su caba* 



8 REVISTA DE ESPARá, DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

Iie<f a el 23 en Guinea. En el mismo dia 17 habla salido en 
su persecución el general Irribarren» encargando cubrir su 
iz(iuierda al general Buerens, y haciendo una mardia for- 
zada desde Tudela ¿ Tauste, llegó el 22 al pueblo de Zne- 
ra. Mientras sus tropas descansaban en este punta, acer* 
cébase la espedicion carlista.á Amarracos> y pasaba el rio 
GáHego al amanecer del dia 23 de mayo. Las noticias que 
tenia el general Irribarren le convenderondo <iue el ene- 
migo se dirigia acia Huesca, y por ello ordenó que la mis- 
tad de su caballería con parte did la in&nteria ocupase el 
pueblo de Alcalá » como lo verificó el dia 24 » al mismo 
tiempo que la «pedición se presentaba ufena y poco &ti«' 
gada á la vista de Huesca. En su consecuencia el general 
Irribarren ordenó su in|anteria en tres cplmnnas, al mando 
una del lH*igadi<TConrad, y. las del centro á las delbriga* 
dier Van-Halen. Los enemigos » sin embargo , no qfuisíe-* 
ron aceptar la batalla ni salir á la llanura, y se fimitaronjá ' 
desplegar sdgtinas guerrillas: á tiro de pistola de sus bata*- 
llones. En éste momento el brigadier D. Diego León de 
NavarreteiUevado de su arrojo y noble ardimianto, aeom«<!> 
tió y arrollé ftcillBtiaafté lasguerrilias contrarias, penetrandiO 
impávido basta el centro de sus masas, donde pereció 7ÍC'« 
tima de su valory singular denuedo. La noticia de sunauerte 
causó tal impresión en el ánimo del general Iníbarren, que 
resuelto á iomst pronta y sangrienta venganza,. g^nerali* 
zóse desdé este instante la acción con tanto furor y encar* 
nizámiento ^ que no parecía al ver el empeño de la3 dos 
huestes, sino^e se ibaá decidir.^ aquel encuentro la 
suerte definitiva de los ^ércitos de la reina y de D. Car- . 
los. El general Irribarren marchaba sieqipre al frpnte de 
nuestras guerrillas, pero la punta de una lanza api^miga 
alcanzó por desgracia su cuerpo , y le causó una herida, 
que se consideró en aquellos momentos de poca gravedad. 



JOUK&L POlinCÁ DX BSI^Afii. 9 

T^ fonesto contratiempo suspendió la accion,tno empero 
sin que hubiese corrido abundantemente la sangre en am- 
bos campamentos* Nosotros tuvimos en esta infausta jomada 
la pérdida de sesenta muertos y quinientos heridos, con cien 
caballoa fii«ra de combate. La del enemigo fué mucho ma- 
yor, peroiel^ campo quedó por el mismo,.habiendo tenido 
que retirarse miestros soldados á Almudevar» donde al dia 
siguiente vmiá con ge^ievalsenthnicipto del ejército el bravo 
general Irribarrad. Tan, duro contratiempo entibió el ardor 
de nuestros soldados, á cuyo, frente se puso interinamente 
éJL brigadier Conrad, mientras llegaba el general Buerens, á 
qwm Qorcespondia el mando por la ordenanza. Habia en 
aquellas día* lidiado é-Teruel el general Oráa para trasla- 
darse i ZaragMa, y este caudillo pasó imuediajtamente i 
tcHttar eljocumdo de aquel ejército. I4OS espedidonarios» en 
taalOr constáis en au [propósito y resueltos á cruzar el 
Cinca^ aeeocaminaron á Barbastro ; el general Oráa, con el 
fin de observar á los contrarios y de poderlos atacar con 
v«at«jj|^ jreupió todaslas? brigadas en la cordillera de Torre 
de^acia, y las coIoqó de un modo conveniente, man- 
dáadolasavanzar basta las alturas que tenia delante^ y desde 
las cualea se d^a vista á la ciudad de Barbastro. La bri- 
gada dque feínnaba el ala izquierda llegó sin obstáculo al 
pun^o que se le habia señalado , pero la vanguardia de la 
columna del centro, sin poder adivinar la causa, se dis- 
persó y desordeaió de tal modo que. introdujo la confo- 
sioijik en el resto del ejército. Los enemigos, preparados de 
antenuno á emprender su retirada por Gra, tan luego 
como vieron flacpeai; ¿los nuestros, los .acometieron con 
singul^ osadía., ^ptonces se empeñó con gran brio.la acr 
don, y hubiera sí 4o ^ta, fataUsfma. .¿nue^t^ minas, si.^ 
brig^fer D. Diego. Lepu. no hubiera sucedido-i. su tioei^ 
el mando de la caballera, : y logrado con . .su ardimiento 



10 REVISTA AÉ ESPAÑA, DÉ mDlAS Y DíEL ITSTBANJEBO. 

contener ár enemigo, y hacer volver á nuestra^ tropiásúr- 
déhadáitíente acia áus cantones JTanto valor no pudci; sit 
embargó, evitar la pérdida de setentst y seis tnuertós y sefis«- 
cientos heridos, contándole entre los priiheros albriga^- 
díer D. lose Conrad, comandante general de la legión atK- 
xiKar francesa, y^ que en pericia y arrojo haUá sietópre rir 
valizado' con nuestros toejo'rés jefes. Tan señalada' victoria 
no selójg^d, sin eúñm^ó, por el ejército carlista sin ijfié 
éste espérirnentase dé su parte iguales ó mayores^ perdis 
das. f)esde eñtóxices no pudb ya dudarse qae ^) éneMigo 
se disponía á pasar d Cincalí todo trátice. Cdtí'este ob^ 
jeto se encaminó á toüiár las barcas' dé Estada y SstadlHá, 
y el general Oráa, sabedor del intento, se ílrrlgió-á'Barbas^ 
tro, mientras el barón de Meer; capitán^ general de Cata- 
hiña, pasó áFons, combinando strs moviúiientos cóñ los 
del ejército del centro^ No pudo este ^t^arlos proyectos 
de los espedicionariosj ^pero él gétóewl Oráá logró avistar 
¿ la orilla del río la retaguardia de estos, y fué taiiféliz'eñ 
el ataque, que venció y de^rayUel cuarto batallón llamado 
de Castilla, quedando part« de sus soldados prisictoefós 
con su comandante, pereciendo otros a( fuego detiueslros 
fusiles, y él resto sumergido én las agua*. Las barcas que- 
daron inutilizadas, y el ejército carlista se vio precisado á 
bajar á Monzón , para verificar por este punto el paso del 
Cinca. 

El barón de Meer habiá retrocedido á Lérida, y supo 
muy pronto que el territorio de su mando hallábase inva- 
dido por D. Carlos. En este trjmce desplegó el conde de 
Crá gran actividad y energia. Trasladóse en seguida con 
sus fuerzas á Agramunt, de donde Salió al amanecer del 
dia 22 de junio de 1837 en persecución de los enemigas, 
qué ocupaban las inmediaciones de Guisona. A las dos 
horas de marcha descubrió al ejército carlista que » ocu- 



- > • bssbSía i»olíti9a be cspaRa. ti 

pcmdo con algunos soldados los pueblos de San Martín y ta 
Morana, halna tomado posiciony apoyando su derecha es»! 
á la aIttiQ*a dé Guisona, su ifíquiecda en Gtá y prolongando 
su 'linea de batalla en una ostensión de media legua fue 
tenia delante. Acometieron uoostros batallones las posi- 
ciones enemigas, y empe&dseen todas ellas el combate 
con gran calof ; ¿ la$ tres de la torde hallábase todavía in^ 
^ecisa la vidtorift» y el barón de Meer mandó >ntotíceS al 
iHigadier D. Mego León que atacase cén decisión el flanco 
d^echo del enemigo. «Tres compañías (decía aquel gene-> 
ral en su parte) del primer batatton del segundo regimiento 
de la Guardia^ conducidas por su piimer comandante Don 
Leonardo Arias, alanzaron denodadamente al enemigo, y 
cu^do este cargaba sobre ella^ con fuer^cas idfioítamente 
superiores, el^ bravo ci^itia de húsares D. José Concha 
con una sola, mitad de tiradores, dio. una carga vencedora, 
que apoya<ía después por el biz^ro brigadier León con 
otras repetidas, drroUd al enemigo; y sefiald principio ála 
Tlotoria, reproduciendo en los A^ros eampos del Cid los 

laureles aj^anzados en las llanuras de Villarobledo 

Rechazado una veai el batallón esbraqero, sus dignos ofi^ 
cíales, sin volv^ atrás un solo paso, clavaron sus sables 
^n el suelo, y gritaron á la vista del ejército, que aHi mo- 
rirían por Isabel II y por EspaSa^ y los soldados fueron á 
sus puestos. AlU perecieron no pocos valientes , y allí fiíé 
herido de muerte el veterano brigadier D. Daniel Dorjen, 
coronel de los granaderos de Oporto, que en una larga 
carrera militar habia ennoblecido su nombre en tres nació* 
nes, y sobrevivido á la batalla de las Pirámides y al ca&on 
de Wáterlo^.t 

Arrolladas asi por el esfuerzo de nuestros soldados las 
fuerzas enemigas del centro y de la derecha, y atacadas de 
frente las que ocupaban todavía el pueblo de Grá, apode-* 



18 REVISTA BB BSPASa, DE INDIAS Y DEL B^TRÁNJEEO. 

rose nuestro ejército de la linea, que con tantp empeño 
babia defendido el enemigip ¡^or espacio de seis horas , y 
bumiUó y derrotó completamente las buestes carlistas, 
vengando para gloria, suya las pérdidas y desgracias qup 
acabábamos de sufrir á la vista de Huesca y.BarbastrQ. 
. Mientras ep el interior 4el reino lagloripsísima jomada de 
Grá hacia olvidar los descalabros esperimentados en Ara- 
gón» mostrábasei^os también propicia la suerte en el terri- 
torlo vasco-cántabro* Ijoifausta como babia sido la ope- 
ración dirigida e^ mar^p de 1837 contra la línea de Her- 
nani, hallábase muy ^pipeñado el .honor del general L^cy 
Evans en borrar coi? tm eno^eptro feliz la derrota sufrida 
en Hernani. Impulsado pues el general Espartero por el 
bizarrisim.Q jefe de la. legión auxiliar británica, empezó á 
reconocer 1^ lipea. ocupada por Iq$ .contfar^s en la iz- 
quierda del Urui^eaf . y á hacer todpi Iqs preparativos ne- 
cesarios pai(ra appdpv^rsj^. de la misma. Con 'este motivo 
empezaron á salir el 13.de m^yo los diferentes cuerpos de 
ejér^áto de^lpsi^aptojies (pe ocupaban, y avanzar hasta l}e- 
gar i las fortificaciones enemigas», Los primeros disparos 
4e nuestra artilleiáa ot^li^^on iilps contrarios á abando- 
na |5us parapetoe; y á , refugiarse; al pié de, las alturas de 
.O^di|ílpndi,^ Perseguido y bpstigado también aqui e} ene- 
migo» retiros^ de tpda^ ^mBí posiciones, y fué á abrigarse 
en. su segunda linea de defensa, formada por las posicio- 
nes de Hernani» alt^r^s de. San^ Bárbara y garganta de Ar- 
ric^rte. liiútil fuéigualmente aquí su obstinada resistencia, 
por lo cual tuvo que buscariesiUrnieta Bu último atrinche-r 
parnüonto, defeiidjiépdojie con grant eooipenó ; mas nada pudo 
impedir su completa deirota y afrenta. Nuestras biiarrisi- 
mas tropas envolvieron y ocuj^a^n lomediatamente elpue- 
blo de Urnietaé y pef^juáeron yairrojat^ al enemigo hasta 
la mitad del camino de Andoain, quedando en nuestro por 



RESEÑA POLÍTICA DE ESPAÑA. 13 

der el importante punto de Hernani. Facilitaba so posesión 
la de los que se hallaban contiguos á la frontera , y él ge- 
neral Lacy Evans encargóse de esta inision. Escarmenta- 
dos y aterrados los enemigos por los anteriores encuentros, 
evacuaron á Oyarzun tan pronto como nuestras tropas se 
aproximaron en la mañana deH6 de mayo. Prosiguieron 
estas su objeto, y ciiteünvalaroíi y atacaron el flierte del 
Parque y el pueblo fortificado de Irun. Defendiéronse los 
contrarios con gran serenidad y valor por espacio de veinte 
horas, hasta que á las diez de la mañana deH7 fué asal- 
tado y tomado el pueblo, rindiéndose á discreción al 
mismo tiempo el fuerte del Parque. Capituló la plaza de 
Fuénterrabia al dia siguiente, quedando en nuestro poder 
la guarnición, las municiones, víveres y píezasí de artilleria ; 
y esta serie de triunfos hubiera sido completa, si no hu- 
biésemos perdido en 20 de mayó el importante punto mi- 
litar de Lerin, que servia de llave á nuestros puestos for- 
tificados en la linea de la Ribera. • 

No hacemos mérito dé los diferentes encuentros qtie por 
el mismo tiempo tuvieron nuestras armas con las faccio- 
nes de la Mancha, porque las victorias obtenidas eíi nada 
alteraron el estado de la guerra, m impidieron el que Ore- 
jíta , Palillos y consocios Corriesen , devastasen y talasen 
impunemente el pais ; y aquí suspenderemos por un mo- 
mento la pesada relación de los hechos militares, para ve- 
nir á dar cuenta de los políticos. 

Llegó por fin el dia tan deseado por el partido progre- 
sista de jurarse y proclamarse la Constitución de f 837. De- 
signóse para la jura y promulgación el dia 18 de junio, y 
S. M. la reina gobernadora salió con la reina Isabel ^déIré-> 
gio alcázar, y se dirigió al palacio del Congreso por medio 
de un concurso innumerable. En él prestó el' juramento 
debido á la nüéva ley fundamental, verificándolo después 



14 REVISTA DI ESPAÑA» I>Z INDUS Y BBL ISTRANJERO. 

el presideole de las cortes 7 todos los diputados. Conckiida 
esta ceremonia, leyó S. M. tm ^discurso reducido á enco- 
miar el espíritu monárquico y conciliador de la ley polí- 
tica del Estado que acababa de ser jurada , y por la tarde 
T^ficóse la proclamación de la misma por las autoridades 
loches. Hizose esta con gna solemnidad y aparato, acom- 
pañando á las autoridades comisiones de todos los tribu- 
nalest delostado mayor del ejército y de los oficiales de la 
milicia. El público se entregó por entonces al júbilo y al 
regocijo, obidáronse en aquellos dias las calamidades del 
pais, y el partido conservador ac^tó la nueva Constitu- 
ción, y la sünacion creada por ella, viendo en aquella, si no 
una ley pcdüica acorde en todo con sus principios, al me^ 
nos bastante acomodada á los mismos y aceptaUe en to- 
das sus partes con algunas modificaciones. 

Jurada, y proclamada que fué la ConstUudon en 1837^ 
el gobierno publicó, previa la sanción deS. M., diferen- 
tes leyes que probaban el espíritu reformador del gabi- 
nete : entre ellas merece citarse la ley de 16 de julio de 
1857 acerca de la prestación decimal, en la cuaLse orde- 
naba cobrar el diezmo basta febrero de 1838, declarándose 
que todos sus productos, cualquiera que fiíese su clase y 
aplicación , partenedaa esduaivamente al Estado : el go« 
biemo se reservaba la administración <5 arriendo en pú- 
blica subasta de la. prestación decimal, debiendo aplicarse 
la mitad de su importe á las obligaciones del culto y clero 
y participes logos en proporción de sus derechos, y la 
restante á cubr/r.las atenciones del tesoro público; empe- 
ro, mientras por esta ley se declaraba, subsistente la pres- 
tación decimal , por la de 2Q de julio del mismo año se 
declaraban abolidos el diezmo y primicia* y todas las pres- 
taciones emanantes de la misma, adjudicándose á la na- 
ción los bienes y derechos del clero secular, y aplicándose 



BSSEKA política DE BSPaSA^ Í5 

el pfoánetQ total de los mismos al pago del pre&upuesto 
del otdfp. 7 clero. Gontradiotorias eran ea verdad y estra- 
ñaa ajoalM disposiciones; porque ai el gobienio apremiado 
por te$ M^e&iidade^ del erario reveía precisado i ponerse 
en opa^}Q9 epn sus doctríitts^.y á dejar sul)sistente por 
aquel año. la(p^stac>ondeoimal, natural era suponer que 
oslas neee^dadse&sj^rjm mayares en los años aueesiTOs, y 
que aboliéndose eI4^ino el gobierno bq sacaría p^artido 
aigpno de las contribuyentes, que con su resistencia pa- 
siva ^rian instiles los e^uerzosde,lacadaúnisti:a<;ion : ya 
quepues «ra tan apremiante la situación del tesoro públi*- 
ca> si se queria qae la prestaáon decimal diese algpmos 
pri)dU6tpft.dl. erario ^.1^7,. no se debió desautorizarla 
publíeandeb al propia ti^Eupo su abolix^lon ; pero en* estos 
y otros errores ineuiren. siempre los parüdos, cuando, se 
Iwza^ impri»te)QtaDftente y sin ^ djdbáda meditaeion en 
r^EHpmae trascendentales». y que 4 como la. del diezmo» se 
balita liminljs&8akiBnte.entea.d^ sistema rentisr 

tieo 4el paisw^ . - * ,.. 

:(Sr9yeBdn(.y»dminist8rkKquic.habia completado su obra 
con la^^ublieacitm de la.Ck>nstiU]€ÍQn de 1837, y lasrefor-r 
masiyie ajobamos dq^eiyiioeitajr^ coaaideró que erapruden-^ 
tísimo ototgaír una amplia amnistía, que borrase los eses- 
sosy desa&erosque se babian cometido en los días subsi- 
gwentes á la revolución de la Granja. Publicóse en efecto 
esta amnistía en 19 de julio de 1837, y ella solo esceptuaba 
de sus beneficiosa los parciales de D. Garlos, no exigiendo 
otra condición de los amiiiistiados que el juramento de ser 
fieles ala reina y guardarla Gonstitucion : publicóse en el 
mismo dia otra ley que, invalidando el real decreto de 16 
de setiembre de 1836, alzaba todos los secuestros ejecutados 
en su virtud, y mandaba devolver sus productos deposita- 
dos, reservándose disponer lo conveniente respecto á los 



16 REVISTA DE ESPAHa» DE INDU8 T DEL BSTBAimCHO. 

españoles ausentes sin licencia del gobierno » que en el 
término de tres mes^es nó prestasen Juramento á la Cons- 
titución 7 á la reina. Todas eaítat medidas eran altamente 
polítiq^ 7 reparadoras Ty demostraban que el mkiisteTio 
quena abandonar aquel sistema violento é irritante con 
que habia inattgQMdo'síí ía/dvéíiiniiímtb alpoder.' 

El gobierno mostró por último Stts^ deseos de entrar en 
las vías regulares 7 legales, espidiendo en 20 de julio la con- 
vocatoria dé tes ¿ofrteft» txxfok inHividtios debian ser nom- 
brados con arreglo á ta,le;aleelMfllipqbIicada en la propia 
fecha : esta ley, ¡que ha re^do h^tsta bfiy» .^o exigía ga- 
rantía alguna desarraigo para ser diputado, ni aun para 
ser senador, pues bastaba para-poder obtener este último 
cargo tener una renta anual 6 sueldo de treinta mO reales: 
este mismo espíritu demoerátieoxlominaba en las cuali- 
dades para ser elector, pues bastaba paraeBo pagar dos- 
dentps realas wams d0 aoBtrihndan'difecta^i'p&ginr iRr^s 
mil reales, en dineip :il^ frotM. octano tacendatafío* 4 tlpAt^' 
cera, ó satisC^etr dQ$;mU,quÍDÍentoB*rédesde^'alquile^ éé' 
casa ;. sin embarig^y esta I^.iachDitiBirl^^^iHdM iKr^etto, 
que era el sistema mas adelantado, y eétabá' w> ^eifá 
oposición con las do^naa 7 tradicíonésniiél ))alflM^yrt^ 
gresista/ ...«..'.- .. > . ;"•. .; • 






<WI»WWMM<IMlláS8Byi>WlÍUllMMwíl»l>(WI^^ 



C 



LAUmQWA, 



sus RECURSOS l^!<TÍSTIGO$, ^U, 0^iU9»Afl<^^l^^^f^ 1 >i| CM^QD » 

\ EL ESTADO QEL TRAFICO I^GI^ES Jilft U^AN;KKi . 



' -" •> '- ^ ' '^ •«ri^Urlo 3c ftmbajida «n CousUQtínopla. 

f* j ^ ,'\ l y ji *< « < ."■ * ' ' ' « I . « 

hsmm^^T.ím¡»^^tmte» duné^iMite ^estitolHifse éñ lo 
siJKwsiv^;lA-imÉiQtt)otaiiiiiiftfiy ^é^^ «nürMiterdó á éstos 
lixm^MNH «ntiguo 7 poderoso imperio, todtviá coit el Bds- 
foi^» ki».D«rd«Mto87 GfitMilitt«io«^a;*em«Mft'tiiiá de las 
habil«ci0iie3^^<i6.l«iJÉatíKttu^ pueblo 

hubiera podido recibir de la nmuralem : para llenar la 
granmisiom qnke Qaeate4eatf!o puede y debe ejercerla na* 
cion otomana^ examina mister Urqohart qué trasformacio- 
nes ha sufrido desde su <Mrigen este gran imperio, qué re- 
formas se han hecho en nu^atros dias, qué nuevos adelan- 
mientoa debe aun realizar la Tnrqyia. 

Al dilucidar tan importante, .punto , recomienda con 
oportunidadmister Urquhart á los europeos que se despo- 
jen de las preocupadones que han alimentado desde la 
infancia contra los tuecos, c Habvá siempre (dice) rasgos 
distintivos, contrastes, incompatibilidades entve los pue- 

T. Vil. 2 



i8 REVISTA DK ESPAÑA» BE OVDUS T DEL ESTRAKIEEO. 

blos de Oriente y Occidente. La ProTÍdenda ha trazado 
' con su mano' estas diferencias y no las borrará : nuestro 
deber es respetarlas. Por otra paarte, para juzgar bien á loa 
turcos, nosotros debemos compararlos omchas veces, no 
con lo que somos, sino con lo que hemos sido : bajo mu- 
chos aspectos ^se encuentran en el punto en que nos* 
otros estábamos hace algunos diglos; y si han conservado 
los victos de estos viejos tiempos, preciso es convenir en 
que han guardado también las virtudes. Reprendemos ma«- 
chas veces á los turcos su espiritu^estactonario y vetrógrar 
do, y esta reprensión no la han merecido siempre i la £u«* 
ropa no los llamaba estacionarios cuando tomaban á Coas* 
tantinopla, cuando arrebataban á Rodas á loscabaUevos 
de Jerusalén, ni cuando acampaban delante de Vieiiay y 
su caballería penetraba hasta en las gargantas de la Cw^ 
niola y de la Cbarintía^» Desde este tiempo cierto es que 
se han detenido en su movhmento ; pero 'habiendo salido 
la raza otomana de losdesiortos del» Tartaria, y córner-^ 
vado durante la 'ooncpkistft sus bábílos' d» gaisneeod > pas-^ 
tores y. nómadas, necesitaba del reposo y de la ífAmevü^ 
dad para coastHoip su nadonaüdad 7 'ocupar un ilfugar im- 
portante en' el congreso de las naciones- europeas. Sie les 
ha reprendido después* su- motteie y^sa evueldádv como si 
los pueblos bárbaros qwf dominaFon el Occideatei no hu-- 
biesen tenido , como los turcos, sus épocas úa- tnolioie'y 
de crueldad. Por otra parte, cuando 'eVOccideiite« y espe- 
cialmente la- Francia, c^Mpria: ciega y desatentadamente en 
pos del furor innovador y revolucionario; ¿no era conve- 
nienteque en otra parte del^mundo, á poca distancia, otro 
pueblo , un pueblo graride en la historia , mantuviese con 
una obstinación no menos profimda sus costumbres anti- 
guas, su ignorancia primitira y su vida de raza- pastoral? 
Y ya que, siguiendo las indicaciones de mister Urqubart, 



€á«Be3iiei»igacei^. Q«kitar»fU>^ Uireoe^ ianiiífefstiíneiiibosiigua^ 

cMto'tla fOifinróiliikiMiifilq^íOÉó #i:»DívimÍ8nto :flCioial del 

di9^1f9ji3)u)Mi(iudonas.t6l}gYOsa;&{ittiid^ 
ea»»íi»9|9(bldi}^ronjos pcieJibsi geniuimá^ m OmiáBnémél 
fi^diftU^lio^y i^^abUitWQa.^» leyftstyitti'eéslttinadrai del 
HBp#ii^a4iiaiH»iK>^4d^ nüsaujMiB'oá a} fado de 

lusvdct^aa^ flcMlfimiid^s pfwtet IVpofeta^ inlitiduiefdit iañ*- 

Anqadftft d«i>4M^ f«rppiQ^;£wdo«^'I^M»<k0iidte leaipaeb^ 
ií4]ii3Ídi0Si/dfi lofi áxtí>m f deJúslgib0g^dsfJa4tJereapki9o)o 
4fstUD€ten (pia/lB aboaideJpft lntooiJuéiasft Janl»; dificü, 

<4omu3{(^(píQílaa^tnirM9 adn^tavdn^iiáié kiapiámN'a¡f^i&* 
«íaijí QQiilRai^dríd^ogliiíaíidb^ ai le^r 

atDxskanesnp qóisáeFon toiaaRskutisStlvefettibr^^.d^fttDdAdw 
deum áaoiiliai;^d(is mmañiiiMaii«li«]íieiix^0n puiiAtisa- tav^ 
rem«fi9ttbifid^jp»DtestíH»íÍQifM»]blafl9^ 4fe cazA 4;«MKto^ al 

ád»iti90ti I ^ liír mas jhi«a ciit^eiid^ 

vigCi9rQ&^:qi)ei |iai9»i6iúfttidO}^. p^i^aio.q^e^ rrl$i}lutáIPldo^^ mr 
tre-.loA)hÁia> d«ílo3 irU^tMiios ai:r^jit^3(P0r/Iai^)jS^ y 
eapvdriidoft(talit^Iaxiú$faa>fi$QK^ a/m^l^^o^ Jai'^cMA- 
^uHiii^£í]f miamo:iiiNa'pari4pii(»rla Q(^i|MJ$ta^,;y>loa<g^isa^o%, 
aaiixiadQfi^ 4e . m ^prji^i^Utí^nKh^fdi^iil'í^wi^tea&QA^l #^picUu 
U€^fiua|iiKii^^baUa^nr^iit^ran^litf349m^ por<^l «s* 



¿o REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

pinto de cserpo y pordifdnitiaíDhdw I>os geDiMM» fiíeron 
pues lias4aoieft»l»mta'«iv el Oriente lo que' lae órdone* 
militares y religiOMs Awrdw«ii Oeddente : la cTMdkm ée; 
los bajEtatos, que debían distribuirse entre tos jefes 4é 
los conquistadores eon la «bügacion^didl servicio mUtiiiP', 
•fué una verdadera instítacion feudal, y-éñUí faudaKsmo 
subsiste aun en toda la Asia «nenor, y^esicl <que todayia,«é 
pesar de su decadencia, da 4^les.tiircos'eii «aso ée-fneMí 
su numerosa y temible caballería. Colonias tnlreas ltaer<M 
iraslsidadas del Asia ála'JSuropa, y enoar^adas die. Ja ée-^ 
fensa de los pasos mas importantes : emp^aoonlatona 
de Gonstasktinoplaí, el imperio recibió una nue^orgama»* 
clon. La famosa etiqueta de la corte de BitEaneta'p8sd*en 
gran parle á la corte de los sultanes; y utia^miiltílnd'-^ 
prictioas, que « 9e pueden ilamar serviles» aun 'hablando di» 
Oriente, derívai'oridel mismo origen, c Es ml^oluntad qtie 
nadie coma con Mi majestad imperial, dijoMaíb^n^tU í 
mis ilustres antepasado» tenian el hábito en lo antíguodo 
comer^con sus visires, peroyo be9^>o(idodstaeo9lumbv6<r 
De la corle de Btzando vino táfoibián la iti$títttcion de U>$ 
euiiueos negros y blatM^os, institución eseneíftlaaenW eon^ 
irartaiaílespiriiu delislamismo* ^ 

Mahoma no había dejado heredetto varón, y como murié 
sin ealabiecep un órdea de sucesional 'Oalifodo, -surgieron 
graves disensiones durante el imperio de lois e«airo pri- 
m^roS'Oalifes, discípulos suyos : la misma falta de uiia4ey 
de sucesión- produjo las sangrientas catástrofes que seSa*- 
íaron el reinado y trajeron la icaida de las dinastías árabes, 
omniadas y abasidas. Estos ejemplos y las disputas que 
se habian suscitado entre loa sucesores de Osmán, hicieron 
una gran impr^on sobreseí ánimo de Mahon^et II : oom- 
prcftdió por lo mismo que era necesario dar á su im^rio 
-por base, la estabilidad de la dinastía y la fijeza del deve^ 



ehode sucesión i esla ofara^^a tanto mas' necesaria, cnanto 
4it6>lo8^d0pe€faa6 de finniliaison ei;ñmdameBta detoda soh 
etédadi'OridAtal, y ei^te pmpósíto se hallaba' cpntarariado 
poirlaüléyf^ligidsa^; empero tMabomet II tuvoxcmncdoiieiá 
tjwrififiMftearsütod este punto, ^e no Tetrocfifátó en»siit>bra 
nt<awr'drt«litfr del^fratrioidio. : .apoyado sí»;dodai en aque*^ 
Itaáenüancift^ateofáiE» qae etidesórdeñioSírnaa peijodi^ 
eial'^fiie(6l homicidio ^ maiHióiloisiguienttt-rtLos mastsa** 
bioa^de toa letrados dian declarado <pie mis ihistresíhi}os ó 
imloa q|yd:^u3»fAB'abtrojio,: podrán imponer la pena, de 
i»iiei1;e'idU&>h«i«ianos á^fini de .asegurar el repuso del 
mundos :* éllot^deiMitánüpites^obrar. en cansemteecia de 
esta daelMraoíoi^ypPopl ^dt/misímo príncipio>lo8' heradercn 
^«ronefii dei'laaiMjaft M«ulli»ifiieron condenados á^ímorir 
etled momento de su naeímiento : con el fin de asegsffar 
nm buibeiisaieia eniimediorde esta sociedad tan lurbolenta 
é'i«idisi»{d«iida4 se^^fitabieQíó qae<)^kSuUén después de 
iMtwAmlMiimiñM)púnmité»Qt^ití9 aLptimogénito da si» 
hijt)iiS| &Mí^^4»blyo^i(}l^«toa»oIXírMos^ no^pndlendo -suceder 
dfridtítiKttiMM: ei tií}éilit!{iiid!66 sgii6<en defecto de herede-^ 
ro>cotettétial44idtt^oa^9^^btiiiaa dri^SaHán reinante no 
se mostrabfflfíiarl pueblo sineMiSitnileí si iniámna^rei temor 
dé ^< i<etdl^ci«iieisf4iMtrlili]»^ eiv^lés' padiekilos sen timién^ 
tia9.'ditf<llim0ttfndéeaÍKy«coiidiindiáJos»jévei^ principes á 
wtítie^eméM^cMÉtv>m:^\6ékisó y^de^dtante, luego «pie 
paaaÉ^e^pHittéFperMdo^o «iiii^klai t de^eiMa escuela sa^ 
ReiidÉi^todosr4«iSfl!iiHfltiei»'d0sésí8olimáii' : a^í 

%iáé%B^n¡^6Kié átift mnsollda'don>deiprincipio beredita*^ 
ftar^ y>€6Aifectisc»f^iéi»tff ittwñiim' k>»iriHidadOf es de la mon 
náitqi^ o(xiiM9Hrar'0|)pr^9OidM(tearique. abortaron. 

AiBiiráít JK*saBlteuyó 1á^4la8}p«qt«iaui ^ctinsorípcto^ 
tesritorialos los grmd^stbajalátoa, y á<tosi gobernadores 
viUriicioaloft^ Imjás asiiaiosii Los Jefts munjoipaies^de bis 



22 REVISTA DE ESPAfCA, M INDIAS Y DEL tSTRANJERO. 

grandes ciudades fueron instituidos porSdRraán el magni- 
fico; pero 'como los snltasídSTio tenian solo mosulmaitefrá 
quienes gobernar, s'mo que mía población cristiana tiu» 
merosa reconocía su klomi ftecion, eran n«ce«anas instít«« 
ciones espedalefi y len armonía con el islenÉdgmo* Mahd- 
met II creó estas instituciones ; confirióse un graií poder, 
no solo espiritual sino civil*, al patriarca d^to^^armenios, 
al de los griegody al rabinoderíos jüdíossMSObrfe-few. sec- 
tarios de estas religiones ; por semejante inedto los sulta- 
nes tuvieron á su lado y bajo, sus 'Órdenes % 4o» lieiHíbféa 
que ejercían mayor influeiicia sobre ios rayáis. Los sobe- 
ranos * otomanos se atribuyeron. la sucesión* al cdlifeto, y 
concentraron en sn'personael podwr eíñlyrelKgioM), no 
sólo sobre sus subditos directos siné sabrc'todos los^ntu- 
sulmanes. " ' . " : r»: . i ■■ ;.= ■)'• >••• ..' •» • 

No sé viBv pues; en todas éstas TWtitucíbnes nfcda ^e 
no este conforme donólas neoMldaKiefs é^lniepéSéBide la 
organisíadon oriental; y si taduraciion delrimpério otoma- 
no ha sido mayor* que» lá^idéP'téébslósr dorntets iiiip^os 
fundados por los sectarios de^Mabomai y atrlbxtirse^debé 
en nuestra opinioná'las imtitucío9ie»vip¿líticts de -la na- 
ción otomaüa* No dejaron igualmente "los tuntos «de'ma- 
nifiestár habilidad' y acierto enia; dif>lomacia : haciendo 
guerra sih tregua á los cristÉanós^ -auxiliaban ^in/embargo, 
según las circunstancias, á infieles contra infieles, y pro-' 
curaban dobiHtarlaspófendas de la* cristiaadad las unas 
por las otras ^ mas eslfí gran período idel poder y dei in- 
flujo otomano ot>iic(kf]fó ál oabo de ébá ftfglo8.< Desdd la 
paz de Oarlowitfc, que aefialó'etfin del siglo 'icnii, el im- 
perio turco deoayót;* las'itístilucídnes* que^babián aewido 
á establecerle é& dasnaturalisdráiii ó: sé ooi^iftrtieiKMtt en 
daño del objeto par» queifüek^on eiiMdaa. Los geiiisáros^ 
que habían «ido un in&trumifnte bdaairableide^onVpiiBta, 






LA TUAQULA 2o 

cutmdo el. imperio Uegd á tocar el limite de su estension 
•se oonvirtieron en una guardia pretoríaua» temible para 
tos sultanes y el pueblo , y en un obstáculo á todo pro- 
greso. La etiqueta de las viejas cortes del Asia daba á los 
aultacnes una idea estravagante de su grandeza; por ello 
abandonaron los campamentos, se encerraron en el ser- 
rallo, y se abandonaron á la crápula, á las intrigas y á 
las proscripciones; desde entonces comenzaron á ejercer 
el derecbOj que «us predecesores no habian conocido, de 
eoadeaar á muerte sin forma de juicio ; su educación, di- 
rigida áin»pedir la rebelión de los herederos presuntos , 

- les entregaba , luego que subian al trono, á merced de 
sus-minieitpos, y mas aun á los caprichos de sus favoritos, 
que no fardaban en tomar el poder, hacer la paz y la 
guerra , y en arreglar según su interés todos los nego- 

' w>sddUiaperio.'Con ello las gmndes municipalidades se 
hicieron awtsymas independientes; los beys se consti- 
tuyeron en poseedores hereditarios de sus bajalatos, y se 
eKMpaíeroB-dedsarvicieiiiliUlar, mediante el pago de una 
corta, suma; lo» grandes bajas estendieron el territorio 
sometido-á sndomini^on , y tendieron igualmente á ha- 
MrheredHariO'Su-podér; unosyotrosy porme^io déla 

* iistisa y de la violefteia, se apropiaron ias tierras de los ha- 
bitantes que no les pagaban «n ^u origen sino un pequeño 
tributo, y señorearon asi vastos dominios particulares. Los 
Tayas , cuya enstencia nacional habian protegido los sul- 
tanes, seapor obedecerá las máxiihas del alcorán, sea 
por conservar un manantial de riqueza, un elemento de 
poder eontra la agrefifioBi estranjefa, y de resistencia con^ 
tra la r^elion interior; los rayas eran sin embargo trata- 
dor como pueblo conquistado por los propietarios turcos 
y por los empleados subalternos ; su suerte era bastante 
parecida á.la de las poblaciones latinas bajo la' domina- 



24 REVISTA DE ESPAÑA, DE Uf Wi^S Y DEL E8TRANJER0. 

cion de los priqíeros conquistadpi^ gQnip^xií^f} muobiit 
veces se veian precisados á,iiifeudfir.i;u^ propjedftddSr^ld^ 
mezcpUta$ n^sulmanas, como aptíguap^nte se bnoia «o 
l4sigl€^. cristianas, coo el fía de poder oopsc^viir'^i 
menos, el usuiructo paca su posteiidad. Fav^acjáfiftiper 
lat, tolerancia dd gobierno,! pero deaespevadafipwloftt nub- 
las l,r^AinieiM;os d^ |o4 propietavtca y^de k» estpleados 
tur^fií» 1^ poblacimes cristianan éeseaban coa «fiía 7 
preparaba^ su eniaDcipaek^ivpoUtíca.iSladvaiiíiiiíaDito al 
trono de JUbfWd Itíié la époc^.de la mayor debilidAd 
del , iiinperio. Alh^wb^ ^a casÁisob^apoieiikla papúnsula 
helépiea, PasaaTM^end Qglím- eaWidmr Meb0met«*AU en 
Egipto. Los gemzatMfSdgstmoB ntasea. antes, hdttaa úb^ 
puesto á Seüm^ 7 loa.jefe&maiiitMpales yg^itakáes pisopiet* 
tainos de Ia BbcMboia y^.de^ JatJftiuwdtev haiñ^ndo lo^ 
focmadO' una liga biyot al^nointee ét SaÍRianes, kabíaa 
maipcbadoso]we:GiaQtíüftntínepIav.iifiatroBird0 á/Musteph¿» 
y sacado del serrattq isuthonnano MaiapBitd para ao]^-? 
carie wbre eltronoi^.jLaiQ[Usíaf66ffp^0i»tab&oada«4tftfnias 
a]»eiiiaadQra»^eUaftanift^ por .aliada áb Im^etffa^ y em*^ 
pupbaila rebelmi^.áiilos'Griegofi-y á lo» Servios^ Bí^q 
cireuDstaiieias.Uin díikiles comanaó* su> rcÁpadoSlidAinud 
enil de octubre de 4808;. educado pos auitio» el depgra* 
cúdo Seliniv en elsidio álosgeBisafos» estalla biaiimr 
suelto á proseguir, su deatmejcion^y á reformar el imp^r 
pecio ,v costésele la que le jcostase^i Girounstanoias mmj 
eatraor«díaari8SvmarGaro& su advenimiento al trono. « JÍ9 
se i{e4diaeJtfF. Riwofen I4» ÁfHÜe$éel mpma oUmmft) 
una r«EvolocíoRr semejante á ]ft> qfi0 hiw) desoldar del 
treno á Murtaphi IV,.y pueo^en^su luifará MalMxnid. Muf 
cha» veces los^geoízu^a habita^ide&tpeiíadoiácloa siillana$» 
pero no se habia^ víate jamás> á los jefes da'^una> ligada 
gobernadores márchfU' sobra Gon&tanti^oplai y deponer á 



lA TURQUÍA. .».«.. {g 

niftnO' arma(to'á»M»MterffliOt\^B«iiiÉf<fem|^^^ en lá 

bMorÍBP de lo WftOisiñútiék ^^émémMLi ^ Méhniüd' teniA 
p«ieS'SobÑF!Siib>lÍUiiilbrod umwrgttnfinimftaf; enr» necesario 
qde ét seto' tiílMsif'lo que^iiibiifti* faoebé'^ett Vúuuat todos 
ldsireyi8$^*éMdi^iLi^e) gmtáa^ryválñ^ bcAifi; podido con- 
clmrbi€owNMM«ni'^ra iadiifdttsiitde>^^9ie^redttjafle á'lá 
ob6die]iíená4^ 9ol»^ttiadomft ele<^M»Mla6^|l^yiAeii&, A 
los jefas dfrim f > iand<tt cMadesifÉítoftt^tfó^'tereditartos 
de.laA¿<MBíliaB'feudiIe»Y iUtí^abajAft', á* Ids jefes munici-- 
pidáiiy'á«losi'b0j»« 4to necesiltabAi ifí% estírpasé loe geni-* 
zwio^^i'iifoii^maixií^^sps»^ la 

indeiiákideii«iat'4'ieiseAableiiiea#^M eonlas 

p^Maciflmfastmninimiftraíi tfflwwwhiryatde. sit^anüena opre^ 
s«ens^^<P>6»aéaifasisf ^-ei^V^^ dcH* 

iaiotitaté¿íipé:im$afitaMr4iileriu^ y los 

>pn0[ttfaee^áí««sinm sn «dié 8iiipaaclé9^doa4ós>&^c»Í8tíai)os : 
era^tma oUira ianiim»tefarfa<Jai^<»idatdgqMaLilloiaitee salo , y 
sÍBi^iBtMngQi MMtáieiáfafQdMeibftstidir^pái» UiMtla á eabo. 
Si)4odií9faMite8ia^]MeiiarM|ié^iiai»^ 
jnsChátf ¿iJMHÉitd «ier]i6>diaber tae6lu>n bastantai» Pero 
Mabéludiv «t Asúifts de «srtaigia&hneiféhaciNil»^ . hk ímt^tkméf^ 
unAia§&réftoiiile9Dla9/r naslriiiBatdft sa;ittM«rt*dtolBiitJla;<ii 

trodueidd inaSff«gidAiidMbpaii»lo otfiíiítMifeii^latkforaiaade 

$u>^attmini»t])aisiMi»v :y^a|>iiMúm ilK9aaiB^áfl«i»x{M' 

eiístenáan B0S«qp» ^'lia>diiá0káfsa<e^roko yié^^tiafuacioH 

nwám uft tmje «fis^r din^testRoae nnii^< gpoalov |k«»i íéH 

motfiMfaiiemMHltt^ pÉn^misilitoúmkBspaA^ 

la> mtíM' y ptfeoettpiéiwaiiiBii^if 1IM18GBI í dér loe 1 eldinaDoe*} 

haí adoptad)0«im! métoia (BútíM^ pavaí lá.iaeMdadénidel 

impiiiQ|rtMir>de^ eqrilaní^ 

dd^oil prMBpuesMB^provineiiEíiearqde wéf^ÉníÉn péAó^ett^ 

meiite^al tslBiaterio^^^eiUiUleoida laüfifiacaUzaoifm para 



36 REVISTA DE ESPAÑA, M.IMDIAa Y DEL ESTRANJERO. ^ 

ios gastos de. los gobernadoreSi Mahmitd sobre todo ha 
favorecido los sentindentos de tolevasda con respeclaé 
los francos ú estraiijeros; estos han podado poDetsai^en 
las mezquitas 7 recorrer la mayor parte délas piroYmeifts 
del imperio, ami oonservando su traje, sin teaer insultos 
que temer; algunas leyes antiguas, impregnadas aun^ de la 
barbarie de los tiempos en que se dieron , han «sido abo- 
lidas; las bijas del sultán no son ya separsídas de-stis es- 
posos después de su matrimonio, ni«us Mjos están ^eon- 
denados á peredjer al tiempo de su nacimiento ; el antiguo 
ceremonial de la Puerta'para la recepción de embajadores 
francos ba sido suprimido;' el sultán y el pin«^f is^ no 
soñ ya como en lo antiguo seres invisüdes; ¡por finseha 
comprendido aun en la Tmrqutael»podeir de la opinionien 
lo int^or y en el esterior; la Turquía' tiene boy sufi ilía<- 
rios, y no se puede deseonocer el bien que han piHtidttoi- 
do y el que deben producir énlo sueeanro; y sin eari)iff- 
go, todos estos golpes de estado^todas estas innovaciones 
prof nadas, paneee que hasta el diatnó himttenido<sino un 
resultado^ superficial, y que no han modifieado simo muy 
déhUmente todolo^qae >existe fuera dte Const^tinópla y 
susrinmediacíones.Estoconsiste'en qun HiAmtíd, como 
todos los grandes revolucíonairios, rompid la cadena de 
los tiempos. Poseído de <una pasión ardiente en favor de 
la civilización otcoiéental, quiso^á toda costa importarla 
en su imperio y sin 4omanse. el trabajo, de. modificar las 
partes heterogéneas : su reforma de. trajes pudo sermo- 
mentáneamente neoesama; pero tal «orno la concibió^' es 
contrariábalos hábitos del puebloyiásugusto^ innato por 
todo 16 que es bello y magnifico ; asi. no podrá durar lar- 
go tiempo. Al {HÍncipió se ad(>ptó como medida genera], y 
hoy se halla liimtada al ejército 7 ábs funcioparíos public- 
eos: igual censura es aplicable á la ocganizamn militar; 



el T^fitféofde nuestro» soldadbs y la infletibfltdftd de nuet- 
tnr dteeipima están en oposición eonlos tiáblto» y t^árác- 
terd^los orieitlaleB : en Turquia «orno en 6r«ota será 
neeesattio ^dbptiur para ei ejército «utorganiáadotí media 
entre ei'Sístemarei^iarréirregtirlar: la antigua ^caballeípia 
tinn02ii|era ^izé lá mejor cabolleriar irregular qneilMibíese 
BAHei: mundo; y poco se necesitaba para trasformaíria en 
eabaUeirfa regular. El sultán iafaií'patalizadóy qoeiveiido 
formar una oabiallena á lá europea, 
«ifiado este* juido sobre lafrjfeformas deMdimud> pasa 
núdter Urquhcirt á dar una idea de la. administración inte- 
rior t de: tes- proTind&s turcas ^ punto en >eI<^oal ha hecho 
mteter Urquhart mt- servioío» importante , ¡descubriendo lo 
que hasta él habia estado oculto é ignorado. 
> 'L»i administración da/ lae. f^rovinciasjeslá dehecho en 
máiíOB de loS' banqueros* armieiiios, cuyo influjo trae la 
misma rapacidad y^iiieaórdénes qtie en todas partes lia 
traído la dominación de los asentistas» Bectruido el poder 
heMoKtario de los jefes bocales, 7 oreados los bajas en hi- 
gtfr>de'4os gobemadovess los bajalatos se^^eonoeden en 
pflblioa subasta at que mas da, y suele concederse al mis- 
mo el laná^üdo de las^re|N»s públicas. E» Turquia ^lidoiide 
todo ftmcionano púbIieo<<es basta cierto punto esclato del 
sultán r dé tal suerte* que S0:here»é¡a le pertenece, los 
hfotad^rM de probidad^y de capital ^han huido, hasta el dia 
déloi^ t etilos públicos;' los pretendientes, pbes, de estos 
pequeños gobiernos son en general hombres de escasa 
valias que no tienen por sí mismos los medios siquiera de 
dar la fianza que e); estado exige ; los banqueros; armenios 
suplen pues' oop sus .capitales iD&séoursos que faltan áloi 
. e«»didatoe; y jeomo es deipremÍBttr hacen pagar á buen 
precio estos serrieios. Mister Urquhort entra can este mo- 
tivojeñnlos utas prolijos detalles sobre lostmedios de que 



9S REVISTA DB ESPAÑA, JHE>Íl«ÍrÍAS>V DEL ESTRANJERO. 

tógidos , sobt^lll»^onu«fi^DdIliisk)nes^ (ipidtllev^ni los pá- 
galos qud-<eitig6nf, y lasi intrigad ^fo^ urde&i délad otuties 
ni la> devfteiéa al saftgo áe gtaft visir pfied)9' sustraer ai 
bígá ; ' de hecliú)^ p^uel^ la adiBtiíistpaéiéa <lft las 'provindash 
eslé efi» míHies'^&ileft^aírm^iIoá ; eUoiS' exigen*' el im^píuesto 
del paisano antes ée^Ja^éptíca^^e&áted^pjDr la ley ¿ ellos \% 
pc»sbeñr«ttla imposibilidad derpa^gai^y le'titteeii préstaifiíes 
con intereses '>eKorbitantds¿. La PUeria ha protegido 4ia9ta 
etdia á hm amieliios.,^ piíi?i^e'^Hdtí<ie of#ét»eií an mddio 
cé]xte(to y'segiirb^ aiinqiie;0{»it&90, dfin/p^eibír'Sttsireittáfi/ 
LalTe^dén^ ád eñefpú. entofe^ da Id^ratitte&ies^y deate 
famiHa» -en i Gonst^tinoplai ;Ies« pune^ é au i^rnteáúii ; €on<^ 
vencida de Ios4Éiáldfrdé^^0'8Í8leá!ii^^ '4a Puerta eonrensd* 
desdei^^fá eóttyatfr^sifildittafdemdmÍBlfilraeion de las 
rsiífas'porélfés^db en^algttBm bá^tSütoa^^pepo eski^refbi^ 
ma es'dtfieli%i yy^seirtín^méeií^émúB^ttíúiíhoB lAosfy «sfaer^^ 
pakrailevariaiáfoabsc).. ' ' 

£^'nMil^to>4«^Il^) tbatt^iltí^Éé^^aniMtt^ Qmmmtít^ 
iiopla>e9' pooo^aa^M6á9o»^de oohwtKdi^ yi^la foiftüHa^te 
algttiibS'as(Hétíde$ha9tfttaí63rniiSMe^6^r^k)v^ LadnAtioift^ 
oiai política de esta, clase: en Tuncpiia 9, no: obatftErte «ua iih- 
co^vieuíeiBies para la bttenaí ádministifaícion^ ofrec6rreeur-* 
tot ixúffSKttaniQs pana lar reccrganizacion del imperio , ^gtin 
miater';Iin;ühiffti. Los; armenios v llamados, con razón los 
saiaos' del oriente v emplearán sm erudito yr vastos capita-* 
las:^ luego que puedan; hacerlo con seguridad^ en vivificar 
eLGoziia*cio yila indastma.del pai6<, foranarán relaciones 
eoniloseapitalifitas da Buropav ilustrarán yi dirigirán á es^ 
tos en i sufi espacaliícionesi ea Levante ^ y ayudarán á la 
Pneitaiá abtener.y lo quBr.daunai condkion de. esialttieía 
para k)dosrlos'pueblci8íni0dénios» el crédito público* 

Los turóos son, según ndater Urqubart, wm naden de 



IiÁ TQAQ«Ú* * 29 

pastores, ; Ips p^tos y )a ciia de g^iiadiK» debei^ ser siem- 
pre U priacipai «queta del paia^; el •«ultivo'.dd cereales 
puede tomar mayor eatension, sobre todo en la Tracia; 
pero hoy Conslaatioopla trae de Odeaa una parte del tri- 
go que fionsume. Aadi;«i0po)ia» Esmirna y-Broiissa son 
célebres por su$ sedas, y este preeioso artículo debe ser 
una de Ipsprineipales otyetos de esportacion de la Ttir<* 
(^mi^ y^f^zí^ Mdt^foffiofs^ é>U)fattgfiibteide4()^>útoa9as^e la 
Tpaeia 7 de^Bfdkáii ^ es -e) eentro de ^ tos^ bumies obreros 
de construcción ; los arip^nios ejercen tadas las profe** 
siones indu^lria}^; .los griegos p^odff^a m^^V^i^sfii i su 
genio ccKnercial y desempeñar útilmexUe las misiones di- 
pldmatieaSf y Constantioopla y Esmirna, por so admirable 
posición^ ocupiirén siempre el primer rango entre las es- 
e^as^derl^ievaiite^ sevánan^pwito de Ue^Mla y partida pa- 
radlos buques ycaramaaa i y sei^virán de depósitos al co^ 
mereiO' de la Turquía y de todo el-Oriente- con el Occi- 
dente. 

Aquí suspeoderemofr este articulo, para continuar en el 
siguiente el importante ■eiámenfle las relaoioRes que de- 
ben exigir entscílos musu]iiianes.yiostra)Bs,óIos pueblos 
dominados. 

Fermín Gon%alo Morón. 



VIAJE EN mOPÁ Y. AMÉRICA, T 

POR D. DOMl?(GO F. SARMIENTO. ' 

ISLA DE ROBINSON. 



( Insertamos cod placer en fímisfá^Réviéta una carta descrliAlW de una 
ifila desierta del Paettico> que enoootramos refHíúdaclda en los^dtamfs 
de Chile y Monteyideo. La circanst^pcia de hallarse en M^adrid el s^w- 
lor, que es un literato americano , y la novedad de las escenas que ea 
ella describe, do de|arán de Interesad á ntíé^tros lectores.)' ' ' * ' 

Sr, A^ DeiiKTiiio Peña. ^ , . • > 

Maníe9idáQéUimbr^UdeiS4&: 

Fué V. , mi <|«©ri4o y buen amigo ■, el ultifoo qüe= al de* 

jaF el puerto de V^araiso^ abandonó keubierta de IwEn- 

riqueta^ y por tanto el primero ^ea mis Fdóuerdos , abora 

^que puedo enviar de nuevo mis vales á los amigos que' por 

allá dejo. ..,.,. 

La espectacion de un rápida» viaje, eonque tedos seoom- 
plaoian ^i darnos el áltimo adiós, fué nias bien que ÍÚH 
presagio un buen deseo , bnrlado por vientos obstinada- 
mente contrarios , 'ó calmas pesadas que aginaban las velas 
sin inflarlas. Estas contrariedades con que la naturaleza 
desbarata los esfuerzos del arte humano , no son del todo 
estériles sin embargo. En el mar, y en los buques de vela 
sobre todo, aprende uno á resignarse al destino y á espe- 
rar sin hacerse violencia. Los primeros dias de viaje, cada 
milla que hacíamos desviándonos de nuestro rumbo , era 
motivo de rebeliones de espíritu , de rabia y mal estar. Al 
cabo de cuarenta dias, empero, éramos todos unos corde- 
ros en resignación; y el viento, p^r contrario que nos fuese, 
soplaba según su voluntad soberana , sin recoger de paso 



lianas é impotentes maldtcioBes. Asi educado y empieso á 
mirar como cosa Jlevaderalaá flaoteátials que IM aguardan 
en todoslos mares y en todas las latitud^, hasta que, acer^ 
candóme á Europa, el yapor .venga en mi auúlio contra 
la naUíraleza indócil, L ... — ; .. • . ; 

¿Qué puede referirse en un viaje de Válp^raiao para 
Montevideo, aunque esté de por.medio ,e1 temido eabo de 
lloróos, que vimos d^ cerca y rod^ado de todos los polar^d 
esplendores > inelttso las noches icrepiísevlares eH' que, 
puesto el sol , \a hit tá rondando' el horizonte sin perder 
nada de su pálido esplendor hasta .preceder, la. salida del 
sol al naciente? Por lo demás, sucesión de dias sin emo- 
ciones, siguiendo á veces el vuelo maje^uoso- del pájaro^ 
carnero^ que da. vueltas al buque como azorado, cual si 
q^Msiera.Qeraiqrarse.de lo ^^^«igmfica Oihjeto para él tan 
e§}3^noi($i|f^idQ^ otnas.ppij.los ^alt|9$. y.qipidQ pasaje d^ loa 
cba&^lips! d€^ Utar.i qw ^io^4os de doa ^eo doa vieAen á 
da? Wi&lta,j^Jtwq«!?^ P4ia»df> fpi^ieai»eiite por la. proa; 
acudiendo un día en tropel sobre cubierta á ver navegar 
á^iiuestro. qpaíajíojouístro ei?oíiDfs5i haft*P^»^^P9r^ vivos 
(iQfi sufíiCobliPBasr de^ag^dy .^mo d$^ Ib^uiQOt llevan los artir^ 
&^€^^aterra4<>^ o(ra;(H^iiiin pp?, ^' üitidico; grito dal ti** 
moneW« Awftre;.aí/fw(*r///í Y, en. eíije4o uBjiíífrtia marineco 
^yó dei una verga eoun dia de:)>p|Ta$cd;:({ii|co.uneAfuerza 
h^rillda para mostrarlos tod<^ $u busto ao^reksupc^ficía 
delOi^éano enfttracido4 pera^nQgroéjnsondableal^is- 
mo reoJamó su pre*a, y ftié en vapoiq^e.elbuqtté volviera 
sobre el lugar de la cMá^trofa : el^pmJ^e sa aumergió par- 
ra $iemp?e, ¿Se aíjuerdl^ V, qu^pre^^linadoaicon nuestra in- 
ci»inpdralite;Eug^9ia en la ga]€^ <^e de su habitación da 
á la hahiaiCn^ValpamisíOv la €09iani<^ba la in^i^resion.que 
me €au$a,la.vista<d^l mar, .persaan^^^do Q^atldo. puedo 
hoxas .iteras inméviU I0S ojosiftjpi^^aQ \lp p«míot, sinmi* 



1 



S2 aSYUTA DE BWAtá, DB INBI18 T BIL BSnUlIJBltO. 

rar, sin pensar , sin sentir/ espéoe de embratedmieiito y 
dB^pan^ziÉsi^ii áetúdoÉhátuáAtBLáeSy y sin embargo, llé^ 
no áé atmcliv» y de^éHeta?* íkr esfce placer gozaba á lüis 
BB^aa t«4edio»'diaft, y axm con táss vivéaa'en aquéllos 
Affi'ea en que las olas son montañas qútí se derruiában por 
mmtkemos, disblWéndo^e con estrépilo' ate^raIíl^ en una 
««car^oBdO- p^o ée^ «^a. 'ARí 'el abismo^ , *ló Infinito , lo" 
mcfd^^astabtéiléne eficcffitosy'sedncciones; que par#oe^ 
qBíe^io^llai»áii é uhb, 7 le hacen réeonécer si está bien s^»^ 
gut^o para ne^ ced^^ la tetítaddtr; ^mtaba ast tnlsmo de 
pasar hasta muy entrada lá nódbé^óbfe -^ibierta mirando' 
d^Mé polar, cdya orut y mancháis sé acercaban dé áia 
en ñiá i n^sütd ténfe , 'e^éttchatido' el ^éilvido del Tiento 
eh la5tircia,-é oyendo^ piloloí ctíentos de mar;il€fnoá de' 
riovedád é4dtef«i*,'^titíe ^ttfé^ iiafeiañ' éhvidiar ía súérté 'dé 
a^uél <íííé^%afcia áidb^teMiéb i txütár ^ 'eííbk: l*ue« bienr 
d¿sdíé éí díK'iq^^tóyd^gííbdriiíéro iíirfmas jjdde'permane- 
céi* ebttHyá6té«'4eíéBfiaídb^s6bi*e1a obrk ¿dertá ;* cotí loé 
qjtia*^ en4aí<^lkíír*<etmá W sfflir^ tá-^cabeza del infeliz^ 
ii^i(t^«^ eP^^üBMo^pIáBAIéró ^eFviéfato t>i^rdió párá mf 
tódd tó^^ínfétaiíóSé %lh¿ífato; poñjtatí^' pareciá' que habiaf 
d»t#aer áMS<Hdós^tyáuii* ponía áteíicfori sin poderlo re- 
itfe4i2d*i)IM^ékétícha]^IÓb)'geímldo»cotí ¿0- 

rao Uaáié^dé íAo<dBi^V'¿oHio igtítos de socorro, como sú- 
pH<ías'de*d«SiMídó;Yrf coraron se mé oprimían de noche 
lasixta&eMííí^y la erúz déli sttd; Venus , Júpiter, Saturno y 
Hait^qué eslabán á la vista no detenián como antes mis 
odi4iÉfcíi 'miradas, poréCharlas feírtivamétite sobre la ^ncha 
hu^la que á p6]^ de}aíd büí^e, "para'dt&^ubrir éiflá os- 
curidad de la noche ^^Veiti^ sfgtñéDfdonos un bulto negr» 
agitándose^pára qdé le 'riürUtei^s. Nd és ^ue tupíese ittiedo, 
puesque semridíeillo ^rigftfflor B* que quiero' hacerle 
sentir es que mis gedeá süén^ósoé, y como^ comnígó mis- 



VIAJE EN EUROPA T AMÉmCA. 33 

dio de que le hablaba á su |¡iigeiiia , se «cbu^roa i perd«r 
con él recuerdo del náufrago, cujio^cadáver .$6 mezclaba 
m todos mis $u^&o$^ despieil0fl^>ex) esosanom^nMl en <q«e 
no es eipea^fpientA: el (j^niepsi^.sipai |4« i4#»9» losfdw 
oiierdos ipé d^^supi^ofiáo nfpbx se i^t9ii¡eii^ cierCii eaptri** 
chosa cQofusipn y (^ejsiócdep qi^e oo^ace^ 4^!deIioiaswLQ^ 
mas triste era ^ to d^6graQi^«ucedíó allrent^ del^i^i-* 
piélago 4e Gbi}o^» p.ati4M# ^f<^iz^ allloeri^ eatitoi$i|i 
madre» y ja ppbre cabana, cpte lo líió^nacer y i^ii^a ¥m- 

brales np d^biii preaen^rsfi masw 

A e^toj^ pesue^osjfD^^^enteii cetaria redudda.mji mnA^ 
ciop^ ai uno mes|)i^r^P np .iii9i;ecieaerporfii i^ipvAdi^d )a 
pena de.^ntfar m ipayprea d^^Uies^ IJ^ p(9fia4<> viei^K» 
S. O, iiipíj llevó, ájxo,cpain(dap d^,VíiIparaisp> m^ ftUí» del. 
grupQ 4e. las islas de Juan Femaod^y forzéu^oxios mía 
calma de cuatrp dias i dar la yuelta.rcomptqts de la de 
Masafuera. Siabe Y. cpie. es<,esta^ i^a e»orpie mootafia, de 
origen. vioW¿nico,.qi)^á los. Sé*" de Jü^^tud y^O? &iáei}sm»^ 
tud del seno del O^éa^o ae l,eTa?tfa>a^-^f{iKtOf sin phQfia, 
ni fondeadero se$^ra en nii^gui^>de w? e^sM^do^t mocboai 
de ellos comaos ¿ pico y Uspa como; uQaánwíBp^ «o^ 
ralla , presentando easl por todas parte^^la>ípiw^ de una . 
ballena. colosiil que estuviera á H^r de^igua<.]DeÁ<^ dear< 
de ab iniUo^ aunque de vez en c^and07sea T¥itada por loa . 
botes balleneros que en bnBcadd letUty agi^tau^enaj^qr^ 
dar sus inabordables flanopar está- señaladas ealaa cartas 
y ^ los tridos cpmxx inhabitable ^inljtabitada^ Ctoaad«^ ^ 
noaptro&de traerla, siempre en algw mtí^ ^el^<HMnfiási,i; 
según que al yientp placía bacca'aa^^manfic^^ eada intófot^ 
aceptamos con trasportarla idea dial p^o de hacer wa 
incursión en ella y pasar un dia en tien»»< Estaba según él 
poblada de perros salvajes que bacim la casa é manadat 
de chanchos silvestres. 

T. vil. 3 



54 REVISTA DE SSPAfk, DE IMDUS Y DIL ISTRANJERO. 

Hago i V« mcreed de los {vrepasütivoi deTÍaJe ; bote ai 
agua » TÍvas de partida » y duro remar con rumbo acia la > 
isla , aunque esto áltimo , por haber eaieutado mal la éis^ 
taneia, durase ocho horaamortalas^denaaiado langas parar 
apagar todo eutusmsmo, y reducírnosiolisilencio qíie pro«f> 
duCe una esperanza tardía en realizarse. Un ineideate em*** 
pero vino á sacamos - de i ■esta' apatía v'sumimstrándoBos. 
sensad<mes para las qué no estábamos apercibidos. Cuan^i 
do á la moribunda hiz del crepásoulo nos ampeñábaonos. 
en discernir los confusos 'lineanientos <ie ia montaña, di-" 
vísese la llama de un foigoii entre: una de sus sinuosidades. 
Un gritO' general de placer saludó esta' señal cieiia de 1» 
existencia de seres racionales en aquellos 'parajes-, que 
hal^a entonces habíamos considerado como. desiertos, si 
l^ien la refleiion vino á^sobresaltaraos bien.pnmto con. el 
íésúidtr muy fundado de encontraismea con; . * desertores de 
buques 'ú otros individuos isespeehoaoa y euj^o número é 
intenciones^ no-tios^era dado apredar*' Contribuyó no poco 
áaumentar nuestra alarme la oir4uui5tiaiQi&, de muy inal 
agüero, de haber> desapanecidó'la.hu<Baomenio& después 
de habeiia apercibido nosotros ;« á su turbo- nos- habian 
visto y U*ataban de oe«iltamos su guarida. La situación, se 
hacia critica y alarmante, pues la noche •a'vaiieabav e^ba>- 
mos á muchas millas de distancáa, y no^sabiamb& áqué 
punto dirigimos. Para preparamos á todoicvento; y' ha* 
oiendo rumba^il lugar mismo donde la.lux fafabia! sido vis- 
ta t- procedimos iá cargar á bala un par de pistolas que 
llevábamos, á mas de un fufiil y una earabioa para la pro*- 
jectadft caza de.peiros.y chanchos; con lo que, y unitrago 
'de ron distribuido á los marineros, nos creímos en estado 
4e acometer dignamente aquella descomunal .aventm*av • 

Mjiliy avanzada ya la noche llegamos por fin al pié de la 
montaña, cuya proximidad nos dejaba jsespechüv laoB- 



. ^.^ %lAJEt]»l ECR09A «r^AMÉfiflCA. • ' > 3S 

curidadi de ila& sombras que ikhs ^ rodeaban » aunque iio sin 
(jtisimulado sobresalto echase m^oa el pilólo el mido de 
las edad al vooifteiMí en ld,pfesNan4a;)playa¡^coaio sucede 
dcm^e cpui^ax^eíA^eaeuenti^n cotas Ueas y^perpendicu- 
lares^ Aquella oéíQUiidad y efite^sUeB^io se haeian.mas sor 
lemn6S!00ñ la idea derJastmstugas' y el oautek)so< golpe 
dff los naaases que^ na. iispulsaban. el boie , temerosos los 
iHiuriaeroside mzxámr en alguna punta encubiertad siu 
quCüip ol^tante kif proximii^ad reconocida^ nos fuese po-^ 
sítale dificenm las formii»4e :1a. tierra que por delante ie-^ 
nisonofs. Al^fiu el pik>to endef^záfidose cuan alto es; lanzó 
unionantey prolongado gólo, éi que. solo eoolestaron uno 
eiiiposd6'olro;los'(B0B ecosrd6fcila<inontaña« Esto eta pa- 
voroso , yjnas'lo fué^im iri sileneiostpreoado deiac^*- 
dunibre><|uerse<siguiéieiuaDKk>'el úkUn^ sonido de aquel 
deceeacéndo >ftté á espirará lo lejos^ Después deséguodo 
y te^cergrilo,)CveiiBOfr4li^ug«ttr <ltxftvaz humana que res^^ 
pondiaalllaniiado, y &o le. será difioil «eonoebir^ «que. el 
placer de eñoontrniT -bombees noa>hi€ieae¡ olvidar nuestros 
receküá paeadfiksw £n seguida el pHoio «>no obatauite hablar 
el «asleUanOy dirigié^la palabraten inglés á algofioque se 
acercaba;- porque iüsjinglte eíi».al.maf noxeeoneiee la eoftt« 
petaacia de otro idioma y coaLsi .al «ayo fuese el del go- 
bierno de tas^aguais, como-en otro tiempo faálo el latín el 
dé Ip tierra conocida y y para que eata prelusión quedase 
aun allí justificada, ea inglés eontestarondesde laribera. 
Sutpiíuios que el desembai^co era difícil, que al respaldo de 
la montana' liabiíi otro mas practicable , y que ^iviair en la 
isla cuatro hombres \ en cuyi^ cabanas , allí inmediatas , 
podíamos pasarla imcbe. A la indicaeien del piloto de dar 
vueMalaislaen busca de mas seguro detembar^adero, 
una eselainaoion llena d6 penoáa angustia se escapd de 
boca dd quaeontéslaba. ¡€h, no, señor, por Dio^I decía. 



36 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTHANJERO. 

ito.se ii^ay;^^^«.¡J}ace.t{mto tiempo fua no hablamos cqp 
aadifitl! ... 

Habiéx(dQiip3 ofrecido su auxilio, se resolvió bajará ti^ 
r^ allí mismo | é imposible. s?iria pintar el auojmd^mieuto 
que se apoderó de nosotros, pobreis pás^yeros , i^ntre los 
gr^osi imperiosos y alarmante^ da la dificil jmanipbra para 
acercar ^1 hotfi. i rocas desconocidas. y cfisi invisibles; 
apercibieiido f^euaslps tmltos. indecisos y fantásticos rdp 
aqu^os desconocidos; arrojados de. un brazo por l^ de 
á bordo sobre un peñasco helado y resbaladizo,. para caer 
eq saguida en el a^ua» ^mpratándonoslas piernas, ep If^ 
puntas délas rocas; cogidos en fin del lado d^ tierra por 
una mano.áspera.y vigoroisa,. cpia se empeñaba en nian^er- 
nernos cgntra el bajipnce que él aturdimiento y ^1 hábito 
cop^tr^ido ^ b<?^o nos hadan guardar sobre las peñas.; 
e^canünándonoi^ en seguida con los gfitos de pise aquí-)., 
ahí no..^ ma^allá, hasta dejarnos sobre un suelo seco, pero 
erizado de pedxiscosi * - 

Cuando estuvimos en afuel faldeo que hacia las veoes 
de playa » 7 recobrados y% de nuestro susto, tocónos el 
turno de volver á los insulares las sensaciones, de temor 
que la vista del fuego nos habla causado ppr la tarde. Se-* 
guQ lo jsupimos después, no las habian tenido ellos todas 
consigo ,, al vemos armado^ de pies á cabeza y con aires 
de^ c^itanes de buques de guerra. £1 caso no era para 
menos. £1 joven Huelin» uno de la comitiva, á mas de dos 
pistolas quQ sacaban la^ cabezas por los bolsillos del paleto, 
llev{^ un gorro carmesí con estany)ados de oro, y yo otro 
fraileado de cue;*o cayendo sobre los ojos , con bordados 
de oi:o y de plata y borla de relumbrón , todo lo cual po« 
jüa dar al portador en cualquiera latitud de la Qceanía 
trazas de almirante por su Ipr^llih apariencia ; y como 
norte-americanos que eran los moradores de la isla, han 



VIAJE EN EUROPA Y AMERICA. 37 

debido ser alguna vez marinos, y como tales hay pocos 
éstaBlécítlos eii áqÚ6tta$ alturas qtie no tengan en el fondo 
de su conciencia algún pecadlUo de deserción entre los 
ignoradas y ocultos, siendo áufldente nueísítrá jiresentía y 
aspéci6|íára tíiBspertáVló rf dbnriia, á gúisn de íblló marino 
ál apróximái'sré ttna bálteñeta. ' " " . . , . 

• Recordará^ V; qué en una" de éstas islas; y sirí duda nin- 
guna' en la de Másafucrá'í&á'aiftojado' el Waríiiero Ser- 
kilk, que dící ¿rigen á la" ][ióT*'siempre céfebre historia de 
ftobinsbíi' Crüsoé. ¡Guáí sería Tpucá niaestra sorjíTésá, en 
verla esta vez y' en el tttismo lugar idealizada eíi lo que 
j^resenciábanaos, y'latí alo vivó, íitie a ctídátnottiéntó tíos 
Teáí¿i á lá imaginación idir inolvidables sucesos dé iaque- 
lia lectura clááica dé láni%ez:Arguno6mómeTifos después 
de llegar alfas cabañal de aquéllos dbsóo^orciilbs, él Í\iego 
í)ospilafario,eñéendítío «ri'uiiá'íoiscá chimenea de piedra, 
á la par qué ^secaba ntié^tro calzado tiós' iba etis^eñando 
ib^ estraños objetbis de aijüéllá itiáTislón'seiñí-salvaie. Ca- 
jas, barriles y otros útiles que acusabah su'proeedenrcia de 
alglín bu(íue riaufi^gado * muerttes improvisados y sugeri- 
dos por la necesidad; ^ algunas' réses dé montería ¿blga- 
das, mostraban que hó carecían absolutamente de ciertos 
goces, ni de medios dé subsistencia. ' 

Secuestrados éri las hbndoíiadas de una isla abortada pbr 
los volcanes; viendo de tarde en tarde cruzar á lo lejos 
una vela que pasa siti acercarse á ellos, y niuy frecuente- 
mente por las inmediaciones una ballena que recorre ma- 
jestuosamente los alrededores de la isla, estos cuatro pros- 
criptos de la sociedad humana viven sin zozobra p6r el 
dia de mañana, libres de toda sujeción y fuera del alcance 
de las contrariedades de la vida civilizada. ¿Quién es aquel 
qtie, burlado eñ sus esperanzas, resentido por la í^éná in- 
justicia, labrado dé pasiones ó forjándose pTanBS quimé- 



38 REVISTA tt BdPA^A, DE INDIAS Y D«£ KSTRANJERO. 

ricos de ventura, no ha suspirado una vez en su y\ák por 
^ una isla como la de Robinson , donde pasar ignorado dte 
todos , quieto y tlranquilo éi resto de sus dias ? Esta i9la 
afortunada está allí en la de Masáfuera , aunque no sea 
prudente asegurar que eii elh se faálle U felicidad apete- 
cida. ¡Sueño vano!... Se nos secaría una parte del almar, 
como un costado á Itts paralíticos, si no tuviéséitaos sdbre 
quiénes ejercitar la envidia; los xelos, la amblcioB, la co- 
dicia , y tanta otra pasión emiiaenlementé social que, con 
apariencia de egoísta, ha puesto Dios en nuestros corazo- 
nes, cual otros tantos vientos que inflen las velas dé la 
existencia para surcar estos mares llamados sociedad , 
pueblo , estado. ; Santa pasión la envidia ! Bien lo sainan 
los griegos, que la levantaron altares. ' 

Afortunadamente ni los isleños ni nosotros hacíamos per 
entonces reflexiones tan ñlosóficas, ocupados ellos en sa- 
borear con deleite inefable algunos cigaitos de que les 
hicimos no esperado obsequio , embebidos nosotros con 
imperturbable ahínco en s'ondear las profundidades de una 
olla, que sin mengua habría figurado en las bodas de Cá- 
macho ; tan suculenta parte encerraba de una res de mon^ 
teria , cuyos tasajos sacábamos á dedo por no ser aun co- 
nocidos en la ínsula y sus dependencias tenedores ni cu- 
charas. Todavía en pos de estas suntuosidades silvestres 
vino ¿qué se imagina V.? ün humilde té de yerba- 
buena, secada en hacecillos al calor de la chimenea, y que 
declaramos unánimemente preferible al mandarín ; tal era 
el buen humor con que tomábamos parte en aquella pas- 
toral que tan gratamente se habia echado entre lu mono- 
tonía del mar. 

Ya ve que no sin razón nos venia á cada momento la 
memoria de Robinson : creíamos estar con él, en su isla, 
en su cabana , en los últimos años de su dura prueba, Al 



fin iQ.quo Vi^íawís ^ra la.uú§Kaa sUuacion del hombre, en 
yreseBcia 4e ^ natur^eza^salvaje^ y aaeado de quicios, 
por decirlo aisi^ ^en el aisLamiento para que no fué criado. 
Com.0 HobJASon, y por m/edíQs análogos, los isleños lleva- 
ban cuenta &^a6Ca 4erlos días de la s^ana y del mes, 
pildienda porttaiUo , y i solicitud nuestra, verificar que 
^era ela3aaiPie3>4 de noyiejnbíce del año del Señor 184S, el 
dia dásico en que' la dinna Providencia les concedía la 
ain pair.ventura de ver otrps sere^ de su especie. ,Mas in- 
teligentes y soUcitp^ ea» e^o, que nuestros compatriotas de 
SaoLuif, capital de estaio de la confederación argentina, 
ios. cuales, segu» es fama, llevaban en cierto tiempo erra- 
da la cu en tai de.; los dl^$ de la semana^ hasta que al arribo 
de unos pasajeros pudo averiguarse , no sin general estu- 
pefíiccipü, que.. estaban U9. ¡año habia ayunando el jue- 
ves, oyendo misa el .^áb^do,. y trabajando el domingo 
aqueUos que .por una segrieta ii^spiracion del cielo no ha- 
cían, dp él san lun^s, cpmo es dp uso y costumbre entre 
nueMroS'tr^^ajadox^Si. Por, fortuna averiguóse que estos 
formaban, ^l^mayor número, coq lo que se aquietó, dicen, 
la conciencia del bujen cura, cómplice involuntario de 
aquella tergiv/BíSí^ciotn de los mandamientos de nuesta ma- 
pire ,1a Igle^ia<t Pqr ma^ detalles ocurra Y. á. nuestro buen 
amiga el doXflpr Ortiz , oriundo de aquella ciudad, y muy 
dado á investiga^one^ tradicleoiales sobre su patria. 

Satisfechas nuestras necesidades vitales, y fatigados por 
las varias sfnsaciones de la jorpa.da, llegó el momento de 
entregarnos al reposo, y aquí nos aguardaban nuevos y no 
espeyados^ceSi. Una haw^qa acogió muellemente al joven 
Huelin, y á falta de hamaca para Solares, secretario de la le- 
gación boliviana al Sicasil» y para mi, doscientas y cincuenta 
pieles de cabra distribuidas encuna apoha superficie, hi- 
cieron xügnana^ente honores . d^ elástica y mullida pluma. 



40 MEYISTA DE SSiP^, QK VfPUft^ Mlr J|j|TllANJSRO. 

He mentado pieles de cabra, y. ya V. á erearme soipi^ii*' 
dido in fraganti delicio de estar foijando cuentos dediim^- 
des para dar interés navelesco.á. nuestra iBcuiision ^en la 
isla. Pero para acallar e«ta sublevaoion d(9l le^lorpiüi^cifi» 
es que sepa que ^\ Masafuera solo enm^n». ooiitvo^rm 
pasablemente racionales, sirve en cambio* de EdénrafiMT^ 
tunado á cincuenta mil habitantes cabnu»o^« que esk K*- 
nea recta desciei^len de un par macho y liembra d^ la 
especie que erinmortal Cook poso ea ella, dioiélldoiei 
como el Creador á Adán y Elva i c creced y multíplieaaswt 
Un nudo se me hizo i la garganta^ 4e enteffneouniíímtOi A 
oir á uno de nuestros huóspe^ea recordar cómo bfteía 
engenta y cinco años que el famoso na^eganie babiaí ti* 
sitado la isla y arrobado en ellaaqviel pu&a4to de las ben* 
díciones de la vida* civilizada. Sabe V. que baae oclianta 
anrosque xourid aqt|el ; perQ elpu«ib|Q apcaxima^iemr'. 
pre en su memoria^^ los sei^ que le baiñ siAo ben^fiooa ; 
queridos* CooIl, el aegundo creador d^ la Oc^eanfa» por kn» 
animales domástícpa y las plantfs alíQie^ifíaB que en tO'* 
das las islas denram<i, muri^ víctima sin isiisi^airga de^aguie»^ 
líos ciiya existencia h^o fá^ly s^^gora. |Ttíate,.pero ordírt^ 
naria recompensa de las^ grandes aoclonesíy de los gran»* 
des b9mbresl Es la humanidad una tieifra dura,é ingrata , 
que rompe las manos que la cultivan, y cuyos fruios vie- 
nen tarde, muy taj?de, cuando el quis esparod la «eiiiiUa 
ha, desaparecido. 

El nombre de Cook, repetido hoy por los- que felices y 
tranquilos cosechan el producto de sus afiíaies» es la únicd 
venganza tomada contra sus asedaos, de quienes el ttoslre 
navegante pudo decir al morir : ;Perdtffi<iIas, S^hcfy forfue 
no saben lo que haníen!! Espüesicm sublime de la desde-» 
ñosa compasión que al genio in^ra la torpeza de las 
naciones. Sécrates, Cervantes, Colono Rivadavia, cada uno 



yíkñ 9ñ ttMPk T AiriíacA. 41 

d« éMi>s> al morir ,^ han pedld<yíá Dios qae perdone á sus 
üdia)ititHoM; ; ■ ^ 

A^i ^ tiene 'Ti ptMs «Amo nuestróit ' at€(s de espantables 
jri»Blids<sehriMai» convertido en TniUares de cabras aladas, 
ííútí ^míe^y^^ intttha preMvsion podíamos prometer- 
nos 6ittti«r ob <sonittñii[ifteíoif) diféetapor él telégi'áfico inter- 
medio dé^i^andMiMsyAisaés ; porlo qttev^tós'de entregar^ 
Ms al^Mfio, que nos i>e^1s(tnáVa' 66ti iilMánofá, se dlspnsó 
la paMida de músi áA úitt^fs&ieñiéy impartiendo órdenes 
adMüs pao^a (ti^Mst^lXtyté btciése en 'ér intérfahtd bnena 
pro^4üo«i^dl«tt|l!éfsi&'>4e'íñM^v ú&^a^, cafbriHas y otros 
pescado» -de^ qné'tosalré^d^t^'déláiaflá abundan. 

k ba úVíBmf')fyfU ttMlRlflá^él'tfgllltete dta estábamos 
en pié» dstiisiáÉ4M^i^'á0{iirat'''e(''amftiént(^''bún!iedo 7 
embabamadi^de^tíívejfefaféi^v^ttmtíi^iidió^Múéétrft^ mir&dás^ 
aténitiA'm^Ia¥T^>seÉMtti^F^ufláiaadé!i'ilé la<|Mbra^,ett 
cvya bimí eistán^^üfiákiá^ lai> étíbMtt^} ^ulilveitá dé bosques 
renegrido» f l^MéMil^ldoé^^eáA sdb'p^l^^ sañudas que^ 
crtti^'^sMi di«títéfá>^d)á^%i]dbi«i^>lii(tóé iiRériíativamente. M 
sol V'^ela9«tM!lft'P<$yia^^^^ide», tema ilumitíatído óon 
esplendorosa >^aléta ^eíl^s' grupos ta» vMieiitemeute df- ' 
señados. ¡ Ob atm%5>) ftqu^eiRai» sénéiackmés iio^ sé olvüdah 
nun^a; y^emptoiMín A^rtiié ui^'gii^to anticipado der bs que 
recompfMiMiiMt} ^ew «dé- Iflft idofléitia:^ ée lá lecokhocidn; 
vei^ibaáerae islaa floridas , que quedan' e» nuestros reeúef^ 
dos, como lo están estas en medio de la unifoirmeisoper- 
flme del Océano; 

'Baciaemprendíeyitsapfajieotadti! partida* 4e caía d^^biamos 
dejar nuestpo oalaado y rassnplásKarkypor^iHio'de euefro ée 
cabva, jetudo al pié con el atniUo de una jareta arCtetíct'^' 
mentó preparapáa;6Íd¿fldo'^ la ftoMnck)» Gvusoe, según ijíos 
complacimos en llamarlo, á fin de cohonestar con una pa«^ 
labra noble la innoble y bastarda forma que daba á nués4> 



S2 REVISTA D&. ESPAÑA, D£ IKBIAS ¥ PE|» ,|$6TIIANJER0 . 

trespiés. Este secfeto de los not»^rd& es mágico, ,eQin/>>y. 
sabe» en politiza sobre tod9: federación, americammo, l^ 
calidad etc. , etc.; no hay nadie tan aviftajdo que no (Htiga 
jen el lazo. 

Todo lo oecesariQ dispuesto, emprendimos c^n iospÁ- 
meros rayos del sol naciente el aa^nso d^ la.mQQ^lina, ^fi 
*cuya cima habíamos de encontrar las desap^?fKibld^ q^ 
bras. Decaes. de. «scalar lateralmente un eporme.fi&ao 
porcioninos delos.insijilares solo conocidos, encQU^amas 
que aquello era tan solo la basa de jotro ascenso. , i^l AUal 
conducía á una eminencia superior <f^e á m ve^ 6ei:via d^ 
de basa y escala para subir á otra; y así suc^^r^iií^enie 
liasta. siete, cual sí fueran las montañas que los Titanes 
amontonaron para escalar el Olimpo ; de manara que, no 
obstante nu«s tiro entusiasmo y.to belleza y animación. 4e 
los cuadros y.vislas que á cada nuevo ascenso se nos ibtp 
presentando, empellábamos á aflojar el pasft, rendidQ^ por 
lafatiga producida por un sol fgJininante, bueno para.il.i;i- 
minar una batalla.de Austorsliitz/ó de A$aipi«i, p^rp sóbela-* 
ñámente impettinente cuanilp jévenes. ci^dad^^nosqu^Mn 
calzado guante blanco pretenden hacer un ascenso cft$i 
p^pendicular por tres ¡horas, consecjiítivas^ 

Al fin se noS' presentar<>n las cúspides ,d^: }^ montaña, 
coronado cada uno de sus pieos por un. cabrio situado. jen 
él á guisa de atalaya. Esplicónos WíUiaois , el isleno.que 
nos servia de guia, el significado de^ aquella aparición fan^ 
tástica. Un macho estaba siempre apostado, en las alturi^s 
para descubrir el campio y dar parte de, la aproximación 
de los cazadores á la manada de cabras que forma; el >ba^ 
rén de cada uno de estos sultanes; habia pnes .tantos 
rebaños en el respaldo de la montana, cuantos cabrÍQs 
veíamos colocados en una eminencia, inmóviles coffli,o es- 
tatuas de ídolos ó manitues de los índips.Xuando «os Uu- 



ibimtos acercaáó demasiado y retitádose aquellas guardias 
-avanzadas, todavíar el isleño i\08 hizo distinguir aquí y allí 
el triángulo deiaB astaí de alg^uios escuchas, que, escon- 
.diendo el cuerpo y parte de la cabeza tras el perfil de la 
montáñapérmaneóiañ denodadamefAte hastaot»ervar nues- 
tros ültiinos movimientos. El mómetito de la caza había 
llegado : Williams prescribió el mas profundo silencio ; se 
dfetribuyefott municiones , y para burlar la Tígllancia del 
enemigo nos' dividimos en- dos cuerposéfm de tomarlo 
por los dos ñancó^. Desgraciadamente fe parle confiada é 
mi' valor y audacia' fué la peor desempeftada, y la derrota 
se hubiera prontmdado por el alalzqiilerda que yo ocupa- 
ba , si érenemigo, en lugar deíacometer como debió , no 
hubiera preferido, portoalAspiracíon del genio ciibruno, 
emprender la mas instaitlánea retirtfda. Sin embargo, del>o 
decir en mijustiflcacion,' como Jo hacen todos los que se 
conducen mal; que tan perpendicular era el corte de la 
montaña por aqueHa^parte, que,' por poco que yo me hu- 
biese separado de^ la cúsilidé á ñntde rodearla , quedaban 
entre líií y lasf mariad^s de cabins por* loiAsnos diez cu- 
chillas que descendían 'paraíM&s aun t&isnw) donde un 
arroyuelo serpenteaba. Apenas es posible formarse id«á de 
sitio mas salvaje, 'pl*eciptciosmiisl espantosos, nide^spec- 
táculo mas sublime. De todos fa!>s puntod de aquella sd)&- 
dad agreste , callada hasta entonces , partieron en el mo- 
mento' de mi aparición gritos estraños que repetían cen- 
tenares de cabillos diseminados en todaslas crestas, decli- 
ves y faldeos circunvednol3. No en vano los pueblos cris- 
tianos han personificado el espíritu malo en el maebo de 
cabrio'; tiene este animal en sus gestos, en su voz, en sus 
estornudos cierta semejanza con el hombre, que aun en el 
estado doméstico causa una desagradable impresión^ como 
si viésemos en él uninjarioso remedo úe nuestra especie. 
Pero estas impresiones llegan hasta el odio y el terror, 



44 BE VISTA DE BSPAfU 9 0E INDUS Y DEL XSTRANJERO. 

cuando vuelto á la viáa salvaje nos desafia aquel animal 
con sus insolentes parodias de la yot humana i pueblo su-- 
blevado y libre del yugo que el hombre le inipusierá, y que, 
desde las monta&as inaccesibles que le sirven de bahüartés, 
av^sa á los suyos , y pasándose d grito ttéf alarma: de fáteftiiEi 
en familia, la proximidad odiada y i'ht téz'teítildff dé svA 
imtiguos é Implacables amfos. ' • ' * "'■ 

Habia yo pues descendido eto^ítíio, y pof tintdrfcéS sólo 
me quedaba admirar de pai^o 'el |)aisajé, 'y é^orzahue en 
ascender á la cúspide, abriéndome paso por esflestMs dé 
ihrboles y de míitoírales, en qué pefrmánebiá'se^Rádo por 
horas enteras , Mstá Miir íeA bordé de nh 'abiiitío pára^ as*^ 
cender de nuevo y encontrarme con otro ijüé me cerraba 
el -paso frrevocábíéménte. yCtíántaá vece^ péf ifeneéiá- tiii 
cuarto de lK)fa tótí tm ptó ftfó en la punta dé^ tííia toéÁi 
asido con tiñá tóanó' de litó rmcéá de las yertíak que tnük 
arriba creéian; é$tátí'C(9, aterradb,iá viáta inmóvil sobre el 
oscuro valle, que descubría rejpentWamente á mif tar¿s 
perpendiculares bajó inis ^pífenlas! Allí 'cieh rebaños áé 
cabras paáan tranquilamente en distintbs ¡Juntos y áiréc-í 
dones : al frente una enoi^me montaña, dé cuyas ciínás 
cubiertas de nubes descendía por mus de uña miHa una 
caida de agua en cascadas de plata ; bbi^qüecálós de üná 
palma arbusto tapizaban las hondonadas óséuras y humé* 
das, mientras que chorreras de árboles matizados con va- 
riedad pintoresca dejaban ver sus copas redondeada^ una 
en p6s de otra hasta el fondo del vallé en las mil sinuosi- 
dades dé las montañas. La naturaleza ha desplegado, alli 
en unádhninuta e^tensáon todas laá osadías que ostenta eñ 
los Andes, ó en los Alpes, encerrando -entre quebradas, cu- 
yos costados cree uno tocar con ambas manos , bosques 
impenetrables, sotiObs elegantes;^ praderías deliciosas, 
¿ibismos y golpes de Vista sorprehdeiites. 

Estraviándome en aquéllas sinuosidades tupidas como 



mj& £X EUKOPA Y AMÉRiqA. 45 

los dientes dQ.i^L {^eiio^-gozándoiM m los^ peligros ¿ cada 
pfM^o reiioyad9SyiQterxi|todom& par eoirelas maleim y I^a 
troucpa^die. los arboles, llegué al fin ila cúspide que 1um« 
biAjAi^aijb.rQdeftr.tr^liai«s«w pudieQdo.wlo&c^ 
oirjof; gritos delisleqo^w, me bp^caba no sin sobresal-^ 
to, pues que habiendo principiadla Uoyer» j descendianda 
^ n^es iipaaab^o d^iiQjastra ppsi(úoiir ine babrin «do 
wposiblel acertar. ^^ntea aq[Q#L la]:>enuto con. el camio^i 
practicado. . ^. 

. . A poco ^uidar^ mi^guia ^%6 del ^ueic^ una cabra, berída de 
bala^ gue^babia ca?^do ^ por d ladp opuesto da la mon<^ 
t^fM^perOv¿e<ifnoZ*,, l^lcbándoSid ¿vCocr^rfKir.unaoníor^s^ 
pada cra$ta^4eaa iwáiQ dcidos^abiKiKkard^^ceii^iaivdo^ s^ 
tps, 7 di$par«ndo.etiiro ^n la^veli^cidad d^ ^.i^rrfra, i.Qa 
¿eaIcamar4a.ci^a.fugHi?a.líankj d») Ke^t^c)^J^4e pontana 
infaUblé con pies dasuizo» de los que hacen en los Alpes 
la caza de gamuza, ej^d nada ipeivo^ lo que pedia la de car 
bras de Masafuera » y iacilmente se inferirá que con seme-^ 
jante »e^ectácuIo qnedamqa curados de la necia pretensión 
de alcanzai^lds nosoti'os en sus termopilas. 

Despu^ de todo llevábamos una cabra c^ada, no úaotr 
porta por quién, jiSstQ bastaba para disponernos á em- 
prender el descenso de. la montana, sin el desaliento de 
una espedicipn. frustrada. La ilimitada superficie del Océa^ 
no, que desde acpiellas cimas á nuestro regreso descubría? 
mos» anadia nneyos. encantóse los, que la isla suministraba» 
haciendo menos sensible el esfuerzo de un rápido desceii«- 
so. En las inmediaciones veíamos retozar dos: ballenatos ; 
á lo lejos nuestra barca, aproximándose á recogernos, cual 
golondrina de mar que se jue^ sobre las aguas, en el li- 
mite del horizonte la Godrefroi, fragata destinada á Hamr 
burgo desde Valparaíso^ y luchando como nosotros con el 
viento contrarío. Una baílenla en fin, y las crestas de las 



4& R£V1STA DE JSSFAfÍA^ DE fiNDlAS Y BEL EXTRANJERO. 

montañas* de Juaa Fer&aBdesiy apenan peroeptible& eortoe' 
losxelajes, fonnaban los árnicas aectdentes.cEHeámtsffQiiiib*- 
piaii la quieta y tersa; uniformidad del mar. fiero Jorque' 
laas nos* complacía en nuestro 'descenso era la tupida' al^^ 
fombra de verdura que, cubriendo coD.sniblaado'COJin la 
as^reza de las roeas^ ofrece deleite á los ojos, suavidad. á 
los pies no acostumbrados á toiUa fragosidad,. 7 alim^oio! 
inaéotoble para cien mil cabras. ■ -.. . \ 

A nuestra llegada ^1 estrecho valle en que las cabunas 
están situadas, eséenuados de fatiga y abrasados de calor, 
pudimos apneciar el iñapneeiable sabor. acridolce de los' 
oapu2¿es,'qiieé$k9)bos lados daÍQainiBojH)isJ)rindab«n oon' 
suBvastaguillos cargados. :dé refrigerantes jiembazadasnaj^^ 
ranjillas:, como si la maao prüívída ide latikatiiirafáza lor 
hubiera á designio colocado aUi^i donde elcalov y la.sedha-r^ 
l»an de hacerlos de ua valor inestimable , despuósf de « ocho* 
fatigosas horas deí^ase^Of^o y descenso .no int^nuapido. 
Inútíl seria añadir ¡que en las. habitaciones nos af[uaidabai 
un copioso almuen^o^etn que los insulams habian apuradoi 
los recursos de ^la ciencia cuUnaiia, mol apetito des-^ 
plegado por ejercicio tan estvaordinario. Esa aquella una 
escena de boten totes, del caníbales, que por veugü^za por 
mi y mis compañeros.noí describo, * 

Para decir todo lo que^ pueda Sntetesario sobre la isla de 
Robinson, llamada vulgarmente Masaftiera, instruiré á Y, 
que sus maderas idé Gonstruecionison inagotsUes, rec^ais y 
sólidas, pudt^ndo en« varios pontos, eoin «el auxilio de pla>« 
nos inclini^s^'haoerso descender bastadla orilla del agua; 
La rlquesia espontánea da la.iela,.'enipero,' consiste ensus 
abundantes y esquisüos pastos, cuyo y^rdorperenne man*^ 
tienen las lluvias^ que á hora ^determinada del dtádeseieni- 
den de las nubes que se fijan en sus pieos. La k^ria de 
chanchos y «ovejas,, sobre todomorinos, predudria sumas 



VIAJE IN EBROM T AttálilCA. ' 47 

eaormesiv casoiée^que la actual ée ctbms no saiis&ciese á 
$iisim6rádoi*e8i «Caballos y. Taeas s«rian por demás alli^ don- 
de «no.hayí un palmo de tevrmio bonKontal, bastando la: 
cria.degaooados menores-para mantener en la abundancia 
•diezáDítVeiiilaí&mitías. .> r. . . 

L» Flora de la isla ^es redüoidisínia, ú bien figuran en su* 
corto.oalálfigo^ á^masdetaauceaas^blancas, alelí es -carmesí, 
cuyas semillas, como las de duraznosí dulces de que existen 
bosques^ fueron «íd duda derramadas por el capitán Cook : 
pqcasavesr pueblan estas soledades ; uh gorrión Timos 
tan. soIjo y' dos I especies de gavilanes, el ntrmero de • los- 
cuales es prodigii>so<,'á^oa«tsa4e la facilidad con que se ali^ 
meontait t dri^^batandO' e«.6Ú9 garráis >os cabritillof) recle» 
naoíckQS!, eleisándolois en el aire para estrellarlos^en seguida 
ocaiiDa^las vocas«Srem> fácil estinguiHflos, puesto que para 
oazarios^atpfeeisairetimmedereUosy^íinde no toearlos 
coD? laboca de la cafabíBa: tan «poeo conocen de la mali<» 
oia^del iuombre. dfando á Proeésada piel de una de peche 
blaQD» parftique atada á sus colecciones de pájaros. 

' Los-norteHamericaiios resideontes hoy en la isla culti- 
van, como Aobin8i<Mi,' pasas, -niaiz y^pallos^enlosde^ 
elivea teyro805,('e]i que.laitgsneral: rudeza y escabrosidad 
del terreno lo permite. Estos productos agríeolas, con los 
duraimofl , capaliee y. el tallóle cierta planta que contiene 
un jugo seflHgarantev llamada 6n Bolivia qmtwíüía, pró^ 
poxoioiian tdamo^itos gtaioe,.>sufi}eieiitesípara amenizar la 
mieeav que por si aoiohaeent abundante y segura la carne 
de iasf cabras* y k»s pescados- del ms^ti Del cortejo de ani- 
aiales que a0Qmpa&alll^áL hombre:- en la vida civrlizada, sé 
encuenla'an en las habitaciones gallinas, tm par macho y 
hfiudDra de pavas,» y algttnotspeiros de-la especie ordina- 
ria, y i de .los^^oualesi se sirven. pal^a la' caza, ^e hace por 
iiumQ*oada .dia anadeólos isleñosvA. masi de. cabras hay 



48 REVISTA DE ESPAÑA. DE INDUS T DEL BftTlUNJIJlQ% ^. ^ 

. ... . • .• 1 , ' » -, Sí» I'"' • ■•'• • '"^ 

en \% isla ?jorr^5i y s[i^t9s,púp94ps^4l^Qi<ig^a>>aqí "ííM^ftÉf^íW 

peuníd^o por ^1 ^<}^y» .y sí«i^.i^í}cI>q J^(i,§ft4«ffj>rt^^ 
esta v^ el horríl^ip niinfr^gic^ j x^in^AfOirouiuitf^fíMjlfllNi 
tentosas que debieron ecl^ar^ a, <mií^;b^iiqiei9i9i|rf|^^ 
desierta, yeiptej. ^^í^ jpte^a liaci^„ya, W<^ílíP^í|4ft'i*>>« 
fué traído á la islp^pay^íOBí^iiei^í^rj.w? BSfflflffrtafWWMMft 
líoiarinopi <jUe,abund(m ^v^^x^jiis^i^ií^f^ 
que iera un ve9Íno deJalcwanp^^ro9aí<W W ^<««Í4«p«« ^> 
lancha á su propio íiijo y dos.tral[)fg^f(^ nwainIMIiSO^mi) 
bien dieron princJpijD á J¿ p08pi^, cuwflq.WMtr^víolfiiMUbDirb 
rasca estrelló^ la, frágil ba;:quilJ^,cppjt^J^?^ 
patrón perecíó^^ y 1<¡>§ dps jojwwjero/s/i^e^ ^VfpmM^fMbft^j 
salvaron á duras ^p^asj 4^ppé?:.4«.^chvi.^(i«fita$|í<)í|fts 
amotinadas up día entejo ». W^ FP<)^ a5Ííffp|d0,|ft$tí*ciiin 
y escalar la móntañji j^or }sx^^^ d,^ ^sj^J^W ÍRi««íOJ5t 4^. 
gütríÓQLiento y perse:i^ra[QCÍi^/qif^.^(^r^pa9^n4f^/9r]^^ 
Desde^ enloncp-yc^fi^pcn^^íjis. efl¡i>^reapÍop,;,gí|PpTO^9»fte') 
que los Irene ¿i^ c^mpj^^tft i»i^pa^ M.,CíWUr«', 

nentlei y aj injfeliz-p^ fio-dem^tM^^d^ «»- 

hijo. Egte e^i^ ^^\!:^1^^^^J^^^ 

insulares : do^ ^e (e]lp4 ^qnpanec^aa :Tdte9Í^aiP«n)elíte^ ) 
mor ^e que s^Jisa üxipptai^pfá. crimen la ng^ifteüterde^tii'flúbtfi 
aventurado j^oQip^ñgyo ,4p uftijfimgía; iy...otearBaagr(nr da^^ 
edad, estaba^ i^^^uelt^iip^iw ^l^esto<40 «lA dtas sebtr.don 
la isla como Ro^in^(ffi^,sftt¡sf€Kíl?^ a^. aiabifáM y úxixfMM^ 
dípr nada á lo^ xf^ ¿ijllifiíQ^)^ lvibi)wto».<le^lsw«ttdaáaíAn 
El cijíarto era^ust^j^]?^^^^ i§ ajaf^,.qii^,«Q]}Qit<írsQ^stradi«^' 
cion,j^que <^nd^cjJ(J^.pQl; i^ ^finif^d ¿KoDtíliri^ed Iwfi 
navega efi e^l^f^r^é^t ; v:>.n, .;m^ ...,«; ^í-., ^i. i.,ofu!ü.^-i 

Por lo jj¿pa4^^^,|^í^^d9,}9(^^i^ 
didadespefí^áifi^^ ja v||ij|^ j^q^llpf^jMtttrM 
para su condición, asegurada la subsislenoía , yio^^e es 



YVÜM EN BUAOPA Y AMSBIGA. 49 

I, fOr£^»idose un capital por la péletela que reupen 
leMamÁü^i PéAAm^fiiré todo^ ma& dé ^uinieiitos cu^ros 
<i»<$iáMy^e¿!^4(Mito 'de^bttaydb gato y algunos dé lobo, 
«{«^j^ídíMaáftüilieúlam A cientos, éi tOYie&en un bote para 
p0|iiia^vptíéd^^'mieétiroí^8ot& áió caza á cinco de tá- 

' 4lMrá 4{)i^%t¡Hi8la*ibecúr{rl6te sóeiedád'no desmintiese la 
fta^fS^í^'^ÍHitea^ai, ei?taban.diVldido$ entr^ si por feudos 
dá»fiié$lii^s^,-oQ)fa cavila no qaisimoseonocer : tal fuélapana 
(|^^ AoaF^<mt^ ^i éstós' infelices separados del resto 
de lósh^iábires, hábftfótíiáó dos éáb'atiás á seis pasos la una 
á^ Vñ Mfe;y sftí'fettíbtó^i »il4áeriéndosé j eT)emistados.,' 
BBtá'^átó-r íá''diái¿ra'fííWátoa con^^ exis- 

teááa,- alW^Wfe ífo- HS^-^é'dMtíWo'tó Kléráturá ni mujeres.' 
•'IVilfettils, eVm^^tío^imúi^^ií ílUb'sf pos preguntó si 
Ié9 ^Umió¿^\J^m^^M%Ú^ gúet^'cón alguna poten- . 
cSi, tódefiéb titf^6^aí^¿0b¿í&b (íisdSnV'cua^áo se le' 
ÍBf*o6fe píotítótt^fi)^tjii*á coidi^ijietí; tieseaW wná guerra ; 
cMt^Vmi&é ó'Mingtiíiiti; ¿^rí^ióitó V." por qi^é? Mé- ' 
jil^d^lo^e^%fjWtattfci^í^VS^i^ Éaíados^ Á propó- 

sito dé pnrégMtftS, eilé \f iSm&$ b^ éis'jl^fóif i $u sal vd desde 
el momento ^ nü^s^b avriirií) b^ qiü^Üos dV6|>ed¡mosí. 
ComacMJi&iá t.<«^pfintípio; aqñ;e|áj^^ de 

bakbnr^ ia piíilliéi'a nécé«id$dtlfel htití&H^ fiara c^j^o des- 
ahogo ydatis^éeioto se 11» Ü^odtici^ él %téma par^a-r 
mentari» eon dos cáitearasy comts/fones especiales etc. 
WaHttinváí Mift^éd^'tri]&t«r^á3 ytittditbr'eá, ^e apoderó de 
nosdtrdüj^^^lo'habld todo; no ñtiré-yú cbn* í¿ iócüácídad.. 
voU]bté"d0'''Uiia'mi^éi^,^io tttítf íio es rféóii)re 'bieii dicho, 
pues- hay <a^^I¿que'Stbén''cftÍlál-J sino mas bien'cbíi la 
petulancia de un peluquero francés qué (fondeé el arte ¡ 
\Qf€máii&^m0rtÜh^'WíM[íú^mi\'z^^ otras 

la^o ím'WCtguo Ittbllttnt^^dé'Iá hSa, cuya morada nos se- 



50 REVISTA DE ESPAÑA , DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

ñaló; el cual^ habiendo hecho una muerte en JuanFernm^- 
dez, se guareció allí hasta que un enorme risco, despren- 
diéndose súbitamente de la montaña vecina, le hundió con 
espantable ruido la habitación, mostrán Jóle asi la cólera 
del cielo que le perseguía. Por él supimos demasiado tar- 
de , que en un árbol estaban inscritos mas de veinte nom- 
bres de viajeros. Acaso hubiéramos tenido el placer al ver- 
tos, de quitamos religiosamente nuestros gorros de mar en 
presencia del de Cook y sus compañeros. Pero ya que esto 
no nos fuese dado , encargámosle que grabase al pié ó en 
. una roca, adperpetucm rei memoriam, los de 

HUELIN , 

Salares , 
» Sarmiento , 

18tó. 
Después de haber el joven Huelin forzádolos á admitir 
algunas monedas, y varias bagatelas nosotros, nos prepa- 
ramos pata partir, deseándonos recíprocamente felicidad 
y salud. Cuando ya nos alejamos, los isleños reunidos en 
grupo sobre una roca y con los gorros en el aire, nos di- 
jeron tres urrah í..'... en qiie el sentimiento de vernos par- 
tir luchaba visiblemente con el placer de habeinos visto ; 
eontestámosles tres veces, y á poco remar, la Enriqueta 
nos recibió á su bordo, en donde todo era oidos para es- 
* «ttchar la estupenda relación de nuestras aventuras. 



^WWW»WWW\¥V»%<>M»W WW WWVWWWW>^ \ iW»<» W I> W »ñí»^^ 



economía política. 



DE LA ECÓÍIOIIÍA I»0LÍTICA PROPIA DE LAS NACIONES ATRASADAS. 

No todas las naciones que se clasifícan bajo la denomi* 
nación de civilizadas caminan con igual rapidez en la sen* 
da de la prosperidad material , ó lo que es lo mismo , de 
la riqueza pública. Entre alguna^ de ellas, la diferencia de 
grados de adelanto consiste menos en la intensidad del 
impulso que las mueve , y enja enerjgía d^ la fuerza con 
que caminan , que en la ^rav^dad de obstáculos prepara^ 
dos por circunstancias eventuales en la lin^a de sus^p^o^ 
gresos. En otras , la lentitud del movimiento depende de 
la falsa dirección que ha tomado desde el principio ; cuyo 
vicio primitivo y radical influye esencialmente en toda la 
conducta posterior , y frustra todos los esfuerzos que se 
hacen para obtener un resultado feliz. Llamainqs naciones 
atrasadas á estas últimas, y fácil es conocerlas por los car 
racteres esteriores que presentan ala vista del menos atento 
observador. Su monografía nos descubre, en primer lugar, 
UBa suma desigualdad en el producto neto , copioso en 
algunos puntos del territorio , y en otros mezquino y pre- 
cario ; trabajos agrícolas y fabriles , cuya imperfección y 
grosería recuerdan la infancia de la sociedad, y las épocas 
de la sencillez primitiva; comunicaciones internas, esca- 
sas, difíciles é inseguras; acumulación de capitales ociosos 
. é infructíferos al lado de la mendicidad y de la penuria; 



02 RIYISTA DE ESPAÍIa, DK INDIAS T DEL SSTRAlfJEEO. 

Indiferencia á las comodjidadea 4e la vida, á los goces dia- 
rios que nacen del orden, del aseo, de la solidez y elegan- 
cia del hogar doméstico ; falta absoluta de estimulo para 
los inventos product|yos , ningún espíritu de asociación, 
no solo para empresas dQ industria , sino aun para buscar 
remedio ájos males económicos que todos siepten y de 
que todos se quejan , como Iqs vicios del sistema tributa- 
rio, la exageración délos servicios públicos, la tiranía de 
los reglamentos ; aislamiento mercantil é intelectual con 
respecto á otras naciones mas comerciantes y mas inteli- 
gentes.; eS)toicismo invencible y apático en medio de pri- 
vaci9nes aflictivas [que desaparecerían á virtud de lijeros 
esfuerzos; por último, y sobre todo, escasez de capitales y 
de población , carácter permanente y fijo de los pueblos 
verdaderamente atrofudos^ origen principal y enérgico de 
su atraso , manantial constante y fecundo de todas las peí- 
nalidades que sufren. Ahora bien: determinada por medio 
de rasgos tan inequívocos la índole de las naciones de que 
vamo^ á ocuparnos en este artículo , y puesto ya el lector 
jen aptitud de señalar en el mapa aquellas á quienes enten- 
demos que pueden aplicarse las doctrinas que vamos á 
emitir, no le será difícil seguir nuestros pasos en la de- 
mostración que emprendemos, ni en la serie de argumen- 
tos, con cuyo auxilio intentamos probar que la economía 
política de que necesitan , y adaptable á la condición de 
los pueblos atrasados^ no es la misma que la que estudian, 
cultivan y aplican con mas ó menos éxito los pueblos á 
quienes llamaremos adelantados para ser consecuentes en 
nuestro lenguaje. Esta discusión no deja de tener una 
cierta utilidad práctica, ó por mejor decir, nos parece de 
una nececidad grave y urgente ; porqué , como la ciencia 
de que se trata goza en el mundo de tan merecida repu- 
tación ; como se le llama la ciencia social por escelencia. 



ECONOMÍA POLÍTICA, 55 

y como la vemos producir tan saludables frutos en otros 
puntos del globo, no es estraño que se dediquen á su cul- 
tivo los hombres estudiosos y bien intencionados, ni es de 
admirar que los gobiernos la fomenten y deseen su propa- 
gación. Pero si se estudia en todas partes con la misma 
estensioQ, resultará no solo una deplorable pérdida de 
tiempo, sino también' una aplicación viciosa y desacerta- 
da, en aquellas m que el terreno no está bastante dispues- 
to para recibirla; y el deseo de evitar estos graves incon- 
venientes es el que nos ha movido á emprender muy de 
buena fe , y pon la intención mas pura y desinteresada , la 
discusión Qoqtenida en este primer articulo de nuestra re- 
vista. Creemos que si llegan á convencerse de las verdades 
que procuraremos ilustrar, I03 hombres que dedican todos 
suá conatos, á la enmienda dejas iqstitucjiones que mas di- 
rectamente influyen en las vicisitudes de la riqueza públi- 
ca, no solo se ahorran u¿ trabajo inútil y escabroso, evitan* 
do .ei examen de puntos inaplicables á las circunstancias 
del pais en que viven, sino que, reconcentrando sus estu- 
dios en cuestiones mas vitales , les darán mas eficacia y 
noías vigor , y quizás provocarán mas fácilmente las mejo- 
ras que solicitan , por lo mismo que son de un carácter 
menos estenso y complicado que las que ven recomenda- 
da3 en obras de merecida reputación, aunque escritas p^<- 
ra otros hombres y otras localidades. 

La ecocomía política nació en países eminentemente 
cultos y perfeccionados , donde los trabajos útiles hablan 
adquirido \m inmenso desarrollo, donde el crédito públi- 
co babia llegado á un grado eminente de estabilidad y de 
consistencia , donde la población cubría superabundante- 
mente jr con igualdad todos Jos pvmtos del territorio , y 
donde ya la varíedad \ frecuencia y rivalidad de las nego- 
ciaciones y empresas anuiicigba el figotamlento de los pri- 



54 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRANJEAO. 

meros recursos , y la necesidad de inventar otros para vi- 
vificaí; los capitales. En fuerza de estas peculiaridades de 
su origen, apenas tuvo tiempo en los principios de su car- 
rera para anunciar los aforismos fundamentales y los rudi- 
mentos primitivos que le sirven de base, cuando llamaron 
toda su atención problepias mucho mas difíciles y cuestio- 
nes mucho mas embrcdladas , cuales debian nacer de un 
enlace tan intrincado de intereses , y de una fermentación 
tan activa de labores. Existían males muy dolorosos y 
acerbos, procedentes de un estado social sumamente arti- 
ficial y sobrecargado de escrecencias y superfetaciones , y 
.la nueva ^encia no podía jugtificar sus teorías ni realizar 
sus promesas, sin -aplicarse con todo el celo posible á 
remediarlos» De aguínacieron infinitas discusiones, de una 
aplicación práctica , en los pyeblos colocados á cierta al- 
tura, pero absolutamente inútiles en los que no han podi- 
do nivelarse con ellos* ¿De qué sirve, por ejemplo, el exa- 
men laborioso, como tantas veces se ha hecho en Ingla- 
terra, de la legislíicion vigente ?obre la amonedación pro- 
porcional del oro y la plata {currency) y su relación cuan- 
titativa con el. papel. d^ banco, en un pais , donde además 
de ser desconocido el crédito público, se pasa por la ver- 
güenza de recibir como moneda nacional la acuñada en 
un pais estraño, y esto cpp una pérdida considerable, oca- 
sionada por el aumento irnaginario de valor que legalmen- 
te se ha dado á aquelja importación ruinosa y degradante? 
¿De qué la enredada disputa sobre el límite que ha de fi- 
jarse ala emisión de papel de crédito, donde no hay ni se 
trata de fundstr establecimientos que lo emitan? Mucho' se 
ha trabajado y se trabaja diariamente en las grandes na- 
ciones manufactureras para fijar la teoría de los jornales, 
la proporción entre los de la labranza y los de la industria 
fabril, su influjo en el precio de los productos, y otras ra- 



£CONOMÍA POLÍllCA. 55 

imficacionés del mismo asunto, no menos delicadas por la 
muchedumbre de datos necesarios para su esclarecimien- . 
to, que importantes por su relación con el movimiento de 
la riqueza y el bienestar de los individuos; pero ¿ de qué 
puede aprovechar semejante estudio donde sobran traba- 
jadores, ó á lo menos brazos que podrían trabajar ; don- 
de la diferencia del jornal depende de los caprichos de 
cosecha; donde la estoica desidia de las clases pobres, su 
indiferencia á todo lo que hace cómoda y agradable la vi- 
da, y la ^cuidad de mantetierla á poca costa , inducen*al 
jornalero á pasar semanas enteras en inacción y holganza, 
y donde por fin se desconoce esa rivalidad de^ capitales 
productivos, esa emulación de empresas industriales, de 
cuyo concurso deben nacer frecuentes oscilaciones en la 
remuneración diaria de las labores? Encarnizados debales 
ha ocasionado entre los economistas de todas las escuelas 
la opinión de Adam Soaith , sobre la superioridad repro- 
ductiva de la tierra, con respecto á los otros ramos de tra- 
bajo ; pero no vemos que pueda sacarse el menor aprove- 
chamiento de aquella docta análisis en las regiones alta- 
mente favorecidas por la naturaleza , cuyo suelo, preñado 
de opulencia y ventura, ofrece en vUno á sus escasos ha- 
bitantes frutos abundantes y variados ; pues alU debe sa- 
berse, sin estudiar mu9ho , que todos los esfuerzos del 
hombre están imperiosamente llamados al cultivo; que ' 
nada debe omitir un gobierno prudente y previsor para 
estimular y favorecer este ramo de producción , y que es 
tan inútil como aventurado y peligroso sacar otros de lá 
nada, y empujarlos á favor de una protección viciosa, 
mientras aquel no haya desarrollado todo su vigor, y pre- 
parado la base en que deben estribar sus sucesores. Inter- 
minable seria esta enumeración si quisiéramos agotarla. 
Los ejemplos citados ilustran suficientemente nuestra opi- 



56* MYISTA DE KSPAffAf 9^ VKPU%H WtiESTRAlCJERO. 

nion., y liaito cjaramenid de«iwcí.»^letrortl«pi<^f<|ttgv' 
confundiendo tiempos y lugare», «e «mpenan -^n aeetan^^* 
dar á unas familias humanaa lo qne^puedo BotmntíAt&^Mu^f 
venir á ^Qtraa, tan difer^tea de a^o^Has eomo Io^e»^ri' 
hombre robv^jto del niño.tiernoi y elraUe centenario ddi* 
vastago plantado hao^ poeoa 4ia»- 

.No debe inferirse de a^oí gne la ma$ étil4etaa eienciíiar! 
n^ojTcdes debe considerarae ca«i(^ un arot eavrada éunai 
ietra muerta para las nacáonea qoe han AeiBido la deigrán 
da* de detenerse en el camino de la aiviUsaeion , ^knpuln- 
so de caasa,^ maléficas y poderosaa^ de cuyoorígen y.'Op#r 
raciones están de un todo inocentes las generacionea.ap'ní 
tiiales. Bien al contrario, estas son justamente las-^enni^ 
provecho deben y puedeii sacar de la economia polítí(9i|,6 
y esto ppr dosrazones muy poderosas. Laprimerat fXKqmi: 
á ellas sé aplican las docltrinas ma^i sencillas y |>alra#|iias^- 
de la ciencia; aquellas que no son «n si mas gue wofnast 
del sentido común » y que arraatran.de unnu)4o.irresiatín-. 
ble el convencimiento. La segunda, ^porque estas naciones-, 
son precisamente las que poseen un territorio fértil y. ufi/r 
clima benigno, y por consiguiente, todo lo que en ellai^ S4^ 
haga para desarrollar la producción» y fecundar y cirs^nn 
tar los intereses positivos, dará resultados lnfinitamente{ 
mas rápidos y mas copiosos que los que podrian aguaiv. 
darse, suponiendo igualdad de circunstancias» en ref^o^ 
nes con respecto á las cuales la naturaleza se ha mostrador 
menos benévola y generosa. Toda la cuestión «se reduce^ 
allí á términos sumamente sencillos y claros. Puestot q^e 
la gran falta que se esperimenta es la de capitales y pobla** 
cion,. la incógnita que se busca es el medio ó los aaiedioa 
de aumentarlos con la brevedad posible y con el menor 
detrimento posible de los intereses existentes. No eamny 
ardua la empresa de descubrir la vaiz del maL Si se.i^tra^ 



gpnHl«$i«sfii»isi(nf6|í de ievtetíéi'Á eácaiéi^ ' lak empresa» 
y toftestii))edjiiieiltoB^deit0dft ela^^dé iBifasirik; si élín^ 
térá&>del dinero ««<'^i>d)ilánte^ f& e^ dlfibtt colócarlérde ' 
UD niiid0plt)daétífto''f seguró; sí' eüm á ñí predb los 
frutos de la agricultura ear mfr pyütói dá'éd, -y'á jiredios bu-' 
bídosieiv etío^'ñ^mjífVemov^t; tf |>brb%ik parües molé&u 
Iwmiradh» «t espe)$táéiAl<y^la^i^érÍa, de lá ^ileknüdeie f 
detubaiidtoO'; sf^álóác^^és^^^fatéhías se agre^gafa lá !m- 
petftódto' de los trabajos fabriles y rbralesvta falta de 
edhaeatíeik infórály ciéültSca^ y élpoco deseo dé loiejbrak' 
útOla f^ téfbrmad iletesárias , úópiíM&e caber' la'íneüor 
dlidn stíbré él prindpió morbiñe&»'ilb7¿iiál'et¿aj{)iaá' tantas 
y*€ftii ^Mkres dol^daá; £¿ ihnégál^ i^ílb^la íláitjá' ¿e capí- 
tátee íf depobladéw es él ¿á^nieá'ífó to'ífa^'eB^^^ 
blerkiO'<|M/.eti la épóctr en qué ^^ilbó^'y rige' los destinos ' 
dH uMIsaeíóh eoloeadk en lá^'drdtmstailoiás que acabá- 
nmsdé'eiitíñíei^r^^üó^débe pdtóár'un'mómento 'en repa-* 
rár'á^enaftdosbrecbás'tninimsasj 4^e son otras tantas 
puerta» abiertas á otta^ calamidades morales y políticas ,/ 
de influitamente mayor - trascendencia' y ÍEitcahce. Enton- 
oes es éuándo^ la ecotioniíá poKiicla triunfa slil óbstácü|o ; 
porque en el número de verdade^' qtie ella ha revelado ¿ 
lod hambres ; las mas ínconi^usas y menos contradichas / 
las dB'lnas fóeii aplicación, son los que indican los medios 
dé aumentar la piobiación y los Capitales,' en tbdos'los pe- 
riodos déla vida de los pueblos. ' 

¥ en cuanto á poblatüon, Contrayéndonos á España 
en cuyo bien escribimos, nx) es esta la vez primera que 
su diaminueion^ ha escitado las quejas de los buenos pa- 
triotas. Es desde luego innegable que la nuestra está muy 
lejov'de cdrrespouder á las dimensiones de la Península , 
así ecftno lo es; que si no se nota en ella una mengua 



5S REVISTA DE ESPÁÜA, t>E INDIAS Y Dfii ESTRANJERO. 

progresiva, á lo menos su estado estacionario salta á los 
ojos, sin que descubramos la posibilidad de que sal- 
ga de esta parálisis, si no se adoptan medidas eficaces, 
y arbitrios especialmente adaptables á conseguir aquel 
Qbjeto. 

La primera indicación de esta calamidad, que la historia 
de España nos presenta de un modo serio y alarmante ^ 
ocurre á principios del siglo xvu. Ya estaba la nación re-* 
cogiendo los frutos de uno de los reinados mas funestos 
que se. cuentan en sus anales : el del implacable y tétrico 
Felipe II, hombre que pareció haber nacido para hacer 
odioso el nombre español entre todas las naciones de la 
tierra , así como para derramar en la desgraciada monar-« 
quia, que en hora infausta cayó en sus manos , todas las 
desventums que pueden afiigir auna reunión de hombres. 
La despoblación fué la consecuencia forzosa de su detes- 
table poUtica , y el mal creció á tal punto en tiempo de su 
sucesor, que se vio obligado á consultar al consejo de 
Castilla , c para que viese muy atentamente lo. que seria 
bien hacer en la materia, y que, sin alzar la mano de ello, 
se consultase á S. M. lo que se ofreciese, para que antes 
que el daño crezca , se vaya aplicando el remedio en la 
mejor iforma que se pueda. > 

El papel con que respondió el consejo íué obra del 
célebre Pedro Fernandez Navarrete , y ofrece una pintura 
lamentable del triste estado áque habia llegado la nación, 
y del desprecio con que habian mirado sus gobernantes » 
no solo los dictados de la humanidad sino los preceptos 
de la caridad cristiana. cLa despoblación, dice, y la falta 
de gente es la mayor que se ha visto ni oido en estos rei- 
nos... porque totalmente se va arruinando y acabando 
esta corona. Los vasallos, viendo que no pueden soportar 
las demasiadas caicas y tributos impuestos, abandonan 



ÉCONOillIA POLÍTICA. 59 

SUS GStsas é hijos yinuj eres por no mot^irdé hambre, é 
irse á las tierras donde esperan poderse Sustentar» faltan^ 
dó con esto á las labores de lasL suyas y al gobierno de la 
pooa hacienda que tenían y les habla quedado.» Muchos 
son los remedios que en aquella consulta se proponen 
para este mal, piíitado constan* enérgico colorido; algu-' 
nos de ellos,* oportunos en toda época y en todas circuns- 
tancias, como la diminución de las contribuciones y el 
éstabtecimiento de los grandes hacendados en sus propio^ 
dades y territorios; otros, inaplicables á la época presen?- 
te,por haber desaparecido los abusos á que hacen alu-^ 
sion; algunos propios de la igiloranda qút entonces 
rcSnaba de los sanos principios econémicos, y ninguno 
correspondiente á la gravedad del peligro, ó capaz depro^ 
ducirél áumettto de población deseado , de un modo ^ra- 
dical, seguro'y comprensivo. 

Y faé aquí la ventaja que puede sacarse de la 'economía 
política estudiada en manantiales puros ; porque ella ha 
descubierto que las medidas paréiales y aisladas no tienen 
en si la eñcacia que una dolencia d€$ tanta magnitud ne* 
cesiia ; que las leyes directas son en este caso totalmente 
ilusorias; que si la población puede atñnentarfie lenta"- 
mente, á favor de un sistema legislativo paiternal y gene-^ 
roso, hay un modo mas pronto de llegar al mismo objeto, 
no sblo dando mas energia al elemento prolífico, sino 
atrayendo al territorio la población estraña, y que este 
arbitrio no es otro que el mismo que sirve para aumentar 
el capital nacional, y que infaliblemente lo aumenta cuan- 
do sab^ emplearlo una mano diestra y vigorosa , movida 
por los' impulsos de la filantropía y de la magnanimidad. 

Y para convencerse del progreso ó retraso correlativo 
que siguen inseparablemente éstos dos poderosos móviles 
de ventura y engrahdécimiénta, basta considerar que el 



80 R£VISTÁ DE KSPÁÑA, DK INDIAS T DEL ESTRANJERO. 

cApUal llama asi la pobUcioQ, como la población crea el 
ciq;>ital; pprqne el trabajo» quo es el iastrumento que uno 
y otro emplean, además de no [)oder deaarroüarse 9m el 
auxilio do ambos, los retribuye á su vez can profuso ere-=- 
cixniento , y los multiplica indeñnidai;nente, basta el esr- 
tremo de causar una plétora opresiva 4 incómoda , cuan- 
do no se abren las salidas que la misma ciencia tiene ya 
previstas y determinadas. Nos aturdimos al leer que en 
lo^gjL^rra hay un aumento anual de doscientos mil se- 
ros humanos; que desde el ano de 1801 basta el de 1840, 
la población de Londres ha crecido á razón de noventa y 
cinco por ciento; la do Liyerpool, 4o3cientos treinta y 
uno;, la de Woherhamptpn , cual;i:ocíentos cuarenta; la 
de C^eltenh^., novecientos veinte y nno *, y la del insij^- 
i^ificante Dulúnfíeld ,i mil píenlo ochenta y. uno. Admím- 
mos la duplicación de la población délos Estados-Unidos 
de Amjérica, en cada, decenio desda la época de su inde- 
pendencia ^ cuyo límite escederá coa mucho en el dí^p^ 
nlo que trascmre.ahora, segim todas las probabilidades. 
Comparamos este estado de cosas con lo que entre noso- 
tros pa$a« y no dejamos de sentir el n^bor que natural- 
mente debe inspirar lo. que en boca de Salomón es una 
señal de ignominia: ijipancitcUe pkbisigmmmaprmipis. 
Pero deberíamos mas bien estu4iar las caust^ que en 
aquellos paises han dado de sí tan asombrosos efectos ; 
deberíamos buscar en las primeras nociones de la econo- 
mía .política, lo^ mediogí qne ella presenJta para el reparo 
de e^ clase de ruinas ; y entonces, sin necesidad de en- 
golfamos en las profundas cuestiones, á que otro orden de 
cosas .muy diferente ha dado lugar en otros puntos del 
globo; ^n. tener que pecietrar.en los cálculos sutures y 
abstractos raciocinios que llenan las páginas de Malthus , 
Godwin, Ricardo, Tonrens y ITCulloch , hallariamos en 



ICONOHÚ FOIiÍTfCA. <i 

los primeros rudimentos de la ciencia , que los capitaleí y 
]a población^ inseparables en su progreso, acuden, y se 
fijan , y se engrandecen únicamente donde hallan el ali- 
mento que los nutre , y el instrumento con que obran ; 
que esta doble función la desedipeña el trabajo ; que pa- 
ra invitar el trabajo á un punto determinado no se nete^ 
Sita gente ni dinero , sino campo abi^to á suá esfiíensos, 
]f camino espedito á su movilidad, y que toda la dificul- 
tad del problema consiste en determinar qué generó de 
trabajo es el que debe fomentarse en el pais, de cuya re'** 
generación se trata , porque no todos los ramos de indus- 
tria cuadran con las condiciones y peculiaridades de todas 
las regiones de nuestro planeta, ni todos eHos poseen el 
mi»fflo vigor fecundante, ni es indiferente el recurso de que 
se eche mano, con respecto á los rasgos oaracteristieos 
áe la época en que «e vive. Asi, por ejemplo, laipülti- 
pUcacion de la'especie humana en Inglaterra , durante él 
"período que hemos citado , coincide exactamente con el 
despliegue dé la industria fóbríl en el mismo periodo, de 
donde se infiere naturalmente que agotados alii los recur- 
sos de la^gricultüra, es decir, cultivadas todas las tierras 
y no quedando otras para nuevos cultivadores , la pobla- 
ción quedó estacionaria por falta de trabajo que la pro- 
moviese , y entonces se abrieron nuevas fuentes de traba- 
jo i y con ellas se crearon nuevos capitales , y el trabajo y 
los capitales, obrando de concierto como siempre obran, 
y estimulándose mutuamente como siempre hacen, die- 
ron á la población ese asombroso impulso , y presentaron 
al mundo ese nunca visto espectáculo de fecundidad y 
multiplicación. 

Por muy diferentes medios consiguieron los Estados- 
Unidos de América rivalizar en este ramo Con sus antiguos 
dominadores. Allí las circunstancias eran muy diversas, y 



6S REVISTA DE ESPAÑA, M IllinASy DIL ESTRANJERO. 

otros debían ser los resortes deAtinados á obtenerle!: niB^ 
mo éxito. En efecto, dueñofr de un inmfiaiso territorio Tado« 
aunque fértil y cruzado en todo sentiéo por rios navega- 
bles, la necesidad urgente de los americanos era la agri- 
caltura, yfácil les fué satisfacerla, vendiendo aprecio 
inümo la tierra* que tenían de sobra, mientras con un bien 
entendido sistema de providencias secundarias» favore-*- 
cian la inmigración que por todas partes les ofrecía la 
exhausta y turbulenta Europa. Con estos dos ejemplos 
basta para demostrar las dos verdades en cuyo esclareci- 
miento nos' hemos empeñado : primera, que el trabajo es 
el verdadero y único promotor de la población y del ca- 
pital; segunda, que el género de trabajo destinado ása«- 
tisfacer aquellas dos necesidades, debe ser elegido enf vir- 
tud de las peculiaridades del pais y de la época. 

Contrayéndonos ahora á las naciones cuya deserípdon 
hemos hecho en el ingreso de este artículo , las que reú- 
nan aquellos oaracteres especificoa que les ham m^eeido 
generalmente el epíteto de atrasadas, aunque estátt en 
una situación análoga á la de lo8> E&tado&^Unidos en el 
momento que siguió á la declaración de suindependen- 
cia, no pueden adoptar el plan de operaciones que aUí se 
abrazó para adquirir el engrandecimiento que fínalmestte 
se obtuvo. Porque, en primer lugar, carecen de esa ina- 
gotable mina de tierras vacantes que cubre eldesmedido 
espacio comprendido entre los grados 60 y 178 de longi- 
tud ; y en segundo , naciones oi^anizadas de tiempo^ in- 
memorial , en que están oonsolidados los intereses y pe- 
trificadas las preocupaciones, no pueden rivalizar en 
amplitud de miras y de tolerancia, en gen^osidad de 
concesiones políticas, civiles y religiosas , con una repú- 
blica, heredera del espíritu popular de Inglaterra, y viva- 
mente interesada en ampliarlo > con toda la indiferencia 



del sectarismo y y* eon toda I» holgura y elasticidad de 
príiidpios inhereHtos á la democracia, 

P«K) si carecen de estas preroga^vas , que solo pueden 
nacer de- las combinaciones fortuitas de los sucesos bo* 
manos, á su alo^mce tidnen otra medicina de fácil aplica- 
ción , y de poderosa enetgia, que esia indicaba natoral- 
mentei por el carácter de la enfermedad que lafr aqueja. 
£xaminen solamente qué es )o que les falta^-y por una 
breve y fácil serie de ilaciones^ llegarán á descubrir Jo 
único í que puede satisfacer aquella exigencia. 

Lo que fetltaen los pullos < de que hablamos es el me- 
dio de cambiar lo que producen, con lo^que no producen 
y necesitan. Tienen* un sobrante de producción, y no saben 
á qué destinarlo ni en qué convertirlo. Les sobran , por 
ejemplo, granos y líquidos^ y les faltan tejidos^y quínscaUa. 
Y. no solamente sufren el doble peso i de la superabundan- 
cia y de la privación, sino aquel grave mal que Bentbam 
clasifica entre los mas acerbosvooo el nombre é^'CsperanM 
frustrada , porque mientras tienen quQ limitar el trabajo, 
cuyo superflúo loa agobiariav y mientras este trabajo limi- 
tado no les proporciona sino una subástoncia precaria y 
mezquina , consideran cuánto |K>diia ensancharse el cir- 
culo de sus goces, cuánto podría mejorarse su condiei<vn 
moraty física^ si pudiera^ contar con una saHda ventajosa 
y permanente de los frutos de su« afanes. Cuando penali- 
dades, de ésta esta especie afligen á la humanidad, se reci- 
ben con sumisión y respeto si vienen directamente de los 
decretos de la Providencia ; pero , considerados como 
abortos de la ügnorancía ónian^os de intereses' sinies- 
tros , llegan á hacerse insogortables ^ y |u8tifican las mal- 
diciones de'las victimas ^ yla^ihiina en qtie por lo-eomun 
envuelven á los opresotes. 

Mientras exista un sistema, de» error y de extravio como 



64 R1VI8TA Bl BSPAIU, M INDUS Y DIL KSTHANnftO. 

^kíteáque acabamos d6 aludir, es múiil pesMur.en.lc^ 
iStiúU)wtMiíiúíX9$diiH^A^úüt^^ Lo que pfe es 

po[mÍBnMurMtti«^teittÉ^ Ic^ <ma)di^hdlare¿08, cbmó 
ptiiieqpid ftualaíiieiltal éeS^arté déf^htcérlíé^icos á Ioí) pji^ 
U^ eoiBOieoadi^Mft Mía ^tl<t nm' de ¿ü prosperidad eoo-j 
admioa , ^a^ilimtlada' lAtítua Idé te coibtirá y ven^ ; W^ 
«Huta 0man€ipaoio&'4^yugo de proMt/ic^ni^s y ^ínci^ 
6UMB|e9 «fih» qu^ «na-btea 'polítt^á^ ha qtierldd aherroiatV 
asrUeoef iéttráfleo^) iá'^Aí(detá igualdad díe tái^Ds Íps%^^ 
mds de induttf ia ty de ítib^é ; 4tt fát^ltáid" caDcedidá a i^'- 
dMÍ»s hcMkMl^te'ettaiftilifvédaib quíi^ran y dtmde qüier 
mu losipradnclM^tétt labor; eú miapatabVá; la liberüd 
itots^ifiQ^áivtfií^e^as Voces se encierra la doctrina ¿niera 
d^.utttiJaamnhi deuecMOttrsfáa, que , coiúballda eii ^Pe-, 
r^t«|< apocas fU)*' los lotúnas del monopolio' y por 1o^ 
t£^Ql^puáiiÍa$de^>d<0piHiáth6;tritiiH^ hoy sin obstécúío 
e«i(t(»íjm{i4ttipais6p évrilisftdos, yVafipbdérándose acele- 
xi^an^Mtftdeiaiopiísidiir^liea en'lofs gobíejf^nós y en las 
miMNia»/. !«• « :-. - -^ ../'.. í ' '■ ^ ^ ^;"^ 

p.#3NHr§íi4$^ ítíspMolos 4iié', ' mfád ^oTor^sauiénte 'que 
i^f¡ms^.<4miiá^Wk de .la: tierráy%eMimos el penetrante 
aguijón del sistema eontrarío ; mté(ftrús que sufrimos con 
quiet^ y4snMMto iÉpiaa^ntadoa^de esa farsa inicua, en 
\^,m^ vmmyñg/muiiptuUbkiííaei' que nada prohiben , 
i)^ti%HW6^ Jlue^^nadaiMaMngen , obstáeulas que la mas 
le«e;j^dug§«aafttralt0^ BMUaMas que el mas débil esfuerzo 
piü^^Ua^i^s.otollsaoolosfeS'iiiiiskiterésadosén la proi- 
piiga€ton49^9a»^otiÚHiSi«il«dables, qu^ ya nadie osa 
cyml^iji fa de.l(eirt«f yáasafa^^diéacion práctica en nues- 
tra Jeg^aj^fm^MPB^imtQa'So-fweden oponerse sino iñten- 
c^nes,<RdMl)tost nutaa munMsaSfdpr^énsiones de aban- 
dono j desidia, ineo{^)afibtes coó el espíritu del siglo , y 
con .el piMdtJO'rque.aspmmos.é ocupar entre las naciones 



ITCONOMÍA PQLmCA. 68V' 

»t í Cí'* 'J '^^' ■•''"' í ' ■• - " ' 

dé la tierra^ <^e|df que pos ci^efpps Mi4Bpeiidle»^es^ Ubrte^ 
y TépreseDtadofi. ííp enJteii4pfl?0Sí m.qjjBapesoos intoppfalw 
el síl'enci9^de Ip^^ÓJ^ganfl^ ^^ .1% ley. y el déla Btaratam' 
periódÍGa, splgci^ ^ejiis^leíj^íáíi^ de,,w fliftl ^p»e im»de lodM - 
14 páfte^^^é^W aooiifcl^ y que Tiene acorné 

panado pog^.jujOíi., tei:rij)le^ í*<jQÍtpiwdei inHMWaHdad y de 
deg^adacW^;p(?JP9TpW%l^€^:q^^^ pueU«»^ fre- 

senclaínps. ^y yrpgTi^^iiwt j^ip^i sabemos cuáles acHirlae 
influeixcia? )i^^e|^<f94Wr^l9? ; W^J^ ^iereaiooftar ú^im - 
eí c¿ncj¿f q^ p%ápyfff^,\xVigml¡^ ¿toáw fel «áeiü^ 

^o pe^et;^ ^If^Uffifi^^^ 

sanciona <^jfp^^Qp)o.^^ l»§^íf totañpgiaaieii to ft^ y pre^» 
seotja ja oi^ pjií^ j^eci)jijq.e; jg^MiooDAeitHMi) «riBüaet'to^ 
lerancm j. y 4 yist^^fi t«»^es|»j&»(|otów*f oÉoiiiePí áéHkfít 

gislativa', d^j(a :i^^pa|>iel%lQMW^i$blM^ ifiémlnS'Mtíjohm 
mas triviales; 4^1. ^^fif((t ^iBi|^«Tad»l^iiib»bra<iUadd «ov- 
mómento en acloptar^la causa del xomercío oprimido' / 

op¿r^p|9flf^i,,óy,d0rrt?í«^ft'í<^^ l^>líMtese''tíi4tre* 
sus n^s,99f^<^^.^^[^^^ ': Oí. ít o.-/ lu'ir.^^ - ' - --- 

^ £1 <?oni[eA(¡^^^^t9h^gmi44W • «I*» t* **^ 

prest^^ jí;i^^s{]((^46^H,a{Hqíi()('4üldta'*q^^ 
mL'deí)e;^.^fgl^a,r s^^pi#6Mtf0aM»to^'v^litiy1á opiüioh 
de la ÍB[peT¥^g^ nwfor^^,^ mMnm nbimptttftotaaVti^ has 
nu>,yida4áj^difcap:en<Aflbe^i»i»eiQ^^ el caiúino^- 

que bopiQis 4e s^^ir^í^niel^MniBmd&Uatotfestiéiies^ 
nómi^p-g(^ti¡(C^f,BfS9taa(^^ de 

ella. la lua^ p^lÁw^rflW<ili^ wsialaí^^ bé^' 

mos |QÍcífij^f^.S:fiW^iQQ> cwleiigaK«m 'ta^tam^iotí , tan < 
^érgii^ ^9pij^;E^fH|ft|r^.^]»ail»( de 

la regeneración, P9ci§9#l«> é^ilo^^que eskHimistíiov de la , 
Uhertad del comercio. -*-/./• de Mora. . 



EL panteísmo. 



' Hace dos afiós leíamos en uno de los periódicos litera- 
rios mas acreditados de Europa : c Es preciso que el pan- 
teísmo tenga en el siglo presente un atractivo muy pode- 
roso, ya que es él gran hecho del pensamiento contem^ 
poráñeo. Por él se han dejado sorpreiider las maá distin- 
guidas inteligencias de nuestro pais (1). > 

Con todo el respeto debido atan gra^e autoridad, noso- 
tros lio alcanzamos á entender cómo puede tener atrácti-- 
tos para inteligencias distinguidas Ó comuties el error mas 
cítiso , la doctrina mas absurda de cuantas pueden brotar 
de un cerebro destemplado. Nos íepugriá creer que haya 
poderosos atractivos en una idea que choca bon las im- 
presiones diarias de nuestros sentidos, con las consecuen- 
cias mas legitimas de los raciocinios mas fáeSes , y con el 
testimonio lucido, permanente y uniforme de nuestra con- 
ciencia. Lo que iio tiene duda, en nuestra opinión, es que 
el panteísmo es un hecho inevitable, cuando la ciencia st 
estravia del fin que debia proponerse, y del método 
que debia guiarla, y estos son justamente los dos errores 
que ha cometido el pensamiento contemporáneo , como 
aquel diarista llama á la filosofía modernísima. 

Fin y método, hemos dicho, porque si liádie puede du- 
dar de la importancia del método en las ciencias, después 

(1) Revug de» deux müttde$, premiar jasvier 184S; 



EL panteísmo. 67 

de la revolución ocasionada en ellas por les grandes des- 
cubrimientos de fiacon y Descartes, y sobre todo» des- 
pués de las admirables doctrinas espuestas por JouiTroy 
en su célebre obrt postuma (1), nadie tampaco osará ne- 
gar que el fin que una ciencia se propone es la circuns- 
tancia que decide de la probabilidad de sus aciertos , y 
c[ue si desde sus principios aspira á lo imposible , vanos 
serán todos sus esfuerzos» y fútiles todos sus trabajos. 
f.No hay ciencia, dice .el.autor últimamente citado , aino 
cuando tiene conciencia de su unidad y de sus limites; 
cuanda sabe el vinculo: com^un que liga tollas l^s investí* 
gaciones que le pertenece^,! Y véase qué enorme dife- 
rencia establece el cajcáj^ter del iin acia el cual el estudio 
se encamina. Locke y Gondiliac, con toldos sus estravios, 
consumaron cumplidamente la tarea en que se habian em- 
peñado ; llegaron al lindero, que se trazaron desde el prin- 
cipio^ y formaron dos sistemas homogéneos y qompactos, 
que podemos i^eguir. trámite por .trámite desde q1 ex ovo 
basta elpergit ad mum. Más dijsstxamente que uno y otro» 
los filósofos de la escuela de Edimburgo redupen el pro- 
blema que han de resolver á términos precisos y exactos, 
concentran toda su labor en. un solo y gran pensamiento, 
y retroceden con respetuosa mesura, cuanda han sacado 
de él todo el fruto á que aspiraban. Pero ¿adonde nos 
lleva la ontologia? ¿Dónde están las barreras en que ha 
de enfrenar su vuelo? ¿ Son ellas otras que las de la in- 
mensidad? ¿Hay unidad, en su objeto? ¿Hay convicción 
de las fuerzas con que pretende conseguirlo? Al damos su 
programa, ¿no nos revela la imposibilidad de la empresa 
que acomete? Y bajo estos fatales auspicios, ¿ quién ha de 
estrañar que en vez de conducirnos á la luz, nos precipita 

(i) Neuveax méíanffet phUcMphiqttes , par Tbéodpre Jouffroy. 



68 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRARJERO. 

en las mas densas tinieblas, y alli nos abandone al remor« 
dimiento de haber perdido un tiempo precioso, corriendo 
en pos de una visión impalpable ? 

Hó ahí la historia del panteísmo. Dos veces se ha pre- 
sentado al mundo., en las dos épocas señaladas por eV 
mismo carácter de inquietud intelectual y de escesos dé- 
todo género en el cultivo de la ra?on. Dos grandes revo-^ 
luciones filosóficas lo habian precedido, Spinosa no hizo 
mas que seguir á Descartes, como este habia -seguido el 
impulso dado á la inteligencia por las disputas religiosas' 
de la Reforma. Hegel entró en la senda trazada por Kant r 
como este se hal^ia dejado arrebatar por el torbellino de 
la filosofía del siglo xvm. Ni Descartes, sin embargo, 
buscó un punto de £^poyo en las doctrina» de Lutero , nt 
hallamos el menor contacto entre Kant y los enciclope- 
distas. Pero Apsburgo y Femey fueron los dos puntos en 
que se fijaran las poderosas palancas que desquiciaron el 
saber humano y pulverizaron la obra de los siglos, Dado 
una vez este movimiento, si había mucho que esperar, 
todo podía. temerse de la conmoción resentida en todos 
los espíritus , y en la carrera abierta á todas las ambicio- 
nes. Podía nacer un Bacon, un Reid, un Dugald-Stewart; 
pero Spinosa y Hegel eran inevitables. 

Antes de dar un paso adelante en el examen de esté 
gran episodio de la historia de la filosofía, debemos pre- 
venir al lector poco versado en estas materias, que no con- 
funda el absurdo panteístico con la doctrina de la omni- 
presencia de la Divinidad , creencia piadosa y digna de la 
mayor veneración, como fundada en un testo espreso de 
la Escritura, y conforme en un todo con el espíritu del 
cristianismo. El lenguaje que los santos Padres emplean ^ 
al esplicar este gran misterio, es tan esplicito y sencillo , 
como capcioso y artificiosamente indefinido el de los que 



. £L panteísmo. ou 

lo han desfigurado liasía convertirlo en una teoría inad- 
misible, t Dios, dice S. Ambrosio, no solo está en todos 
los lugares sino en todos los seres. Es necesario que la 
«naturjaleza de Dios esté toda en lo que es, de modo' que 
sea una, la misma y toda entera al mismo tiempo eri ca()a 
cosa. > S. Agustín , aunque en entilo un poco mas fllosd'^ 
<ico, espresa en el fondo el mismo pensamiento : tDios 
está sustancialmente difundido en todas partes; peh) nó 
como una cualidad del níundo , sino como la sustancia 
<ireadora del mundo, rigiéndolo sin trabajo, y contenién- 
dolo sin esfuerzo {sine labore regem, et sirte oneré contí^ 
.7iens). No está en los espacios de los lugares, como una 
ijmole difundida en ellos, de tal manera que en la mitad 
del mundo esté la mitad de Dios, y asi todo Dios en todo 
el mundo ; sino que en el cielo solo está él, y está en lá 
tierra sola , y todo él en el cielo y en la tierra : no conte- 
nido en un lugar, sino to¿ló él en si mismo por todas par- 
tes, » Bien se echa de ver aqüi el empeño laborioso dé 
esplicar lo Inesplicable; pero, á lo menos, está muy dis- 
tintamente marcada la diferencia entre la creencia cris- 
tiana y la opinión panteística. Aquélla se 'encierra en* d 
ubi, y esta' en el quid; aquella no reconoce mas que la lo- 
calidad, y esta aspira á penetrar en la eáencfa; y aunque 
uno y otro punto dé vista se aleja infinitamente de nues- 
tros alcances, en el modo de espresarse de los Padres, nó 
se «ale del círculo eri que se mueve nuestro entendimien- 
to ; es decir, la relación , mientras que los otros quieren 
elevarse hasta donde nunca llegará la razón ; es decir, 
el ser. 

Trazada esta línea divisoria entre dos doctrinas entera-, 
mente diversas una de otra, veamos cómo entroncamos la 
moderna con la genealogía que le hemos atribuido, i Qué 
hizo Descartes? Poco satisfecho del escepticismo y del dog- 



70 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL ESTRANJERO. 

matisrao, en que se dividmn tos que cultivaban la ciencia^ 
resolvió considerar su inteligencia tanquam tabula rasa, y 
reconstruir uno por uno todos sus conocimientos, exami- 
nando antes' su validez y los derechos que tenian á ser 
admitidos. Dudó de todo, hasta que llegó á un hecho dé 
que ya no podía dudar; su propia duda. Si cludaba, luego 
pensaba; si pensaba, luego existia. Ya hubo pues mía ver- 
dad cierta, irrebatible , capaz de resistir á toda ilusión , á 
todo sofisma. Pero ¿por qué estoy cierto de que pienso? 
¿Quién meló asegura? La conciencia. Examinó este orácu- 
lo, y ya no solo me dice que pienso y que 'existo, sino que 
soy limitado y que soy imperfecto. Mi limitación es el an- 
tecedente de esta consecuencia; lu'eg6 no soy todo ; mi 
imperfección lo es de esta otra: Ittego no soy lo mejor. 
Pero, t>uesto que tengo ideas dé lo limitado y de ló imper- 
fecto, debe haber algo perfecto é 'ilimitado, siendo estás 
dos últimas ideas correlativas dé aquellas dos. Este algo 
es el ser infinito y perfectísimo : Dios. 

Observemos el singular fenómeno que presentíte estos 
dos descubrimientos : el primero es un paáo gigantesco 
dado en el camino dé la psicología : el hallazgo de la con- 
dénela lógica, base de toda verdad , y tan sólida que no 
puede haber otra. El segundo es el frágil cimiento de la 
ontologia. D^cartes apagó la luz que acababa de encen- 
der, y siguió caminando entre tinieblas. El conocimiento 
puramente humano de la existencia de Dios no puede ad- 
quirirse sin tener antes la idea de causa. Una vez llegado 
á este punto ^ la existencia de Dios llega á ser la idea mas 
luminosa, la mas evidente , la mas irresistible de cuantas 
pueden entrar en el entendimiento del hombre. Pero Des- 
cartes faltó á su programa, apenas comenzó á desempeñar- 
lo. Empezar j^or el convencimiento de la existencia de la 
conciencia^ suponiendo la desnudez de toda idea anterior. 



SL PANTEISKO. 71 

era laentraddlegitiqíia en el campo del $aber. Mas, dar un 
salto de estanpqion s6iu2Ulisima«á npciones de correlación, 
y á ideas ñegatiyas , era infringir la ley impuesta; era acu- 
dir, auna serie de adquisiciones, incon^atibles con 1^ hi* 
pótesis de la tabula rasa. Lo natural y lo legítimo hubiera 
sido,, una vez .descubierto el j^o, y el a^ctQ mental producto 
del yo, Qjarsie en la, relación da precedencia y posteriori- 
dad, (ya que no de causa y efecto) que liga aquellas dos 
entidades, y buscar la misma fíliacion entra el ifo y un he- 
cho precedente. Mi pensamiento emana de mi : y yo ¿de 
quién emano? La respuesta á esta pregunta lleva á Dios 
por el camino mas corto. • 

,Como quiera que sea, Spinosa, nacido y ed<t;icado en la 
religión judia, desenga&ido muyen breve de sus erir^res, 
dedicado despu^s^ á la cabala , cuya futileza no iSLi^dó en 
despreciar,, anáfiosa por la verdad que le hacia falta des- 
cubrir, navegando entre kis opiínones religiosas y filosófi- 
cas que luchaban en el mundo, y sin poder hallar un pnn^ 
to en que ^'arse para resolver las dudas qualo atormenta- 
ban , creyó satisfechos sus deseos, y se imaginó próximo 
á calmar sus inquietudes cuando cayeron en sus manos 
las obras de. Descartes. Quedó prendado no menos del 
atrevimiento de su lógica que del carácter independiente 
de su método, i^o estudió con ahinco, pero pronto echó 
dever que no estaba alli lo que él buscaba. No le bastaba 
saber' que existía: quería averiguar en qué existia. Su exls^ 
tencia le constaba; pero no la grande existencia en que la 
suya estaba inclusa. Cogito ergo$um{á%Q\2^^ es irresistible; 
pero eo^to ergo Deusestj no es silogismo. 

Desde entonces abandonó á Descartes, y resolvió abrir- 
se un nuevo sendero. Esta fué la serie de raciodnios por 
donde empezó tan temeraria empresa: el universo no nos 
ofrece mas que fenómenos, es decir, apariencias. Todas 



'72 REVISTA DÜ ESPaKa^ mt^jmOMS «DEL ESTRAffJEffO. 

cumbiapy toibs j^rMen; pero ^edmotpuedé «er sisío estítñ 
sofilonides por algo .quet no puedemi; perecer »i*miídai^? 
\emo9 l^k%,.i06máííi de $eras> péra-niBginm esiste^pi^ s^ 
niagua^ tiene ttMjrieftIidad propias jOdomiejestálarealiditiá 
úaioaw^ !^D dudara lo que sostiene. eatoS'fenóínmiDií/t^ id 
que está defofgo de jeitos^ LlaiiiÁflixisldjaieúnete, qso en él 
seniído popular dd cu<»!po ó mBAietíB\'iBino ^wiú S0&tí#6 
de sustancia., de lo que no cambia ni ^raoe/ ntí^tvas 
cambian y p^eeei^ h$ tenérntuf». que fie> pituéñisiatí á 
nuesU'os sesitíd^$t Todo eoimeisiie»to^belMftef 'un^iin-^ 
tupio. ¿Cuál es^ es^ef,;La perfec^on:, i^e Bescaurtefi. No^ 
dice Spino^a. Perfjpccion es.4tributa>y flniponealfo.ante*' 
ríor. La M^tag# i^,$upi)i)^ na^>AQtoci0r ájeilav ^Ino 
día mi&ma. .De(S#fla\te« h^m mnpe^dda ppgJaodiMiUdadr 
Dios y el saundov-SiU^W ofÁníon:^ la^ safitméieaou^exa «I 

' haebo prHUj^ro ^^4Q4a ^lltentia jialnMa^naria v 'sc^tenia 
queia est^^ioii; |f{')^l^{feiig|iixii¿nt0ies«n6ustaBoia» Bpi^ 
upaa decía cpie em&: atiributeis^ y por iMáío de una.a^da 
fiíQtdsis. reducía te^ufdlidad á» .m.w^éfíííS$&t ií h r^nnfed 
que lo abraza todo* Todo fiii>3i$tmi» puede :serjDea(bicíáo 
á esle eompeodio: - í.; . ; . 

No hay mas que una «uslancia infinita :I>k>5. Todo lo 
que es, es: eu Dios; sin él nada puede eoneebine* Dios es 
el ser universal; lo$otro8(seres no^onmas^quemaiáfestacio-» 
ne&suyas. No hay isas sustasfcla que Dios, todo^la demás es 
modo de ser. Gonsiáerado biyo los atobutos de sustancia 
infinita» Dios esnattfírawc^ram; considerado oomo manifes*^ 
tacion, como serie de modos, bajo los cuales sus atributos 
aparecen, es noMira rmhirata. Dios tiene. dos atributos itt«- 
finitos, la ostensión y el pensamiento. La estension es el 
pensamiento visible; el pensamiento .es la ostensión *invi-* 

' sible. El uno es el objeto y el otro es el subjetivo, de que 
Dios es la identidad. Cada cosa es un atributo de la esten<*> 



iias ; <^ad^^fl^6i)mentoltuii ^tributo^ detp^nBAnaieBl^. Que 
tei ii^tens<<m) gi^ lel pensiimicsnto' no . son sustancias , como 
Desoart<»|ffetaiiídía^ es elaríaiaaoy puastéquetio se ednei- 

ivo iCi^<IM9r:Ia]ttatsesi^éáiiterBa'de ira^noltiraleaa^IHijBde 
^Mm inuQ]!iai€M88«aei5li9irt6s; no hay mafli^etma «xjkw 
t€|^¡em); miikebaaiferpiafv futro iiBe ^Bustancia; >D$o9 e^ k 

SpMi08»fftdo]^téM)4>arft^^ ^^poiidk)!! dto su.doclttea^ él 
método :niatiBsiiátio<>t'CMi^<> Bi^aéatto» y üsjeS^BÜs/yei re- 
sitmeB qiie*eeabai»osvde'bacér de ella ' es él resaltado dé 
una seria de defimoíones, ^ifotims y pfdposiéiMes^ tan 
difis^afflfiBte eiioft4oaaidas,^ tejidas éotí^naid^ka ta» rigo» 
rQsav^4iifi>e6 imposHble ao itdaiiik' la^^eoiÉse^cueBolaSf si sé 
fa» pf6stedo>fe¿ los ailt^code»|efs. Pei<o eii fa^^antécédem- 
tasi!e«láel Yiimt3aeii<tfoil4etoíiatateotia, y uno de ^{os 
{iospa]ifioejtasi.'(eo«IKario á todas lusreotaé noeioiíes^de 'fí* 
^lasofi^»<lan opuesto^xá < lo p<3íeo qi»e sa&émos^xsoB^idgtma 
€6nfítóa soikce t«<eoi^ttu(;ioñ ^e nuestro ser e^[ñíitual, (pie^ 
si se:aiáiHÍte «soaíO'&xiomá (y es el vi délos de Spinosa), 
es imposible que noconduzca á los errores dm» palpables 
y mafltpoli^^MM^s. Hé aquí suoofitesto : ideav&raéehet ewm 
$m idetí& wñvmin^ ó como lo habia dicho Descartes: 
^miquid Um dm^ m distinete perdpUur quami^tad^ tíerum 
-e$t» Si tengor una idea de la sustancia distinta de la idea del 
fenómeno» la idea de la sustancia es verdadera» porque no 
habiendo en el universo masque sustancia y fenómenos, 
lo que no es idea de estos es idea deaqudla. Si la idea de 
la sustanciaos verdadera, ya ao hay medio de evit^el pan- 
teísmo, porque esta idea no es mas que de wm sustancia, 
y si no hay mas que una, es infinita, ao pudiendo ser li- 
mitada sino por otira sustancia , de que no teng'o idea. ^ 
la sustancia unu es infíniiaf es fttos, és el universo, es toda« 



74 REVISTA DE ESPAÑA, DB IimiAS ¥ DEL ESTRANJERO. 

Pero ¿cómo ha de ser cierto qué la idea debe, convenir 
con su orígitialv ounndo no sabemos de ella'sino qué es un 
estado del alma, un modo de ser, un hecho que pasa den- 
tro de nosotros mismos; y coando ese pretendido original 
está enteramente fuera de nuestros alcances , y no teñe-» 
mós medio de convencernos de su existencia' real? Perci- 
bir no es mas que pasar el alma de un estado á otro». Te- 
nemos conciencia de estas mudanzas ; damos nombres á 
las- causas que las escitan, pero no tenemos conciencia de 
estas :c)|usás. Por consiguiente, decir que la idea conviene 
con Su original, es ¡como si dijéraiños que conviene con- 
sigo misma. * < 

Tres ^K»cas señala la historia de la filosoíia en la expli- 
cación del prhnero de los fenómenos de la inteligencia. 
Los antiguos crdan que los objetos estemos arrojaban 
continuamente imágenes exactas de ellos mismos, las cua* 
lea entraban en la mente, como los alimentos entran en el 
estótnago. Esta hipótesis cedió el paso á la del espejo, con 
cuya semejanza se representó al alma , reflejando las imá- 
genes. Por último, rayó al mundo la escuela de Edimbur- 
go', y demostró en cuanto se puede demostrar una verdad 
de observación, que el alma no contempla las. cosas como 
la vistay que la percepción no es mas que un espado del 
ser que percibe, y que la única idea que podemos formar 
del alma, es considerándola como el conjunto y la succe- 
sion de todos estos estados. Hume fué el autor de tan ad- 
mirable descubrimiento. Su consecuencia inmediata es 
que si queiremos dar cuenta de una idea, no podremos ha- 
cer nías que referir lo que pasa en lo interior de nuestro 
espíritu, la modificación de nuestra inteligencia en el nuH 
mentó en qué aquella idea está ocupando nuestra atención. 
instas verdades hablan sido medio columbradas por Ügu- 
not predecesores de los que las espusieron en grande , y 



EL PÁNTEISIIO. 78 

con la mayor elaridad posible. Uno de aquellos se espre- 
sa en los términos siguientes: Claré videre est men$uram 
tempus , eí nvmerum nihil esse prmter cogitandi^ $eu potim 
imaginandi modos. Y ¿quién dijo estas palabras? El misma 
Spinosa. i Asombrosa contradicción del espíritu humano! 
El mismo hombre que no halla realidad en las ideas de 
medida, tiempo 7 húmero, la encuentra en la idea de la 
Divinidad. 

Si, como aparece por el bosquejo que hemos trazado de 
la teoría modernísima de la percepción , las sensaciones 
que recibimos de afuera éscitan un estado transitorio, á que 
hemos dado el nombre de percepción ó de idea, sin que 
la Providencia nos haya suministrado recurso alguno para 
que nuestra conciencia testifique la concordancia entre el 
objeto escitante y el estado escitado, ¿qué diremos de 
aquellas otras ideas qué sabemos positivamente no venir 
de afuera, sino ser obras esdusivas de nuestro laboratorio 
mental? ¿Qué diremos de la idea sustancia, que ^ según 
Spinosa , no representa cuerpo ni serfisico, y que sin em- 
bargo está debajo (smbstat) de todos los accidentes, de 
todos los fenómenos que solo un cuerpo ó un ser físico 
puede sostener? ¿Qué diremos de la temeraria ambición 
del que identifica este abortó dé una fantasía alucinada, 
con el ser espiritual por esencia, y por esencia incom- 
prensible, indefinible é inmensurable? ¿Qué diremos, en 
fin de la arrogancia con que se presenta este portentoso 
desacierto como una consecuencia inevitable de axiomas 
y definiciones, á c[ue se quiere dar toda la forma para 
que tenga toda la consistencia de la demostración? Dire- 
mos que ínterin los hombres se apliquen al cultivo de una 
ciencia falsa , no podrán sacar de ella otros frutos que los 
mismos que sacó.Spinosd; que la ontologia, la ciencia de 
las esencias , la ciencia de la naturaleza íntima de las co«» 



76 REVISTA DE ESPAÑA, DÉ INDUS Y DEtESTRAKJEIK). 

sas, es una ciencia falsa, porque carece de objeto capax 
de entrar en el dominio de la observación , único manan- 
tial de toda especie dé conocimiento 5 que en tanto que 
los hombres manejqn las ideas abstractas , que no son mas 
que nomfires, como representaciones fieles de cosas exis- 
tentes y' capaces de ser conocidas , la ontología ofrecerá 
grandes tentaciones á la curiosidad y al estudio; y por ül?- 
timo, que la ontología, cultivada con ahinco, y empujada 
hasta sus últimoslim^tes , no puede menos de conducir- 
nos , ó al panteísmo , -si conservamos algun^lemenío reli- 
gioso en nuestras almas , ó al ateísmo , si hemos sacudido 
todo temor de Dios y todo recelo sobre la üda futura. 

T lo que prueba el imperio irresistible de la ontología, 
cuando se ha reconocido su legitimidad , es , que no ohs- 
tante el escándalo qué produjo en el mundo el sistema de 
Spinosa; no obstante la fermentación religiosa que agitaha 
la Europa en su época, ni una voz sola se alzó para con- 
ti^decirle, ni un solo teólogo tomó la pítima para recitar- 
lo. Y ¿cómo habían de hacerlo, cuando todos ellos creiaá 
lícitas las armas iñanéjadas por el sofista ;' cuando todos 
-«Uós convenían en la significación que él daba á su no- 
menclatura; cuando está nomenclatura y los raciocinios 
naturalmente deri^dos de ella, encerraba»! al ontólogo en 
un círculo de que no podía salir sin precipitarse en uno de 
IOS dos abismos mas espantosos en que puede' sumergirse 
la razón? Asi es que el, panteísmo de Spinosa no murió 
sino por el terror que inispiraba en el siglo que lo vió na- 
cer, y por los progresos que en el siguiente hicieron las 
ideas de Bácon. Pero cómo el entendimiento del hombre 
está destinado á una rotación de principios dominantes y 
de impulsos especiales, cada uno de los cuales ha de pre- 
ponderar por un tiempo , para dar lugar á su sucesor y 
volver á aparecer después cuando le toque su vez ; la fi- 



KL' panteísmo; 77' 

l6sofiáv después de haber sido cottseeativamente optd^ 
loga, analítica, escéptica y ecléctica , ha vuelto ahora al 
primero de estos periodos^ y á renovar por consiguiente 
Tos errores que le son inseparables. A Descartes, que de«- 
Bia preceder á Spinosa , siguieron Locke , Cóndillac , Hél- 
yetius^ Hume, Reíd, y en^último lugar Kant, que debia» 
preceder á Qegel , tan panteista cpmo- Spinosa > porque 
Kant fué tan ontólpgo como Descartes^ 

En efecto , Kánt, al pulverizar la Monadología de Letb-^ 
nitz, parece haberse impregnado del sentido que este- 
daba alas palabras técnicas que tuvo^que usar en su teo- 
lia. Familiarizado con aquel idioma, y tomai^do al pié de 
la letra la significación éh las. voces (fae le componen» se 
abandonó al placer de' especular jcon ellas en el itfundo^ 
ideal de las: abstracciones, de componerlas y descompo- 
nerlas , de concretarlas y dividirlas, como hape el químico^ 
eon los gases ;;y de todo este trabajo, de cuyo seno se.Teu 
salir á veces ráfagas de luz que revelan una de las inteli-*: 
gencias mas profundas que han honrado laespecie huma*^ 
na» resultó la^teoria del absoluto , nueva forma de la teo*^ 
ría de la sustancia, algo mas ranada en su estructura^ 
algo mas consecuente en su totalidad, algo mas pura en^ 
en su espíritu, pero no menos débil que aquella en su» 
base^, y no menos peligrosa en sus tendencias. A estas^se 
entregó Hegel con la obcecación de un prosélito entusias*» 
ta, y hé aquí eurcompendio la quinta- esencia de su largo 
y cón^licado trabajo : Todo lo que hay en Dios es absolu- 
to; lo absoluta^es su esencia, 7 su razón por consiguiente 
es absoluta^ ó , por mejor djocir, no hay mas que una rar* 
zon, que es la absoluta, que es Dios. Pero no hay razón sin 
eonciencia , ó lo que es lo mismo , no hay razón sin que se' 
sepa que és razón» La conciencia supone personalidad, e$ 
decir, un ser separado de los>otros«seres> un £000 en que 



^8 REVISTA DE ESPáRA» 0B IHDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

Tiene á concentrarse la obra de la coneiencid : e$ta opera** 
don , en virtod de la cual la razón se da cuenta de si mis- 
ma á si misma. Ahora bien : Dios no> puede ser peEsonaU 
porque es infinito, y estas dos i deas ne esfehiyen mutua* 
mente , no pudiendo haber personalidad sin que se dis- 
tinga de otra, en cuyo caso es limitada, determinada y 
finita. Asi pues, por un lado tenemos rraaion ini^eparable 
de conciencia , concienda inseparable.de personalidad ; y 
por otro. Dios inseparable de impersonalidad. ¿Cómo se 
amalgaman elementos tan incompatibles? Solo de un nu>- 
do : suponiendo que Dios se realiza , no en forma infinita, 
lo cual crs absurdo , sino en la infinita variedad de formas 
finitas; no en una personalidad única, sino en una infinita 
sucesión* de personalidadea. 

*Decimosde esta doctrínalo que dijimos de la deSpino^ 
sa. Es absolutamente inevitable pasar por elta , si no la 
detenemos en su primer tráfmite ; la convicción que arrastra 
consigo es irresistible, si damos entrada á la idea en que 
se funda. Pero, como esta idea es diferente de la queSpi- 
nosá fijó como punto de partida , debemos atacarla con 
armas diferentes de las que empleamos en aquel cómbate. 

Dios, dice Hegel, es la razón absoluta. ¿Cdmo llega- 
mos nostros á la idea de lo absoluto? Nosotros no cono- 
cemos más. que relaciones. Orannestra percepción proce- 
da de los sacudimientos délos sentidos, ora sea obra de 
nuestra propia inteligencia, qué reúne en un solo grupo 
otras ideas ó diferentes partes de ideas, siempre vendre- 
mos á parar en que el residuo que queda en nuestra alma 
es una relación , y no es mas. Si la idea concreta es sim- 
ple, como la llaman los escolásticos, la consideramos como 
un todo que tiene partes , y las relaciones de estas partes 
con el todo y entre si son la esenda de la idea. Asi la 
idea del sol es un disco, y un disco es un cuerpo que tiene 



^ ÉL PAin'BISliO. • ' 79 

centro y periferia, mitades, tercios v cuaitos de diseo etc. 
Si lá idea es compuesta^ con mayor pazon será puramente 
relativa ;fpK>f que representa mi eofij^tó de^indivídualida-' 
desv cuyas relaciones mutuas son la ideaimisma. Asila 
idea^de un regimiento: es la idea de muchos hombre» que 
tienen entre si las rdiEwiones de hombre, umíerme, rden^^ 
tí4ad^d^>}efe&6tc. Si, p«r fio» la idea es abstracta, io que 
re{»ri^ei9ta es la sumai total de Jas relaciones de las ideas 
fd>stniidas. Asi la idea virliadvepi^éaenla la homogeoieídad 
de ciertas acciones que bemos querido ctasifícarioon una 
noción común y bajo un nombre común á todas. Escndrí* 
Besejemmto se quiera jel dépásHo de nuestros ^udcunien* 
tos: no m bailará mK>jqúOjno eslriba en la relaciona ({ue 
pueda subsistir un solo momento si se d^ppja déla reía- 
don,, que sea.otraeosa que relación, i Qué haremos pues 
paira ooncebir to'absduto?:Ko podemos ea^dearimas que 
im pr^edimiento : desnudar po<^o a poco la. idea, de todas 
sus r^a(^pnes hapil,^ que qq..qi^§d^,;ni9gia9!af ¿ üuó e$ lo 
que nos queda.^tonc^s ? ^ada^ I^ore^aljlvo es lo único que 
p^dejQdOs conocer; si él 4^sapar/eee, es absolutamente 
imposible que baya noQion, ic^^ai percepción, conocir 
mi^p^, llámese como se qjoipw» . .\ . t , . > . 
Luego lo que llamamos absoluto ^p;es:m|ts que una ne- 
gación, Qomo lo es }o que llam^mo$> infinito. Uegamqs á 
dar una significación á la palabra infinidad, aicijando cu^to 
mas podemos la idea limitación* Asi epQcebimps ó cree- 
mos concebir lo absoluto; aleando todo, lo mas posible 
la idea relación. Penetrémonos bien de esta verdad sen- 
cilliskna, y preguntemos de bi^enafe : ¿Puede fundarse 
una teoría sobre lo que no.es? ¿Puede, el ser constituirse 
OÍ atributo del no s^? ¿Puede afirmarse lo positivo de lo 
negativo? Absurdo sobre absurdo, abismo que invoca otro 
abismo. 



9f' REVISTA OS KSPASAyJMUaiMAft IL 9XL ESTRAN»ROi 

Y por otsa pjotav jqod qoism^ decir celáaioft abscdotef, 

^? eniqaé obíNi! ¿ ipiá^se dÍBgfii? qoé faneioiieftd6S>« 
eii]|i0na?|Qiiél.Lii>ra»Hi'absolata« ó, le qo0 e» ki'iwfima^ 
ki .ra&0n perfeotat* ¿será uD:agantei{ds>Bdo^ súiiíBfiOt^ oob^k 
eeDtrad<»^e»«í;iHifM^ttift aedon sobBeiUKiAfSBtinfiujo 
en nada,(jiicoimDo oonli^eMftotottv^iVttait miaiip€cífnr» 
Bítíqfetior á ella^yi2«iidaiudo<al>p63sp«lalK>^rapo«ivi9Ui!ei> 
^ ftinóniaio deia perpetua nviídadí? ^Qní Dios.eaiet ^oe 
eoiFtaii etlraaQ»alfibiiiw.3eii0BifpiureHtoioe^ «I>AMe. 
toad? .-i . • • '.ii .> - ^•;í.. i i 

AcabeoMBv dr^no Wbrá..téinHiio á la disoaaiaii. Ssa»^ 
fedidadikuvDtaiatov'si* ee* oa^auleca. que* tod» laa.idif 
salvaciones , ^d!M J0s>esl»dioa9 todo& fcs «deaeobrimi^Bi^ 
tos qw'tkneotalgilbost víaos <teiapn[>3imaei^ úi^^eá^ 
dad<en->larfi)o8(^,.ttodo»>allose(ttán en abieeta cmIm*- 
<j[ioeion oon elaaa eseentmidéfcs enormes de la éienday 
eon ese prurito; desordenado de ionreatigar lo/qae ^no 
puede ser objedh^e la iaf^^tigacipn^ y de percibir loque 
no «pued^ jarnos .llegará ser perceptible. O la filosofía no ^ 
es ciencia 9 ó se somete á la ley común de todas las cien- 
cias , que es la observación. La observación no obra sino^ 
en objetos observables , en fendmenos perceptibles ^.en^ 
hechos quo dejan en la conciencia trazas distintas de su 
individualidad. Si>^deseainos conocer cuál es el objetov 
legitiino de la observación , veamos si reúne aquellas dr^ 
cunstancias. Si no las reúne, desechémoslo cqmo indigne 
de nuestro examen* Sobrados materiales nos ofrece el es- 
tudio de nosotrosmismos para emplear el trabajo mei^l 
de toda la vida, y suministrar alimento á todas nuestras 
facultades. Sobrados enigmas tenemos que resolver en los 
repliegues de nuestra estructura interior , para absorber 
todas las fuerzas de nuestro espíritu yempeñac todos los> 



esáifirKOfi deouuQatBLtttlimtad^ Stiiifinámonoa .¿ este re- 
cra^» y alipa; Que^ctail «ooodtiltfsaiQs nunaatiales ina- 
gal^bteff .«de iTnfídiiroibi^ga ítobHflDfliy» de gnuEea^: intensos y 
' {nn»s^:éé fprffla4eS)é,m(elBkiiiles.]iesaidirimien^^ 
rflmD$ídedbJto^flbxJ8iii]^ai4y»li<íp^^^ perfaecio-*- 

Q^íDiieBti's^ Büteü^odoia^ itometodiaacjHieátrafTaclm yitáe 
4aiá|4iiHU}il9kflgrásÍQ$i«deifiaasltai^ idbnesta 

atiBúpfi^npqiBs taiiÉ^ta»^6iiÉliiK»l^ 
WB^ÁtstommtíTH^^, iúítíDÜm; e9Jg8||íaBpr6oi áoBDolaiiiiues^ 

ñoso. Podremos fraguar teorías seductoras, lisonjearnos 
icoulacaniáooioii dieihain^aBiaaüádé el. secrete ;á>Ui;D&vi- 
ntdadv|)aagéaroo»i|ry»dag |WMr ^stré f^aláomi^f^aéréoi^ im^ 

doeaie Ira t^i i wfci gagjJgáiidMMtdg^ 
sea iel JobitBto Ufúéd^o^^ 

im»il0ndbdb8blfi3mefl^pift*sa4n^ a¿'j .j* .' 

/osi^ /oflomn ae m>ra. 

•• ,.'.•.• i; .;(;•.!: . }í».Í.i;''':í' f'liJii íi.. '. /,6 .-'.i"., , 
. u «.•♦#: j, \ ti.'H.;j.> ..1 } i .1.. ' A • l>;^i! "J-, 1. 

^ •-• '• V. • . ..! fi . -• . '..*•• ' . \ i . 

T. VII. • 6 



.1» • •• . " • 

RECUERDOS 

SOBRE LA CA^MPAÑA DE ÓÓ'STA-FIRME; 
imfs mmoMir» CAMPO D. m^^ i^.i4i;oRffi. . 



El Gomisíoiiado (pie eLgoneni Jiwilla mauáxó panmlft* 
tennitiar ]a lioea dbttotiareixtroiiiiie8trHi.troiias j)!» ene* 
iaíg«s;>6ii las provinite fle:Qio HanhBr Siiqta Ji«éta 9 Car- 
tagena en :co4llfoelmdad^'delc tB^ d&^an&isádOf'iBBiil- 
festó al general Mtomeo 9S énvaérzo^úAnían/iotMo 
de 18Si, reBpeeloéeiajo|Midim.qQ&hdifai odisenado^w 
los fm^iblos qae oaluptbcmios disidentes^ ios miscaos dén- 
seos y los mismos aentknietitos qoe ei^esó Vainflalen, 
y de que hemos hecho mérito^ Dicho ecmiisionado, que 
era el capitán D. Mairael Landa, salid de Santana el 27 de 
noviembre de 18S0, y el 2 de dicieoibre Uegé á Maracai- 
bo , donde conferenció con el coronel Briseño » autorizado 
por Bolivar« Tenia aquel instrucciones del conde de Car- 
tagena para transigir amigablemente , y aun á costa de 
cualquier sacrificio , las dificultades que pudieran ocurrir, 
para evitar todo motivo de alteración ó desavenenda en 
perjuicio de la paz que se deseaba establecer» como prueba 
de la buena fe con que se trataba de nuestra parte. Desde 
Maracaibo pasó á Rio Hacha por mar, á cuya dudad llegó 
el 16 de diciembre. No pudo en dicho punto verificarse la 



REGÜBftOOS hOBtíKhk GAVPJdU M twtA^mmti 83" 

demarcáckiD por los pretestos que ulegó Bris^bOy quedando 
diferida la operación hasta su llegada á Satíta Marta. LaiH 
da llegó á este punto el i7| 31 ^ di« ^iguieiite principió sus 
coínferencías con Brisidño. Exigió este que se le entregasen 
püej^lp». que noJitibMñ síjIa oci^^dps por los diai^entes; 
y cómo las condiciones que imponía á Landa fuesen irre* 
guiares, duras y túasta vargonaosas» no cogavino en. ellas, 
y seididgtó al coronel'' MonfiUa eomojefe principal de ios 
enemigos en aquel punto , y entre Jqs tres practicaron el 
arreglo provisionstl deque dicho comkioiíado dio cuenta 
al general Latorre; Todas las ventajas estuvieron de parte 
de los disidentes, pues les quedaron dentro de la linea 
mjuehos paeUoS' donde no iiabíí^ entrado sus armají, y 
quia'mwí8aslwi|6!ntéle»(eiraii'd6)i|tf86t«s». lnt%tím losi^o- 
mi&íOBados iáe;JBoli?wi, J^o^poratMiQfleapeGiMos^ dateiner 
áitanda parar (|ybe>tto.ii^éS0áCiu*tftgena^Mlft prontitud 
q«e«eaiigia «el <sí8rfi:eiQ ,: y. miya d«movatiUet«afaa elobjeto, 
sia^ la sOímon d»da^ dis. qqia Í0^ operaiioMB Bt i^áAmt^^n 
oontra^vdtehfi' pbeaik €opQi»doi<fate interés por Landa,! se 
decííMá áanapochar solou con enyaiAitfipliioíoQ compróme-* 
tió ¿ AnsAüoi, Tflegofon jporéníá Cartagena «I i«í d0 di-' 
cicmbm^ean'póm>(li£8Micia.deMrai^. v^ ;>i 
*\k IdinsKm aehallliban'iostfinlBjEQ^oaBii JuiÍMno«<y >siif 
attansadas -Ibssaban'loata XernerA^ £1 . depaiflam^ailo de 
Loi^oiií Ip ihsd]á»^eupadot el eapitád 0..:l03é Gaodamo , y 
tremolabaleÉi él elpiaimUiMl espánelii desde el M » «ntque 
sepiOBeíbtéíaqoeLal^iidó y. homo oficial>«aiifCUi^trQ qx>- 
deoaiíH». ijoftfnieU^ S6<le i^ritidjaxm ^loa hatatanles. se 
le\i]úevan;^ly*attanloi eita^iel tearritorio podianUennai las 
éiimi deseaban toluntoiiameiite.eomkatti? por la oajuaa, 
dél'^eyi.Iioa.eiitociigQs que guarneeianiá Loviea^ftiaraEiba^ 
tidos, y aqaeila nádente diTJ^idn , frulo del oticnio poli-* 
tieo del brigadier Torres ,;OÍr^ia la mus lisoi^ra e»pie- 



84 REVISTA DS «SPASA, DE INDUS YDfiL EST^IANlEfiO. 

rmiB.lA'&th la &iti|aGÍon en que á. su llegada balU el 
capitán Landa la plaza y provincia d« Cartagena. 
^ CbÍQo esta oficial sé bubiesii manifestado con la ina$(or 
franqueza y desinterés en IVaracaibo, Rio Hacha y Sonta 
lUarta, cnreyó hallar en Briseño igual 4^fév6nc¡a á favor de ^ 
aquella plaza. Parecía regular se la diese alguna estenaion 
de terreno en su drcunférenda, capas die algún desa]^Dgo^ 
y de que fuese menos penoso el servicio de su gu^umicion, 
puesto que en ello no tenian los eneitíigos <^e evaeuar 
puntos de naturaleza fuertes, ni .abandonar trabajos de 
zapa ni ninguna otra cl^e de- obra militar; Pei*o todo fué* 
al contrario: Briseño exigió qvte la peaeafu^se común 
en la bahía , en cuyas costas no babian oeupíado. un solo 
punto ; exigió también la pQsesi<>ú dd depaitamento del 
Loriea, y se adelantd á pret^d«r que la plaza no^ estén- 
diese sus^litaites ni ajín al alcance 4e sus fti0gos.:No per* 
n)itió que $e abriesola comunicación de eUa con lo& pue- 
blos, y viendo Landa que nada podía alcanzar de laobs-- 
tinacion de Briseño, dio por concluido su encargo, que 
comunicó al gobernador de la plaza, y se dispuso áregre^- 
sar al cuartel general. invitado después pojr Bnseño^ que 
se habia retirado á Turbaco, á una entrevista^ ^uvo esta 
efecto^ quedando finalizada su comisión salísfiBictoidamen- 
té. Mas habiendo Briseño pretendido después que los 
bongos que babian subido por el Magdaleiub y Jlegado'por 
el dique hasta el pueblo de Mabates , bajasen á la costa, y 
subiesen en seguida con seguridad por el Sinuy hasta sus 
posesiones arriba de Loriea , se opuso justamente Landa 
á esta exigencia que ni inciden talmente se habla antes 
promovido. Las justas y poderosas razones en que fundó 
su 'oposición el comisionado estaban al alcance de todo 
el que tuviera la menor noción de a^uel terreno. Cuantos 
obstáculos tenian los bongos que vencer para; obrar con- 



RCGt£!lDt)S BOBRE LA CAMPAÑA DE COSTA-FIRME. 88 

tra Cartagena, ''debian'^reeisaineiHi& encontfarlos desdé 
el panto en (fáe se hallaban hasta la costa. En el dique, 
ctiyáf^nave^aeieftt era éSñtile/tt ^á^el tiempo por el poco 
canda! déryusdgñas, era dbndfejttsfameiíte pedí amos opo- 
nemos á su* prOyeíito i y nb pkfé^iaí regular que apróte- 
chándose de la suspensión de. hostilidad es pretendienañ 
adelmnt&i* trsnquflanieiife y sin opb$iCién^tii!i'a'V^ér«tídii 
hostil 'para la pfazaV'qne en guéri^ les hubiera éostado 
mucho trabajo practicar. Eri' el departírraentó dte'Loriea, 
que se- hallaba nteutral ,'ttose podia/segütí él tfrtnlstltíio, 
meditar ttáflá sobre su defensa hasta esfiirados tó§ cua- 
renta dias (Joe debían preceder á la innovación' dé 'lAs hos- 
tilidades ,'d«sdé que «no db íós dos ejércitos se'téscyhiese 
áeltóyio nofifltíáseaa Htto: Cdn aquella pretensión qtíeidtó 
d ^nemlfeó enaptittíd vefiffajosa para* invadid ¿ín opoífitíon 
aígüék^ aqüélfós |rtieMais ,'y áfilifeáí gui WcíÜrsosdOiitrá 'la 
pWkíV'^ ^^^ por nuéfitra parte pudieía evitarse. Lantía 
mteíftítb que^á pesar denlas ñiertes razones que tenia para 
nbcoñvtoW con tea' pretemsióties tíe Brtéeñb, desde Itfégo 
défífriria á étlás con la^ pi^ecisa 6 indispensable circunstan- 
cia def'qtié loíf pueblos del ÜispaiHaméntt) de LbMca, que 
te^iiamos ocupátfós , cotítinu'aséri bajo el^ííomiñió'^'adnií- 
iSístiyciOri^dcP gobiéiWó espáflól; f cómo BriSeño tío hn^ 
biese-cofrivenído en esto, la comisión quedó dísuelta, reti- 
rándole aquél á Turbacó, y dirígiéndOslá Lauda á Vene- 
zuela. I ' 

Las tropas dysidenles' que halló Landa ra su tránsito por 
ias provincias de S'antalifartay Cartagena consistian en tres 
mil reclutas del reino' de Santafe , y muy pocos restos de 
venezolanos. Estaban distribuidos cuatrocientos 6n Santa 
Maírta; ochocientos en Ocaña operando contralor Corcha- 
dos qué sostenían la caufi^ española , y el resto al frente 
de Cartagena. E^os cuerpos se hallaban desnudos y sos- 



86 RETI5TA im ESPAÑA , 0« llflIUS Y BEti E8TRAlf|XaO« 

tenidos ó radon, á pesarde las fiíortieaeoiiti^ilHftdaiMSis^e 
imponían á todos lo8 puebl(^ para pFovaer árfiua ineoe$i* 
dades, pero que en maltdad eran^va cof roaiar»0l iniiaiUo 
desús ^bernantM, y so^bmet «la vicio97:dQ6(Í0deiM». 
Entre ^as tropea había -individuos d6.1a>qu6£hafaia>(Hdo. 
tearceca división nuestra, que perdimos en Bsgraoá»^ que sí 
eatufieriHi vestidos» conatdeFadas.,» bian -toiM^tjF pw- 
ualmenta BalisS8c)ios4^^iisbab9i{fsj3iiwlra(9 d^idpdiefffM^ 
Questrasrt>aadariMi^ se adconlm^: an< la, mpjiar mí^i^ft 
entre lasftlas del Q^emigo. El capitán Laadae^sasaba en 
su parte la desesperada aituatíon de. los pueblos ^e do- 
minaban los disidenCisSt su ansiedad pfir volver al gohíar^ 
no ilel rey* y lo fixAl que era restablecer «u eutoridadii^ 
«llossi se ^noari^aha á jefes espertas y pohftíaos -que »o 
atacasen las pr<^iedadas» y pagamn con exactüi»! las^bWH 
pa$. l^slo afirmó mas la opinión :dei genecatrLatonie, que 
yB dejamos siaiiifsslada, de que los.pueblas.iio tosían otara 
qo^ la que les «trancaba su misera^situacion , y qoe i?aid* 
mente reim como^ en^náñigos sayos á todos los «qua ocu- 
pando el' país les haeián sufrir mas exacciones dadineiv) 
y hombres; pues si >el patriotismo hubiese sidoelmÚTil 
dn su opinión, habrimí ofrecido á su &vor toda clase 4e 
sacrificios, y adheri4ose con decisión 4runa ú otra causa. 
No debe negarse por esto , cpie el deseo general era fiíTO* 
rabie al gobierno de S. M. ; que las gentes sensatas veian 
derramadas sobre el pais todas las desgracias y las mayo- 
res calamidades^ desdd que se deseonocid en él aquella 
suprema autoridad. Mil causas habia que con&maban es- 
tos principios; pero en q1 estado de nulidad en que habíais 
quedado aquellos pueiblos por la desa^osa guerra que 
habían suñiido, en la fda indiferencia en que babian müú 
los habitantes por los horroresde que habían aido testir 
gos, la pedida de sos propiedades, la desaparición <fe 



Stts&mifits» :y«l<^te(lainii9end>le á que 3e.les:habia abatid 
do, »¡ospamoe laudada Í9 rfifettda lopcaton dfil gf neral La* 
totm, ^<{U0.ii0 irttaortotroti ea^migm qo» aqoeHos qve 
masüidíjfctpftifiíi aasHiesgcaisisaj Ifrs manteinan ea una A* 
tuadan «amaflietivia «iwit» dasespemáa; j aunr^vasido k 
coiidt)dtabd«lordHad6ttl)08^' como lo h8nioaKya.dicliovfa««- 
se'lrías''e^Uilttitíad€(ray i9Éa& erudy-mas humillante que la 
qué <!>l!»ei^al>£iñ:liis'iattloridafl«8 de) tey, les causaba la de 
a<!fUello^ WBJ^ tetDor p>^F<][«e I» c^ian mas permaneiile, así 
eoMio ^aaqera la axisfteocia' da las tropas españolas. 

BolWiniÉK) al igeueral Lsloite^ el 13 de abril ^ desde 
Bairíiias; á.im annro avmísltdo ^utoe.Jfts^ baaee á^ ima 
ígud>disi£áauaaB déülciif^ por-su-parM 

4e fiora^ CkiM^/TeiaugBa^.i^^ y Gamsséi o4)ii4oda la 
iftamrdeiseiaFidairio/SovIiigueaa^f *óilp eiacua^u por 
nitesÉvafttoépas détCttmaoá^ íA(4aa »gnlautes {MrelepsioQes 
contestó el general Latonre eon. una ^e«idida negativa , 
raaa[tfsataiuloiá)iBDlifa>>quttiabsohUaffl6z^ podía entrar -en 
negodackoHits sino e/stwmi^Á Majmi^aifrPt sino se detar- 
ffliQébaiAk&4in€»aidÍ¥]fiwkief.4e Cupiajiiá.^ Cartagena se- 
gún las habiaaiüi^oiido los eeimeieip^dos per el conde de 
CavtageiuK^noifi'ldSiflaas aiaregli^Ui^ si ao se prol^ibia que 
los eorsaríQs dia^Mang;aritaitoJaíia«^a^ la bandera ^e Buenos- 
Aires para hostflijiarfios^, y si no se evitaba el proteger á 
cualquier p<ieb)o ^9A , o<»upado por uno de los ejércitos , 
intentase adtokrse é se le estimulara ó instigara para que 
lo hiciese al gobierno áA oiro. 

Dejamos ya sentado que entre los muchos obstáculos 
que se oponían al -mejor ésuto de las operaciones, no era 
el menor el que ofrecía el jefe político por su inercia y 
natural apatía; y como el genei*al Latorre observase que 
por mas que esforzaba sus órdenes para que le suminis- 
trasen aquellos indispensables auxilios que requería el 



^ BSnSTA DB XSPAÑAf M INDIAS Y DEL KStllA!lll»0. 

' ejército en la campaña que iba á abrirse, sufriendo en esta 
dilaeioa peligros qm le ofrecisoí en lugar de confianza 
una suerte precaria y. espuesta, procuró salvar en lo. posi- 
ble esta situación, de acaldo con la junta pa,eificadora. 
Nombró jefes polilicos subalternos, sujetos al supearior de 
4as prorTincias , á los comandantes militares de tos plazas 
de la Guaira y Puerto Cabello , tanto por las rasones refe* 
ridas y la de activar losasustos de la.guerra que imperio- 
samente lo requeariitn , cuanto pa^a cumplir Ja preyendon 
que sele habia hecho de real orden, de poner iade Puertos- 
Cabello en estado de defensa, en precaución de ciialquiera 
ocurrencia desgimciada que pudiera sobrevenir. También 
se hallaba autorizado para reasumir el mamdo/superiorpo* 
Utico, si consideraba lo exigiera asi el'éstado delas'cósas; 
y á pesar de no haber Ivecha^usode esta autortzamosi , de 
teberse limitaKlo á nombrar á los referidos comandantes y 
á los jeies de las divisiones para;el mando político^ con el 
tin de reunir U acción del gobierno; á pesarde que 'éstos 
. nombramientos los dejó conio subdfemor, sujetos al jefe 
superior de las provincias, y les pretinó no se introduje- 
sen mas allá de los negocios que se relacionaran con la 
defensa del pais; á pesar de esto, repetimos, le presesitaba 
á cada paso dicha autoridad motivos de oposición, ya por* 
que no queria entenderse- éon los espre^ados subalter- 
nos, y ya por las competencias que- estos tenían <iue sos- 
tener con los ayuntamientos que repetidamente se las pro- 
movían , haciéndose de este modo muy difícil vencer las 
dificultades qn'e presentaba el «estado complicado de los 
negocios. Hubo pues de luchar con este nuevo incidente 
que paralizaba todos sus plañes, y que esponia la marcha 
del gob erno á íéíititudes que debían resultar én perjuicio 
del mejor servicio y en la ruina áe^ ¿quellos ptíéblos. La 
guerra era ya inevitable ; el atínisticio iba á suspenderse, 



r 



nSOUSÍlUIOS ^BttE tA H3AMPAÑÁ tfE GOSTA-POUIB. 89 

y el término ptbñjwio en él para romper de nuevo las hos- 
tilidades se' hailíábá cerca dé eonélitirse, habiendo sido 
inútiles las cortiüníéáiéióries dé! general Latorfre á BoHvar, 
llenas dé jítetícía y reübsandrf en' fleSeos- de manlfener la 
paz y preserváis al paSi de hnévás catástrofes. Las repetidas' 
infraccioli'es que dtiráhte el tnismo armisticio cometió •©- 
livar babian hechd'teoriocer al general Latorre que ^su fin 
no era el'dfe un acomodamiento, y sí el dé gtoat tiéímpoíy 
conseguid á fuerza dé^ iiittí gas' tina sup^oridad ventajdsa 
sobre "el ejército y sobre 'loS'*j[)iiebl6l5 , á la' sombra ^'A9í 
sus^enslcrn de ho^idades y dé U b^ienafe ospáfiola. 
Püedé! déciráe'(j[ué^auríinté laí treg^iá^ no ''ínalflá déJaSdo de 
hosl^Ifaarn^s un sold dia>, <$onio Ib p#udbmtctaáavflBÍdn de 
M«raeaibfit);ias'dilácí6níiils y eftigios< diosas eomÍBionadosi 
en la d^marcáoioii^ de límites:, «df prelemsiones hesttles' 
cóntra^arta^ena, y d coi^sfentlinientoi quedaba paíaique 
sus corsarios, baj<()^ el pabellón de Bomióá^Aires:, á^siesen 
en stis4e^redáe!one8;*N6> quedando ya otFO arbitrio al ge* 
neral Latorrb'que lá renoi^ciotí de tes tenstiUdades, eteyé 
de su deber puMicafr un manifiestos <^omo lo verífioó en 
Caracas en 33 de muirte, en el qoe analizó doouiMBtada- 
mente todos los p«aso$ ^flcialesy amistosos-queíél y su< 
antecesor baíblan* dádd^con Boli^r'pai'd' -el ■ mstnténtmientoi 
de la paz/ la conducta doble y dotosa que^ este lmbiar>ob«<- 
8ervado,'Ía felsédad- cotí que se habia cond«cídó éii sus? 
comunicaciones, y 'tes muchas veces que babia ii$fringido 
el anntetieio y faltado ár sus palabras y cosnprometíipien- 
tos¿ Esté paso, tan propio de la honradess española como 
preciso pitra principiar las hostilidades,) hizo páMicoiiai; 
m«ndo sus esfuelvos por la paz, así como el doblez áin-^ 
tendones ^del titulado jefe supremo de Colombiar. i ^ 

Gommicó elgéneral iatorre á todos loi jefes de las di-- 
visiones la: nueva campana que se \ha á principiar; pkíié 



99 RmSXA DS ESPAÑA, DB INDUS Y DEL BSTEANlBaO. 

con instancia al jefe politioo y á la dipatadpn proviodal los 
auidUos y reeoiplazos que necesitaba el «jércíto^ para que 
las operaoioBes pudieran yerífícwrse con celeridad y éxito; 
r^itió estas mism^ solicitudes con exágencia^ porque pre-^ 
Y^ia.que sin su logro it^a á ser ineficaz ciumto se eiacüpren- 
diese ; y dejando en Caracas el baUdlon diC Castilla con «e-^ 
tecientas cuarenta y cincoplaxa^, paraque con las milidas 
de los Talles de Bailovento y las^^'^Ocumare , que graduó 
bastante fiierea» no solo para observar á los enemigos si 
i nt^taban penetrar desde Barcelona por aquel punto, sino 
para batirlo también en su caso con ventajas , marcbó al 
cuartel gen^^l de San Carlos, afín de poner en movi«- 
miento la fuerza que tenifi alli reunida y &bí sus inmedia* 
dones , con el fin de buscar á BoUvar deddido i aventup* 
rar una batalla antea que verificase su reunión coix Paez. 
La divisioh de vanguardia, que t^nia su cuartel m Ca- 
labozo^ se Jaallaba distribuida del modo siguiente : eLbata- 
Uon del Rey» con quinientas diez plazas, etnel Calvario; el 
segundo de Yalencey con ochoeienias veinte y cinco, y el 
de Burgos, con quinientas setenta y eolio, en Calabozo; el 
delIn£mte,con cuatrocientas veinte y tres, en la -Guadarra- 
ma ; lanceros del Rey, con mil cuatrodentos trece en Cala- 
bozo ; y el escuadrón de Apure, con ciento cincuenta, en 
la Guadarrama. En Guanate estaban situados k)s cazado-^ 
res del Principe, con doscientos ochenta y siete hombres; 
en el TOfCUyo los batallones de fiarinas y primero da Na- 
varra, aquel con cuatrodentos sesenta y tlíes, y^ectte c(Mi 
setsdentos sesenta y ocho de fuerza ; en Barqiüsiméto el 
I^rimerb de Yalencey, conochocieiltos oücé; enSanCttrios 
y Valencia, el defiarbastro ;eon sebdentos veinte y mío; 
cuatrocientos cuarenta húsares de Femando Vil estaban 
colocados en el Tocuyo y BarqñiBÍmeto;! cuatrodeiilos 
dragones y dosdentos ochenta y cuatro goias en Guanaré. 



RBOIHSMDOS 80BRB LA CAHPAKA 0B COfiTA-FIMIK» df 

De este modo la fuerza de Caracas distribuida parte en Ios- 
valles de Barlovento , podia detener ventajosamente cual- 
quier ataque que intentara el enemigo desde la provincia 
de Barcelona. El brigadier Morales desde Calabozo obser- 
vaba con su división á Pnez y á las partidas de Zaraza y Mo- 
nagos. Con las divisiones colocadas en Guanaro y Tocuyo 
se hacia frenieá las delmismo Paez, y á las de Bolívar en 
Barinas, y con laa situadas en Barquisimeto se observaba 
la de Reyes, Vargas y demás pactidas, y la de Urdaneta 
que amenaaaba la provincia de Coro, ^n San Felipe estaba 
situado el tentóte cor^onel Lor^pzo con un campo volante 
para mantener espedita aquella comunicación , libre la 
co^ de^ Gopro, y observar al mismo' tieiqpo á Urdaneta. 
Por ttltímp, ea PuerM^-Gabello ae hallaba de guarnieíoB el 
segundo de líavarra». con trescientas ochenta y tres plazas. 
Tal ora la situacicm 4o nuestras .tropas cp Venezuela en 
la época á jcgie nos vamos refiriendo , y tal el plan que se 
hfibia prcqpiM^o seguir elf^eo^al Latorre^ en el estado cri* 
tico ^ que se hailabim las provincias ; porque si lograba 
batir á Bolívar ^ntesque se le retiñiese Pae&, y segui4»« 
mente á Urdaneta, le babria resultado la ventaja de d^ar 
libires las (te Bar^naa, TrujiUo y Coro; podia reforsa,r la 
vangttfHPdía piara que o^erfiae contra P^ae^K , Zf^raza y Mopá^- 
gas; ylehalM*ia sido ficil adelantarse hasta Mérida, ha- 
ciéndose de este modo dueño de, mf^yores recursos, de 
gente y de la opinión que debería ganar al emprendi^r la 
reconquista de Maracaibo y la de Santa M^Eirta, viniendo al 
socorro de Cartagena , y haciendo que la división de van^ 
guardia opeíase ¡en las provincias de Barcelona y Qiia^fofhi 
para limpiarlas d^ las partidas enemigas. 

P.T.deCárdoéa. 



»m vVWW^ y ÍlWWVWyi M lM i ' W ^0M^\\Kmvl KW lM^ 



CRÓNICA política DE ESPAÑA. 



MadrU^i de octubre de. iSi^ 

Las amenazas, las 'protestas y los temores esplotados 
contra el doble enlace de S. M. y A. han desapareéido 
solo con el trascurso del tiempo. Los reales matrimonios 
se han verificado en tnedio de la paz y de la tranquilidad 
'delpais, y con gran dlboTozo y contento en las ciudades 
mas notabas de la Península ; los príndpes fraihóeseá , y 
muy especialmente él elegido para su esposo por nuestra 
biélKsihia Infáhta, Kan cautivado con su talento ^ relevan- 
tes dotes el iafécto y aprecio de cuantos hombres poUücos 
han teñido efl honor de tratarles, y la población miéma'áe 
Bfafdrid , hostil en ¿u generalidad á los principios conser- 
vadores, ha \Mo y saludado á los principes franceses con 
aquella simi^atia y respeto que acompañan siempre al ver- 
dadero mérito-. No quiere esto, sin embargo, decir (pié tófdo 
se haya ya salvado ; que el orden público esté asegurado 
" dé una manera sólida y permanente; que no habrá mas 
ínsütreccionesni tentativas revolucionarias; que todos los 
peligros estén completamente conjurados : seria desco- 
ntwjér los partidos y los hombres, y hacerse ilusiones qui- 
méricas que podrían costar muy ^aras al pais. Hemos dado, 
si, un paso acia la consolidación del orden pübKco y de 
los principi<!)S'conservadores , se ha quitado una arma te- 
mible á los partidos estremos ; pero estos todavía se agi- 
tan y agitarán algún tiempo para trastornar el orden exis- 



6RÓNIGA POLÍTICit DE ESPXil^. 9& 

t^iey conmoverla soci^^ad. Agrégase á esta situación 
pa{ít\^ «d^l reino el disgusto y la actitadl hostil que ha to- 
mado la Inglaterra, á consecuencia jdel enlace 4^1 duque 
deMontpensier con. la heredera inmediata. \al trono de 
Castilla : la Gran; Bretaña se ha creído ofendida, desairada 
y engtóada en asta cuestión/ {líW* el gahía^te fiwnoéis, y sus 
periódijCOfi maaa0reditado& no.ban titubeado esn descen- 
der al teritoo* nías inmundo , en ii^rentar y i^opsigar taa. 
calumnias n^^ groseras y yergo.n;&osas» ^n tratar á la fami- 
Ka.real de España y á la nack)i\: niú^ota con lu^ toni^ de. 
s^reásAico deaprecio que ikx olvidaremos por cierto. {loy 
mi^mo , qi^e el euptlace de S^ A,, ^e halla* 5a realizado , los. 
diarios: mas oficiales de aquel gQbiemo vienen amenazan^ 
dones y amenazando á la jErancia,. en nombre de -un con- 
greso europeo, que. la Inglate^xa quisiera ver reunido» 
¿Para qué? ¡ Indignación y vergüenza noa causa decii;lo 1 
Para protestar, en. nombre del eqiiUibi^ internacionaU 
contra el matrimonio. de¡l duque de Montpensier; para 
obligar á la heredera inmediata al trono de Castilla á re- 
nuBciai* por si/y por sus hijos futuros- á sus derechos á la 
corona de España ; ¿y de esta manera entiende la Gran 
Bretaña la libertad y la iodependen^^ia de la Península? 
¿Asi cuse que en el úglo/jiJkf y tratándose de un pais cons^ 
titucionsd , pueden gobiernos estragos desconocer y piso^- 
t8$ir Ja soberanía de cada pueblo , burlarse de sus parla- 
m^tos, e^Iuir del trono detemiinadas personas, y entre- 
gar ala mo& y. al escarnio público la voluntad omnipo- 
tente de una:naeioB? Muy alto :. en su fantasía y^n su ari^s- 
tocrático orgullo se cree sin duda el go>ie|r,no inglés,. y 
muy envilecidos y degradados debe suponer á lo$ espar 
ñoles ; sin embargo, bueno es que entienda no hemos 
descendido tanto que suframos tal vergüenza y tan seña- 
lada afrenta. 



94 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRAIfJERO. 

Nosotros rechazamos para nuestro país lo mismo la 
' influencia francesa que la influencia inglesa; nosotros no. 
soíáos partido francés, y recomendamos hoy mas que 
nunca al gobierno español procure mostrar en todos sus 
actos hasta la- exageración^ hasta el estremo, la mas com- 
pleta independencia y la mayor dignidad y firmeza : asi 
lo exigen hoy en nuestro concepto el interés tlel pais y 
áéí partido conservador ; asi lo exige también el prestigio 
y el esplendor del trono. Nosotros no queremos hostili- 
dad ni guerra con la Gran Bretaña, seDtimo» las actuales 
disidencias, y deseamos que concluyan ; pero si el gobier- 
no inglés, arrebatado de cólera y de mal humor, continua^ 
se en sus diatribas y en sus pro]f«ctos revolucionarios por 
medio de su embqador ^ Madrid, de sus buques de 
guerra y de sus emisarios, no recomendaremos al gobier- 
no español ni el silencio, ni el sufrimiento.: que ponga 
pronto un ejército sobre el Tajo , y que Intervenga en 
Portugal, para afianzar el trono de Doña Maria de la Glo- 
ria, y cerrar aquiella puerta al influjo révolucioDario de la 
Inglaterra, será í^wsslra primera palabra, y nuestíM) hu- 
raildisimo pero resuelto fconsejo. 

En vista de eáta situadob política del pais, no Mtraña- 
mos en verdad las precauciones y recelos del gobierno, 
que se descubren en el decreto de amnistía', publicado 
con motivo del casamiento de 8. H.; sin embargo, hubié- 
ramos deseade qiire ^ mitiisterio hd^iese mostrado ma- 
yor confianza en la situación delj pais, y revelado menos 
sus recelos en un documento como la amnistía, sin de- 
jar por eso d^ tener en ^1 reino una actitud firme y re* 
suelta para combatir toda perturbación del orden ptiblico. 



Ip JfWw^W^BBJ^pRJNP wn9^Ml%%Wllr^ IW^w^^iW*^ 



CRÓNICA. DEL ESTRANIpRO. 



Pocas palabras podemos decir este mes sobre, los acon- 
tecimientos políticos del continente europeo y del ameri- 
cano. En Europa parece que, fijos lodos los ojos en. Espa- 
ña, se oMda cada cual de lo que pasa al rededor de si. 
De aqui resulta una profunda calma en todas partes, inter- 
rumpida solamente por la frialdad de las relaciones sub- 
sistentes entre Frauda é Inglaterra , y por los lamentables 
sucesos de Portugal. 

En este iíltimo y desgraciado pais domina la anarquía 
mas completa. El triunfo de la revolución lo babia es- 
puesto á una disoludon social. En seis meses de mando 
los revolucionarios no babiaa conseguido consolidar un 
gobieñio ni abogar las facciones que se sublevaban en to- 
do e\ pais. Por fin la reina , usando de su prerogativa , y 
aconsejada por el mismo duqu« áe Palmella, que se de- 
tuvo al borde del precipicio en que él babia colocado á la 
nación, destituyó al ministerio que se le babia impuesto, 
y llamó al marqués de Saldanha, hombre en quien tienen 
confianza todos los partidos. La revoludon no se ba dado 
por vencida, y ba levantado su estandarte en Oporto, 
Goimbra y Elvas , proclamando cómo rei al primogénito 
de doña María de la Gloria. 

La reina cuenta con la mayoría del pais y con un ejérci- 
to leal, que siempre ba sido enemigo de la revolución , y 
es probable que esta no tardará en ser ahogada. 



De América solo sabemos los pronunciamientos mejica- 
nos en favor de Santa Ana, y los decretos de espulsion 
contra Paredes. Habíase dicho que estaban entablados los 
preliminares de paz con Ick Estados^Uhídos, y qué Méjico 
les cedia las Californias; pero esta noticia no se ha confir- 
mado aun« 



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RESEÑA POLÍTICA DE ESPAÍ5A. 



R Api DA OJEADA DE LA GUERRA CIVIL Y DE LA SITUACIÓN POLÍTICA DE LA PENÍNSULA 
]W9»E M» BABT* NOBStliOB DtAS. = 



AATIGULO XXni. 

TBism y en grm manera aflícti?a em la •siluaeíon de la 
Peninsula bqo, el aspecto militar, eo los cuatro .primeros 
meses del afio 1837. D. Garlos, al frente de una espedicion 
numerosa, habla penetrado en el interior del reino, y pér- 
didas y descalabros notables habían sufrido nuestras tro- 
pas, como indicamos en el articulo anterior : necesitá- 
banse muchos y.nmy repetidos esfuerzos para levantar la 
moral y el entusiasmo del soldado, y para que nuestras 
armas diesen aquellos golpes, decisivos y cQntiQUíOS« sio 
los cuales ni calcularse siquiera poídia el término de la 
guerra civil. Desgraciadamente cdntmud esta prdopj^- 
dose, y.pcesentando pormudiotiempo aquella alternativa 
de victorias y derrotas, cuya mtootona historia hemos re- 
ferido en la multitud dé articidos que llevamos ya escri- 
tos en esta Revübt* 

£1 entendido general del ejército del centro, I)« Marce- 
lino Oráa, logró el dia 4 dé mayo de 18Z7 alcauEai» y batir 
A los r^eldes Cabrera, Forcadell y.Serrador, en los pue- 
blos de la Cenia y Rossell, causándoles gran pérdida, y 
rescatando á los prisioneros de nuestro ejérdto, quelleva- 

T, VII. 7 



9» REVISTA DK «8»AtA, DS I9IDUS T ])pt ISTIUNIIRO. 

ban consigo': elcabeeSla TaHada, ffaé l^or él roinno tieoH 
po tenia sitiado á Cañete con tres mil infinites y quínieiitos^ 
cdnUoB^vkheobUfadaá levaot^s let o&asosaAl áñmvfo^ 
después de la derrota de su gente por varías compaftias 
de francos que acudieron en socorro de aquieUa viHa; y ei| 
3i de junio un ofidal, p roo e d e nte -de MoreMay seguido de 
algunos soldados t se arrojó de ínaproviso sobre el pueblo 
de Mirambel^ cogió á doi^ó tres individuos de la juoia re-i 
beldé de Apagón ^yi maté ¿ vaóoa.de loaique cufiAodiaban 
d pueblo ; empero todas estae victorias pareiales emi 
casi insignificantes 9. y en iia4& dísmiiiuian el. ardor- y. la 
constande de los eabeei&s oarKstasdeAnagony Vialeoeíai. 
Mientras estos beehos de armaa se vevifiDabaUieniiAragon 
y Valenda^ ocuman otPOs análogoa en fiat^lnaf (Mal bri*»- 
gadier D. Joaquin A7erbe^.en<49>deHKay9ii éiá:iw»ÍMtfgla 
m''Us montiAas quetsa t«ywtaaeBtre.FesefllJtofMiiHMWirf 
Gell deiLitta y LUta, y i, oonsepifteiMna á» la míw» perade»' 
roU'caanlo^ánoueiKla rebeldes» yseepuesaaoniilgmiaiíaiinaa 
y*efitolos. Bloqueaba él 'OidbfldUa^ltUlsien elrpropo^tteatde 
mayo alpueldo deGralaUo{>a<9ip()vo».aopiii0tidiOiett M del; 
ralsmopcar el brigadier Dv Pedro láanat, s«ip«i$eeiMáoniiié; 
taaaoüva^ que dispersadas todas susgenlíesimtfói sotomii 
cinco caballos en el pueblo.de üorrenft^Viiiaei.Kbne por 
aqís^l tiempo del asedio enemigo Villanimvai de Mojiav 
merced á los esfuerzos del «oroael D. José Clemeptevpeco 
no »n que los rebeldes, ai^verae desb^atadosf xnoendiet- 
s&n conbáitMa crueldad á la po^adon» Bio siifiió>ieste 
ia&usta suerte la heroica villa de Gandissa : Jes jhiiniaside 
Cabrera, F(»'cadell, Llangostora., Beeeira y^otroacabe*-. 
dHas» hablan por cuarta ivespiiaalo sitio focmal^Cteiider 
sa en 36 de* mayo* Sus inddniilosi moeadores» rapsodia 
cíendo los hechos masiieáiebres.de yal(H*,.eofi4iftviaiSíiKi»4^n 
fé y singular ardimiento: eLceruo psir especio ,de daeo 



RÉSéSa política de ESPAÑA. 99 

dins, hftste queden I .*' de juiMO' apareció cob sus iropaa pi 
kcigsdier Mogtievsa^ y aUeadoí con irigoHoft vebeldes» 
•tNiiidoBliro&iMtosi^ eaiDj^Oy y quedó 1& únvieta viHa libre 
de. los 6neraigD& y prevista de los^f eres y miinleiottes 
qlie netieeilalMu Taotoraior y eenatasda de parte délos 
momdores^de G«nd0sft adntitavonió Ik natíoaíy al gobie^* 
BOy ; este, en jastisiin» jwMl^eioidaf reeompéhaft, concedió 
á^la bevúiea nUa ellkalo de imtf leai y k&roiéa ciudctíi, ^ 
lut escude de aunad añidoge , pera que no eer borrasen 
ianás sus taasefias y proezas:* 

Reselladas «stM' siiceaes^ )pe9ciales , Yohisremos áocu- 
pa?ii0is«dé ta*ef$pie4ioioar^M6 ' D* Garlos v y délos proyectos 
que acMieiidj'fialíidnettS fbansas ipiedadonaU^B pamdas 
ente glorioea joMada de'£«a^ ^^leipuóade ella dirigióse 
el. os>4É^uitdté 10 eMaddé Sabondy y ¡ftisd4eaqui al tú$^ 
re gí i rist ifo dé>IIIaftyas»> ^etm^ fts^ proeuratsereeavsos'étt 
di Vdlést. Ai pasar sus 4re^ po^ el pneblb de San Pédot, 
alaoatiDn inMüflieiMa^^ pueUb ; mas ptr» dejar An duda 
gmtostveinisiiAoa, ^miiiatroé al^oni&S't^aéáa de sos arraba- 
les, ftc Gallas y>süai catKUHos cob^fenciétonse desde en** 
to&c^s de* qae' i»e podiioi realizar enf el prihcipado de 
Galriaifta'las espm^attaas'llsoiijéraa fae- se^habiai» formado^ 
y Btíofá&fím p»o/bar'fimQba* en ^ras provindas. Asi el^ 
de^jnnio perÉoetdDi Carlos eon tta «tropas en Atbi y sos 
iiQiaediacáoMS, txm el tn de repasar ^1 Ebro. Verificólo en 
efeeto per (Hiana en la noebe del 28 al 99, y aunque la 
brigada^dei genemlBarso di Garminati babia avanzado 
bastan aquel pautes ño' pado> esta emprender operación al^ 
guná eoiitra á enem^o-, ^r haberae ti^o aislada y sin 
las fúerkBsj eooperacioirdeias'deinás diiH^iones : nece- 
süd^ póreI«uMilfapario; astíi<ikitt^e y desgvateíadojefe toda 
su« peiMa inilitar piara tarificar eion^ orden' su retirada á 
Tortasa, á donde Hegó ain gran^^piebaanto, á ^pesar del 



100 REVISTA DE ESPA?^A, DE llfDUS Y DEL ESTRANJERO. 

embarazo causado por un cottvoy de víveres que condii^ 
cía. Esta retirada á Tortosa se eónsídelfé por entonos 
como tmo dé los hechos mas honrosos en lá yida mitttar 
de aquel ilustre candülo. ' ' - ; • 

Pasado sin tropiezo alguno él Ebro por hes^^ellicion dé 
D. Carlos, dirigióse esta'iK^ial&sprovhidils'de-Ywlén^^T 
Castellón de la Plana.- Ehd de julio halMbfts^Catodfá etm 
k vanguardia en Ntiles, D, Carlos em ^l«real^ y la «apitiil 
de Castellón estaba cercada porcüátro^e^stisbataiHoiied: 
en esta ocasión como en otras no dieron- pt*Mb«'baé8tns6 
generales ni de pericia estratégie^i ni- éd grstn aetítIdAd : 
solo de esta manera se ^conéibe qaé' unttéeipediMioii ^vt^ 
merósa pagase y refpasase Hos cMdltl&M«' 7^:<itMv6sa4e 
provincias enteran t^on ta mayor üicílidad y detembantao. 
Mientras el csímpa'meitfo dé^'D^Caftoistte^telMMDenrlastn»- 
mediaciones dé Castelloii» améiwaattdof al 'pnojíio j ^tié^ipo 4 
Murviedro y Valencia, observaba ííl> general ídráai^deade 
Segorve los movimientos del enemigo^ y MeitabiiMliid/«e 
le incorporó la brigatfe d^' Noguera». fialldlMiiset puds 
nuestras tropns á vangtiflrdiadé) éMUnigov^eíoi»» «madié* 
nián deprotegérá Valencia, en tiinto<qüe<ePg0net1ailiBot£M»f 
desembarcando con su ei^mnatiil 'YiiMtroc, dO«pftUiíila 
retaguardia y podia fácilmente' acudir 6nf'd«fen«tfiá6;€as* 
tellon. Sea qué los eiiiemí^os tdvleften iv6tteia* del-iiMivi* 
miento de Borsodi^Carminati, sea que 'Ub ékmtt gtnftdé 
importancia á la toma 'de Castellón, desifi^eron'de'eista 
empresa, y D. Carlos ,'coh ^ espeidtéibn, pasóá^lJciives 
Torres, pueblo íntermedte entre Murviedro y S^gor^e : 
en él pernoctó B.Carlos el dif iO'jyel^ij'álafS sais d»'ia 
mañana, prosiguió' su marcha<por!aCalddrona'á'»itaflw&l 
Buñol , teniendo el atrevimiento de presentarse ttl di^<8t*- 
guiénte en el lindo pueblo de Bofjasot , distante «roa' hora 
de la ciudad dté Valencia. Los moradores de *esta eeonáé- 



BS&BÍÍA POUtIGA. J>]^ . SSFA&A. . . .. iOl 

fonse^eadu&amindia^) y app^stáaron^e con grao esfoeizo á 
detoider la cü)d9iJlv.Aigimos.d^ l^;mas osados é impa* 
^lOM^s Mi/(||ii^í«mii ^ifoefrar&e 4emtra, y .salierou á husm- 
ear á los carlistas en los arrabales de la ciuxlad» habiendo 
l6QÍdo.im,Jiíjar^i tiroteo xon su» .ava^^adas. Mientras. D. 
Garios ifto^baUscba efQ^Buqa<sotieop. Cabrera» ocupaba cob 
sus liropas ei:g9mi^,<kÍA 4 inicia « y tíddü^ estos jqoví- 
Múmtmi cetr/iígfwidtífi y. de^ flapco {^c^Miban que aquel gcr- 
itenaliaor^e orei« cm^ fo^za^ bastantes para atacar al ene- 
wgo>^ ümitíkBd^^Síe. punamanteá bailarse en sus inmedia- 
eifOtín ,' y< en ad^il^u de. obs^r^arle, Yisitaron en Burjaisot 
éiB.£Mttos^^,9igi3m^ v6e»QQ9ril^ y^l^ucia» fieles i su causa ; 
per«r/eosipfei>di0i}dOf el <e£*^ÍBfaBte s^^u/da que el espíritu 
geserald» la pqbÍRrAaii^€ia(«fcbi$' decidido á x^ecliazarie con 
brie^^no. qféM>Mm^áim9i^qw alguno .c<kA|ra la ciudad r 
y<mi8i'trDp«í3^ae4l!SgH$iH»Brá.CB^cie« {liesembarcó al prapio 
éem^Oi^mti Bm^SíAenft» el g^ncffaL Boirso di Carminati en.el 
pttfiiSto;delt£iriK»^^ jr.^m ^tta^^ubo^yar medios de ostigar 
'terieia0ijMdia^()e lo^qpnli;trios^:fae.di^didos en tres co- 
ItiBOsnits «ootltoiiaric^.iMrcb^^ En la tarde del 

A«^)14ide4^0rbabía<pf)dtdar^uwielge]i^^ Orásmueye 
mü lin^Qie? 7t.a«^ore^loi^ j^ftlMdlJi3ts,í jr <^oii estaj^ tropas iba ya 
áli»s^id«»iiee$fde»la8^^edii^ñar^a»^ ioon las de 

Gabremco^B^ppwan un total, de^. veinte .batallones y doce^ 
e&Kuadfoneiv D$c}didael geoei;^ Oraa.ádar la batalla, no 
pudi^rc^rdifeasaria ,}a3. boestes.de.D.X^^ y en las in- 
mo^eéoneiSi de(<Bi]#AV ti^ai^sid. la lid con gran porfía y 
Ga^mmBmym%o^/Ü99ó el.cQ]pQt)ia(e..desd^ la9 seis de la 
mana]^ d^lti-Si d^Juni^j ];i9i^ta..la3^inGQ de la tarde del 
snismo^ dia«; y is| QMKiv^ia^^ la.Yíotoiria y.causamos al eue- 
mgo jLa:pécdWi^.de.gBias^ de;jRpiil.hOTU)i:^.,..y. entíe ellos 
d««édlicki9»to«! j>ri$toil0jr<Míf no foé. eipparx».sia que pere- 
címm m^AtomsimfhQmbveiS^, y etntm ^U#s v^os jefes y 



IM REVISTA DS ÉnuAk f DB mUMaV Otii'IffrRANJERO. 

oAciates distinguidos. Cbúbú siü.enkbngo eslavietaría 
ggañ sensackMi, no sedo fnac <sb8 .iresuliadAs iamedíiilDist» 
sino (Myxqiie S0 firnáanm ^rand^ flupenanaras enlm oélumoa 
ée ^6fens, á'OuíeiftsftiSiqpQiiia miiypitixiaioi, yea>laidt^ 
Tision- de Sspairtero r-qua íhabia «elida -ckm >eíUa.di»de4B 
Noitd^y 86>diEÍgiaÁinMrckasifor<adairel BiicuttiteQ-détki 
espedioimioariislB. Edltvdasptoés delKHOttbate^jdd'BaiiA, 
se 0ii6aiiiÍDép<Hi€lieÍ7af itíbapielii^ lll|aHfl«lsara>y la- IfjiBütdh 
y Mosqnertielíaé Cantseieía, donde[<t(dasi«Qte<pRfinnaneofi^ 

tms-nanesosas^ctdiuiioasv y^fMQmda^lkffMifi eKiBOttianlb 
de dasbatateg jua. pUaiea y ^MagfaeaÉaiietoOfmptetefttfffltefc 
Logrd^ alnicaabar90'fra8tcar.]a:p^áeuoiftt4«(toaÉ^ 
ki raina ^moTÍBiidd isoa fSb^iKM8iíatíA\BB9tíííe4isitk tal./ntt 
sal^er xjuejel'gciieml'Esj^KtBiaiSBahallia^ .(titiauat 

en el pueblo ido Galaipoobaí; Ss^andbii ¡son «arttia árntoud 
pab d desasteoeide^aslasrcoiiUiittikquasiinoui^^ 71{iro<- 
m0liaseiaiiresultado(;fetiB venando» » espanoiá iarilotjGia 
da qaani]avas.iiiei3rasiii«biQJ|kHiiluÍKím^ 
se diiigiasi árGastiUa, eot&j^lfiQísHifíiaila^dftisetQiibiinRa» 
mofíimiantofiíisim laKopMaekaiéfiiiiasD. C!anll»%>CiiBd^^ 
aon.esta aotícia.oti!aa;Yaijas «n iguaLsentUby ^quaí ao ám 
jaron de ocasionar gMa confiískni 'y queünteto :eo;jei asi-* 
mi^áe los dafeásdres de la rráiacempaiHí pronta se aupo 
de cierto qus ^ 4» 2S de ^uUo odio A. diez bataltonas ara** 
beldar y trescientos eabállaa^ al mando» del ^general 2ariá« 
tagui. Indica vadeado el* Ebro^ y seguido á'ViUaffamuí:; 
Montas deOea para caer sobre ¿Belovado; Pasaron aites 
ftiarzas^al día SI á Covarrubiasy R^Herta^ daseansaKdn'.el 
9&en^toB pantos y>>tufi^iniii6diaeíoBfas, pemodtaitoii el 
Mm Pinllia de TtasiniXDte, yial 3A:8e aittté pai%e de^iafti 
mismas en tos áesñUtáerm de 0<pi9la$) y f avte se dirigt<t 
á llamar la atendon ifel capttán genaniLda GatííHa la ¥i€}a. 



MsaiteMí Sariáibiígiriixaaluidm^ stt8Kplante>]^i«^^ 
«ita»í6ÉaÉqi6>joiriÍBto:|i^iroe^^ !<pmÍMéaídéliaMrt6v 

|9udiffli^iiaMiio()eli|iJti^^ t^ i • 

nii0alelj|iMtao:9i|ad^ye <it»]CiiáiiijsúrjdeAMdfif(Hi«piM46to 
ílbliraltBBíAcínifiitWinftd^^ las 

€iuitíil^iSí&tílÉaxáo:ill^^ aféelo.^. 7 «iia>jri 

cnál estaáoiddleirtiieafiioii icn^^qoe/^^ii» saxooiijflacliélkkba 
St^oÉáavttnftd.daitfTvaiMc^ 

ridnBdasv«a«eld»rado ákánioi|i&»<$a.«HlQnGM(fá«iitWtb0 
poMrdlginiaKfiiiiilos ^^jr^u íguíosfiíuoiit^eoaiipodfla de iüsaf 
sianlasdicuáhares dia^^trofua^rde». dascimáoñ oímffMtaiM^ 

la»i«fef^fpiii)áéiQva9y vGtffieÉeflidMAtiri lidiIiliÉr,tttajpodM 
talN»(tDd«9(do¿\IM«Q^ kitiifítoalla'v mijtmMi»mmbm 
éíAs^ios* atflqíM0id&4miCtacms^in!^^ 
Las guenrUbkfef dé» da üariátl^giá iMfínM«ntaroi]^ al aoün 
oQoef diBl;idfei4>dir<ágoÉtot^^lfla altamaii^ i 



Í04 REVISTA DE B$BáSA,<#S IlfBUA T BXl. BSVRANJEllO. 

Id Giuda4, yÁpoco tíevipa quedé <e^ta/CMroi]nvaiflda,TOi]m 
piéadose ei fuego por lu dos pftFta». £{ de los rebcddes 
Alé muy vivo y sostenido por algunas. >hdrn&) pasadas. «bs 
euales aparentaron retirarse, pavsi (»er en seguida sobre 
los arrabales, el convento del Parral y algunos otroís eéiiM 
eios, de que muy pronlio se hieienin.dueiios : des^'^Itoa 
era ya fácil el asalto por la pueirta de San Gebrian ál Immi 
to de Capuchinos, y no podia evitaile ni todo-elvdl^rlie^ 
róieo que mostraron con asombro del enemigo los* biaar^ 
risimoj» cadetes del colegien miblaar; £1 |;e»md D. SuBtú^ 
MendQzVigOrquedebia áoudir en auadlio dela^fauai, ooimo 
autoridad de.latfffovioma, abaa^baélaó sus propii» fiíer^ 
zasy por b$ber aiegad^ lee^a. imposible veríficario, y é 
pesar del arfpojoide los Cadetes y*. buenu .^posictim; dé. 
los jefest «e dio eleseáolittlo de q«e elaloáaar de,Sa^«vte 
caye^ en- poder deíZariateguíj^Steo i^stie^honoÉres ^jmiátís^ 
moattl valop4«^aos< sitiados, y enila:ica|Étutedoii«otoiigada 
peraUtiésd.áJo»ieadi)Mes^ircQii^ atnna y tambor batítii^ 
te>» y pon80 eai «alvo^todiistiosefi^étois fdek eolegio) yiios^ 
eqwpajes^e^iif^ilt^sthabia en ^H <»>nciidiáod<me'áíia¿lnnpa> 
y milim mardittr ^armcis^ y-eonaerMñdosei'kLKespadai.é 
los ofteiateside'laprigiefa'y sogundavuni ; ^ : r- .t jm 
La espedieion d$ Zaiiaiegui, -^uteiaxoilí tióuiifoitoB se*» 
Salado , permanedá'álgiaiosKdias ^nt Ségoiriav? eliÜNde^ 
agosto se. dirigid por el casatnaidél Püerto^tSns^vuasadas 
y las de la division\ de Itlendi^ Vi|^^ sitoadtt-ienÉre las 
Rosas y Torrelodoiies>>luvieroú un4iorto tiroteo, que^ «»# 
bído ettla corte, oUígóiial foblertroé declarar la «ayÜÉl 
^1 estada de sitio vm reunir4a¿aúBda nadonál , y á ¡iokmt 
otras precauciones de defens»; 'fil «fiaii de agosto mlvM 
Moidea Vigo á tenf9rtim'8noa^ittKit>mas empeñafde ecn. Vn» 
rebeldesyy é consaejueBola^d^n^siiio abaiidoímron» estos 
el pueblo de Tarreboddnesy y ee j3tilÍDiCDé€Miialgu]ia{|iéc«>» 



-nsitii t»d^í«n!A M Ési^ifli^ ' ' ios 

áida-^á la 'fonda (Ib la> Trinidad^ Btt tmia/éi «onde de Lu^ 
eimna , aunque' pciTSMáidd «1 ^émti de 'que t^on corto 
námet o de' enémi^oB^scí ^podiíi ^omprmi^t^t te 'sé^idad 
de la capitei 4 dejando^ f^> toiOi)«^B hbréi^Jb. darlos y á 
m eepediokmv/set^edtellmlé'^ tíki ^MstóH'con^ parlé de' la 
eaball«lriar, y eiiftvóién<iMad»id et ^M 14 dd^^a^^to por la 
tapdev AI; dkfó siguiente 4)a§aif3ii á^ AmUfirmediadMes las 
réstmDrtd&ltropásVaB^iiáQiero d^^j^fD^ tÑtellt^es^'algunoá 
ase«ftdra>iieB^etítteaNMsde Ia<giia¡rdia)ih&^reis^d« ki pñií^ 
c^saypolttcbsv^'Seí áeti&jrlelafofi'^n las cercanías de la 
6<»rteé Pifénaii Teeft^idiEUi eataa fítei^s '^úú' > ^tmórdibéi^ 
aSiQro»d> y(fcid»eéaa)f)«éM<»'%in'<diid 
tiHninfosi/siiá'poü0Íil0W'biMeset^f4$tli^ 

1i¿ y iMtiDmh^Mmgo ^^tebteadaihiM eifí 

lar4)^9ada^tMÍ9éMfal^BBf*iFÍ€n^;JW 

Posmlo )der»ABá9a«at'iiBíl»ifadft úb ^Vm^^S^eni y cd <^# 

cMniafisá «yatírofiDnitefíiha seguÉrtMs^páérpQs^'^setenta' y^ Ú&é 

ofieialesréBii» ÉiiamwaiiérDat^l ^nhud»^ iiidhidttlo> díe^ iie*^ 

gaimiá)eIlaf¿ntie»tliiS>QOs^ iv«vtM6 'd^miftl*(érit^^''pttráfto 

que la responsabiü(fau*id0^tim! t^rgoiráda^ttl^iidilMd^ 

géaaml : niaatpajpaoiUBtiiQ^'liubirad^iduda^ 

flUtan^Bí jfsm&ítíMi ^ét^ie ^d&iea^lágsfr aéii la «isveiidad tfw 

aparaoer un decreto de Si M; ^ly-^e^seráMatarabatal ge*i 
i^esai£^arteso^iiyitt jgpuuoxirdv dándelalaipr^i- 

deacia jdel cailaíeíoL^Ei ttwwtevroi» * cempu^ 
de4ialalrayav ilUiitila^jbatideisj^ilieiMUsabalfyrGild^ 
drat eoi)«)(eiiÁítod«ft «k.«igiiifioaib 
de la eaposioioQ tumaltuAiia daitoa^aelí^tE)^ dos ofidalaa;^ 
y feíen^poriádia ^.Súenmi é^omípóva^teíné juiBeae^B. la 



106 REVISTA Oft ÉHiáMA^ 0S lirOU3 V Oa& ItTRANIERO. 

reim. goberBadota la firmeza aee^aari» eiri|t».«i»lífios.Qaff 
•os, presentó la dümÍBkni á & Mi iCoQMÉkSse ]Mvla.«emai 
el ineigiie jrerro de admkSMa« y ^oedil deede.^steíAie^ 
mentó anastrtodose iioff el eaeloy el.MQ< lur^-digRiiji^^^'y 
el prestigia del gobkfftfOk Deede enlMoeo aMic4>eete eu 
poder, 7 quedó igaaEtánlosacoeiile ivencido y- hgmitttfo 
ante la ñierza de las lif^oDeias y ante el despott^DM) mút 
tar. Nada pues estmiaffeiiioa en b aur^súro alrQfi(eaeá«h 
dalos y aotos de insiii^orddAfiaM ly d^sleal^ 
Pozuelo de Aravaca fórmele 44^pfifiier eaWHNi-de la wn^ 
gon^sa cadena qm^ a^danda los diaa^«QinpmnÁ^y ^Im^ 
á un mismo liempa al gobiemo yá^at rallan «ebmmdfiffia 

A €«mBeeiien€ia de€MHa kiml^ordinaniím miiilar^.lK^ 
bnj^S. M^ministi^Qvde la gneemieantla psasidení^a ajL caii4e 
ée liuckuia, de gelMMniaoíQai fi¿4oaé KaaNial VadiUo^ df 
graeía.:y joatieift á fi^Ranieint&ilnKiOv de iiae»^Q(iiaó.^^f k» 
Süa Pízaii:9i, y de marina mtetinÉmeiile ái0..iSieuBÍslkk Sad 
MigiieL. £1 general fispiartero , pov diaftvzar^eu,* papel V A 
porqnd eorákteeé pe^<entonoes Jio eoiiraiirla, ooiadiDilié 
elmioísteite nrla presideBda dalinonsiíov yqnedópnvtlo 
mimo d gatMnele/eon la*siata< da au t^ iwigcinr^y.'aib ia 
{¡oetx&ipiepiJNiMira darle 'SU ji^.-Me»^^ am» 

TÜlarjGpié la TeamM pronto aiieomibirvy «wtdMBfr.ctsii 
eáeaoíiialoaa feécoaiek «nús miajatenos á.otros.» n^iiá»'^ 
doae en tan repetidos oaittlÁos. to.pe8ttamÍ0iito;fieiitioiBiim 
un aislifflia fijo, y oamÍDándaa6»¿ia»eapentueaióifaaja jri'iA^ 
flujo de miséraUesiiidüigas» ..... ; j n ¡ ? •'.{>{ 

Después: que el general Espartero salió del teaüro pn«- 
oipal de Ifts operaciones müitarea para irania )á. la. ioorte 
eni^eyo dé intrigas y amhíeienas aneaquinasy nío iiabo 
solo que deplorar la escandiídosaiáiistibcNMUnaxiteaíide Vií^ 
zuelo.de AráTaca : no^ parece sino que 'ea ^A ején^l sé 
había iiadio por su jefe elsanto ylaacHlaideiaiulfaonlkiaré# 



Bisifti POiineA DE ifttáiA. lOT 

» tos GueipoíS'v sN^mi tais contíamm* gtooralety yeigoMo- 
90B qneímfon^o» ifemplos 4e^sta delito* Pudo ser m^ 
tmmam^ 4em ú gmecal MiCfKttúgpo i las maniebvas que 
eepusteio» ea jwgo para* esdl^r Ift iasodtiofdUmeion dii 
soldado rp«p0 gvaade y tteetmáBiétí^ ser su responsa^ 
bUidiad al v^ la iiftdtf^^«i^ y Imídad^^oii (|U9 miróealos 
wes^os'^'Ta (|tte supo , emnAúqmto , oasügar la insaboi^ 
ctoaeioii HfUitár á^%\am aaraem »tl»ra y ejemptarteiina} 
pdro d€íarefi»DS«l general' E^piurtam para ebatar los h»* 
elHis é «fílense ba fefefido este jmkio. 
>,lfieo(fi»'i^'p|)spaivi|)a#i)^P^9ttalo de Afavaea }a<es<^[i«i 
€bdoittAÍii«i$b0i^dim6M>piquUlirf(ib$ los se|eiil«i;:y ¿^^ i^ñüst'- 
U^^i^gmsmmmiií^ Pi^SuiÁ^ eoiopuasta de ui;ioS:OMntos 
sMadosy iiucsm^ffií^, ^smcisíé el himiHi^; y ileUfircN 

deliml4o^ y4|QirQ|iaF.49te>bajMriM^pB«ikidése:^ri 
Nftgábwse^ aiitiDi9Í4»t saUadM ioHMfá^Q^íkfim jeSt^ m 

«(1I4 p«v^«íei)d^áiMMs:de^te^lda^des<^di9^ oAciftlearpTOff 
doBoeosQSí.: á ^sle: aipiqíie gímaral :de linsoi^tifdkiadoiiat 
no fidtabaipat» QOAplela^.v«pglaBii£&;del 0^ito delaocle 
finis^ KiCke^uaa; de. «cuellos kectos eooandaiosQs qo& e^ 
oiilad»fi>dM!nqran jiftx»iapí$« túáo ítm(M)é'mhútáámmnki 
j4íúnymimiim a^tík^im boivikis »de.béebafOfi y sal*»-. 
y»jtsi. DiMgraeiadaSHmtftociir^ un acid detesta 

ei^oáis y wino isñe^tm^úbi^Míio de ios maa nüeoíM^pmf* 
donorosos y enlendidos geileralM^aít^i^.elcyérQito.e^ 
panxd.>iiaBdabaii)(etliiflmeiite.las^^^^ norte, en 

att$eDmJidalco]Mlejde>l4i«<di8iia^«iel general GebaUois £s«* 
Gflieeary diiroié infleodUe enmatmadedfaíoipUnami^r» 
se^iaropuaono^kA^rveliiienikrdasaGato de, este^ género, 
HalUbase en la noche d^ 16 de agosto de 1837 en Ifirwda, 
3^liMo^ii0oesidad de pwer prMM. á) mme soldados del 



f08 REVISTA DS ESPAHa, »& IIOIA» ¥ Bfi].«18TRANJBR0. 

provincfal de S€igovhi:-«o neoesitarMotra coea losindi^ 
Yiduos de e8te ooerpo pttra protiwdiirse en la mas aMerta 
ínsiabórdmaokm'. y para qoe unog cttantos'de^los inisoMMs^ 
atropellándold todo , prenctteaeD 7 de8pe<tazadeii allki$tr6 
general Escalera , qtiepeireciéMetKna'tte"sit lealtad y de 
sus debeles:. Indiígusciotí y telrgüenfea «austt Vév d oslado 
de desmoralización y desenfreno á qtie haMa 'llegado en» 
pocos dias^l ejército áéi^ttiñro^ Wkté9 U» snkfiMo 7 di^ 
eíplinado; De insubordinación eh' iiiBubordlnadoii > 7 d^ 
d^acato en desacato, aetfbába de llegar basta dar-la nttí^rle 
á su general, y átmo deiosj^dfds'mas' disf^DgttiSd&^dél 
ejército español. ¿Qué faftbbft ya, pues, en' la csrmi^ éé 
la de^tealtad-y delói9 crímenes á este ejért^to^euyovfia»^ 
acababa de dejar dei hecho^ntomenttneaínénle el ^géttérsl 
Espartero? Todatii^4€f lisiltabir algí»; ptfra cfottstimarlas^bil^ 
Kflftás emp€»ddasi PaltáM%» a^esttiai^ en* Vitoria<>Íki|¿Ms''y 
dUdadá!nbé(S^ingitiddto«'di4tribuirse>en:L»gitofilo^(^ 
d^mo de las alhajas á^\ú& templo», ymátar con iti&ftldkfr 
ft^t«íéi>áá4e»'Mt^lOPnasA gi^eral S^ y ^cMriiísI 
MeBdlvili; célebre el prUn^N) entre tc^dos tittestiies^^jefias 
por subasto saber jyi amiga y con^afíiro' diist^giMto'M 
▼alíente y desudado g^fteral4rribarreii.Eso«US'<ftig«l 
barbaiiie hübieramf 'pasado en Viana gin'elTalor>yla«flmB8tsa 
de}c«pitá«ígobemaddi^diMi Raiiaonf'€oiYeá« <ittcí^'«ípi»le- 
rándosie délos sediciosos ios prestente «en'biisres- bxms 
i^ustlciadois^ para ejemplar escarmiemo ^deios^ • solf&dcis. 
No tenemos en> verdad el hilo de todos^stosacojitenináen' 
tos, ni se' han adai^ádo h{¿staiel di&'su drigen-y-'^Mffdado- 
ros autotesvp^ro no »erá^emtirad&(de«ii?,*qii«ilaiisoliM^ 
desea del ej^oiuy del norten'díftié^Aatt'que uninstnunienía 
de planes l:ionoebidos pof n^Ktflret tter^adimoimiy cate- 

gOria'. ' • ^ovI;<íIm: • i: Mil i' • > í . 

Desgraciadamente el g^iesmo, tklima de éu impotMoia 



^/d^Uiáad,! y ppeooupftdo con la^^pedickm de don Car- 
los» jQ¿ plMo|l(»]diI^09a \^a€imá&ú que debiera ea desa^ 
grsmo da'b>$ mwesda Realera y de Sarsfield» tá ^axigv al 
g«^€^alE^fis^YoIa9 4^í4a$esplieaQion6$sobr« los re- 
pptíde^ a^los^ deesc^^^dalos^ ins«d)K>rdinaeioii del ejército 
dal fiorft^ i p^S(>^i)9ka^Q^6|^>^a d^ dejar d^ heoh© y mo- 
mentáo^W^iKlítoi ]^a se penare por eotonce^^ coa. otra cosa 
que enrmí 4^ qik9ífm^j^^(^v¡ib¡aú^ á la eftpadÍ£io&4e 
éoin CáfÍQ8^.^Q<«Í«]aj^n4p |5U loaroba psor. AiBgoa basta 
Galamofibf^ T^ Requemi^.y^l^^Q^B^ luego por la. jerraaia 
de Gueneayéprii^^oa de setít^adi^e^ Be pp0ae^ó muy 
i«etso^)ei^.TaW)AOii»'iy lUe^ fl.dia 43«á3a Tiata.de Madrict 
te&j^eKid9:{^3Ad^f^l'Tii)a p^KrEaouitídu^fia.: aljppos d^los 
Jba49JÍQn0s Qfurlígtaai^JifgitpariHiíOn.et p^^SJigo de Vall^cm^ 
dando ári^tiü^irla rQ3cduei^ 4^ata^r4a«iH>rt8<I{a}){asB 
dwGáidoa&nmda) lai/0spi^ait^S(aQ(W liaou|«RG^.sob|'e/al 
osférlta é»\!fk p^b}a(»m;d0 Jkfodrí^ ;ipe«o quedarían ^ conoh- 
ptotm»^«l0fiw»l«iidas«^on}&éQ4a$'laa eoAeebidps anteopíorr 
iQ^nAji^i I^a gufiriij^od:, ;kN.4»iliciii jiA vacíadaido nxoslrar^ 
ron grauífieircaiblad y valor^; aprastáronse ean fé á so^tensr 
elirMo d<&:l^raieavfy^Wiaetííiiidf4»il^noio$a y &tme eos^ 
tared 4os:t»toii0K dd <aiia»igon<|tte« nektiiDiaao 4e ia^inróii^ia 
i)og»ia}dalrgie9»^ml:£ap^i^rQ.,.'ea^Fandié su rcftirada al 
^anooheoQt dcli^iaiBQ di%19. A(Vfui«id)a6ii6feciQá marchas 
lorzadas^coifedeide Lttoha»a afiia^Afiídrid, á euyo punto 
UegáeH3;porla tavda^.fil e^naasicip de lástreosle obligd 
á dadea'alguBí jtesean$&9 y los ^spadi^Bados rebeldes 
íntantacon ap^daittURse.el diaii7 decs^esobre dtaLñiertede 
6«ÉidiGdaí«ra;;ii0^pudiei^n.coBsa^ porque. el genei^l 
fi^Mmlerb salió ¿.su;enott)entr& decálcala, el día .19<, y 
aTíslándóIos cerca 4elfp(a^]iit> de Abofaualo , atacólos con 
parte de la caballería, el batallón de guias y una batería 
jpodÉda » y jLoistpusQ en completa díspevaion » cau^doles 



lio REVISTA BE ftéMÜÁ, DE llKfrtAS t DttL Mf RANIERO. 

bastante ]>érdidá. Deqpné^ d« >e«té oombate s^píéráróÉse 
de don CárlOB^ Cabrera y loé iSeíoés t»it^ittAa, toB c#ilé», 
téiionde la dirección 4é Ciienea , vinieron é caei* jdi^ ^á 
Pastraoma en manod dei genérát Ortaf , ({ne'led díó ndía se->' 
gtBida batida» obUgándolos á pasar átropeHadááiente el 
Tigo por loa vadoa y barcaa ádJAmtükÉiéíÚ.^lAütíbBí y Sarton; 
pero ni aus asi qn^aron Ubres de la^perseoüetofi dé QKui. 
Logró eaie general ateanzar ¿ Cabrera y ana geifléa el dia 
32^ de setiembre en Ar<;os de la<Caii«drav y aciibd de dé^ 
sordenarlos, matándcrfea iffWíÁila.be^ baoléüá««' 

^eaoehodetttoa nótente y id& priaionere»; entre^dileis 
veinte y cnieoxyflciaies. Ño loeron lftfnpdc<» muy felté«s 
loa que siguieron á doü GáÜos. hilerñtee eaaé m CáMi^ 
lia, y creyendo serle favorable el momento en que nMa<^ 
tro ejército se había dividido entre Covarruvias y Re- 
tuerta, mandó atacar el 5 de octubre este último ponto* 
Custodiábale el bizarro general Lorenzo, y, en vez de ob- 
tener los rebeldes la victoria que esperaban , fueron re- 
chaaados vigorosamente y obligados á huir con precipi- 
tación^ 

Merced á la considerable distracción de fuerzas milita- 
res, empleadas en perseguir á don Carlos, pudo el general 
carlista Zariátegui vagar con gran desahogo por Castilla^ 
apoderarse de los fuertes del Burgo de Osma y de Lerma, 
y entrar en Aranda de Dij^ro el dia 13 da setiembre ; de 
áqui pasando por Roa y Peñafiel , se pres^tó el dia 18 en 
Cestémiga, amenazando á Talladolid. Alarmáronse con 
ello los moradores de esta ciudad, y no contando con ele- 
mentos de resistencia, dispusiéronse á recibir sin oposición 
á los rebeldes. Entró en efecto Zariátegui , portóse benig- 
namente con el vecindario , y permaneció en Valladolid 
hasta el 34 , en que forzando marchas la división de Ca- 
randolet, llegó ala vista de la ciudad, y empeñó muy 



BXSENA POJ^ÍTICÁ DS SiPAÜA. llf 

luego el combale. Sostuviéroidfi Jos oonlrarios con obsti- 
nación <y afrojo>; pero el valor de nuestros soldados, á pe- 
sar de su ifliferioridedniíinérioe, hsmiUó el orgullo del 
enemieo, jle obligó á evacuar la ciudad « después de 
ccuisarle la pérdida de setepta muertos y doscientos beri* 
dos. Zariiitegtti se:fti^^a su gente á guarecerse i Aranda 
de Daero,fy lo hubiera pasado maK porbaber Uegado á este 
punto al tiempo que la división del general Lorenso , sino 
hubiese OQUnidainesperadameiftte la veirida de don Garios* 
perseguido por eloonde .de Luohana. Reunidas entonces 
las dos eapedieiones partieron aceleradamente á Gumiel- 
de Izar, con firmeíresoluoíoil dé volverse ¿. sus antiguos 
ddintonamietttds^deLinorte, abandoniidea ceo tan n^ala 
e&t«eUa. ..... - (, ■ 

Eermin Gómalo ¡fyfoñ. 



e.i -.1 I- • ,T..') :í B1BU .: ;/iii c(-noq íJüiiííi'.q ajioflbbüi 

EL ESTADO DEL TRAFICO LNGLES. EN LEVANTE,., 

- .mil Mí^ loi ,j / 'I v.^^^^í^unS^^-fJ nú lub flhíJíflrxsq 

t'ir» , ^ ^»..i < -• ».' . , I). ..• . ífi ^-..^Aij . »/Hi.ff ioh X .'if io eoiüíu 
. -. .' ... . .imvf v> .«. , í M í ,-, i;í:í.' mí» 9ji/,q a-3«¿fírioi oü 
.,. '. ' -' ¿, ;,íf ¡ .. ..4WÍíWWI¥ii J'JíTui:>*ií' oia:2S7 íi8 

4brmaí rádiéiiléd,' 'hecMs'piyr 'él «f^tíb súTOin' BlíHkMd 
•en^aím^tó- ttirty);*y'M'éit^dó * 
'fe^neg^dd d'éásoi'Siguien^' l^^^imictíétoAéS^ffi} HkSéer 
'U^I^M; d^'éM^aí^'á'cH^dáraá'íA^aifiéfl^'Tfíi^ 
*cúestteñ quela^Püierta Wéné»(ítí0-+éy6!ver^ esto f¿?,'ft^8e 
"djik'tai l['éHíd6f6e& i^ dé(ye had)^ étatt^ló^ ^á^fáis^'^ Ibs 
' rifttítflmanes :* i^jiectb á árqtíeí!o$*pttélílbís, qti^ríftíii&^la 

- fltéfefa' hátíitótí tjfa pVé^tfetíítdrfo, y ft? HéfeTl^yáSíiaerfe- 
' éhó sé'haii hécl^áf tÁdepeDdiBnies, te tüAóuttiEid é»tá\:^itai(i&: 

én ik S«irViá,'éú'la'Ta1aeHiá y «i' Moldavia v ef cóíilSá^5*ae 
^ lasdbé mísha étesfcd6 ;1afs güamldmieá furtíis 'i^*fcaK»trteto 
oWfgtfdáü á é\%tíiárel'ierr¡tdrfo', no han conservadtt'slttbÍÉÍI- 
• garios púfttoSfórttfióádós, ts^ itíuy pobdí íós'iütóAlfti- 
Tiésqueban quedado como sSmplfes partíéiflafes/EiiieStbs 
países ^é^ha establecido tth'Sgíóbiemo líMóftáH'yfeMérta 
íib tieneya que ocdp^sétférfa suerte áeréstaSptíñácíoíñfes: 
tá cuestión irá^ áfficH ffer^ sdbríe los -ráyái^ stítife*i9W á 
ia doinitíacibñ tíé la Pti^a, y (j«ft haritan eitértttítfié^del 
4mf)eiÍQrifis4o6/r«7a^ ae^attao basta hoy^ um eGtndif^ion 
inferior y escepcional respecto á losmusílhíWK!iís??%l(%lipi- 



XA. Turquía. ' ' ttS 

tacdoft reéaé «obradlm devnaníaaieni degradante .( 1 )» por-^ 
que no «8 'im verdldls]^ i||i^i^bs|d ,¿ sino una especie de^ 
redendcn pagada por los niyts para libertarse de la es- 
olÉMMa^ f 4>Mtaér Ir f)f0€ee(fah ^áAigótAbrño t leyes ó. 
eostumbres^ an^^pilis^le^ pxoliiboii u^ ciertos colores en 
los fiirl^ailfe» jr bábnobas yaim en las casas. AI principio de- 
la reforma se creyó que el cambió v^*fflcadó por la mismai 
p^rmitiyia* dftp un tirájé comiin á Vos ibyas y á los müiulaa- 
nos ; eniperó «m 'evdMtraaa'posiexior prohib^^ ¿los pri*^ 
meros el uso del nuevojrra|e» mandando qae todos los que* 
no formasen parte de una corporación se contentasen con 
' SQ i^stido nacioMl* Lo^enyas están eseluidos de los em» 

^jpjeo^ p)ófiHi^r^ 4^.smimm^^»fwfi^^^.^^^ les 

, jflps^Sfi^j; ii;i4i»daf^ 4a4ffif/CQjrp^r^f^^fifl8rqierf^j^f\#s 

,.id^,JlS^stW*i?^»í^í^^«**W'Si9^^ mjwpJ^oft[WSf»¿^ 

_W»tr4taróept^fSflff^o>i,ígpfl^^ .J)iaíffifP^9í^ft4íí- 

fbo prj54tt^0o- dií«w(»Wí^ Wj^§,lfl,]?|iHfl^ 

«tiegi^ en ^n$i^tW([rp]^|i«,pqin^i£)d^gr^^ JÍP,J9S. 

ísyaa defee níewwiws^W»í^fta»W^ 
^^iimbiefte el ^tjéi^ mh^q^^y^m}^^m^^m^f^^ 

B^tl^ba en el jnter^ de s^,|»|o^|n|iCfl^ 

HH^ x^sejlW ttiífl^ro^aTÍ jp«4^ 
jjftf^ ?«. djí# an^ l<?ia,^^ 

M ^(^Bt^s^hiátQs |p^^l^^ JPpf4Q^e^i^v>l^,WW- 
, tioftieMft «íy/í gp*i|e x.di¿ciir,J5i tod^^^^ 

(1) E^ éstn pare dé k ;é«í|ittiMott 0eliá iúeéli(f\i^'t^mn.ptú}fúm9i. 

T*.VH.. 8» 



lié BEVISTA DE ESPAÜA, MjnUt.X DEL ESTEANJERO. 

IDAS cttestoi.4iiai^'«i««iilmuiM.iaifakitnlif« tí9da^9tr: 
goB miit^ UYqabiin ¡imdiialiabar e^eianiai doiunt moíA^ 
liatíom préEÍiBB¿-Mu$ufaaíípe8 'y Gfri^kmoaliiui.iritídDjQttrf 
to^eu EiSpíAaj dnmuohaspttrAes de^la.Tiu^níaüuKOpMk 
y eMEu&oso AU-^Pactm bdMii»Uegido áiMgiiMiac rogñoi^r 
to^eempuastosdeofieúdioa yis(dda(toft>miisidtt8Qe97'jf«ftrí. 
túmo^t y>86 babia atrevido basta «acajoganaiila i^hum á; 
im enUtiano' la ^adminíatracáoii ó gotacmoi dd.pACtfiMia» 
mahometeBaa. : Maa la f 0rft& 4üc»iltadi Aa^ U ct^^o» #it¿ 
engoeaobay 8q1o. osa i^iastioii dQi»araMeiA^-^a9iJiaa 
cDastion d^ sa^» :La .Taaa;tktana»a.p«o|*aiMiit0; díoba 
manda an G«ii$temúopla y.dmgailMjaii^giMM^iíjy^im^ 
P0ii4^: aooatumteada ¿..in^ail €»w dfisdéPióvloftliiMm. 
del Asia, qafltiaoeo s»,msmo odgao^ qui^ne .gon :IM^ 
Ymst de razioaa ^edar. (]í$lifita de. iofs :mik^iidiiftmft8(^dar 
Eur^ai que ni >siqu»era Wém su ÍQn«iiav HJíiJWgoltot 
de^^^aivaaaaatfiínda eniipaMipienoddadMali; etta bft^r 
bida conquistar 6il ii^peiíoy h^terM^ífiMM^iiÚQmfiW^mi 
atan dMer^ite^paeblasv.ii^v^to ri^idA.eligeiriio.^^ 
biemo» la esperansaidela f^sm&smo»^ d^.ppr^i^r d^. 
laTuiMpiia* Empero elOiw^ es,masii$|[^iel i9eciidl(ii^)iiii 
pais da msa y de oasto, y bay ^n^osta disposí^oiM wa h^m: 
de oiK^^niasaeion bueifta y útíl » cott/taliqüía^pi^iMla iji má^ 
tev dselttsi^o qo&iha^enido enite pasadft^ La difen^^ia^de. 
las tazas no es menos real que la de loa indindao^t^i^tta: 
puede pues y debe t^ep?]]» i la €las^Q»cion ^(iaU fiUa.üftn 
taMeoe la presuncian de>oapacidad pwra ^^tó^Jmfoiim qu0^ 
la educación y eUxém^ deben^fiun&rmac áeapués; teigualr^ 
dad » tal como 1% hemos iioncebido inoaatros^. aa mudior 
menea realizable .en Oriente que en Oooídenlie. £4 Alnonánt 
misi^ no ha padido realiaarla fy(ísmk que tewmmúibík 
entre. todas. laa clames de los Mas» y sería por lo mismo 
inútil tentar lo qu^ aquel no^ba podido oonftiguirk J|[ode« 



qttia Jas «aiejoi8f»^<ÍJ9»e»dflts en livor delft áikttle^chÉ lofii ñM* 
ya»; (Sia idudli debeit^surlibertados^etodaslaB tUtoéH^iti 
q«6)os« de|fr4d»i};4e(beii tdnoiblftíi «aeibir to<l0s. lés^^i^e^ 
mioBv4ddM*l^ A^MFlia'ü66dtoim>paEpá ^^f^mtí^^^iié'Wi 

da .%iial(}ad> &úc»^ }(Mi ' vtftj/té y Im oftmaiilifies fi(y puad»** 
ooPtaírki/lMluscameolé; 8Ua ^li^küiaMutieate^iilaeadiMeoii*' 
l»^ueiMi(m de laisiq^risaaiMüa otcnmma^en triedle. ''^ 

.4)li«i»igr8»'ciies]kien es la r^^ectíw á ki& relacíMes^qtte^ 
dabea eslft^éUtovj^oa^vaenlm el «altáa^y a<{n^tásinM^ 
zas^ttiitfittlfiMüHft^v q^^ sriüH' wtnp^ ^iie^«fift€«rte;ii«Btiit«4(tt* 
stt'aal%ilG» vfnáuliordii utuAlUJé^, ha» réehiiaado^ tafia ^in^^ 
pefifdeMia tae^^p qM^ila qlie^ ffiiteii4ei»iaiii2 Ett: este' éai^' 
se'émm0Dtiná/€Íiigif»<o.^Bsté^s>> c^&^tfibM entpimÉ^ 
diá'^^ipotsto piara daruÉi^ <g«d^e*4 i»:MpY8ina^ mii^it^^ 
mar <)é ^ IngtGft^ni'^ y^ rMítttir ^el ^mércto de-las íb^: 
dias á^ $tt& tofiglttl^ierig$t * bii' aido «^generado pür Mehé^ 
mé<|-Alí.-^Ma|i0med^MI 4ia eaiarüdnaddi á los miftinaltt'-* 
c0|?, fdeiYotado loi ivéhali&tíls t<cdDfai^£ad<KSmiiaat^ y 
Gorddft&i orgaaí^do "OB^^jér^álo )' - ereadjd' ana «soua^. 
d«W' y Ufii «Meaa)^' tii«|<midé .«1^ sisteu^ ^ jMiidadíM 
iiüfidtliofd^ eidüte^ ttttayoa, trípatcad^ las rautas del páeís;^ 
eaCabldoida la «^giiridad^adntítid^élba ambas alaafvidé^ 
imfitarv eletade la cotiisidOTicíoa d&bi raza árabe y ^s^ 
iQkiuido: la 4e la «turca v y énáé i Bgipló su i^dependénoí» 
ym lofl^r éntrelas «íaeiQneSriia^es{^edioioii'de M^émeíi^ 
A&4ja 8iiía.p«odii^redultadci^ importaalea paral 4al\BP-<f 
c^i la Siria f el E^^í^^ Humitodeí ^ís > I^ilib el orgalfcDi 
otomaiie par ua» iiaaa)Ie^íal^Geip<^>obtiitw tina áae^á' ga^^ 
ra»tía é iMi kidopaiMleiida pettHea^ y la SSria quedd liiitie<<i 
tid&>á- MU r^pfaen /aitamAtatratíNna, y) tffldda^eh' su nitole-^ 
randa £e]j|0¡A0ft t liua» eoaid^lIebeoaaeféi-jÉLli «sealreiid désr 



HQ REVISTA DE ESPAllAvSB.||f|WlS> Y DEL ESTRAUJERa. 

la IhtmmiyiérlM b^laterfa ^leeodddiBMilo da*4triittleH 

pmd^mia ,. 3! aulas potgjaciaa no. aocedUerom á gw desd#«t 

cmiif^Mlídatf 40> U^Mieesidad >dé^ qué la mdHinef aMaroonf 

«iPWise(Aa.8Ql^rai)ía««nqae>iKmimfdi> aaa por ^Müa^rasoiii 

a^aipw» QQHxicaMíiiiieQll^ propio^ IblMmed^i Tanérd^sm^ 

lí9ii^osí^y<¿bubo*iiaa'raacidan.<ea E|ppto'0<Éilfa toduM 

üwnmiUnwH^eaifí». gr^Dwl!»wDOtd^«iildeadi»a «alfana 

j^vi9.i aip»,d9a4wttQa qo&'haUaii^mvKiO' d ídanáaonH' 

fiíeroQ'ideapedidQai k^mayoriMne' deikmjd^aoes^'egip^ 

cia9fj<|M}$ajadtta^bm «eaiRaris á eostaatd^l iMj^^fuenMK 

Ili|íwd(^t)f «ui paÁtf'srila'iiifluaiiOiaf dia. lo%iQi«oa'teqtt«<* 

díada}aia«Kék>Ja dammaoite^fiieoidoMefaemed-^li'dala-irazA 

otoiQa«»4iiio baoUridadoiaU'Oríeaft r^ baMa^el tumo^ kía 

eiiipMM Bn.etr^jéveilo,iQ^ otfpHiiiv 

p^^«0Q^iéilimtovoo$,;;ieali^deaaiap>4^^ loa.pmadpsí'» 

)«a>oar¿<iS) aámmistmtíwc^atir iirman^el' eofisego del ^rireyi 

No a«í dUlipgtiaOfba4iiixM^por aif iiiorálidad itt popsos ta^ 

]0ntaa» JonlK^eonM idabieiasr^gan los pvvrilegioa'qiftatdk* 

irulaii ; para as «raiAo, alsúsaio tiampov qve la pcdflaoíon 

kulílgaaa á árabe ao lia peodaeMo^i^^ 

brade viderw i^Qué suoederá^aspti^ deila imiarte tte^Me- 

baiMd'AU^ ¿Sub^o Ibnduímooiiaeffarád poder?»Y'eil 

aste oaao ¿ goberaavá con los arabas 4 eoo loa turcos t 

• La FraMia üáal áualriapuedem petmilir <|iio el Egiptd 

yietéá au md^andaitoía, ni ^pie oUn nación se apódete 

del mamo. No« se puede lampocoestidi^lecer una repábüea 

ni una<dHiastia árd^e .($a £gipio^, poiKine estas -cosas no se 

impcpvisan. Ld%^robabIe es^quo sorespete fa> eiíatenle^i y 

quo. Ibrabímconeacve «1 bajalaio beredálario' de'iu perire. 

En este caso notóndrii gvan^neaasidaddehaceff alardísde 

fuerzas militares , ni de apoyarse «en lea iarops , 7 podrá 

gobernar el Egipto oon>laa i^abeay pai» losásai^ea.' 



pmeMn<ítopogréfioa de GonitsaitfitQipia ylHkri6,i y úé\ éé«4 
imoicpivlaVMKvideacit ba^señabdcl i-oada^ino cte MtM^kte-^ 
blos;'y4espiiáS'de e^poflerlü^^HusMíoü j^etíUeaifud Pete» 
tivamdnleíat (Mdnte^tMiibn lajOndcfaviorj^MiM (Md)iav¿ 
Attbiui, iaAQ8i»K|f4a Varqttla^'étdiPaMidttutídar'Ia j^tt 
eoestkxfcdé^faidiiterfcrndottfiat'Cfp^ ^Oriente* Sobre' ella 
4ji)ae mteei CrqitxHurt c t taitíM:T«fic^d^:laEtam]Mi eDio« 
ficigoekisdel Orí00te se^ baiiütihiMiiiáineolc^ ; en tanto ^e 
^Biia oúestiMy «oBdammál se^iiáUM eirtáaaddS'todatÉ^Ias da^ 
máaJCttésiíoBes polil8eas^> irojáeireftueli«u»i^l»€íftiado prc^eai^ 
no^i&Ek qlie gebaltai'Bl^'mtiEldti^ ceMiniOnMÍ^, 4a' gttfinffiraéiNi 
Bi0mpwidé tmiséx^f^l deíATmecdeilaétAiiEd-aaA miUtaféaim^ 
poeible; bo8ird9iirtfoe4|tte^b0riaa.«»pllb«9sa^alidetorfi]^ 
éeiuna^ pM»sperifdaidt!t0da iiadfiíeariseAdaiii^iliodiiiáí eétaio 
lipster a()M en piíe]^raüvoi0 dé ataque T^éeléiiftai La fiavopá 
íAtemDO'^nJa lüoba'de^la emáftdpadob Oitegai, para ¥fi 
bartar „se||^»di»«|Ei'^ 'SU'aamerdode^as'ipéráhlftft .quériq 
eaosalba^^a pimtevia ^^totimaefr «ais ^aves y nMi'potftifOá 
peelaiiiániSio/eiiii»teifv^0Acw^ % 

imbér' oü'aeaerdo 'priinú'jáe laEttítopaí ¿ Bajo qié ^diMe^ 
cion »'d}ajo qué bases drií^'^i^l^árse eeté gmn sueeso poJ^ 
Utico? J¡^ ft^oífOtí de todas asta» üuettio&eft se desprende 
clara y >ld]g^aiiieiite de todé& kis afUfeeádentaaque teemos 
tentado; st0«i^do las itidioandiies da «dst^U^fúWti. Dei* 
jem&s- pues diseanii* al diaiinguido diplomátíGo ingléa. 
j: Hay deck citiEsacibnei^ (fiattotas cm Oriente y en Oeeiw 
deate; ^Ias^ptiÍMleii^yddatM;aéóaiarse, pero'tiunéá dan^ 
féniftrse '^id'lMMtrarsé. La Franda^se faatta á la ^bélñi de 
4a *Qna^ y la Tiirqoía alftéaíte de la etra : ki AuMría éM\ 
por ^etírté^'arij e^ne estos doa mundos, recibienddihih^ 



Ii8 REVISTA DE ESPÁÑi^ Df ÍÜlSlAS* Y DEL BSTICANJERO. 

fmbOiidelinio>f d«l otro, tfíLSoMe^ííAo itel MoíttVDfi^o él 
mcMaitetit^ que^reetb^'t jr ^^^ndolos^ tín^ eésinf ai eqvíiti^ 

ientero de ia iiitü^veiieioiFBüfof^eay iM<^<$éloh áv^té^fy^ 
dela'&oropa debdanlfií t«>do aptkiatsdfáf tá^^Snil^fafof^At^ 
kiflknpsofa'e et Oriente; y €»(a «i^cton déte ré^tílthi^'d^ldis 
«afiíenos jsimiUittveoft de' todas i^p^teñ^iiñm^-^ómbiásláas 
b^oAaidirecion'de} AttMa1a:^fiiptim6p: aeloy|Qei tirTai'(fMa 
reelamaT del Oocidente i^ hiü aéto Hé próteéciotyjfittirdteble 
estar segura y tranquila contra el póde^itlnfódir'dd toRttiJfil. 
La 'SQbiiBQ!tt^Puei*ta<debia ^^onaerirare» este^a^ra^tfttloHtíad 
^ptetnay cíóaqAeía ádbre }a> 7Vaiii¿*ytel A^'lítienOi*/ia 
Mloridadiisetoririr sobve' 1» Bí^ y ^et Egipto^^ 
oonsehmr^itbiidyíéa m MtoridflRl^ell^ida^'^obi^lcHidSí^ids 
pofclBGíimésí!iiia^iilmd«is(s que* le eatdíi ttgisadnstpol^laottf^ 
düjía^fó iidetiitdadideit«ren>riflS'. Libi[i&lde>Ios embaraiD^ftre 
lé «oBdta^iBttatittíridaidmoMMt <di(fiteptílt^ 
blD&de la>AlbaiRiav dtel>E|ilro,i de ItibsaliQ ydet^Ddmildb, 
podiáfl enrío süoeBivd^if^TuilqWa ^BonsaigiNtr' toibusuTatci»- 
eioniá> jasímejoras^ necesafias^ ptaralaüptospeiMhad^íde' sos 
ÍBm8diiikos'8ábdit(»&jiii^emiiv(iqmeion die^tf Gfeéía/baiMah 
da en favor ¡de'la>Poerta el^HiebedeiUerde^mMiíifaidenQBza- 
cíoH.pagéda por ios trtbutaríi(i8;emaaftcipftdo8; 2^0 p£dria 
apüeaorseilamisma medidas. á* los nuevos tactos de enumoH 
paeíoB't'La Franciai haindeHmizigMio'á los emigrados pov 
k pérdida' de sus lUewes^^Ia Iní^tot^ra ba beeho lo^ raiSRio 
eon respecto i sus colonos poesía enianoipacion «de toé ne- 
gros. ¿Lai Etüvopa pues no debe apJiear el láiisiao/ peinéis 
pío de aita jusücia^á la 'Tiu*qniaí^¿No debeiouponerseá los, 
ra.yas la ob)i^oion de pagfki^ sii;em^^piieion?<íNp4ebe^ 
ría también la Europa,, ocrmo lo bu ii^ebo^ oon^laífireoia, 
garantizar peara la Tturquiaiiin ^mpr^títoi n^oiCíadQ diteo- 
tamente en favor de estapa4eA0Hi!¿ El lico Qfe^dmt^ pn^ 



.. ,.c-s?..;' /M-TOMQÍA^' -449 

^de^fpñtribwr' wn tíí$m*o0M9^mB]fafifi&^n el'préstame' de 
^^ tesAr^ida rég^Bdnsbokm del'QHeot^aini^obreddory 
idesobdc^? £)ia|e hoy u» eaaipo masmagnifiee^ da • eaplo^ 
.ift0o»>^e« el Onueute ?i ¿JKoitha^^eii él tia^podBpproduc^ 
fiíiva 4f¡^, dtoriiiite»KpeT0.'qiie Feoompenaa con^lotigaBi- 
:;j9lidad 40ai«afu0rB&Sfde los ¡q«e 6e dadivan á ^denpertar* 
Tle2¥^im«uii0dO'tal^ie3í3 rise^^de-pértí^a* ¿qitésdiía 
reateriíf ago«ofini|Mvada<eon H>a«g«8lii0^ cfaetmie á laSaropá 
<Jla^ieQ«Miiraa0laii)d0l estado^ ppe^wrto «o que «hoy* se eii'^ 

h. iI>0«atojiBai2em«aaiicl^imdter^V^^ 

r4e la/ioteiyvieailclQmfiímo^éa en- cA^Onmofte d i» noaotvos en 

rtaáKdad noapdreta qtte«a^8¡i^te««ip iftaa.airertad0t^<6l'aiBs 

pQeiMnlnieBte(á4aa>jftjl6re^^ rreniíwlems dertoSarqvía^ y el 

J«fls>od1lCMrme^al^|iropio^ lMiap0aliMpiiátaMd64eiitoiy'^[rar 

<4vud^regtf «90 que < ^1 Q^Uumi^^ eMá^4lam9do> láf inooular 

-«11 elOrífiDfte^:re«toii|]Aa^ KAci^idantál e»*hQy misiiK^ "poút^ 

d0tooSi^taX\xt(pú$u^L»'9úeTtañh»^ eivHbaeíbn 

-cwepeasauíorgafijiaoitm aiilíftai'i ausuciótodos de.conatroo- 

^Gíon»iimiAiaia»/«»ftasfteiMleay:ateaaa8(de fbnnas admí^ 

•niatTatiima» elitrfif^ queileT^aasaslíiiioíottarios páblicosy 

ana aotdadoa >: 'hasta: la» indnalrla {laniailap ha encontrado 

i«iitT4irqilía im bdIiainoeampo!<uxiisepnbiO'reg>idar de bu- 

queatde im^ruae boyé Sei()^n»i.y'Aitoia8 con Gonsteati- 

«^Dopia;! y ¿Constmitínoplfi om ^Vienai Una compañía ingle- 

^«a-ha. empMudído ék eataUeeiiíiienÉo- da> itemetoadopea en 

elBdafiarot: alguna» canea de -Gdnatantínopla esCán ya 

alumbrada» durante lanodié» r los'Hiaa bellos trozos de la 

müsioa deRosini de ej'ecütan ya^ ien Goastantmopla, á pe- 

-sarde la proserípdotí de lasartea por Maboma, y misione- 

i»oa amierittanos, ingleses'^^y alemanes baii' establecido es-- 

üuelas en fui^ia, engreda; en Conistantíniopla , en Eftniir^ 

M, en AmM^Ala^ en'Syra^y Atenas. 



120' KKVISTADE ESPAÑA,' DfillW46íY ASL tsTBANJKBO. 

IbiiiiiiiMpAiwaía emo^pea «ía TttvqaivMzliayiiii hsoAbf 
fistaáoflaeoeju^delMí «er «iyüíz^dnta) f hemApa^ .^mmnm^ : 
do respetar «lai^ÍBdepcndmdd .'deida .Püopte i|lmyt«sa-«te 
^ondadasa^eiQéfi iiuigrm int^spoUtíeoifiarada JEiisapa^ 
«pieraeeela cUtwmileaQiiiileviUpqlluasttín elrpasaje^gute]»* 
te : itXia fxwiciMiiltiflHia da QocstiaÉtsfy|da.'hfifiBr¿ ku 
Estados» quería fodean.) interesados aasodteney t^íúép^ 
seedavbsidfi'^alaH^átdad ala Tead^pdttiai (mfttieesms^mMéí* 
poli : esta naea una eimmMtaBna iiicfiMas; efiaaemi/isnib 
consecuan^ia.á-la vBz.4el:»disposÍGÍott gaogfá&Badak^aia 
y dala püas^^ojtfaihxistil de las «asasiitpteíAnoiidaav'qHB' 
«oiiitii«|Hboy eomo liaoa lF63tiailiA»si ^^Apuqüo/tMfif'^ 
za&ÜiK^ fledatBo)3Díio,,i<edban>«ite8 q[a6<jitfldiá laa:j«eiiH ' 
taja&4a Ja^adaMrablejipoaieioA jque atUipaas sin embar|pí>f' 
como iio$otros/iri>teneDi0aiporissu laédid^unaaQBiriMod dei 
obJ6l(ib^qiie»iip$[ «onda laxiayovfíQtiUdad^rpflireeaii'ttaMuifii 
qu6.d6bdiK:^6si<xasídemd0^porloa<9riegaSrCQm ¡MeaM - 
hechores comuftesv^ 9mDia0loigDaacde]i]iestnot4re4BéDed^L' 
iBÍeptav iwaa'axN^qM^Beriée mmtfo íqmMMiq, pafat^ cp n i^r * 
las tant»tii^quajpcidrfim'4ii)^;i0«imtvaijci^ 
del 4ioii«e. ^0s.|fta8eedoaea.d0 iGQiuitaBiiiiaqpdB ütaen- hoy 
que. llenar «ni. papelítodayia imuiho. maabámpoiitáaiffi quer 
el q«e iesdevipaaba P^ibioj > 8tt misioa naae limita yaíá 
servifidebaivemal^Obcuieiil^exoatrajel^.C^ únotfspitB 
,e$ Ilecesarioque5ea^ioafepDres^fitwtéS:.^estaú}tí^ 
tad dd nKindO'paoá oaov «ftíOeeidaiita;%.\». Í4i mgeiietacíiiiií' 
de l«rT«fqpk baidefaidoiOonieiiKarpopnla.deiJ^pÉo ^ de 
la Gracíay'que son oomo las d^s etoeioidadas deania^pai^ 
rio. Paroála Tuiíqilia,- una vea regenerada'óámadldaiqiia': 
se re^nerará, i^ailieiiee&iiDpsrimlr elttioviíamito al Otieo^ 
te, y llamártela Qiia>ci?iltaaoioiit»ua7ai ttQ.ahnMr^oQDiaaa 
antig9K>s asQSv siai^tÍKraiAe de toéotlo quelii^.d^ fcUaídad^ 
en sus columbres antígiíaa^ sin esponerle -á "varían inda 



popwvtdúngí^Qi fan :«! Auolvityxjliieiir elciitlluwie^ oQmo 
es fttrto astt jilpnBMMil<tciqn ila iTiiryb»i <^«aw ^m^'^^ 

haría: á«iÉlivt¿^ad^ vHámm) iffiiénGa^e ^/epwrartíf /an pro* 
yecttts i»riúKdé£C<uii4Mata;30fr eabayos- da Baiiregaqioii ^u 
el laaql^jof ^toiiiettSufoteavj cbmi^ioda^DatioB;^)^^ 
dentftkiftíqm^Alnriadg^baeeq^qvererthai^^ jcmqui&tadMi 
en OñeiUv^ leniisganda fleariimmaMile ci^UisaéoiA «9 ^en 
prefan4a2^JSfpÉai^^]QC¿ Iflrjfecattf^ ál loa indigenasi al^yago'de 
iQstíliMÍQBaB;{FcQ«fiiiiii|brQSiaí^ les s0iiJÍ«id{»HrtaUe8^ Bor 
otrapsrtoJa^OiMrqilíflr /QM«Vi«ttloildidfM)iílÍM yialigkalt . 
sobre las^i|^QÍ)I«úoiief» mnm]máwmr.poiMiUfíftía wte 
ellasool )yd4nr tde íidcijadara^;! ieardnaed^ríáváraajéaaGbiifiap 
de leb baMfiutsosídeíiabfiírapitiloqitaik^ 
desiMn6todik»4iyMSib¿tiflU0necf^.teriií fitettesi :^«.|ira9aÉp9cto 
eamlúo»^4Kofli»'«i<]ponGuraíyiDq^úd]u¿iiL'9raaliaai^ . 

á fuenaidea^iginséiyide deiminiimieBtOfd^ saaigimit' ; -> > •. 

£apfeia^s.papr4iiótorilJi)qidteot iódeaiqiiiéaÉoay)attt€^e« 
dentoS' ¡necaau iea i liara j icofiOQQO i te « oittíMvpfti potttiaa da 
Orienta yrderia Sqnpiiai.re8peietetr¿4ai>ibir'0p|i<yiJ|)r«fieú# 
tadofttl ai^éina [mB&iiaDnyéíámdBi ddiéatarofai|ckmd0í j la 
misiDá ; paaa j^aTent^adoiieBlritor áúglé^éittummimtcnm 
dro-Bzaolade ka mstitucioMe nsiaiikipetos^ áfiiraiUdeI^* 
da, y^idalaomeiteia^eláinperio'cApniaaM^ji:. .: :jí y .->. ,. > 

HialBTi UiM(idiartida un&grand&iiQipoataiiciapQUtíná h* 
instiítick)na9< 9QiKúyiBipalaa'fle'.]ar Ti^^ 
este iáiperto» noobstaiktelu^i»^^^ aauíioíada.baoeuimttdd - 
siglay madlQ>«u pírólimai^ltwlu^ftijíJa, ati|U|tt7Q.|tfnii)i4 
palmeota*.^ sislonia /árabe úélívnfnmUk idÍ9^tQa Aitm' 
imíkrmtmes^saaámpúeSf «sólladotihafta .cMlo.piniÉO' Ú»i 
núsmo^ á so sistema di» baoiaadai; de^aipomo^ ó JBom 
bien i IftdQseDda'.dQrlftitmiiltitud dd.K^Dliátia^iia«tiodit 



laC RBTISTA DE ESPAÜA ^ && «f^US* Y DEL E8TRANJER0. 

re6taft9dabas y l^es prohibitivas que exislen a» Europa. 
Les turcos, al fijar su imperio ea GonstaiitiQQpla , tvast^-^ 
naron la admioistraeíon, la$ÍQ8litud<m6^y la» coitiimt)ras 
y gerárquias que existían ; pero no impusieron á lo«. pue*- 
bles tributarios sus formas administrativas ni su ley cjyUt 
escrita en«u código religioso : asi las institu^nes 9A<>^ 
tadas por los rayas son tan independientes del cddigo 
saasnlman » que en todas partes, según observa msster llr«- 
quactf donde se ha 'desarrollado use* gran prosperidad^ ha 
habido. ausenda completa de retacianes coiKrk ^«ei^». 
Puede decirse mas: y es que el desarrollo djiilaprosperlr 
di^d.ba sido la eonsecu^ida }nvamble.del/abanátoiK^;d no 
iatervencion de la administración c^tcsl., 

<Las in^itueiones'mumdpales de la Tarquiay.ni^ise<pa^ 
ireoea ¿las de la edad.media en Eumpa» auntpie tienen 
dertas analoeias con la&mismae. Las «antigiias eíadades^án^ 
dependíexKteft en su g(¿)ie»io y en su leguteciotí, ee <eoQ»- 
ponian degeneres y esclavos ^ que formaban^^uii iodo ais^ 
lado'é independiente ¿-los concejos óeomunidiÉb9a^4nroas 
de hoy 0098lan.de mdíividux^f queyewlquiera^queeea su 
esiado palitioo, son CíOmpletamenie.iguátes entre^iitOxti^ 
ten sin embargo en la elección aigpaascoinoidenctaa.nof^ 
tablas con las má»mas y próctioas de la antigüedad >; loe 
oficiales municipales sonr elegidas hoy casi siempre en las 
igleáas, y la administración estáoonfiada á dea clase? de 
liincionarios:. representantes, queadminístran los intereses 
públicos 9 y sacerdotes, que son los jueoes>enlre los p69^ 
tieidares. 

Los rayas deben estas instituciones nnmicJpaleaá hi do*» 
mmadon turca : bajo el débil y miserable imperio de 
Oriente» lamasa del puebloeataba redu«idáat átaimwt grat* 
do de depravación polittoay moral : una avistocmcia ocv^ 
rompida, un derotirámco é'innumeffable,.la'opiiiBÍoftde 



iiná Tégisfacioií ftíictíá, tes exaceiones déito gdbiérnV) en* 
"^lécido , y sobre todo stís monopolios , su fiscalíMidén Jr 
'*u ejército: dé' adtiaftápos y recaudadores, d^btoalpue^ 
'blo sifi 'derechos y sin instituciones, sinesperanza de me- 
jora feri su sueíle y de enmienda en sus juátós agravios'. 
"No" eis de 'estragar por lo mismo que éstos pueblos' se so- 
^tóétiesen sin resistencia' á los bárbaros: para ellos la con- 
(jfuista otomana fué tm verdadero beñefltío: la creación 
^1 Imperio turco abolió de «n golpe todos los privilégids 
•yinonopólios^ borrd todos los motivos de' incapacidad^, 
tlefttruyd todas tas preeminencias de casta, reformó al oleí- 
T^ cofpompidoíy embfiíagádo de su poder, acabó conWs 
influencias opresoras , y llevó á todo el pueblo al^dteMó 
^toignaldad perfeéta, quitando loa privilegios y.Ia& dtetin- 
%i0)Q0s: i^i^esta población tan enervada no-podo bosear 
•sina en el trabajo los medios de subsistencia , los di^tin^ 
-donefl» y er^inérito ; y el trabado, aunque oprimido en el 
íinpe«¡otijreo:por ia anarquía , no faa jamás tenido al me^- 
ivos'las Ufabas de las leye^ y de los reglamento». Elgobier^ 
no tureé pues no 'ttrvo necesidad dé tomar nloguna medi^ 
^ia'de precaución contra* la resistencia ó rebéii«^n de se- 
mejante pueblo : reinando por derecho de conquista, oo¿- 
nociendo la ^rza y la debilidad tíé sussúbditN^d, y pi- 
diéndoles tributos mas bien que contribuciones^ com**- 
prendió que no necesitaba disimular ni dlsfr^ar el sietes 
ma de percepción : se obligó á cada distrito territorial á 
dar la suma fijada , y se d^ á los griegos el cuidado de 
arreglar lá cuota individual y de recaudarla. Esta suma nó 
fué fljack al principio, arbitrariamente » aunque arbitra- 
riamentehaya sido después recaudada : para mister Uih 
qubart> las doctrinas legialotiTas de los árabes y los hábitos 
némadi» dejos, turcos han influido poderosamente en el 
UMedóáento deísta admíniatradcm tan sendUa^ que no 



iti RXVISTA DE ESPAÑA, DE IUDUS Y DEL SSTRANJCRO. 

reconoce mas que los impuestos directos ba§o la garantía 
de las instituciones municipales, y que, i* juzgar por el 
qemplo de la Turquía, puede hacer un imperio indestíiic*» 
tibie, según la opinión del* jóvén diplomático inglés. Bqé 
un yugo que ha sido con^derado en Europa t£m hmni'^ 
liante ó injusto , la condición de los rayas se ha ido mejo« 
rando gradualmente. Cuando los griegos formaban todái^ia 
un pueblo independiente , hábian peMido enteramente el 
espíritu de empresa y de comercio;' y sin embargo, después 
de sti eselflfitud han' llegado á tm grado de prosperidad 
apenas igüatadlo por las naciones mas mercant3es. 'Bajo el 
mxpetio de' Oriente, hi literatura estaba encerrada etK las 
biUiotéceis' de €(mst¿úeitínopla yen ios monasterios del 
monte AthosF, y hdyca^ éldea^de la Greda «tifti^da'y ínó^ 
demttileM mis éífcueMs : enlugíar flépcrdéi* sus buenos 
euálída:éle^ por Ja opresión que ha sufrido, el carácter nái- 
ádMié 'ha ptitf Afeado y renovado por etta tolstná opre*¿ 
sion: la masa geíieral del pueblo, qué no está cói'rompida 
oéñiorlo^ (50^ádote^ ynegoeiteites de^Esmímaylos éfñgó^ 
iñaña^ éiméifpretes def Gofisümtifñopte por «1 contoeto con 
les luh^s d^^urofpeosi '^^e* mucho mas que váSa en Ib 
antiguo. . . ' • 

La ereadebíh del impuesto tfirectof^id origen; como he- 
mos^ndicado aaités, á las corporaciones municipales, yhti 
síéo^iempre la raiíon y el objeto de su existencia: dsf estas 
oéfrporaeiones ^bsisten en toda la parte del pais que se 
halla sometida sin condiciones : pero no se puede decif lo 
mismo-de loi distritos -que han hecho capitulaciones par- 
ticulares. En estos hay jefes que han conservado ^una 
autoridad, y todavía duran algunas formas de la administra- 
traciíMi' anterior': en los distritos sometidos sin condición, 
los habitantes han debido elegir entre ellos las personas mas 
aptas á desempeñar los oficios de asesores, recaudadores 



j to<wwwrQ$r y.Qowo b^p ^l juga. cpjpauíi 7>P babia <Srdw 
pjcml^adaqup tuvieae bastante influeupiap^raxeservar 
se.ielmowpaiLiQ 4^ ,6u& ^mpl^ps „ nq bubo> oíase bastante 
buflC|iUii4a par^'.qv^^ se la. priv^ede it« voto igual al 
d^:'laa demá^.9aJo^.iMtgo^$.x»>miiii£^* £ste.,e$ta4P de 
perfecta igualdad, si^pxírUegios y sia roonopojicv »o dc¿¿ 
kigar ¿ Wdi$co]^dias Joterjú9a*e9«7 previoo Jtafueeesidad de 
4efi9k 1q$ d^pecib¿9& de sp^agio y de^egularízftF lafox^ 
loa de las, ela<^eiAD€3 : np.se .M;iYpp.u^s en copaid^raciou 
. «ais (pjtí.el mérito y el of^ráct^^per^ipiiial djs lo^ipdividuQa 
fuedebiw.el^girsejilaQpiíHqQ púbUcasemaQilestaba desr 
de. I^egQ.por ^fyo^^6i^a¡l;|,y.M^»^e^c^»^)Q^ ,mí,^L^, guales 
eadaiiodÍ¥Í4uo^,se,b¿l«b^ iffl)^to«W*ftipterewd0 n»» Y^ir 
fiQabW;iwi€Ííasr»0ís^n deqpu4aiie.ii#.^a}d^ ceftayioiíjri.^' 
el e^cip- deí^}i»qs.nMí|utw, slPí^e^rdftp^lf^wdit- 
df des.i La ^^tf^i^ada* ^ivc«ile;i4^^ta ^ i^taixia .pq jp^^^a^nta 
mnguu.det<dl^4He,^:aere3^ fijar la ajl,q^n; lo^ antiguos 
ó.aiíd3MSir asi el^gi4f>fit ocupan 6u c^i^q^duraate un am^ 
y la i«i394«^9ieBrt^|d^fQ^^ qtid.ba*.pi?«aidida á, w 

^cd4^Q, s^obs^ri^ UmlM,é^teu^lmado oQB^qm.f^e^ ejei^ee^ 
a^el y- en* su,4uigacH)Q,:i lci% B^í^osmdiyidiioa pnedeni 
conservar sus cargos Ixtuchos años» y aun toda au^vidl^ 
ain ireeleopion ; ; p0ro< M picoidíen ila c^^ia, pábUaa » |io 
se- espera cm diabla 4e elefiw>n9 ^P <pi,e apn.de^^Hiid^^ 
al QipD^nta, contijbiiyendo ^ta.&ciUidAd eatremada 4? 
reen^plazf^c alfonoionario, indigiK) á prol^Ag^ la doraei^» 
de los caisoa.miipicipa);^ . . . ^ 

£n el-antípulo aigiiieiit^ Jco^UnuaoesKMa espqniendot ei 
sisteüdkaifi^^niQiptal, r^^&tkiáy.ec^mepqial».ipe.beiiiQ8'eian« 
P|9^uipáv(Bxi^i)aC'$pelprefiBnte* >.. o^^c 



"j. 



i^»» % ||»VWW\^\WWW»»V^^IV»\%VVW»»WV»>l> V <^ft^l W W»^^ 



MEMORIA 



PRECEDIDA DE UNA HISTORIA SUCINTA 

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y ( -.1., ^í; ' . '• . ; ,"' I .^ ' : • ' ' ♦■«.;. . -^ • V'-.-.i- 

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..■ ' , . i'-: ..^ ILMÍíOülíOíll' (*)i-.. ^ •;•.:.■ -i-^i n./i^i 

. BuaEHTáiMi £tttel jtptípailo iMÉeríor una ícl^a g^necal^ddi 
nuestros oopqai8ta& eniAMc^ 7 lai lúAtojna.samta dbli 
hemda de >V¿leB, es J^gadií^tel caao dtí <|i(»d 6ntsei|Lo»¿>iiitf*: 

PieñefpKOj^oiieiijfceeroat de U c^msevfacioiii óak€nditiiíi0* de^ 
1^0 pcesidids BDtfiDores^; fmspmel to di» seguir ^é^^sl^^t 
el arden de $m idea^^aog ocH^^ex^s eméí ^apími^0rí 
lalivaiá lacii!es(i«n &Ql^)<el Penop de YéU^^ an^epd^.: 
tEaicwtla cuestipnvgeiPteraLd^ loslpce^dioa meaoses. j. ^ 
El $r, Feliu de la P-eft^ se jome^tra jptai^tíd^ríA 49í% . 
dido id0l.elifuad(mo dt^lJ^^Boiti:; «9le se 4ialla(^<is^uii..4I 
míamo^, j»iii^»a^ad<>« de •eaeíoísoa pedef^pa : 4|ue aojov^^ 
sed, el bamlire» lape^te^ elifuego, y puede.pepederadfppi^ 
una sublevaron. Ealaa eu verdad no soarasoiies sufijcien- 
tes para el abaad^no. Toda» laa placas del.mmdp.pMediaQ 
f) £1 arlfeulopiiinero w mmU^ eo la^R^viHa M me» 4<i.^)íwIn:^ 



SOBRE LOS PHSSIBIOS Ifll^Oliftft. 127 

estar espuestas mas ó menos á iguales cdhtratiempós ^ y si 
la posición del Peñen es mala para ejercer sobre él coníát- 
nua inspección y Tigitai|c|s|,felt|>¿iBC<íi|venientes, como el 
mismo Sr. de la Peña reconoce, quedarían en gran partea 
salvadla, estableci&idose un lMM|ae de vapor-para la oo^ 
municáeion de la Península con el Peñón, y de este . con 
los 4i^i¿dd'.pr¿iümoÍ3 me(nlá*e« ? mas sí tafes vsittmm w» sohr 
de bastante peso* para decidir el abandano del Peñón, me-« 
necen sin duda estudiarse detenidamente las que se derir 
van naturaSmt^te de k'^p^idon geogi^áfica de aquel pun«*> 
to : el Peñón de Vélez estó^ximpletamente dominado por 
la parte de tierra^ yaK^ra^oa posSdeidoiaoderte por mucboi 
tiempo, atacado por tropas regulares, provistas de suficien» 
tes piezas de aitUlería^ Si los moT08 que babitan en aquel 
continente, y que desde les montas Gautit y Morabito di^ 
nigen continuos ataquesT contraoJii plaza, tuvieran mayor 
pericia militar, y. conocieran los miedios regulares deata- 
que, ifHuiej^üpieno BtaBÍMm»3 'Jioy^yi^ duiftoa i»^ eifya- 
ñotosid0iJ^om'Ba»li.p]|rt«^d«ilQia^W< posición ele esta 
p}flta<jfii».'^9de) ocv»tdersBr4n0s{)tngnáble ; Bias^camo '«« 
tiene 'p«iért6, ni segtmdiiíá si9dnfti\0Biau<ilsiQ(d«aAerov 4« 
suértoiiqito>^iStéi^pte^aBDRty dspttcsld 4i^a (folla 

plftKÉi eetifd^'idaí^ la fin|terfidtéric^ MOpil emij&^im 
reduckky tseÉqjaáma^^^Mm^'en)^ ^fetosivayno 

pubde'fiíÉrvir tié depósit^^^^dia ft^pa6.^m vfvored^-no puede 
ser base ite of^adODesa^d^aiV'^^iiÉfsSlÉ^baíy preto'* 
gei^ UA r6fémb¿réo „ allphM'qde áá tii&ar guétra defepaLva ne 
pti^dé*ifitoaei^)asfueM»áiJ> enemigo, ni «mbibrasíar, m^ 
impe<fir btifa ni&gdn ^oonc^to^s^is itotend^séi^tii iñovi** 
niétitos vfíá bi^steioi^ mffiíáp di&^^ñ^Éiúñ Véless^ domi^ 
nado* por los monte» GciutíÜ'y SI&rsA^ito por I« parte d^ 
ti«!tta,7iaütiqué fuert^^pcirila-de^irtaf, sin pia^td^iní/Segu-^ 
ridad «idgima^ eit sufondeadoro^^yuede^ eviffiid^nMQ n^m 



138 uyíÁTÉLMBwmétnafmt «Mt&nraMfcnsTiuNjgRo» 

Ciando^ ki iáéa de ^w^ gaDf«r¿D "éi^^iitol pdMa Mf Vez 
BieéDr fftiBx parfldev^fittpienáoHia fmteA kisiáoFos á A kw 
CnmcesM. A loaprimeiM'e^eiMMD^foáfiii. c»»nteiár<ttui- 
efaos ptfra yers^'^übres dd'lA titieMift''oanttimá d^ «na 
pltta rníüJMi y á los ^BégisidM Im «eria^ «ffi' paira imüM- 
Báar «US concittififiis porr aquél eéttflnétite; eflipefo séMte- 
faále GuestlcRti nd paede ¿i éébé feHoVmlm por éslilá Ééias 
mbsideittcloiiésir^Mlii es uña cüéstkHi compUjn, eo)» sa* 
lueton pende baDta cierto ponto, tío boIo. dalo '^ ptiedá 
eofiVéltffnos en lo Btttíeslfo^ i^teBtmnUBAter i fií^páptff éel 
África iümedtMa ¿' íiuestrad coslaéry presidios tt^oonas, 
stacdelo qffé ^¿ ^éte^cida yoLatívamenlKi i astos 'édüÉilds. 
SemcijaAto c^itsMiéiaehm'floirlieivai-diEem'nves^ 
Éfitt^ eP alM»déDé'del4PéBo¿ d6 V\fiqr/faa»4a i^cittiiiiiff4a. 
cttOStíon'^f&Mra! sel^ Us ptésfidios BdeBofei^': matefübsc^ 
bte.k^dad ba pensado^^ai^a fez^elfoMertto is^paipaH y 
aytisUendOi^^eck'da ella infehuétf dadoa péf éMáisíOiiiea'y 
Itom&Mb diM»tffie6a, iq^ éébeñmOitíaf^ y eéUM^iarsa^an- 
tts^dO'proiiÉH^iártiiiÉéiAAiotodaftaitiWtti^ t <. . 

I^ dttOstkmflel>abaiidOfta^é ooinset<vadoii'd^ 
plaeáSHde Afrtea'Éé^ fllgHd ya en úetapo áéJM^Y jée 
Feroaíado W; el oéielire marino ». Jtaan losó Nawiftío, 
pAftier mtrqnis é» la^ Vietoisa^ presentía éstos ^^dés eso- 
Mineas uiía osposidcm sobra las atisiiias, 7 aimqub ée Ma 
no teoo' mérito ol 8r..Peisá de la Pefia^ ski dada.pocno 
lud>er íGtádb tiotici» dé-este* detoméiild, pUbláedléí' áTí^*- 
ñdr Vargas Pence^ en la irida de aqüebilostro laarinó'.^ De^ 
seosos vosotros ^de esélíHreeer/tu teportante moiKo, di« 
Temoá cuenta de la opimón da'^Natatyo, aan cñafek4o^ no* 
eslemo^' del todo cónfermisa'coblandsma. filprioierinat»- 
qpiés de la Victoria abstente entadtada ei^pOBleiofilli ¿Mr 



•iaac<rtmmM'mKwmí • iSO 



Í9é»Í9M.jfm9itíMi»é>*0S^^^^ Después 

. «199^ fii)lf»0«^i!«MMb9i«i le» é9lia«»<>C{ito ««^ latías, 

»e<íl«fto,,»qf(rtp,.<S,<|Ísig9.^IHffi» ^^í navios, J{:,«í>,FWffo¥eT 

.S(9Í«,lD4l(i(e^^AL#onA.gj||^|jlM <<i«»,^fo«Í^T5qMf)<^»n 
las los moros,. seiwii,Mi(9iM«>»^»««^i9«<.'$«it$^(P^|u^- 
áfifff- ma, escuadra pojáerof» , ; y djpJsp^s^vfiHiiP^PiíWo 

. frT;a).ft»éy^Aíní»^..4«v.6yio,ípHi,i4j<}Bwi<?i»v:4íí mm 

T. vn. 9 



13Q REVISTA 0B JBSffálA» M llll»4S. t pnM'WMVOiO. 

seeuoioia una comteiod dtttíSl^aj emapn^i» ^ D.F^Iqn» 
Caballero, teniente de Rey de CarUqená/D. Mateo Bodo^ 
pier y D. Sebastian F<mt, (fetales de iDgemeras, y de 
D. Pedro Justiniani, capitán de naiió, evacaó xm itíbmae 
sobre las mismas, en 14 de^^ero de 1764^ despeé? de bar- 
berías visitado y reconocido p(Nr otdeu del goUeroo.: Esta 
comisión opinó por el abandcmo de los pvesídjos rneoo* 
res; peto el gobierno, no atreviéndose sin dada ¿adopftw 
pesolncion tan grave, qpiiso proceder con láayor deten-r 
cion, y en real orden de 17 de julio de 1764 previno áJos 
brigadieres de ingenieros D. Pedro Lecuse y D. Pedro 
Fermin Cermeño, que espuMesen su pimeer fccioltativo 
sobre él mismo asunto, incluyéndolas para mayor Sustra* 
oion^l informe de la citada comisión científica, y otros des 
pareceres, uno del veedor general D. Miguel de Monsátre, 
dado en 29 de enero de 1765, y otro sm fecha del veedor 
del Peñón D. Ifortin de Córdoba. De taso kiteresttites do-* 
cumentos se hace cargo en su opúsculo el señor F^u de 
la Peña, presentando de ellos un estracto sustancial, en 
que se discuten y pesan el pro y el contra de la conserva-» 
cion de los presidios meno^res : nosotros , fieles al objeto 
que nos hemos propuesto, espondremos los fondamentos 
de ambas opiniones, para emitir después nuestro juicio 
con entero conocimiento y con toda la copia de datos l{ue 
exije tan. grave materia. 

' El veedor Monsalve manifestó en su informe, que Alhu- 
cemas era de grande utilidad por su buena bahía y su in* 
mediación al Peñón, y que si se construyera un puerto en 
la punta de las Animas, sería seguro de todos ideñtos: 
respecto á Melilla indicó que ^taba bien fortificada, y 
que su puerto tenia dos surgideros que serian seguros para 
jabeques, si se hiciera un muelle sobre la punta de Fi0^ 
reníina. El Sr. Monsalve esponia en su informe que el 



^dBax LOS ratftiBios iusnou^^ . fSl 

motivo principal dé la conquista de las i^sm de África 
fué asegurar nuestras costas de la piratería y ataques <dek 
los moros; que este objeto se!4iabia conseguido y se-eonr» 
seguia por medio déla conservación; y que si se abando- 
nasen Ips presidios menores^ los moros volverían á ocupar 
y culti^r el contínente inmediato, saldrían de la náseri^ 
y abatimiento en que hoy están, y podrían amensaar ó in- 
festar nuestras costas con mayores medios que los que hoy 
tienen. Manifestaba también el señor Monsalve en su in- 
forme que aun suponiendo que ñxese posible inutilizarlas 
tres plazas, lo que no podría verificarse sin grandes peli- 
gros nelMlvamente al Peñón, quedaarian libi^es en Melilla 
todas lá9 playas de su ensenada y la famosa laguna innié- 
diata á kt misma, en Alhucemas permanecería siempre su 
base ¿iél^ ydibre él puerto natural del Morro, quedando 
igualmente en el Peñcm los buenos fondeaderos de la isla 
Irís. Asi pues los moros ocuparían naturalmente y fortifi- 
carían eómou pudiesen las plazas que abandonásemos, y 
claro/es que con ^te auxilio los moros indómitos y mon- 
taraces de aquel continente podrían molestar nue^ras eos-* 
ta» y embarcaciones : para el s^or Monsalve era tufi evi- 
dente la conveniencia de conservar los presidios meno- 
ifes, que las dudas sobre éüo las atribuía á lossufirimientos 
y molestias que sentían en ellos las tropas destinadas á su 
guarnición. 

Al paso qiie Monsalve defendió con tanta energía en su 
citado informe la utilidad de conservar los presidios me- 
nores, no fué menos esplicita y terminante en sentido con- 
trarío la opinión de los señores Caballero, Bodopier, Fout 
y Justiniani Esta comisión científica, al é^^acuar el mfor- 
me pedido por el gobierno,- manifestó después de haber 
reconocido aquellas costas y plazas que no hallaba razón 
alguna moral, religiosa, política ni mUittur, que aconsejase 



132 REVISTA DE BSPAZIAi DE INOUS Y DEL ESTRANJERÓ. 

SU conservación : que de. ella no resultaba provecho al- 
.guno para la Religión, porque en los presidios menores 
reinaban la iniquidad, la relajación y el escándalo^ y por- 
que, lejos de lograrse la conversión de los moros, muchos 
cristianos renegaban da su creencia: que ellas no produ- 
cían beneficio al estado, porque no se hacia comercio al- 
guno en aquellas costas, y nuestros buques tenian que re- 
correrlas para mayor seguridad de las plazas : que la po- 
sesión de estas ocasionaba la relajación y deserción de las 
' tropas : que lo que se gastaba en los presidios menores 
estaría mejor empleado invírtiéndolo en la compra y sos- 
tenimiento de jabeques y galeotas para resguardar nues- 
tra costa de los piratas, y que solo teniendo la nación re- 
cursos sobrantes podrían conservarse los presidios meno- 
res como un recuerdo glorioso de antigüedad y domina- 
ción, sin embargo de que esto podía obtenerse con la 
conservación de Ceuta y de Oran. 

Tales fueron las razones generales que la citada comi- 
sión cientíñca espuso al gobierno, en contra de la conser- 
vación de los presidios menores. Pasando de ellas á ha- 
cerse cargo especial de cada plaza ó presidio en particu- 
lar, manifestó con respecto al Peñón de Velez : que este 
no perjudicaba á los moros, porque no tenia puerto ni 
dominaba el continente ; que las calas de la isla Tris eran 
mucho mejor refugio y fondeadero; que habiendo sido el 
objeto de su conquista evitar el corso, no podía impedirlo, 
porque los moros podían fabricar en la Iris, Traga^ Cde^ 
roñes y Polari^ sin qué la plaza pudiera molestarlos ; t por 
último, que su conquista se había considerado útil por los 
. daños que causaban los moros dé Velez, pero qué des- 
truida esta ciudad el Peñón había venido á ser una plaza 
inútil. 

Con respecto á Alhucemas, espuso la misma comisión 



SOBAS LOS PRI&IDIOS MENORES. 133 

déntífita que esta plaza no perjudicaba á los moros por 
mar ni por tierra ¿ sin que tampoco pudiese abrigar en 
manera alguna una división ó ejército; que su surgidero 
era espuestb y solamente capaz de cuatro ó cinco embar- 
caciones, que los moros desde sus aguardos podían fácil- 
mente bloquear; que el cañón de la plaza no podia domi- 
nar la bahía ó hasta los cabos Quilates y Morro, y teniendo 
la misma muchas calas y playas, los moros podian en ellas 
dar fondo libremente y construir buques sin qué se pu- 
diese impedirlo; que para destruir tales abrigos era nece- 
saria una éspédicion muy costosa por mar y tierra; que 
únicamente haciéndose dos muelles en las dos puntas de 
la isla; ó á sueste'y oésí^, podría formarse un buen abrigó 
y ser' entonces de alguna utilidad para las comunicaciones 
entre Oran y Caita y para tener buques que pudieran 
perseguir á los piratas; y por último, que si se consideró 
útil su conquista fué para proteger las embarcaciones que 
navegaban á Melilla y aí Peñón, y que, abandonadas estas 
plazas, cesaba la razón de utilidad que habia motivado su 
ocupación. 

'Relativamente á Melill^ , manifestó igualmente la citada 
comisión cíéntifica que esta plaza no podia perjudicar al 
enemigo, si desde ella nos ijiternábamos en un país abierto, 
sin fortificaciones ni objeto á que dirigirse, y que si Wen 
al amparo de su artillería podia acampar ún ejército, no 
tenía puerto para soste^íer la armada ó los buques de 
trasporte obligados á hacerse á la vela en los tiempos re- 
cios; que por mar no hacia daño alguno á los moros, ni 
podia impedir nada; que el fin de su conquista fué el evi- 
tar los males que causaban los moradores de la plaza, y 
que habían cesado por la inutilidad á que habia sido redu- 
cida toda la marinería de la costa , la cual tenia entonces 
las Chafarinas, Igdi y otros puertos, desdé donde los mo- 



134 REVISTA DK CSPaRá, DE INDUS Y DEL SSTRANJERO. 

ros podían hacer sus escursioBes, sin qae fuese dado ala 
plaza impedírselo; 7 por último, que rio pudiendo contener 
lel puerto mas que tres ó cuatro galeotas, el gasto que exigía 
laplaza para su conservación era sufietente para construir 
7 sostener jabeques de ^fuerza que recorrieran todas las 
calas 7 destruyesen las fabricaciones moriscas. 

Tales fiíeron las razones generales 7 especiales que la 
comisión cientifica 7a mencionada «spuso al gobierno, en 
contra de la conservación de los presidtosmenores, pasando 
después á calcidar los gastos queocasionaria su demolidon, 
7 á indicar la manera de inutilitor sus fondeaderos, reti- 
rando antes toda la artillería 7 déctos de estás plazas. Los 
brigadieres del cuerpo de ingenieros, don Pedro Leeuse 
7 don Pedro Fermín Cermeño , tuvieron presentes todos 
estos datos é iniformes, 7 sin embargo emitieron su parecer 
enteramente contrario. Los señores Leeuse 7 Cermeño 
examinaron este asunto con ma7or elevación de miras, 7 
en nuestra opinión bajo su verdadero punto de vista. Des- 
pués de dividir las plazas de guerra en necesarias 7 ¡NroTe- 
chosas, 7 de indicar qué no debían mantenerse mas for- 
talezas que las precisas , con proporción á las fuerzas del 
reino 7 á los de los estados confinantes , manifestaron que 
las cuatro fronteras de España pedían diversas atenciones. 
La- que corresponde á su norte (dijeron) es por su natu- 
raleza 7 otras circunstancias mas defendible ; la de levante 
7 poniente corresponden á principes de nuestra religión, 
cu7as diferencias, por razones de estado, se determinarán 
con mas facilidad ; pero la del mediodía merece otras con- 
sideraciones, porque las costas de Andalucía, Valencia 7 
Cataluña son las mas apreciables por su riqueza 7 ccHúer- 
cío, 7 por tener á poca distancia la costa de'Afriea, OU70S 
bárbaros enemigos del nombre cristiano lo serán eter- 
namente de nosiótros. Los cinco presidios tienen todas Jas 



SOBRB X.OS PUBStaHOS MBNOBSS. 138 

ventiyas apetecibles I porque alejan al enemigo, cnbreú 
noealra costa y contribuyen al dominio de esta parte del 
xsuet jMrdxiino al estrecho*... A esta importancia se agrega 
la buena prppordon de sos distancias. Desde Ceuta al Pe- 
fion $e cuitan veinte y cinco leguas, de este á Alhucemas 
siete, á MeliUa trece y de Melillaá Oran cuarenta : de suerte 
que tomando la mitad de la distancia de uno ¿ otro presi- 
dio, el Peñón debe sujetar diez y seis leguas , Alhucemas 
once y media y MelQIa veinte y nueve , como en efecto se 
verifica, mediante la competente marina, de la que fueron 
dotadas hasta 1746 : á lo que s% añade la fácil comunica- 
ción entre si por mar , y cuando este no lo permite se 
ejecuta por tierra valiéndose de los moros de paz Ó.mojra- 
faxes. » 

fiadas estas razones generales en favor de la conserva* 
don de los presidios menores por Lecuse y Cermeño, 
espttsieran igualmente en su iitforme : que si bien el Peñón 
de Vele» t^iia el inconveniente de estar dominado por la 
parte de tierra, se evitaba este riesgo con las murallas y 
edificios que cubren el paso de la gente , estando además 
ubre de bloqueo por la parte de mar, porque las cal- 
mas y corrientes impiden i las embarcaciones poderse 
mantener á la vista de la plaza. Según los señores Le- 
cuse y Cermeño , la plaza de Alhucemas es fuerte , por- 
que está aislada y distante de las hostilidades de tier- 
' ra; y respecto ¿ Metilla manifestaron que tenia la esce- 
Imcia de no estar inmediatamente dominada, y que sus 
fiíertes eran inatacables, á escepdon del que une la 
plaza con el continente : mas como se halla este bien for- 
tificado , y es el único objeto de la guamidon , fácilmente 
se defiende según la esperiendailó ha acreditado. Los se«- 
nores Lecuse y Cermeño , hadándose carguen su informe 
de las objeciones contriirias, espusi^rón^ qqeeraun sistema 



136 REVISTA DE ESPAÑA, DB.UfDUS T D£Ii BSTBANJSRO. 

mas seguro la posesión de los presidios m^ftorespai^res* 
guardar nuestras, cositas ,. que. el sostéjaimiento de unaesr 
cuadrilla, yque». abandonados aquell09i. quedarla á losm>-f 
ros libre toda la costa, el mar se. infeataicia de pwvo de 
corsarios» y serian entoncejs necesaríps; mw^hos mayof^ 
gastos para fortificar nuestras pobIack)^eQ,maritimJa^Mdel 
mediodía ^ que los que exige la cpqservacion de losr.farer' 
sidios jn.énQre8, . ...:'. 

Preservados todos estos da^os^ y espuestas las difereples 
opiniones qué comisiones. y perfionas ciantífieas.bjSLn $ü6^ 
tentado sobre la eenservadlon ^ab^dono de lospi^sidíoa 
menores, eliáeñor Feliu de la Pena defiende «ion^sifigulafi 
ardor ^con razones dignas de éstuxiio Ja vconiremeoieia 
del abandono : su juicio está reasumido con gran vigoiim • 
los siguientes párrafos. cElP^oinestáe^Éieramenta.ilfknfti* 
nado,, y con mucha facilidad {)^aade ser < destruido;. Albu* 
cemas no .puede ser naoleslada.^ino por Ib ipnr, .7 sada 
protege ni impide. Melilla está sujeta eomortod^a las pbir 
zas á los ataques cpnocidost yhajosaartíUeríapuedeíaiiit- 
paranse un ejército. Las tres plazas nada mandan faera del 
alcance de su .canon, en nada ii^nyeo, ni co^ aqnel con* 
tinento tienen relaciones mercantiles ni sociales^ nece6i>^ 
tando que £spaña les envíe todo lo precifio. parar su sub- 
sistencia, y Alhucemas y el Penon ha^ta elagua para beber. 
En el caso de sitio ó bloqueo de alguna de ellas,. no. pue-" 
den las. otras socoi^erla. Tal es la «ituaclon de los pre§i>*- 
dios de que.se trata,, "y saria. basta oficioso el. enlarar en 
nuevas descripdonei y detalles después de lo 'mucho: que 
queda espuesto y iacreditado. Resulta /pues, que el Renon 
está con&tanteménte.comprbmetido ; Alhucemas., teniendo 
agua y. víveres,. como si no existiera; que Uelflla es tin 
fuerte con muy buena defensa^ destacado á eíncuenta le- 
guas de su apoyo y dependenqia; y taipbiéa que ninguna 



SOBRE IOS t^RKdtfifios idnroBSs: 137 

de tas tf«8 frtasftS'tfeUtf'ptterto^;^ si mar reeift Jfde faérles 
corrietilds. l^u^U^u s6f {ittprovhddasnente atacadas por los 
moiúéy por^tí^iñetik^úiettdá: Cfe los primeros, en' su 
aet«a)'átmsoy piieden defenderse y Sspaña reforzar éu% 
gtti»trtdMes ; pero sí los ftmús dispusieran de un par(tue ' 
de artUleria , rmiSrian el Peñón én stf actual estddoi AI- 
hifc^ms^jipuedé ^ser fácilmente y con seguridad blo- 
queada ; pero también socorrida por un solo buque de 
guerra >, y- contra MéMa son necesarios todos los me- 
dio9^del.arte que por ahora todos aqueHos afiíK^anós rio 
poseM; &e enemigosr europeos, y ahidiendo á las naciones 
qitsi podrían intentarlo, se défétiderifan poco tfémpo, y en 
el^estádo» do miestra' armada ño prodria acudlrse á su só- 
corm. Animismo pueden' perderse^ soi^réviíriendo tm^hirgó 
comtatíeinpo en ei^^ar por imprevisto^ acdáentes en ia 
osta dé Málaga,'ó por afeíncion^s ^ qué la nación se em- 
peñaira, dis^yéndosédelenvlode agua y vfvéros; y por 
último , si las subl^vadones se repitieran . * 

TÉlesjson los principales fuiidftnentos' en que apoya el 
señor'FeUu de la Pefaa so opinión, 'robustecida además 
con la respetable del K361ebre%i^rino don Juáii fósi^ ^Na- 
varro ^ y:de la comisión dentifioa nombrada por el gobierno 
en 17^ para iñforínM* de los presitilos menores. Al vernos 
pues obligados á esponer nuestro Juicio acerca de tan 
grave asunto , lo hacemos con gran desconfianra, mucho 
mas teniendo que disentir de la opinión de personas tan 
ilustradas y competentes como las que acabamos de 
dtar. ' ' » . t ' 

Nosotros no entraremos enelexameri de las causas que 
determinaron la conquista de las: plazas de África :in- 
fluyekron. en eila sin duda el espíritu religioso y el genio 
beMooSo de la nación, á prkicipios del siglo xti. Debere- 
mos !sin embargo notar que los monarcas y el pais , el 



189 BEYISTA DB W»jAk t W BIDUS T DBIi IBTRAIf JIRO. 

gcbiemo y las cortes , ditf ob waapre una gnua ipporliiiH 
da i la conservacíoB de estaa f\nm$ ; y e$to*no ae oondbe 
par un periodo dilatado de aaos, jíb raMne^ de utilidad 
publica. Loa «reres políticos duran i veces mucho tíesBfo» 
pero no se perpetúan en ningún pais ; asi en la conquista 
y en la manera de haceria^ pudo kaber fimatismo , y ade^ 
más poca combinación y acierto : esto k) concedemos; 
pero lo que es indudable es que en' el siglo s;yi y xvu 
no se lee una página de nuestra.hístoria, no pasa casi un 
a&o sin que se refieran actos de ilivasion y de pSrateriiEi* 
ejercidos por los moros en nuestras costas. Asi la oonser^ 
TaciDn de las plazas de África» malas como ellas son bsjo 
el aspecto militar, fue considerada oomo una manida po* 
litica, como un sistema de defensa y de s^uridad de 
nuestro territorio y de nuestras aaibarcacianes. Los tiem» 
pos» es yerdad , han cambiado mucho ; ya no epaten ni 
es fódl que vuelvan á resucitar los I^raguts y los Bárbaro* 
jas, cuyo no^ibre solo llenaba de terror y esf^anto á los 
moradores de nuestras oc^tas del mediodía. La piratería 
africana no es ya te«iible , sobre todo desde la conquista 
de AfjeL Sin embargo, el Afrida no está todavía civiüsáda 
ni conquistada. El imperio de Marruecos existe, y los ha* 
hitantes del continente africano próximos á nuestros pre- 
sidios, continúan siendo tan indómitos, tan guerreros y 
alevosos como hace dos siglos : apenas pasa un ano sin 
que los soldados del Peñón y de Ceuta no tengan algún 
choque parcial con los moros. Estas consíderacic»ies sig-r 
nifican y valen algo en &vor de nuestros presidios de 
África : ellos sin duda propordonan alguna seguridad á 
nuestras cbstás del mediodía, á esas castas en las cuales 
reside la principal riqueza y comercio dé España. El Pe* 
ñon, Malilla y Alhucemas (se dice) apenas cubren terrilo^ 
rio, no tienen puerto, no mandan fuera del alcanote de su 



80BRB hO& PBVSmiOS IIXRORBS. 1S9 

cañón ; pues aim oonoediendo todo esto , su o<maerv&cioB 
es de algoim utilidad^ EUfts^odB todas -sus desventqas, con- 
tienen á los motos, s6n uñe perpetua amenasGa á loamifro 
mos, y los han alejado de sus inmediaeiones* El día en 
que filasen abandonados» de seguro, el efecto moral para 
nosotros s^a ftmesto. Los moros cobrarían andada, se 
fijarían eo sus inmediaciones y po<bían reproducir sus es* 
eesos y piratcaria» Se cree que una escnadra en las costas 
de Afirica daria mas resultados que loa presidios : nosotros 
no coBYenimos en ello, sin que rediaeeikios la idea: A dia 
que nosotros tengamos ulia amada regiikr, debe baber 
sin duda una estadon navlil en Ué& costas de África; pero 
para conteuelr i' los moros condderamos de mas efecto la 
posedon de plazas militares dentro del temtotío africano, 
que cuatro ó seis buques de guerra, cuyapersecudon ocm 
tanta fadlidad se elude en mares tan recios. Los «moros, 
se dice también, pueden si hoy qnisiesen esSsblecerse en 
otroe puntos, construir embarcaciones y hacer ios daños 
que se temen, i Y en qué conáste que no lo hacen? En ' 
que nuestra domiiíacion én el contínelite africano los ha 
eacarmentadoé intimidado, y en quetodatía temen y tem»** 
Fán mientras conservemos nuestros presidios. Por otra 
pttrte, no es' tan mala como se píntala situadon de estos* 
Si no ofrecen un puerto seguro y cómodo, este mal lea pre- 
serva también contra todo ataque marítimo de las pótendas 
de. Europa, cuyas escuadras no podrían permanecer mu-, 
chos dias en aquellas costas. Además, todos nuestros pre- 
sidios ofrecen medios para tener surgideros y abrigos en 
sus inmediaciones, si esto fuese necesario un día; hasta 
hoy no se ha pensado en ello , porque no ha habido que 
pelear sino contra los moros y por la parte de tierra. La 
bonvénienda de buenos puertos hoy en nuestros presidios 
es problemática en el estado* de nuestra marina : ellos 



140 lUSVISTA I>S ESPAÑA, DB INDIAS V DSL ESTRANJERO. 

sin duda proporcionarián mayores medios de ataque á las 
escuadras enemigas; péró de todos modos» si importase 
hacerlob se^harian. Además 9 á nada valen estas plazas 
¿por quéiel. Sr; FeHu déla Peña, en tónd'YÚtstérioso y 
como de revélaéioik de un grari'Secreto^ nos 'dice que po*- 
driam'os ofirecerlas á los moros j ¡franceses^ y tal vez sacar 
un gran partido? ¿Se cbncibeque franceses ni moros las 
quisiesen comprar si son tan InútHes como se siipoiie ? ¿Y 
no podría siícédernos, en*(»sb de abandono, lo que nos 
ha sucedido ¿on Oran y Mazarqüívhr ? También en i792 
abandonamos estas plazas como inátiles , y sin embargo, 
los franceses las ocupan hoy, ^ ban hecho de^ Oran lá sC"- 
ganda división militar del imperio de Argel; Así, nosotros, 
reconociendo iodos los defectos de nuestros presidíosme* 
ñores, opinamos por su conservácioTa, nóyá comoTecuerdo 
glorioso de nuestras conquistas, sino oonio úri éleknento 
de seguridad para nuestras costas, como im medio dé in- 
timidación y de amenaza para los moros indómitos y mon* 
'tarades de aquel continente. Nosotros no queremos boy 
conquistar ni colonizaiv en el imperio dé^ Marruecos ; en 
esta parte nos hallamos de acuerdo con d Sr. Feliu de 
la Peña; pero no queremos perder en un día una posición 
fuerte con respeéto á vednos temibles, adquirida á costa 
de muchos años y sacrificios. Nosotros, en cuestiones de 
esta valia , no lo sacrificamos todo á la aritmética : el 
ahorro de un millón ó dos significa poco cuando median 
ahas razones de jpdlitica y de seguridad nacionaL Estas 
consideraciones de actualidad son bastantes, en nuestro 
juicio, para opinar y resolver en contra del dictamen del 
Sr. Félíu de la Peña ; pero sin embargo , existen otras ' 
que son de probabilidad y de porvenir , pero que tam- 
bién sigpifican y pesan algo. El Mediterráneo ba sido el 
teatro de las grandes luchas marítimas, el objeto codiciado 



SOBRE LOS PRESIDIOS MENORES. 4H 

por la Francia y la Inglaterra, y continuará siendo el campo . 
de batalla de la diplomacia emropea: el territorio africano, 
mirado hasta aqui con indiferencia, llama hoy la atención 
de los hombres de estado , desde la conquista de Argel. 
Sucesos y eventualidades de grande importancia pueden 
surgir cualquier dia. Y en esta situación ¿ será conveniente 
que la España, que perdió á Gibraltar por descuido del 
gobierno , abandone las j)ocas plazas que le quedan en el 
continente africano , próximas al estrecho ? Nosotros no 
lo creemos ni lo aconsejamos. 

De todos modos el Sr. Fellu de la Peña ha dilucidado 
en su escelente opúsculo una cuestión importante y digna 
del estudio y atención del gobierno. Nosotros podremos 
disentir de su opinión ; pero esto no impedirá reconocer 
que ha tratado el asunto con copia de datos y conocimien- 
tos, y que ha hecho sin duda un servicio al pais , esQitán- 
dole á examinar una de las cuestiones que mas pueden 
interesarle. 

Fermín Gonzalo Morón. 



If AlAlliVMMIWWMMntfMiíl VIMV.4AW «A.>««MA%V«M%« 



APUNTES 

PARA 

LA HISTORIA POLÍTICA Y ECONÓMICA 

DÉ PüERTO-RICO. 



BALANZA MERCANTIL 0E LA ISLA DE CUBA 
DEL AÑO DE 4843. 



Tenemos á la vista la balanza del comeicio de la isla de 
Cuba, correspondiente al año de 1845 , y como los datos 
que contiene ofrecen el mayor interés para las transaccio- 
nes mercantiles con la Península, y al mismo tiempo pre- 
senta comparaciones siempre útiles, en el quinquenio que 
abrazan , nos apresuramos á dar á nuestros lectores un 
resumen de ella , lo bastante en nuestro concepto para 
que pueda formarse un juicio exacto del estado de aquella 
rica Antilla, con relación á su agricultura y comercio. Inser- 
tamos también al final las observaciones con que filé pre- 
sentado dicho trabajo al Sr. superintendente delegado de 
real hacienda de la misma isla. 



njmmES VARA léA flBTOlU DE »ÜUtTO*KICO. Í43 



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APUNTES PASHk. LA HI»'0BIA DB PUSRTO^RIGO. 



148 



RESOMfill DS DERECHOS «I LAS ADUAIÚS DE LA ISLA. 



Dereckot de importación. 




Totolet. 


1843. 5.598,4i6 5 Vi 


574^31 7 Vt 


5.97a,748 5 


18i4. 6.0|0,i05 4 Vi 


1.14a,32« 4 


7.160,631 5 »/» 


1844 I 5.396.539 4 Vs 


1.590^677 4 Vt 


6.987.017 1 


184»; 6.003,e32 5 Vt 


1.377^14 Va 


7.383,3466 


184Ú ^ .£$.945.819 6 


1.322,644 7 V« 


7.266,464 5 Vi 


Samas. 38.762,611 7 


6.005,597 


34.768,208 7 


A6o*¿oinuii._ 5.753^21.5 


1.201,119 5 


6.955,641 6 



SmUADA Y SALIDA DK BUQUES EN EL MISMO QUINQUENIO. 



Espaooles. « . 
Est&dos-Unidos. 
Ingleses-..., . '. 
Franceses. .. . 
Belgas. . . . 
Holandeses. > . 
Alemanes. , «. « 
Dinamarqueses . 
Suecos. . . . 

Rusos 

Prusianos. * . 
Italianos. • . . 
Hispano-americano 
Sardos. . • • 
Poi^tngueses.. . 
Austria. . . . 



Entrada* en lliS. 

Sin 

1,186 



u 

70 
23- 
20 
10 

1 

7 

17' 
•2'. 

1 

1 



1344. 
1843.' 
184S. 
1«41. 



ASké eoffluii. 

T. VII. 



: 3,235 
. f ,Í588 
. 2,687 
.8,084 
14443 
2^828 



Salida» en idem, 

~m 

1,180 
354 
80 
14 
29 
89 
21 
24 
12 

3 

7 
19 

4 



2,670 
2,728 

3,110 
14,011 

2,802 



10 



146 REVISTA PE SSiMlÑA» M INDIAS Y DEA. ESTüéNJEA^O. 



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OBSERVACIOISES. 

1/ Ei t^tal de los ^atores en el quinquenio da por 
año oom^n 25.1^^813 pesos, y habiendo escedido 
de esta soma el guarismo que representa el del último 
año , es e^ridente que '«ste movimiento del comercio en 
general aparece con un aumento de mas de 2 Vi millones 



ÁVimTtiS ^A^' LA HISreftSA BE ItÜERTO-mOO»' 147 

de pesos. Pero $i 9e*4edujeseñ de estos gi»rismos , se- 
gún las justas'^obsemcianes de la superintendeacia, la 
suma designada al Talor ée los artículos que han entrado 
en la Habana, sin pasar al consumo, la verdadewu impor- 
tación eri la plaza serta mucho mencwr, precisárnoste m el 
aáo próximo pasada (f&a figuró el degósitq m^caotfl con 
mas de 4 miUones. Bajo estelconcepto^.que debe tenerse 
presente, la onpcnitacion legitima Terifícadaeh 1845 po dará 
u¿ guarismo mayor de 25 miHones. . .¿ ^'" ■ 

2.* Respecto áre^e molimiento tomado por bandera, 
se puede vec el cuadro c^n que termina el último estado 
general , y en el cüM consta el resumenr de los resultados 
d^I quinquenio: Por él se cadencia que, correspondiendo 
por ano éomuQ'13.8á9,l44 pesos á la importación eá bu- 
cpies e^aSiolés'y asi-de la^ misma procedencia coíbo de la 
e^ranjera, y^ascendienda estos lalores, importados por 
buqueis nacionales en.i84lt) á 15.899,372 pesos, queda de- 
niostrado qiíe nuesfro oomereio y nayegaeion ha aumen- 
tado encercáífe % millones de pesos, á pesar de la dismi- 
nución efectiva de las 4mportacion£s. :. : 

Z.^ La bandera estranjeiía, por el contrario , sigue un 
orden inverso, según el mismo resumen comparativo, Al 
año común del quinquenio correspondan 10.01 1,362 pesos, 
y en 1845 los valores de esta importación solo llegaron á 
8.820,092 pesos. La desventaja de este comarcío y el be- 
neficio del nacional se ve mas palpablemente en la impor- 
tación de harinas. Las españolas, en el año común del 
quinquenio figuran con 174,766 barriles, y ya se demues- 
tra en elTeftcuaoBn de lais impoxtaeiones de alsgimos^tirticu- 
los' de primera' necesidad eñ 1845 v que entrs^^cm de estas 
a48;988 barrilsBf guarismo dupheadOidel que se a$igna al 
•a&o comon' : &la vez que de la estranjera solo se importa-' 
ron M^157 barriles, onando al año común tocan 2^,64)7. 



1 



148 RKVISTA DE ESPAÑA, D£ INDUS Y BEt KSláAIVJSlRO. 

Pero si se toma en oonsidera¿ión que en los Hete meséH 
trascurridos del presente año solo Kan entrado de Ids Es- 
tados-Unidos 768 barriles, la dislminüeión aumentará mu- 
cho mas en este cálculo proporcional. ' -^ ' ' 

4.* En punto á la esportacion general, há bajado consl-^ 
derablemente el guarismo que la representa en 1B45. De- 
masiado conocidas las causas que propendieron á dismi- 
nuir la producción en el año prd^^inia pasado, nb se nece- 
sita estudio para esplicar lára^on, por qué aparece una 
diferencia de 10 millones dé pesos eñ la esportacion le- 
gítima contra el año 4845, y porque aun restatodavía mu- 
cho para que, en el cuadro final de esta balanza, elültimo 
año se iguale al año común; sin embargo de que animis- 
mo el totat de las esporta^iones ascienda á mas de 18 mi- 
llones de pesos, por haberse comprendido en esta suma 
mas de 4 Va millones que se han esportado de mercancías 
que fueron introduddas á depósito , y que no deben in- 
cluirse en este movimiento ; inconyeniente que no ha po- 
dido evitarse al formarse la balanza, por haberse tenido 
que someter los datos i ios trabajos de todo el quinque- 
nio , pero que en lo sucesivo puede subsanarse del modo 
^ mas conveniente. 

5.^ La entrada y salida de buques no ha podido menos 
de aparecer en proporción con todo lo demás del movi- 
miento comercial, como lo está también en punto á tone- 
ladas. Tampoco ha podido determinarse en el cuadró, so- 
bre el número y derecho de estas, la proporción en que 
han aumentado ó disminuido las nacionales y las estran- 
jeras, pomo estar anotado en las balanzas anteriores, en 
razón de no haberse hecho la competente distinción por 
parte de las administraciones de algunos puertos de la Isla. 

6.' Tocante á derechos, se ha formado también el re- 
sumen respectivo', tomando los resultados generales del 



APUJSmSS tABA LA HISTORIA DE PÜERTO-WCO. . 449 

quin|[;(|aenio. E^^ aste se demuestra que» correspondiendo 
al ma eoxnun por todo? derechos marítimos 6.953,641 pe- 
sos, y habiendo ingr^i^^^p solo 5.970,748, no llega á un 
millón de pesos la bsya proporcional, si bien de la com- 
paracioi^ cpn ^laño a^teri(p la diferencia Qoijtra el de 1845 
es de 4.189,887 pesos. , 

No S091 estas las únicas observaciones á que da origen 
la balanza mercantil, pero que se omiten estando consig- 
nadas claramente en. cada una de su^ demostraciones, lle- 
nando sobre todo lii primera máxima de una administra- 
ción leal y entendida, cual es, dar á conocer sus opera- 
ciones, en consonancia con el sostenimiento de las rentas 
del Estado, la protección al comercio y beneficio del pais. 

• ' P-'Sr. deCdrdoba. 



RECUERDOS. 

SOBRE LA CAMPAÑA DE C.OSTA.^FIRMÍe!;. 

DORANTE EL HÁKDO BU JEFE *)>.)' 

D£L MAIU8CAL DE GiJIPO D. MIGUEL QBI^TOlUlfi» . 



Tenia Bolívar en Harinas y Pedrada, á fines de marzo, 
2,400 infantes, y Paez contaba, además de la caballería, 
co» 800 de aquella arma ; por lo que, el general Latorre 
.previno al brigadier Morales se situase en Tísnadospara 
que estuviese mas espedito en las operaciones, dejando ün 
escuadrón en Calabozo, con jefes de confianza que adcfuí*- 
riesen noticias del enemigo, y en Guarda-tinajas uli eíimpo 
volante con el mismo objeto , y le encalcó colocase á Ra- 
mírez en Oritaco para observar á Zaraza , recomendán- 
dole en todo la mayor energía y prontitud, y esforzándolo 
a que aumentase en lo posible la caballería. Al coronel 
García le mandó pasase con su división al Pao , y al coro- 
nel Tello que reuniese la de su mando en Barquisimeto y 
Quibor. La fuerza de Bolívar, en abril, en Barinas y en sus 
inmediaciones, era ya de 2,770 hombres, por lo que el co- 
ronel Herrera se vio en la necesidad de retirarse con su 
división á Araure. La de Maracaíbo , al mando de Urda- 
neta, tenia 1,200 infantes y 180 caballos : el movimiento 
prevenido al brigadier Morales sobre San José de Tisnados, 
no tuvo efecto por la falta de subsistencia queesperímen* 



taba ; y en su vista, le encargó el general Latorre lo con- 
veniente, que era situase la división entre Barinas y Cala- 
bozo , puesto que Paez no tenia fuerza capaz para causar 
temor por aquella parte \'tpt& replegara el batallón que 
estaba colocado en la Guadarrama , y pasase la marina al 
Baúl basta' la entrada del ivierno. Le manifestó también 
que el batallón de Barbastro estaba en el Tinaco , el 1.^ de 
Valenccy en San darlos > «M .^ de Navarra en Barquisi- 
meto, el de Barinas en Quibor, y el escuadrón de húsares 
en las inmediacióneB- de» estas pueblos ; que convendría 
colocase dos batallones entre San Carlos y Calabozo, para 
que pudieran acudir adonde mas conviniese , y por últi- 
mo , que adelantara guerrillas en los puntos mas ventajo- 
sos,- para que interceptasen 0l enemigo todo el gaviado que 
fudseposible^ y sele causara el mayor daño. Estas disposi- 
eíonas no pudieron tampoco llevarse á efecto , y entonces 
le encargó colocara un batallón en j^l Pao, y que el del In- 
fiínte* s^ ixi^ntuviese en la Guadarrama sosteniendo la ma- 
rina ; percí q^e en el caso de verse obligado por los ene- 
migos, quemara los barcos, retirándose dé dicha posición. 
Eu estos momentos recibió aviso el general Latorre del 
gobernadiQr de Coro y insertándole el que acababa de di- 
rigirle el cojcnandante de la columna volante, D. Bernardo 
Miyares , sobre el estado de efervescencia en que se ha- 
llaba aquella provincia , amenazada de una rebelión. Im- 
posible er^ al general en jefe atender á tan diversos pun- 
tos, en unos momentos tan críticos, y á las distancias en 
que se hallaban, pues cualquiera fuerza que hubiera des- 
medrado, del ejército, no solo habría debilitado este , sino 
privandolie de proseguir el plan de operaciones que tenia 
previsto. Habia autoi*¡zado la formación de un campo vo- 
kinl e de fieles corianos, ¿ las órdenes del referido Miyares 
por el influjo que gozaba en aquella provincia. Si Coro lle« 



toarse es^e e»ta pl^^ y ál^^érpito^ ^^aoMa \» suerta de 
este y la 4<3 aquella» .ottyii>eQ06erva<)íoo k eetaba:e8pr«M^ 
i^epte epc^g^da. .$^u^ )09 pftites^ (¡ae tiabiar«cibiíh>2ftn 
9I mea 4^ ^nl 4^ los. jefes de las ()ivisian<^ « le eoostaba» 
<}ii,e ,lf a fuerzas de Bar<>e)ona 3e bfi]MAQ:adebi0tiido« y aiBOf 
umbaji U capiiUli>orl03.vaUesd^!bfirloK6Qtoy'Ci )k¡m» 
4^; fiw l^^.áe Bqli^u á bu bmU % dUuAdftS eoBerinasc 
U^))^ de oisiipar á^Guaaare y 4ex9^ pneblo» jki^edíaf^ 
tos, al mismo tieiBpo^jque sa,ba}aiiai) aiw^di^ 5»rias pailítn 
d^^]3t<];asora ySjiqfuíg^m, paráilici$ty«samoi9iJt>itO( 
flujo del iudio K^yjes Vargas. Bn iki) sitiiadou,.dtfpu60 anH* 
ipentar la guciri^íQn.de Caraeaa ooAeualaracQiapanía&'de» 
lasmilieias de Yal^^cia, dejando, el reato del bataUcausiD 
Q6ta ciudad , par^qne pndÁeta : atendi^r i oaslqviemoGmf^' 
reacia ler^ ellfis y:^ató d<^;r«t!iKPO0alraD;fin Araura^ciioda» 
del ejército fW^ ^mprmdñt la&oper«eiQiie¡iy c<t<i eojfio^ois^t? 
jetotbabia. ordenado al of^Mcd García reuniese aU'diviaion^ 
y se: situase en SwOarlos, deja«^Oiálo&Qaiaa2Bdaiil{ds ho^ 
T^^rory^Qom^pq<xCiúon es(n]|adjroirea:€»)fiariiui8Ími9ta,.para 
que recogieseti el ganado y le oondujesená. aquella •oith*: 
dad, £1 ^oFQixel Peraimthabi^ llegadoya paipa eateitiempí» 
(K»i€i2.^ de Voaleuey al Pao» y la.divisioQ delelloxt^^ 
plf^^ose al punto de Aj^iure* 

Decidido el g^emlLatorte á buacar ¿BoUsfar» o&áóíitír 
^ de mayo al brigadier Morales, avisándole que deploro. de 
cua4;ro ó seiadias iba aponerse ^ movimiento^paraoMigar 
al enemigo á repasar el Apure, y que ei» este concepto íoam^ 
cbara con m di>dsiQn> sobra.la.GuadarraaiA, lespatciento 
la notieja de que intentaba. pasar aquel rio para batiré 
Paez , lo que servirla á ija0|>edíii cpie eateaocodírieae ¿jfteH< 
livar : que su plap era ^teisabagar á eate de la fMrdmcia.dei 



BBaasem,'j pefllegilii^lc^ iHiAte^^ráde^lo pera^ las 6qIw 
sisteuciaa tjqod si hrartttteríct leemborazliba, podift reDúi-' 
tírla al Pao^ Mn los es<^iadrotnéá de' Guarda-tinajas , Sm 
Jaaéy.Tisaád^t :»qtt€i<H>]iceptiiaba:ttii]9'intéáresáiate el mo- 
tifidiento 8o]Mrei»BoliYar»'4tttd0paa^ii poder obMr" con mafií 
ie^h9g9 jiOfgmiM»i"eí ejército , <^mo paíi^ dt^r tiempo % 
que llegasen' kHawUi^^dídosála^corte i eútí'tíé^ át 
emprender la euúpA^ccfé k ^ctmdad qué e^rré^ndiá; 
yie préVioo tomblén ^ r^miiiieiBé todo el 'gatiadó Taéunoy 
eeballoB qaeie foem^iUe; pBxtí que eLe}éi*dfo^iio ca^ 
P6tti68e^ei«6to(i imdispensablea Femi^soa^ ' 
' Giidéeom^d O0tiu«é64 Blig0iieraVIialoi!!re é} gebéma-^ 
áord€ Cofo, h9Ímm'y^0Atiíeké0éhdyz^^^ 

que. eiihis taquee iae" liaHaba>i|íl^i€^ tK^* á)^09 -buques^,' 
ouya opamcjon^te íeggta'gombtaakk icoiitM»i«aiaíb0 : quelft^ 
ootombadel xiomandattle tfi)«ire» s^ f ^t^gaba dial ii^te*-^ 
tUk sébn 1» e^pita)^ ftw jsuyci %ww> te peéiaj MO'fiMiled; 
y íot batallón ;de «la^tevceva'dimiM^ d toda^ 'eHa.El' ootíxm^*^ 
danle^'lfija70a.iidesde>Camiffeb«>'le^aMU eyylO del mís^ 
ma maj^ qua baUtodosaenfi^ma el jefe^piN^;Ñfetc(rio , 6^ 
babia beaba oafgo dal mando ^nla eapitlrl ^ la^ pi^in-^ 
oiai i^ 7 entregáéoto^ en* >sdg<iiida^ ¿ iiM^|ttnte e»MUipüésta de 
vavios. ifiídividiios' re9p^;ai>l69 de^didia plaza, €in quienes^ 
trasmitió toda la autoridad^ ; eBearí;ó müy^partieula]^) 
mente sacasen eb el caso de iavadion dl^l eaemigo^ tedó'el 
partida posible en favor ^iatfk^bladon.Con^a^ qü^ era 
el^^obemador , seihebitf eilb«M^fMlo en la Velara y Mryar^as^^ 
siguid por laeostari PnertOHCabeU^' ce» 4a oompsfflhi^dé' 
Leony k)is^des«orianoe'que'lé «eompailabtn«*Tbdiiia 
provincia fa4 invadidapor €la$ieiiifid,'pOr rntadi^siett ^<Mf^ 
puesta á^ifSOO^ infiEOites y 300 tiahallos^ al rníundo del ge^ 
natal <diside«te Urdanetei; ]^$id»tof ada la péníflsula dü Pa- 



184 KEYtBfNí M 8«PARí.) I>* flflHAS Y Dltt» :tflfRAIf«R0. 

ragüaná, ámenaiab»! ^mbas fo^nsM ó la cuptlali la.^eno 
habia skto' posible defender con las pooas Uh^s que alU 
tenlaiaofi. 

Redibié fgttalmenlie el general Laionte parte del coman^ 
dante D. Bianuel Lorepao^ fechado enSarquisímete, éSkiH 
¿Q may<H en el que le eomuBÍcaba.quehid>iendo,ei¡ap9en«^ 
dido el 30 de abril las operaeioaes contra los enemigos» 
paaó al pueblo de Quibor, donde reunid la» 0onipaDia& de 
casadores de Na?arra y Barinas, y oon la fiíersa de 400 
pbtsas salió el |>rimero de dicho mes para <YaJt¿t0i|á deatruir 
una partida de bandjklos situada en aquellas inmediado** 
nes, la cual emprendió su fuga luego que aepreaenlií Lo- 
r^zo : Siguió este jefe su movimiento acia el paao de Cu- 
rivi}aiia» poeicion ventajosijsiimaque ocupaban otras dos par-i* 
ttdas enemigas, mandada&poriOrtiz y Santalie, con las qibe* 
sostuvo una pequefí^ facción el dia'2 dispersándoIliB «cfíii 
pérdida de algunos btódos de. ellas^ y o<>n la de uneasa-f 
dor , también herido í de : su columna* £1 3 eontíjauó Lo^ 
ronzo para Carera , cuyo vecindario emigró t subsistió alli". 
dos dias y medio, esperando ee le reuniese la^pertída de 
don Javier Alvares» , lo queno tui^ efecto ^ el 5 eupo que 
Reyes bargas se hallaba en Capamaeate » á una legua dis* 
tante de Carora, y dispuso soi^renderio , aunque sin exis- 
to ^ por haber variado el enemigo de poisiclon : al aman^ 
cer del 6 atacó en el mismo, punto lascompamaa de Calmo^ 
y Colmenares de Tocuyo, y por un prisionero ee.enterá 
que Reyes Vargas se hallaba en el Egido. Continuó e) 7 Á 
los valles de Bartigua^ sorprendió la pequeña avfmsadaqu^ 
tenian los enemigos situada en laentnita, y se asegfiró del 
verdadero punto que ocupaban todas las guerrillas reuni- 
das, en-número áeiüO hombres, al mando de los cabe^ 
cillas Torres, Peroso y el indio Toro, en el punto de los. 
Algodones* Dividió su fuerza, y prevalido de la noche die^ 



puso salieseti SQdhombrés artas <k*deii«s del CKfíltánjde Ba^' 
ritiAS'don Pedro Alvaoradov'para qtie tmoa&éia&ateiifa» del 
valle por la espalda , y con el resto se dirigió á Bavaqiiita^ 
por dond^ creia se ratilmse el etiemigo. El día 8 atabó Al* 
varada él pueblo' j destniyd dompklaiñ€Aito laá partidas, 
inceñtfi^ las ctísas^ rochelas de Torres y Peroso,^ ca- 
yéndoí los dispemos por elpanto donde estaba Lorenzo, s^ 
completó la derrota ; dejando el enemigo 30 muertos y do* 
ble náinero de b'eridosí. El dia 9 reeogtó de los valles de 
Bdtagud , Baraquita y parte de Siquisi^i IKO reses y mas 
de 1,000' eabezas de ganado tañar, con lo que coniramav* 
cb(^áftárqtd&iitteU>, donde llegó eHS. Bn la ultima jomada 
á este pueblo, hizo reconocer é iá% diez da la noche «na casa 
áé <eiiiipo por el teniente B¿ losé María Pdrt iln, oon 30 hom** 
brés, el cual 60i)>rendió enelta la partida' de Santelus, cuyo 
cltbedHa fué muerto poi* el eapftán Heniera. Emprendió 
Lorenzo su Imitada, luego que por un prisionero supo'po- 
sitivBm€Me<qneBeyes Yavgns'y Carrillo se hallaban con 
fuerzas censiderábkB ocupando el Toeuyo, con el objeto, 
de iftieadit todo el departamento' de Barqnisivieto. 

' Con la misma fecha comumed al general Latorré el re- 
ferido comandante Loí*enzo, que hdita recibido parte del 
comandante militardeUraviobe, de haber entrado el ene- 
migo en el pueblo de liria y jurado la independencia ;: y que 
habia dispuesto saliesen por distintas direcciones los cam-*- 
pos volantea del capitán Salas y fioleno , para persegwirlo 
por losí caminos de Sacare y^Buria^y ¿-fin de que cajesen 
loa dosá ima misi&ahoFa> sobre el pueblo del Altar, prín-* 
eipal Foefadia de aquellos* 

La^ pérdida de la provincia de CcmtO privaba al egórcíto 
de una ostensión de seseóla leg«as de terreno, qae, aparte 
de los recursos que hubiera podido' prefrorcionar^ en el 
caso de que saliósemos venti^osos i acercaba al ene* 



migo otro tanto, al caatxo d€i.ixtt^9t|cits,oi>jacaciojites, y haQía 
variar, todo el plan de ast^» El geoeral Latorre hal>ia adop^ 
lado para la defensa ^e aíjueUa provinpk, como dejamos 
ya dicho , un campo yoli^te con h.tn^m de. cinco co»-, 
pama% á fin de entretener al enj^igo , íntei^n Je Uegab^ 
los auxilios pedidos» ; sin los cnalps era muy espumo eí 
aventurar ninguna. empresa; perolainyasion de ürdapeta 
en ella, y la ^ul^vf^cion.de la pen;^«^la ^e Paraguan^ fuer 
ron las caucas de q^e nada biq^se jif u^Ua /columna r que 
pudo mujf I^en háb^rille^ado eM>l^elp pan^ que.se la i9^Qd» 
evitando gnellrdaneta no.siQlf ,se^ifrfi,JiQcbo,duenp 
de todo fil|^f4$,.^ino que sus^ftiertós.quje^aran.cofnQ.qfl^ 
darán, .eíp^Uas para .obrar co^atr^ .^ H^% ^mm^j 
aando la imp9rtímti&pia*a.de. Puerto*%(labdlo, puya píwpt?^?- 
vacioi^á todp cost^babi^5- M.{>r^ywdo../tas.^^Ut?¿as que 
babia Gompíi^^.él c^^^dante hPVfaf^WiPOQ pudie^qnficnr 
dic^ia.fau^ oftieK^r todo ¿\ inilujfSf que MueUa^ suijea^o^lad 
quitaron^ resultando querl^ disipersipn .d^las^ partidas ene- 
migas fuera .moDpientánea^ jCcmuQ^ue podían roJliaoerse .sin 
obstáculos^ .eomp ,se r^bípieron ^ ballaodo ilos .awlipp y 
protacdo© dB que nosotros careciaippá;. y i^i fliéque aque- 
llos triunfos fuaron absolujbam^nte efímeros, ^Jamultilu^ 
de aiemciones.que se presen^bsn. 

Recibid, al misoio tiempo el general. Latorre una comur 
nicacion del <^itán general, fechada .^n Garacas.el.9:de 
mayo, esa la cua\ la insertaba el parte, qu^ le¿.babiadiiígpldo 
e^eomandflpate ^lilitai^de BajrldT^ntp^ desda* Cápaya^al dia 
anterlofi, ásásándolá qqs^ el anenngo h^ia penetrado ^m 
dos columnas, en dirección la una al»ppeblo da .Htoi^bico, 
y la otfa sobre la laguna de Tacarígua, y «nyualtor^questra 
diirifiion, la que dispersada j con pérdida sebabiajatúrado 
al GuapKi, calcando en 700. él número deiilAS.^axuv* 
gos» parlo eual habla dispuesta salie&en.de^Cara^asftKes 



RSGUÍ^ÓS SOBRE LA CAMPABA Tfi GÓStA-FIBHE. 157 

ó cüáti^* Compañías á colocarse en Gaarinas, para desde 
allí operar si así lo eligiese el estado de las cosas. En'^tt 
vista previno á iBclio capitán géiaerail quesílas circims* 
taticias lo requerían hictesé salir 'toda la tropa que hn-^ 
biese eú la capital, tanto para sostener al comaíidaiúte 
Istüri2 qne mandaba' lá columna de Barlotento, cttanto 
para impedir la ocupación de elfa si este 6ttinese-srda ba- 
tido. Con fecha del 10 volvió á oficiarle el capitán gene- 
ral, comnnicándble Jos partes que había, recibido del co- 
mandaiUe miUtár de BáriovetoloD. Bernarda Terrón y del 
de la coluiimalsbíriz. El de esta manifestaba que ha^^ 
Wfendo sabido ^en hi^norche del siete qtíe losetíemigos con 
lá flierza de 8CI6 hombres "se internaban eü los valles, en dos 
columnas, "por la playa ^ pbr el Cafld amáHltó^ la mía tod 
él objeto sin dhdtti tfe atacañe dfe frente, y !a otra para 
ñanquearle; y ^eirdo qué no podía resistirlas, dispuso 
abandonar d puntb dQ Tacarigna, y marchó á encontrarse 
con ía -segunda cohimná, lo que logró á lasl seis de la ma^ 
ñaña del 8, habiendo ¿eaminíado toda la noche; y que 
despuésde fflguttos'tíifosse retiraron en desorden y con 
precipitación. Isturiz continuó su marcha, y él pasar el 
-Caño amariHo, cuando ya lo^ habían verificado todas las 
compañías, escepto las de milicias y kk provlsioMl del 
pais, cargó él enemigo á estas, que se dispersttron siu re- 
sistencia, retirándose las demáS; SI coibándantie Isturiz 
databa su parte el 9 én Caucagiía, adonde habia llega- 
do desde d Gtuqyo, con él Un de salvar la quinta compa- 
ñía que estaba destacad!» en* aquel puBto. Contiene de 
parttcuhir dicho parte la petícldn que hace fotuviz "de que 
su conducta se vea -en consfejoHde'guerra, por haber sus 
oficiales y tropa acbaeáiole en el acto de la acción el fu- 
nesto resultado de ella, yamenatádole de que le matarían 
si llegaban á' cogerle, poT Ib cual se hafoia separado de la 



198 BMmStA DKSftPÜlA, Jm t!lDU& Y WSL ASTSAtUiaRStii: 

división^ «^cañgéadola al comuñjante nofilH&r^iir retífádeis^ 
ó Guatire!. En tai estado^ difipusa >A capiliáii goneml qUQ e^ 
eof onel del. batallón áB^múim,B4e Yaleiicifl^i D«* José M£y*- 
iw^at^ se enfcargaae.del manda 4&>á(piella$ tropas, (á híao 
salir d» Canicas uaa com|iBnía de Hostalriob» preyini^ndo 
al icapitán D. fosé ántonioi'Btdet reomieseMeD Gmiiinas 
ioda la milim qQ(»le tiera positda» j marchara ooip eUfifá 
-la* (^deaidel: coronel Mcmagas* ...,>. .t > 

> ElcodnandantemiiiíaT.de Barlovento, XéI!ro»^ queíbal^ía 
tomadb el mando de. nuestras. fuerzas^, exigía.. en su /piute 
prontos auiúllos, ¿indicaba la.neoesi(}ad en quetse.har> 
Uaba de retirarse dei Gapaya ; que ignoraba el paradero 
del cODácandante laturiz, asi oemo eslál» eoleraflo do.que 
había perdido. 'Sdbomibres y 9 oficiala imuert^;, y^ís^ 
persádole 4Íos csompañías. El genaüal hatoxra .evíi4r del 
'mismo- mes itiamfestó al ^ capitán general^ que> en aten* 
clon á 8asdíebi»>oomunkacxones, prevenift e(Mi;laiaiiama 
-fecha al brigadier 'Di Francisoé Tomás lldralesronaadase 
sobre tos referidos'H^£d)esla tvopia (de qiie. pudiera' ¡diapo'^ 
nerpara reforzar kdmslondei&rlovanlo, preiilniéndQle 
pasara á tomsuí^.elman^ de ella; para impedir <rualquíera 
otra desgi<adftdft oonrreniciai^ pnes sii:permaneneia eh la 
•capital no evitaría los eoonteonnientos des&vord>lcs^ ¡qne 
pádiera ofrecer su'ocnpaeioh por los enemigos^ ' . | 

' Gon lecha del doce<voivió á ofieiari^al gieneralLntorre el 
capits^ general de hs firavinciae, incluyéndole losiparte^ 
que babia recibido det coronel Monagaa y^áolcootandaiite 
militar TelTon, datados; en Guardias, Gnatirey Gapaya^en 
40 y 11 de dicho meá^ los que estaban Tedacidos6n)a<- 
nifestar^ el primiero, cpií^iiabift sabido la/ derrotare nue^ 
tra columna en Rio Guapo y boca del GañO'-emafíUo^'yila 
entrada de tos enemigos en Ganieagua:, por cuya cansa *po- 
-dia un jefe que se encargase del mando de las operatíio*- 



t!^. Terrón. detáUabá d; duoideiu» qoeise hátía. bedio del 
punido d8<]attcagtta» á dende^^iapveolDefieda sé^^ndoNar 
varra» pbr&Upwi ooBservaseAqaetta iienleJDaa.pQsioi(m^ que*- 
dáado^eélalpiádie la montaña de^Cafaja^ áfiB^do-aae* 
^Qfar el 'Camino neal ^á la . cafftalw La. miaiDa autoridad 
te dirigid o tr» e««iiinloaetoa> ideL^dia-iS» itiolaorÓBdole 
otros partid ipi^babia>xBeibídoti4l&'*Baff|oiento^i por l06 
cuales se conocia que los sucesos to aquel punto iban* á. 
tomarmí ^aráctérmas serio: del qttfiÁiprimeta víala pare- 
da, íy á pesav do haber rya>ad)ei«9tádafii3 eLgeneifalLatonre 
á laiFtlla>de Avasfe^con el decidido «mp^ao de Ter ai eo^- 
seguiai batir éwBoliiíar» cssoImáiinstantáneaineQtotcpie la 
dípisibn deivanguatdiai dejando l^vabidlaria^en ¡«I Jjlano, 
«e'dirjgie»«iá>inai«bas forzadas á losii¥a)lea;de Aragua, para 
que^oon tód&wgetíentiSoeoEiiese la caipital^ «gue oon ñin- 
-damento temia fliase é^ivadidarpcd los«ioíi^eiixig08|iy en. vista 
deHeoidry^poooaoierto oon cp>6 aoibabnn conducido las 
fueffaatqueieiiMíaBí' ios VíAlos da Barlovento» 74910 segui<- 
damenteimbnsjiama et rcsE^a^eneval á áit;uaroe en I03 ci- 
tados «vallesj de Ajragua, dejando la 4«rc«ra y quinte divi- 
sión en Arauro^ oob lafuarza de- ISOQ hombres* 

Todas esas xoiiiiB»cftoio(nesilasMttoibid>él geoiofal La^ 
torre presamente la* vispera vdel día en. )qae. tenia dis- 
puesto mard^r en busca' djB^BoIívav; pero en laneoesidad 
deocTurin protttam^ta.á aalvaír la> capital^. disponiendo 
^ara ello déla dtfíBion de vanfgnaprdía, y quedando, Paez 
sífii obstáculo 4lguna á siH frente, reamó á los jefes^ 9 oídas 
•stis refiosioiies;, decidió la absoluta variación* del plan de 
.oampañaqué kabia eoncebido, redacíéndolo por. entón- 
eos á bMin los ^neimgod .que babiadij invadido^ la provincia 
•de Goracaa, eoDtenepá losque pedieran flanquearle por la 
parte de Qoro, y vOubrir>la importante plaeade Puerto-Ca- 
bello. . ' • - 



16 O BivmTA tm kspaIIa^ bb indias y^i^kl sstr^ero: 

La oydea^iMr8ii& al brijfiidier HoraMs fué' espedldii 
el 17, previiiiéiid^ -el ISique c6» urgétidá pasaje á batir 
la divisioúdeldnidml» BÓrtntt^ie^ hmv^^^pttmodñ ha*- 
cerle ebandontf la oapital ^ si ^eñ etta iHibiéseí enttado ; efi 
la iateligieiieia'lpie iiianibat)a Míbue Váléif ^ia útm M liáta^ 
lio» de YaleBcejr y loa Mesma, dejisoidé^eii Sáti'Canl>lota}gth 
no6 de 60108 y el batatton éa Barbaste i le ;^tMo tam^ 
. bien que el arrbjer él tínénñgo era iffái^iisabte pata teñ^ 
Tíiwm Ih Bbhti£k opiAi(Ntf 4e los puebles; que tf efecto 
marchaní coivlaíi^nteria á OnffaryParapfiaiá, H^iei^ila 
vOIa deCnra y cayese sobre Caraeao;' que ái hó p6d?á 
nevar la artíilerf a >0n la dWision > lá ireínlfiÉfsé W Pío', 
doude quedaba segura y espQdiVa ^WVáVdíttSái'xííiíe^U 
cahallerb la dejase én el Llano, y isi ereia ^péftuud>hácer' 
sumardia por'SantSebastiai^ ^ San Oáfii^^o; pairá'eittrar á' 
Caracao por el'phefflóéel Valle, lo -McieseaíffV por las 
vent^ que pbdriaija«ar de la^ pobllu^oné^ tfé SiM'DilEigb 
y San Aslotfío,' eoyos fieieis Yednos le íhcSUtaríaÁ'lidinbres 
y reeurso37 qafeiió aspemse órdeueíjy <*¥aáe séglin' la$ 
circunstanü^av dánaote' paile dé (juanlo pi^aiEféitíá^ para 
sus ulteriores détermniaeloínes. . .- • • i . ' j • . u 

El dia 13v después de ba<lda la Füeiizá al mando ^l t^ó- 
ronel Mpuagas^ en el pueblo de Guatíre, se WAbiá dis- 
pei^ado ' «sta ,; Ueigüido con«> • 290 ' h&tíiSM/A i Stifmtta- ' 
grande de loa 000 def que aquéllt cotístabíÉi^ Ssta otvtt^ 
renda d^ligd d eapifón general 4 id»»dbnár la éaj^l 
de Cavacas el i4; retirándose á las altüras'de Slin^Pedt^ , 
donde procuró- reunir los dispersos á- lá poca feíéríEa que 
habia sacado de ella, y dfrigídose al donsefoy á cdyo 
punto Uegd eH7. £1 enemigo habiá entrado cfl^l^ten Gsira- 
cas con quinientos hombres, y se les reuniérbü 30U dé 
nuestros dispersos;* Para esta* época habla tenido yá aiSso 
el general Latorre del brigadier Morales, que le^écin, tútt 



fecb^ édl 15» que *mn p^dei^iáKHiléAtb ibaréhaba á auxi- 
liar á Cóírácteá; f cm^ldi mHilMfiíiS á^^^^ttirTe* m de- 
tuviese el fiiovteíélito,, Hatóte'dejÜlr caib](ildíamentó derro- . 
tado aléMm«o; q^fe i*á í'alfiélitótifd itegmido'lmfaildti 
de Val^icey 6(6bre lo^^YaUiís^^ ápé^xr deííaMaráé ba^tái^té ' 
6Slr0pe$(i0 pdrte^'már^Aü- ^írar léftbk bedhor<^é tbdltg 
las fuierss^ ^qué imh*th^^téá gétí^i^qúéá&k^ á s\í^ ' 
órdepe^ , y i|i£^ f^cOiO^tM^lta^há ^é^foíl losr dhp^i^ds ; que 
tm íuego c(^o d)éaéán^ai*{i!6 aJgtó'tamto »Yaíericey y léá * 
hósapes, maít^barian á'*r«íriai^lé ;• y'qub'préviíite«eaí te- 

b02j^TÍá»iyi¿a3pary-de$tii'uy^a b^esl^á^ rétit^doí^é. ' 
Al j^evoto al iiH$Bao' iWigadjer^al^tffeiitb dta 82 ijud* 
l^s lr(i]>as al joü^da <le Rumitek !^ btcíése maírcftttir *por 
Siaii Carimim y^ QefU3daaflra,r* ]»é<h(^ paírtb iqitb lateyateníaá - 
conveniente, lenotíidiíi que la \ilitdad flé 8ÍE(n*dtpe estaba • 
en ferm^acioii, Ilí<mt|ilw^ ^ublwaáoy j?*k>s 
que habito; ^^piKli^ 4 £i^^i9beriQo^ 
bello; po£ lo qui^ Qffé^ {Hreeisó^.aprQiréchBir loe instatites^ ' 
desabogáadosíe de la ofíenicioiarsobf^Caarácas^ pava'riDvaí^ 
con mas desembarazo, pues p^orl^a^rpartéís amenazad 
el eneíaigo, y (^l'doupairil^ cafetal H>&eoffiipa;forS^ rdcuH- 
sos, é infuadia confíantayfiftefltabíráí los ^pueblos V Mani- 
festándole ál0ii&motie(1if^q«e al si^tiáité diaitiárcbaríá 
Valencey ¿ ilBunirsele, y qtle exigie^ dd ootá Vbkstti toda* 
la gente queleiaera^omble reusiir, Volriólá enciárgarle el 
24 que ^1 nopvimienio^ sobte 6aré<»i^ rlb veMcase coa la^ 
mayor rapidez, poi?qaé los-énemlgos' le* estrechaban por > 
SanCarlosihftbieiid^ e^tod odupadií» ^1 Tocuyo y relirádo^i^ 
el coroiielQen^raóf^qpi^aicitidadyálquei^emitia ínuáieio- ' 
nea, fo^ último» of>n fecha del S5 le observé que aunque 
el, enemigo por su ff^e hubiera reunido alguna fuerza , 
debía Srer de nu^:POGi^ ifii|^orianciii , y en el caso de que 

T. Vil. 11 



1 



162 RKVMTA DS BefAÑA» M INMAS Y ML SaTAAiflSaO» 

se hiciese firme, lo flanquease , por las ventajas que le 
llevábamos en estos movimientos ; que el batallón del 
Infante quedabaien el Pao , y el de Valencey seguia á la 
Vitoria , ocupando los enemigos á Guanara, 7 Herrera ob- 
servándolos en San Carlos con las dos divisiones. 

El brigadier Morales habla encontrado el 24 á Bermudez 
en las Cocuisas, de donde se retiraba i la altura del Li- 
moncito con dos piesas. Antes del amanecer del 25 logró 
el brigadier desalojarle de dicho punto, pronunciándose en 
una ñiga precipitada, con pérdida de los dos cañones^ rva- 
rios fusiles, mas de 300 hombres,^ entre isgmxU^s herido^ 
y dospe&ados pop los barnanofiís > y de a}gii»is irf^ea que. 
se le •tomaron* De nuestra parto tuvimos; 1 oficial ; 3 
soldados mueik», S^ofidales y 27 soldado^. heridos. Los 
batallones de ^ar^^, Ri&y> granaderos de Húsarea, ¡cara- 
bineros, y^LS."^ esoittdron de^lanoeroa, d^ron e^^e diad^. 
gloria á niiiestBas armas. . , 

Al mismo tiempo de recibir la< noticia de e^. suceso 
feliz, ll^gá á sa poder ^elparte.que le didgía desde Puprto- 
Cabello, con fecha del 16, el oomandaJrte del puerto de la 
Guaira, D. León Iturbe , comMieándo.!^ Imtm «vapuado 
forzadamenteaquella plaza por la pérdida de la capá^; 
que no habiéndole sido poBiUe preparar ^u defensa por 
la poca fuerza con que contaba., embarcó los fusiles y 
pertrechos á bordo de los buques que había en el puerto» 
inutilizó otros, y clavó la artillería ; embarcando también 
todas las personas que quisieron emigrar con los princi* 
pales intereses del comercio, el archivo de la comandancia 
y los papeles^ del ministerio de hacienda» y dirigidose al de 
CabeHo, escoltada el convoy por ja fragata d^ guerra . 
Lijera. . . . . . . -. 

P. J- d^ CordQba. 



Mmwww M> wii i WMwwM<wiiiiMm>tww(iwiMiiiwi<iMtWM^ ^ 



DE ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSAS 



tOfntStk€L(» AL Sil. ÁLtrALi^ALIMn). 

HoKRA y '{yr«K mereoe&lo» boeifo» ascfitor«S'y lo$ cal^ 
tos hablistas^ <9tfé damdoria d^dnda importancia al idioma 
padrio 9 mantitoen oaa< ladoctfiíiay dejampki su p«»6aa, 
lozania yaapkndor^LocnmlttoeareMmaÉdaiv eomoúnica 
dote délo escrito ^'hablado ^ la cade&ckde ia frase ó la 
gúma, profriedad de lad&MHinny sitia establecer que si lo 
primero que se busca son ideas vloi^iiimedlaio es apete- 
cerlas espresadas con oportuna y elegante sendUee, y con 
los giros que mas bakgao á didoe deKepdos. Porque las 
naoíoniás, como tos Individuois, tiei»en so amior propio » y 
cuando el idioma que forma parle de su. pttlrimixiio ba lle- 
gado á ser abundante,' noble y armonioso « al ingenio^ y 
esfnersos lo debe de varones eaiiaent0s,'<eiijit obraím^ 
porta conservar ; y ¿ esta consideración se agrega res^pecto . 
de los españoles el simultámeo raenerdo da una época 
.grande y gloriosa, para eecitar en sus peobos una santa in* 
dignación eSñtra los' miserables oormptores de la magni- 
fica lengua casteUana^ 

No son eteraios los idiomas: nacen, medran y desapa- 
recen cómelos pueblos, mendís per. eslerminio qjue por 
sid>yugaciQn. En sus periodos de prosperidad se ensan- 
chan y embellecen, sin que les perjudiquen las adqiiisÍQior 
nes, las alianzas ni liss fusiones; porque en su domina- 
don conservan el tipo de familia, y se enriquecen sin de- 



164 REVISTA WKS1^i9Á;i»IYim'iyS Y BStSStlUlNJERO. 

gradarse. Puede decirse que entonces brillan con la fres» 
cura de la juventud, que les promete larga vida. Lo&bard^ 
ó los trovadores les prestaron suavidad : la consistencia 
se la imprimeü los escritores sabios, que nunca Mtan á 
vueltas de los grandes sucesos en el desarrollo de las so* 
ciedades, fijando por largo trecho su Índole, y señalando 
el bautismo que en lo sucesivo han de redbir las peáabras^ 
cuya importación eligieren nsevas necdsidades. 

Todo idioma es réispeetiVamente ri^o en aquellas mate» 
rias en quemas se ejerdtaf en-qaeiiaBido aas trabigiuio* 
El castellanb-quo se escribid entre Iw^sifhís vny xvii^es 
abundante enasuntosmislíeviEMmaitales, pditieosy niilif»r 
res; elevsvdo y sonoro, 'Oomo inspisacms' da reli0ia»ilad y 
grandeza i cuKoy eleganie, comoconrespDndíaátknftdQa 
entonces ma» sabía ; nofele^Ben<Mo^, «orno k> dabiaauaar 
los miels cümplid09'cabaliari»s« Boaa-lsurdió en éuatí^om 
%i importan^ politlca do El^ateau lüsraibucftpjr.'m a^i^ 
Tímentarel idioma ima poetraciondi! qüa>na pmliaión^Ie^ 
vantarlo algunos esfaer^oi' aislados del >sigtexvmj Pero la 
naclo'n ha sactididSo ya su I^iarfo-r tfeanhatiuielífrogctoD 
en todos sentidos,' se honra, el tl^ba{o, se adNriarfee-unaa»- 
tividad descónodda, ste empieaa á^««ei5orfcr)laq)o«laegtidii 
carrera de las oiéncias y las avtas^ ouiiAkI» anaifoaaioiH 
y ensánéhaseel chyMdoda las/idísas.-Bl idieíaa siente elim* 
pulso^ de este movindeiMo gaiorah / . v- 

En los siglos bárbl»roa'vinO'^laliB)á:'aeD aiSazo oomim 
de los hombres sabedores : posible as qns la . eatarema d» 
vilizacion venga con el tiempo ¿conferir iaisupremada.y 
universalidad á alg«mo40 Msiéiomas vvvop, como, etemen* 
to de unidad mas fu^yte qae las* preo»iipaBioneiloaale&, 
ya hoy tan amenguadas, que lasinodones de Biumpa din^ 
ñeren menos entre si que baee nn siglo tas pcovinoia^ de 
una misma monarquía. Asi ^loa numerosisimos noashres 



dmftribuidos m^AsstoíxtmA» ¿ la a4plIeM9^ de auavas ideas 
«Riladas las eiemoiaSf y á loft.iU{era(ite^,a#re» reeonopídos 
y olasificaáos.en kÍBvei^g«mi^dela.wtitfia|fi&ir£isíca, se 
lomaa sáotoMtvadiceioo 4e .1» leüstia griega», ; soa adop- 
tódot en to4o&lo»iidkiním » l^imi^maii^a muchas dei sus 
apiieaeioQes.álaiiidiiatiít: a$i el iQiu^i^íeiiUfícaJim en- 
Mdo ^ík Ja* unidad (>}aai fie o^Mwibe la^posilHÜctad. de aias 
amplio porvenifA Kwtpfttani»» la éfiiec^ exig^ Álos idiomas 
ooBOision y.olaiiidadi un» ; otiía ppr bo mal. emplea el 
tiempo* Cuyas aondáeieoes^ l^íMide dafíar ¿ la purera de 
cada idiofiOA pseaMoáe^am eo «ib.ayuda, pQQ9t(t>^«\]^,^aida 
oonlrtbuyelaat»ponotlapr^[M^dA4d^las|^iat^ doster- 
rarla diAisionyeaeuEidadjmlaftiPoaa^^i^igiiefQrsosam 
proeedees quattqdasilasédciM bm d(e p<Htor espi*^^^, y 
que eBaodo^ádiaie&.YdoMíOon i^i^.i^pac^a^p^rljis,. habrá 
que acudir en^ sa lms«ai4 dood0i Jn» Jmbi^rf)* Porque es 
iap lastínioso^ atkaBdoiijai*del patrio tei)g^«Úe^« á riesgo de 
ca^ en íiitipknBUi^ jargav< «Oí^aiiwJ^^i^o^^^ ^^npeño 
del eultaroirismo. da eoea^tiljjii:s4»:^ei|(]^rcula de vocablos 
relalivamenle asteeobo,, «gw^dO; ^anlini^^ ^^^í^ Qo ^r^- 
lase cédala d^ siglo livi^.y r#pudicai4if todifs las ideas i>os- 
ieriare8Y^'apiiBéiido6a^e»<bfHMe por trasladarlas en cir- 
eunloqinos ypi^p84ía4iiftcfta]pias4e^cjoiies. Elbebreo 
ao tÍ6M>maaiqu0oaU>rc^a)Uvo4e«[i)O(morque solo uoscons- 
topor muy reducido número 40 lU^o^, i- e^t^ no podria en la 
fioeiedad actual reeonslítiúrse en^ idi<vinat v^yn, porque es 
mucbp.mayor ims au poropici caudal el <|ue por necesidad 
habvia de tomar prestado. .... 

Con^tsar lapoa¡btetQonser?aG«an ú& lo bpeno y c^^U- 
zoy y saber- adoptar to<}o lo quo haoe falta» a^imilándoilo á 
k> asíatenteves el problema d^ loa idiomas « es el a&n de 
los lingüistas.' De lo.buavio bay {algo^iiie c^n^bi^ in$ensi- 
blemente por el traseivao del .tiempo ^ ya ppr desuetud 



i66 REVISTA mBSPAÑA^ DX DIMiS Y D1& «smAH JERO. 

de eansfltnoiOf yarpinr elrooe delaprononeiacion que áem^ 
prelode y4esgasta. Aqui entra ei uso^ de quien eselorU^ 
trium etjv» etmrma^laqnumáit pera el uso de loséoetds^ 
di3<»«t09y y 8í se quiere ei uto oenMm, y no Ir rntn^ft trn 
vial ó vulgar. El vulgo, propiamente dtctao/alcanca algun 
instintOy pooo crüerio, y «omo de8eoiioce1astf&dici<mes y 
filiación de las paiabifas« propende é descarnar y trastrac«Q% 
no por economía sino por pereza, ao^ eufi)nia sino pot 
sonaonete.El'següHrio torpe ^ incQnaidcmdaffB^ii te equival- 
driáácortepRlas raioes il'idíonia^ elantorleu* y atlneidnap en 
oportonidid algunas de i^is mo<Uicacie«íe8s espedafanente 
en la supresión de deortas letras eupevflBa&^ ee eordnrs, 
aun cuándo ceda usa de eatas supreeioees cueele «i susi- 
piro á los etimologislas^ Gonservaado , pues , y rejuvene^ 
eiendoias voces, y tal vez iimando-sua asperease-, se for^ 
talece y consagra ^ tiloma nacional > cor sua m«>dismoa, 
giros y combinaciones.; ims i quién ed el j«ie0 de la nece- 
sidad de una palabra nueva? y &a su caso ¿quiéni hace la 
elección, quién la nateraliKa? 

En español se ha dicho queiio hay sinónimos, y asi es 
la verdad, pero por lo mismo tí^ie mas que saber. Fpr* 
mado esencialmente del latii» y porconslguieiite en buena 
parte, del griego, con un baño de árabe de gutural soni- 
do , salpicado de voces de idiomas aun mas antiguos, con 
otras del contacto moderno , y cultivado por claros inge- 
nios que bebían e» las g^auinas íuaites de su principal 
origen, ó que lo dulcificaban oon frase italiaiKtty aun firan- 
cesa ; ofrece un conjunto de bellezas , que por la onoma- 
topeya, por los esdrújulos, por los aumentativos y diminu- 
tivos, por las frecuentes trasposiciones y por la delicada 
propiedad de la espre»on>, nada le dejan que envidiar á 
otro alguno. La frase familiar llegar mllandito^ y la ima- 
gen de un niño tiritando mueríeoi^ de fríe, no iniciadas 



BB JO^amAB >LOCIJCION^ VICIOSAS. 161 

por los sabios, sino inicida6 como flores espontáneas en 
un campo famdsimo , bastan para muestra de lo que has* 
ta de diora no ba sabido superar ni aun igualar otro idio-» 
ma hablado porlos hombres» ; T esa lengua tan bella, tan 
deliciosa y tan aiH)máltea« la destrozan escritores que no 
la estudiaron , la profanan y contaminasn malos traducto- 
res, que con frecuencia ignoran también lo que traducen, 
y al idioma de que k> diesgarran I 

En los hombres ilustrados es imperdonable el de&dén 
' del habla de Oen^mtes : en los dados á las ciencias es do*- 
lOTOSo que ohiden el modo á» escribir de Artstdteles , 
Pliníio, Linneo, Ctívíer y Rojas Clemente, y que ignorando 
la verdadera significación de sus cotidianas palabras, adop- 
ten las pobrecillas terminaciones del francés, en lugar de 
las hermosas y variadas del griego y del latín , tan genia- 
les al castellano, tan sabrosas en él. En una obra reciente 
dé arquitectura aplicada á un ramo especial, y escrita por 
un escalente profesor, se inserta para educación délos 
signos un alfabeto griego con su pronunciación castella- 
na; y en esta pronunciación se enseñan nada menos 
que cinco errores solemnes , por haber copiado del fran- 
cés , falto de los sonidos necesarios, en ver de haberse 
valido de cualquiera de las gramáticas greico-españolas. 
T de los traductores depme'lucrandOy ó de á tanto el ren- 
glón , ¿qué diremos , con raras y honrosas escepciones? 
¿ Por dónde comenzarí ¿por dónde concluir ? En una Ga- 
ceta dé 'Madrid del mes anterior ( 19 de octubre) se pone 
en escena al valiente militar francés Gerard, refiriendo su 
manera de cazar leones en el norte de África : aüi se des- 
cribe un lance en que , cerrada la noche y á la espera 
contra un tronco, acaba de percibir el ruido de acercarse 
la fiera , en cuycf momento se incorpora , toma posición 
ofensiva y cómoda, atento y determinado, el codo izquier- 



168 REVISTA DE EgPAÍ^Ay PE l^^}i^ Y-^I' E3TJEUNJSR0. 

do apoyado sobre la rQ(},iJljU> /?f¡^ la.e^(ppfita4Uk^Ma.y 
el dedo en el gatillo,,., ;C^be.ma^,;SokqaQ^ desatina» y.ca^: 
balmente ei) el punto de m^s iJQWrj^s de Ipri^l^píop,? Y e» 
que el trac^uctpr ^^ la Gaceta ifp(\(fíík (b^sí» ^1} fiUB r^fpaute, 
no es la espalda 3ino el homaro, al c^^ ^poyaba el icaKath- 
cíor naturalmente la ^ul^fi* Oe^ , W^9 ^o^ M^íííf^^ poco 
tiempo que al que est^o .esQipjitiía ^p^l^ o^x^fi^ió . abrir J^ fit^ 
ihante traducción de una i;i9yida, J,4J<^^ príj^r^ r«(Dgli>r 
nes tropezó, tratán4Qse de ^Qxni^, con^m fmi^QAppm^ 
ne , que le hizo arrojar ^l libj:o, e9iigíf^^9fi^ áiqoiénae 
entromete á naancji^r pap^^ ^\a S9pe¡K ]f>,(fíifí. ^ to tmAf^ 
pia, Y en las últimas sema^^» .cpp iQQÜvo,,de.la.reyoltt-«' 
cion de Ginebra, ¿^o han venido. cagi.tqidoS'lPái pepódicos 
repitiéndonos la aptitud toinad^ po^ yario^ cmUmes uá* 
Z03, y lo que bacif JBa,{^-»0¿/e».4^s(f9P9,GÍ.eDdo lo que es 
Bqsilea^ y M"^9 .9Q.#^l¥).8^ ^^ v^ii9.dad y ciimpioa? ¿Y los 
poderes eurgppos /j^fir jfQififici(^ et^Pi^? ¿Y tantas, isai 
nauseabuifdas y ta^ np ii||^j?piQpidas abominaciones en 
el lenguaje ? Bielas ^japrps^ ^n de libr^ia y periodismo 
las que, comerciando en s^pi%f¡ ifaQranda , estragan et 
gusto. del público, d^^^^s á }a Ibtuid^d^ y privan de tra- 
bajo y estimulo á los hombres cf^piices y entendidos. ¿Có^ 
mp puede sefnejante tiorba ilil^r^ta^^é fn.tODsa tr«er entre 
manos ijm idiom^ sin einl^rpn^(pip.cerlp, adoptar voces 
nuevas sin lastitnarlo ? 

.£1 Sr. p, Antonio Alcalá G$1í£^q» ^i aftmado por -su 
elocuencia parlame]ilj|riar,9^|30ijO poiiQci^o i^pit sii afiffipn á 
los buenos estudios , se ha presieq);ado en h l^evüta e$pü^ 
ñola rebasando agu^l Cyelo <}^e en tp9a3 p^rt^s ^istingae 
á los acepdrados patricio^, y lanzandp la^s conclusiones de. 
una sana critica con lo$. dardpg ^^ una merecida sátira, 
contra los viciadores de nuestra lenj^ua. Razón tiene de 
sobra el Sr. Alcajá Galiano , j ipaypr efecto producirán 



DB AtOimAl^ L0CUGI0NC5 MGlpSAS. i69 

$u& anatemas del que le consiente su modestí^t presumir; 
pues, imparte de la aijitoridadde^u nQtíú>fQ^ contm la raaon 
demorada no bay qomtuiQfi^es , ^ pocos feíosi \q» que de* 
jai» de corregirse 4^ un ^efei^ta p.(i{]itic^ 4ue los rebaja, 
síjffi^^ciffff^áfi ftB^p \as jpu>rtífi<|«e.eltoBodc laadverten^ 
eia ¿-está eo é})o el Sfq^eríor inl^és Útíl amor propio arnei- 
nassado por el^í<|bcplo« Jfo biEt mucíhos ^ños que la somera 
6/Ni;Ufl^ de i^^ Ti^a 7 escritora inglesa bastó para des^r 
lerrar una cofjt^qabr^ ú^ la^^al^soeiedad/generalizada entre 
las aaglo«*>aqfterieaiios. Sobre todo, bagase pié contra' el 
toi;re0te Ta^i^i^o, qi|6 el eltmor áe iéios cuastos en,cón^: 
tméeoo m)9 $m&T9¡liÍiA adrertída, y sublevará la con* 
Q¡eada.p}i))]ícii, alMfode^uD c|iq|ie eieip)^ di$ ^o^^ener y re- 
nDie4iar.taa|^a desorj(|i9Q- Si^l n^ol ej^n^plo ^ Cj^ixtagioso 
á los.if)caiu|;ip6v e$p^cititk]De^tfa lífffsnó^ yiene i^l vulgo que 
está ^rrib^.^ la.vpz de ^m{t {^^sejryH de prc^seritrativo , 
au^ejataudo isu ap^^^la g^l^a^difi di&la lengua nacio- 
nal» y prepara^dala refiftinp^n^ á^ fff|^^80^ tino cotí 
qi^e ¿ eacjátores ?f l^^lf^tjia ayefitajiu^o^ es dado según los 
Q^o^^iSf tenderla y coffi^cflfif^ 

Pe acuer^p cw ^ &• A^f^ftlé fiííiíWP W «í H?»ftel>l|3 ftn 
que se:propop^^ y.#^ppfí)^>p.áíirfift^r^^ pvfptra flaca y 
paco ^igsaiflpafllje »<^0pjírj|c^q^ , í^mm^ «n i9ml)«Fgo rfís- 
confame^ revfeclo |^ a«;in^4p /i^resí^^v^r '^IgllP^ cues- 
tiones 4el í4lwft^ m PHJ» 4¡iWÍ4Afiíon.efiM?a|refaos bre- 
vemente^ res^ei^a94a parpt t^ I4r# •§} PQl^^^r qúm pudr 
tq?,qii^ cjEeqií«n^diOTftí#í^ V\^mn #l<>s,í8tólogos y 
.Itngijáftas* . . f ; :. 

y da la ^ad^fi i»fNm&«H^f 5*íi»«^ (<N»* f^fm^^m dicho) 

ij«^ <(^ pr^Yiei^e ff!f0^eptw«aí* «n 9WtíBM0 de la pre- 
posición a^yersatits^ dgti, que m el giíf^o s^ une á los 



170 REVISTA VE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTAANJERO. 

nombres para comunicarles un sentido contrario al que 
antes tenían , como hace también á veces la in latina. Asi 
como la partícula eu es para bien, la dys es para mal. Este 
úkimo oficio suele igualmente hacerlo la preposición so» 
parable onü, y mas remotamente la de la misma clase 
paru. Así decimos dügnstar^ dülocar^ disfavor ^ y sopri^ 
miendo la s, difamar. Conviene , para no confundirse , te«* 
n^ presente que el adverbio sincopado ais significsa el 
Iris latmo ^ ó sea el dos veces casleliano , y que la preposi^ 
don día quiere decir geíi^alménte á trax^s de ; por dénde 
«e encontrará la ethstoiogía y sentido de multitud de voc- 
ees , que de otro modo> parecerían inespKcables en sus 
analogías aparentes. Ello es que la mayor parte de lasque 
en nuestro Dieeionario empiezan por aníi, dia^eu, para^ 
y muchas por dis (sin tender la vista mas lejos) son evi-^ 
dentemente helénicas. Pero el uso vulgar se inclina en su 
eterno hmar y corroer, á pronunciar des en lugar de(its al 
principio de vocablo, y aun i'suprimer la d ; y tanto ade- 
lantó en la edad media, que ha sido preciso que la* doc- 
trina y la delicadeza de los modernos hayan restaurado en 
diferentes ocasiones la pristina dicción griega'd latina, co- 
mo masoulta y elegante* La lima sorda no c«esa, y la pugna 
existe siempre t ¿es llegado el momento de no poder sos*- 
tener el disconforme y la discontinuidad, y de imprimiries 
el srtlo del vulgo, para que' sobajados lo dmonforme y lo 
deseonünuo, tan mal sonantes , entceii y se admitan en el 
uso oomun? Nosotros no lo pensamos ; y jiuesto que aquí 
el criterio está en la susceptibihdad del gusto y en la fi-* 
nura del tacto respectodel derecho, y en la^iomprobadon 
de la prácti<mVespecto del hecho, diremos' nttestra razón. 
Dado qne disconforme y discefMnuo^no son voceé rigóro^ 
samante latinas, pudieran serlo y^están en todas sus con- 
diciones gramaticales ; sobre todo}, la preposición áü es 



DE ALGOnáS LOGtCIONES TldDSAS. 171 

exí ellos visibleinente adversatira, trae su fuerza de la aib- 
tígÉedady y^ puede degenerar en des aino descendienr 
dCK £s pu€S indispiitable la afinidad , el mejor sonido, y 
de consiguiente el derecho. En cuanto al hecho , la lima 
sorda y la acción erodva no se oeban en las voees inusit»*- 
das sino en las mas corrientes, como suoede con las mo* 
nedas^que se desgastan y deforman aunquebruñéndose ; 
asi al uso ha vuelto femeninos á; Paschayá témpora, que son 
dos aduheradones de l)nentamafio ; asi se ha apoderado 
del desfilar» del desplacer^ del desabor^ como de aplicatíon 
frecuente. Pero diae^nfi^ay^isc^iiformamo se emplean 
raigaranente poco ni mucho ; luego no pueden haberse 
hastardeado, si ya no lo han sido par obra de Jos doctos^ 
cosa muy repugnante á susliábitos y chocante á sus oídos. 
Hay mas : de las dos voces que vamos tratando , es mas 
láctLel desgaste ó vulgarización >em los verbos que en los 
positivos ; cpie de eso pueden citarse muchos ejemplos en 
castellano, é importa percibirlos hien. Disminuir Sfe dice 
con el aumento arbitrario de la s : dimifmeien se ve muy 
combatida, y apenas resiste, i esa misma s qoíe la amena*' 
za : diniinut0€i%tk finñe y nadía teme; todo, según que las 
voces se halkm mas d menos al aloan<te^didl uso adidt^a* 
dor. Con el tiempo se atentará á deminuir^ y mas tarde i 
esmenuir. '. , i . « 

Dqando ya este punto alfidlo de los hablistas ysancion 
del púUico ilustrado^ de que. es cronista la Academia es- 
paftoia, entregaos enla apfieaeaon de los prindi»os es pues- 
tos, ó sea de las genearalidades enuncitidas;, empezando, 
como el Sr. Alcalá Galiano, por lo& neologismos. De estos 
dice Ouintíliano que novorum verbonm óptima einml ma^ 
^cmé vetera, lo cual es.buena regia para escoger i^tre vó- 
«es ya pronunciadas, y .en expectativa de antigüedad : lo 
deliea<jk> es pronunciadas por la v^ primera^ Nosotros no 



172 REVISTA DK SSPAftA^ BB ümA9 Y DEL ESTIUkKJERO* 

eomott dificües para la admííston^i^dtitízo de todo cttañtó 
sea útil ó necesario : ámeamenle ^ei^igimos analogía, ta»to 
ybuiéngusto.Tenemoís^roomelHé'la simplificación dd 
alfabeto, y aiim de la pfonmdaeioh^en dguD:O0 cíeiso», stem^ 
fste qué iio se incurra en éxag<iracíM ; a^i es que aprobar 
mos el destierro de la o? irábe , j^er6 no id de }a griega' ó 
latina, especialmente entre vocales.' La ^griega se de»^ 
compone /en eH^ gst^yj^i^ tres sotñdos'dSC^retttes, biastaiüe 
perceptibles en aqued idioma, y tfvké se resuelvéiii ettlá 
formación de varios tiempu^e ds le» vierbós, grata reúiiiUs* 
cencia al oído; porio cuid,^porhflbáRsele dé sustituir en 
la escriturad doble y pesado signo ds eaitre voealer(pties 
^ i^edúcirlá ttei^meiiée á i^ aerla uat torpe vanéáiisiitoyeii^ 
tendemos que -si iáx antéfi die consonante puede suinri-* 
mirse, porque la' rapidez de bt pronuksiacitát ia mí eli-^ 
diendo, do as! cutuidoeampea yaiiiena entrerocal^ wi 
cal. Dispuestos áfoda innovación justificada que satíé&ga 
A lo moderno, iediniraáorés d# leí bieUezade Id áoltiguo; 
fin metieuloéldád como ^ désmasalámiento, encontra** 
mosdenulsbeda tigideé en el Sr.'AíteaU^Galtano, cuando, al 
condenar ftmdadanbráté'vltnas looudonesifictoBas, ^alicii^ 
mós ^sürea^os, 'desalüto; ' inbúria; é'i^<»iancte fi»!traduct<y^ 
res y4e hablantes poruñéalas tra'riuociiDnesv entiende su 
anatema á otras espresiones, como las siguientes t * 

PoTfú$ y tíeSomáro flcoi recba¿adtó'poríttneaeesairi«7^ali( 
importación franciesa. Nó' disculparemos poi^ cierto, sino 
que ayudar^mns á silbarlos atamceadoslibros'queen^Bffl^ 
oekma suelen imprimirse , niialemos en 'qiié isentldo se 
usa en ellos la vo^ forjas qiie el Sr. i&lcaii Galiano repug* 
itBí ; pero" forja 'es castéHitna , nio solamente en' las ácepexo*- 
ciones.que le oonsignu el «ficeionai^io dé la Aéademia, sino 
en otra mi» general é importante. Sin las'férrerias de be- 
neficio de la mena de hierifo y preparación del metal, hay 



' US A&6iafA& LQ(XUC|0]«¥:S.Y1GI0SAS« 173 

dos sistemas : enup^se j^de en aho^bornos, ; luego 
se afina enfofjas, wa ymsaSrOXHÚ la eatalan(L;en otras, 
y .en Espa&a e&lo eomim, se usa esclusiyamenite la foqa„ 
dc^e se repiten Im. fundicionc^s, y se obtiene hierro dulce 
qpe por. el martinete se estira^ en barras para el comercio* 
Esta£^ son las fmjfos;. fnfgwas son las de los herreros que tra-* 
luyan y trasfermaael hierra del comercio á délas artes; 
eosás.distintast y^mu; hien diferenciadas ó separadas ^i el 
lei^iye iii4ustrial y.en el usual* 
> Al ^ieoj^ro se le. adhaisa igualmente versión del francés^ 
y oli^^ddTademáa del eidamor castellamo. Aqui d^ben de 
padecerse dos equivocaciones. Sicómoro no. vi^e del 
francésy sino demás arriba;. porque es«vo2 griega sjfkomO'^ 
ro$f compuesta de^ios^ higuefa, y morea, moral* Esto 
en cuanto al origen y antigiia significacjonr* En lo presente 
ha conservado Unnéo la especie ./(i^ti^^comaru^, de fruto 
insípido higuera bastarda ósicomoro originariq, y además se 
ha hecho costunabre epitodaa partes de aplicar el mismo 
nombre 7 sin duda por la semejanza de li^hoja, aun arce: 
acer:p$eudo^pl(úanm^ árbol de sombra, y cada dia mas 
g<meralizado. Pero ni aquella higuera- ni -este arce llevan 
florea vistosas, dignas de ser cantadas.en poesía. Muy di- 
versa y muy distante co^a. es otro árbol peiteneoíente á 
loscercís: cerdsstítfttasíndfi, de hermosa flor parmesi 
rosada, y á quien los habitantes de Madrid y otros puntos 
admiran en primavera^ con el nombre de árbol del amor: 
este es y no otro el ciclamor ^ tan bellamente introducido 
en sus canciones por «el gnmde Ubrera. 

Embellecer^ paüdeoer^ languidecer j son ÍL Ick ojos del 
señor Alcalá Galiano , barbarismos completos , aunque 
algo disculpables. Nosotros. por, la inversa los juzgamos 
buena adquisición y ornato del idioma. Scín necesarios, 
porque espresan y pintan accionas que en castellano exi* 



174 REVISTA 0B ESPAKA, DS IN0Ufi T DEL ESTRANlEftO. 

gian c¡rcanloqui<^6'; y son admisibles , porque se aoomoásn 
perfectamente á la índole del mismo. Sí se á\\éseembéliir^ 
palir^ y Umguiry se caería efeetivamente en deáneiicías ó 
tenninadones barbáricas; pero los latinos mucere^ eñsce^ 
rejflbrescerejlangueseere, paüescerCy se convierten en 
nacer, crecer , florecer, palidecer, y languidecer, neutros 
unos y otros , sin perder nada los últimos , sino mas bien 
ganando á nuestros oídos con la lijera desviación que á 
manera de epéntesis bacen del ori^naU Esto en cuanto á 
la fiiiadony siendo de analogía la de' embellecer (antiguo 
además y autorizado por la Academia) , porque no es pala'» 
bra latina; La necesidad es escusado encareceHa , porque 
ninguno de los tres Yerbos criticados tiene sindhimo cas- 
tellano, Y por lo que hace á la adición echada de menos 
de la preposición em, unida al prínoipio de los tres verbos 
como una condición y una necesidad, tampoco la apro«^ 
hemos; porqpie las palabras ^españolas son ya bastante y 
á veces sobrado largas de por si; porque el en ó cm, to* 
mado del en griego ó in laitino con régimen de ablativo» 
tiene una fuerza é intención ique no convienen á la acción 
espontánea é involuntaria de lo& neutros, aunque si al ac- 
tivo embellecer ; y porque los mismos escritores ani%uos. 
nos lo enseñaron , llamando florecer á la acción natural de 
las plantas , y enflorecer al acto estudiado de adornar con 
flores. Por lo demás, nuestros oídos, lejos dé percibir ?ior- 
rorosa óaeofonia en el embellecer, mBiqni^iSL encuentran qtie 
la monotonía de la vocal perjudique al buen efecto de ta 
palabra, como iaimpoco'ea enternecer, pertenecer, ennegre-* 
cer, renerdécer etc. etc. 

Ocuparse de un negocio , es otro neologismo que reprueba 
el señor Alcalá Galiano, en virtud de que sé diría mejoi* 
pensar en el negocio, atender á ¿í, ó tratar de él. P«ro esa 
razón nos parece á nosotros que {Mroduce una conclusión 



Q^Dtmría, puesr ^ ha; un mo4o. abreviado dp decir Ires 
cosas á la vez, es buei^o y dfdbes^.pdloiUido. Si peosar* 
ateoder, tratar» y aim bac^> aoQ gr/^das distiolos de ui^a 
acción, y. se dá opn usa e9prQ6Íoui;e[Déríca que lo6.a]i>r,aeet 
' no veíaos inptivo . mas qiie para us«rla m^ todos los casos, 
en que pueda coQveni?, ora oon intento de vaguedad, ora 
con aire de desdén. E& uiia a4<ittisi(don átil* 

. C<?{a d« y no i^el^ por aprueba el «enor Alcalá Galiano: 
nosotros estamos por ambas dicciones según el sentido^ 
El pasaje que cita de los cánticos de la iglesia : %/¿im do- 
muBtuae coweHt me, no es mas que un. ejemplo que no es- 
cluye á otros. Las ver^iqnea. de los, Bbros agrados, que< 
gofieralmente Iím^qoii del bc^t^^eo^il griego ,:y de este.91 la-* 
tin,:no alcanzaron loa buenos, tiempoa de la lengua de 
Roma ; y aaí eq que zelu$ es vÓ2^ que acaso no se .^cuen-* 
tra en niugun cjásiao.' {^qr lo tanrto, hay mi^ñOS escrúpulo 
en aiKjUiQdarle el ré^^men que le preste mayor propiedad. 
Celo d& la honra > c^lú id c^vi^wmfilo éS ieker está bien 
dicho ; pero no lo está menos pwer celo mlaconseríiociotí 
de la honra, jym el eumplimento de un deber, ni mostrar 
celo por el bien públieo , ó par el felvfíimto^ d$ una en^reea. 
Lo primero iudica un .Quidado habitual, losegiuido uu 
esmero visible; lo tercero una dedicación» que puede lle- 
gar á la cooaagracion. Aquí ae nota la falta, de una palabra 
castellana equivalente ají iévouemeHí francés. 

Incomemente ^ adjetivo » desngra4a al señor. Alcalá Ga- 
liano, mas no^ comprenderlos abi^olutamente I9 causa. 
Adjetivo es d.oatívtta/e, como incongrímte ..inconsecuente; 
y sus significaciones van á todo lo contrario que conve-^ 
nientCi congruente^ comecuerUey porcpie la partícula in, en 
régimen de.acusativo suele tener fiíerza adversativa, fjos 
latinos no sustantivaron á inconveniente á la manera que los 
espanolesi que tenemos en él, como no es raro, adjetivo y 



176 REVISTA h»nnMk; M'fi«iM« f otBi iMrittuiRo. 

sostaÉfilño. Abí k> anoto) <^k^«ixdii MÁcddcidiNir f^ 
f0c opon6ff9& ü ftd^ko ^sépkm ttfñréíM^ fi^'eés fli^iff 4^ 

míe, mmííeút^l»éábl»\9f9fiAn^ M 

indolede la pátobffl'.iytd^tMéiltiirtf tSk iMÍbkáa ^tt^ftaótí 

forzarse <nasdiláidifl^AmfM»a.ndi|^ {}llMi^p^'<|tlJ} 
dqardfe uímt á^inroiinMenlt^^ b(iifidiMisA«ll#d M^Iá^'tig-' 

oofde^le-'ltated^'diüptcitwi * * ; '■ '' ^ *' ••^ '■' ' 

e8iWtolvipM^mii9>lu%o«>y]^sá^ ÜBÑI^'a é^ 

como bolsa, voz convendotolAV'^ptíétr^iidíb«M^ ii¿ «bni^tléáfif 

in«tafi)iioimieMe ««ÉitdO^lie^iiida^ délMxHüíifliíos 

de ^fe»to6(|rfliIilso8iyíáiet^»mites^^ 

insigiMfoantaiii'difei^olÉ^ 

lo iBhs bteve^ipov^líl'iSM^ii^tlfáMb^é^ 

€0«Mrd<te fonitm^f )^ pbi«3ié)i«iéffW^AacáW«Ma^iá)' un 

usado «KDébmo gUMUmo, yyél^§9aiÉ^Ht^ ree^kza-^ 
Me por cmlarr. Tampoco 4^tf¥€itíi!iM>§^é^ ^íS^Í ^¡tMttír' é^' 
poaercoto, ^liiideiulsvbáéé^'^eMe» del téHtUtib dé 
la>tarea, iasta en U» liáctttrat^é u l!Ür<y. — Qtradébe de 
ser el origen de» tos veriios-fr^ceáe^ cdler y ottíc^, y <fci 
inglés lo 9U0í^,eatilquierá qoé séá sá aiitttSl'cMdjgn^fla, 
y este ^ni^éti «s el latino ^tioí/ Oe abí ka sáHdó^ k cnbto^»' 
porción fija y determinada , y en la arltíaWttcá'ef qtttóítefrte, 
hoy cocteTiltf, que «ItífflM'iftdrifast^eees cabe una cantidad 
en otra. To quoíe en ingles es decir el cuántos, citar. pági- 
nas , párrafos, fechas, y qspresar en cuánto se han vendi- 
do , ó á cómo han corrido los fondos. En francés se dice 



tapiluéQ coter^ que/wle» s^ria de.derto fKOtsr , al sañftiar 
el «iifso.de lo» fondas en la hob» :^9fiiar dioen por dife^ 
reiHiiai^fr al lUsa^UDfiooi^ ó grautaaroiuíiitoTaJe^'y aumianó 
lo apjíi^an a]f4rQ|OB€tf'<í'im^iawr9é una»p^ átUmata (\m 
xOMmiUQ^) ó'^4uáatQ Qon^pondieBt6<á cada •uno en 
un pato, ^1^ <ep ^«^i^tar. ^iempye, cofiao w^e^ arrima»* 
dose^lf)r(gi9Q^ ÁlmU^him^ U ratees te mlanta r-^ntetciw 
(nina^ioA f $ ^^4^ ipaba art)itnirí0dad ; y < cuaifedo los ^ 
pandes han.pr^iidotalxQtUor filara espienr. baeoion 
de señalar el curso fluctuante de laft'prBeiosvfflitendeiiMa 
que -hai^. ¡tKverlado reu^tíA^ rt<a(K»(íuv^''deifiMJifébáo^ el 

Y^r^Sí teMl^íi* i.«l^r «WWte ? d€, cierta i anaiogía félks 
con.loa fri(^i)ei^c^ms.4te;riia| anIigiM 

a?o^siaiW9;pata?iH^<0^ fitUapeuiBcapein 

tapd^^i;i.a«l(>in4M«tí-¥](0a^wA^^ 

entre9^uxu)a. ;^imtaii^ilK^9|k^^ 

y fallo del publicor^ti^fl^^ SaJía^nd#0«fe)icíaBiini0i «tie 

^erc^f ,ef^(arnpSr^nf)níMmwteídii tacuevdo^ ^7 ^itiéiiníios 

esoitar 4ilos>dit$tci8 .y ^;4c^f4jievasi;afl$towd«|> á>clftrbu^ 

liter^ttNi?ac^,y ÍQC[Hpfie«maw»lio cuotKiiJ Ja ÓBéáienmcisbím* 

mataría 4«pi ínrporliuátejiOfmv^.^^^ 

iDínoraiMlQ.la (ptag^ do inpffOfisadfi(3»i:efleií^ilf^jy'^^ 

tal Tez.alg4iaosjl9.4^tiiigub«Nbi€»>sd.pi^^ tttáBmp^Basan 

por Gallarv9td^diV3il«ti^el.tíMg^4H^ 

FáltaAoa i|f$^ic<d^itraaíf3ii^ y d0:la dddlM^jaokipaiAei^tjEiv^ 
ees ^or^^múítf^Á ^mtmüw rela^v^i (««yo Jtswtekidefttce- 

mo|^.paravOt»Qk|^n^U^4 v\ c^ • c ;.ü1). iUin'ir. . , • r,ti ' . lí: : 
■p.' ."■. '. . , .;m v.í^ív^^^tíqwWbro (Mnm. ..r ••;•. j^í- 

;. ^•<:, •«■•,, '!;-'•.. íJfJ '.ti ÓO Oi ..'■■ • 

T. Vllr 12 



W»W^(»WMMíW»IW»MMW>^(||<Íl|» MW ^I<MHfc?> ^t* f<M>>y^ 



PAULOS J[II Y PEMO £L ORAHDE, 

' • • • I J • 

POl^ mi TESTIGO JDV WA- 



. I^ penó<^eO'4caanolDgl^t9l'f^C)Cae|itfi de ¡a 6)iva,f«e ^ («br- 
eando en Rusia Jadeo Bulgaria , con el titulo de Vospominaniya ó « Re> 
miñlcéncias , » saca de ella 'el ^guíente eáti'ábto ((ue^df él Intei^éá'^e 
oTretíé'tfeenA»^ digb^ de^ér y«f»rodticlib en «UátÉMlsM. • 



Be aamipo ptraABBsiL loircímos ida iAnétionncK «xm d 
objeta de tueé^ suant ^risita á madama (hnifcBmska^ iabeiv 
maM és'oii blMbQ6la;>£8taiaD0Ha[iB ^a no scdameote mm 
s^otfá iimy oyigiAVyh>4«e''MiatoltflBitf8e'% nH'Mtfáetelr, v 
sillo ctti vi»NilKlei«a'pr(Mfi|gto7 el^arbkihro Tirimte'4e todos 
l^ltMaUM» dé^ ia PelMihiv ptrMfiyosyiMiTados^ de a» 'sin- 
glo H;¡aiiipteU>; HÉbtMdo oíaiAdo^én tesn.,(tí3íññmtxmeeé 
mmtáwmñbtíieiñ a(&M;>y setá<bi«n'iitie^iñeiiciMd a^oí, 
smiraottatojos, qm vrrfó hasta iMS «eii'iqÍQomuiM de 
díeíKUV74(ri»d0i^os^9 DolMDto'en eonse«iiieiiiení.de'so a»» 
tj^amada edad , leomo - de im susto >ditRÁoinido pm^ la eiy- 
iTGtda'titítr«lAfUkéineáia'4i<9i6hbidem^ eosaeos 

en-é! pailo^d^ sü^qttíbla. Efa «stMRKrdkiaTMaaévte aHa pa- 
]^ mtijer, «f id<pMPek;ift mas 'P<rib simiasaiifiatfweela ^e 
siempre se mantenía. Manejaba por éi-tai6fiiaM easa y bus 
asmitos,'i9setiUa'tottCis^yiis cartas con su propio puño, y, 
lo qne no es menos notable de todo, ^más hixo uso de 
anteofos... Tal era la robustez de su constituoion física 
que en toda su vida padeció enfermedad ni indisposición 



CÁiaOS Hit T PSB^O BL GRANDE. 179 

alguna, ¿ lo menos que fuese bastante para confinarla en 
su cuarto. Como era dueña de amplios haberes y viuda de 
un € Presidente » ó juez del crimen de Grodst, sus relacio-* 
nes sociales eran las mas elevadas : no es dedr que saliese 
muclio de casa , pues en el discurso de sus últimos oua**- 
renta anos, solo dos veces, y por ser urgente, babia sa- 
lido de la aldea en que residía ; pero acostumbraba á te- 
ner muchas visitas y recibir muchos huéspedes. Estos 
eran siempre obsequiados de mi modo esmerado y agra- 
dable, aunque todo en su casa estaba montado sobre un 
pié nmy anticuado ; •circunstancia que mas servía para 
atraer á las gentes que otra cosa, pues muchos iban lleva- 
dos de la curiosidad de ccmooer un estilo de ;vida que ya 
se habia hecho tradicional, pero que allí se observal)a con 
iñ mayor escmpnlósidad. El míeme ancaitmo^qm preva- 
lecía est la mansión presidiaren e) tocador de^uama, cuyo 
trajere habia sufrido innovatíoii en la moda que reinaba 
. en Polonia áprioeipMis dtdsí^jsvm : .estaba invariable*^ 
menlia ivestida.eoBiuna'ltsgabsta ó ropón bhmco de hilo 
ó algodón, ooniarCalaes hasta las rodillas y . mangas isjusta-p 
das^yama coliUa: abrochada con cintas y lazos negras. 
£slo<i la«os» y óteos áklmi^mo color en su ^altatcafia^ eran 
k>s Guieos si^o^ de liudez en su traje ; pues aunque sus 
lapaÉos (en los «ludes llenaba bebülas) aran tMnbién ne- 
gros, t^ian los tacones eneavnados* Siempre álevnba un 
kn^JMtston con puno de «ra, repsosenlando la imagen 
déla yirgw, la cual «olia besar, santiguándose .^ mismo 
tiempeí, si^mfire que encongaba á un eatmnoi, « veia algo 
que la sorprenéfo ó asustaba. 

.Nunca babia tenido mas que nn hijo,, el eual, aunque 
entonces ya 'no era un mucbachn, ei% lateralmente un niño 
eehado á perder, sino exactamente en el significado uraal 
del lémiioo, porque lo mimaba de la manera mas estra*^ 



i 80 REVISTA. I>£ ESPAÑA^ DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

vagante. Coíno le llamaba siempre moy Krol (rey mió) le 
ganó el apodo de Krol pn toda la provincia: distinoionne 
muy en\idiable quizás, aunque si* hay algo: de verdad en 
aquello de se^^ttair^dichoso como un rey, >. Krol eracíei^ 
tamente tan dteboso.ó mas cjüe el entonces rey de PotoiSia, 
Estanislao Augusto. Pero la dignidad real tiene sas p^ia^ 
lidades así como susiprerogativas, y el pobre Krol al cabo 
y al fin pagaba algo «caco por sü titulo; porque, aunque su 
madre era en otros respectos mujer de l^uen juido , coA , 
respecto á él mostraba' lamas estraordinaría necedad y 
flaqueza, tratándolo por todo el curso de su vida- como 
á un mero niño... su niño encantador. La consecuencia 
fué, que siempre se matuvo en estado de niñez é pupila- 
je, sin embargo dé ser naturalmente inteligente y poseer 
además una disposición a&ble, que le hacia qoer^r deto^ 
déé^los que estaban en términos de intimidad con la. fa* 
inflija. Su educación , gracias al absurdo >eariño éñ su ma- 
nWe , hal^ia sido tan descuidada qué afpenas <sabia leer y 
'escribir ; pues ella siempre tuvo miedo de que cualquiera 
'^^ie de estudio podría perjudicará 9u salud. ^Aun ai 
la^ música él habia sido su propio miaesf^o^ aprendiei^b 
^^l^lo de oído á tocar el piano, y con tal éxito que podía 
. íejecuiakcon mucho conocimiento yéspresion. Fuese ó 
iio su calidad de rey, Krol tenia una especie de servidum- 
bre propia , domésticos especiales cuya obligación era el 
estar siempre á su mandado , servirle y entretenerte. Tana- 
bién se preparaban todos los dias ciertos plateas y cosas 
delicadas espresamente para él, y se tenian^empre prontos 
para cualquiera hora del dia en- que tuviese el capricho de 
gustarlos. Por viade reparación, quizás, por taá regalado 
trato, tenia que someterse á un sistema de medicina qfue, 
aunque ella estaba muy lejos de gustar para si , lo tenia 
por indispensable para la salud de su idolatrado Krol ; y 



€ARLOS.XII ¥ PEDRO EL GRANDE. 181 

tal era SU ansiedad por esta salud, que apenas le dejaba 
remirar el aire libre , teniéndole casi siempre de puertas 
adentro para que no se resfríase : de modo que si le hizo 
€ rey » fué para tenerle también prisionero de estado. ¡ Co- 
sa eétmna , que una mujer.dotada de disicernimiento en lo 
demás, pudiese obrar en lo que tocaba á su hijo tan es-^ 
travagantemente, que so solo le perjudicaba tai^to en lo 
físico como en lo intelectual , sino que hacia ridiculos 
tanto á él como. 3 ella! Con toxio eso, en una ocasión Krol 
hizo veo: que no le faltaba ni prontitud para responder ni 
serenidad» Sucedió que el rey .Estanislao Augusto, es- 
tando en layecindad, hospedado en casa del principe Karl 
Radziwíl, oyó pablar tanto de) seudo-rey Krol, que le vino 
gran curiosidad de verle, y por via de entretenimiento 
propuso que se4ispusiese una visita entre él y su compa- 
nafo^momarca. Habiéndose intimado formalmente el deseo 
del rey á. madama Onukowska, envió á su hijo ( con un pa- 
riente suyO'para qpe tuviese cuidado de éU como que era 
la primera vez que permitía que se ausentase de casa , ó 
mejof diré, de su vista) vestido y equipado con tanta mag- 
nifioencia, que pudo tenérsele por un verdadero principe. 
Estanislao ,. que idó desde luego que no había en él nada 
de .ridículo, y que mas biea eraxligno de lástima, como 
la- victima de la rareza 4e su madre, lo recibió con mucha 
afaibilldiad., dicjéndole : 

«iPuedo saludaros, supongo, como á mi igual. > 
.- f No^ senoc, respondió Onukowska, .ya no somos igua- 
les. Lo fuimos un ti^mpa, cuando Y.(M. era un simple 
noble y fúbdito , y la muerte nos hará iguales otra vez ; 
pero ahora V. M. reina en Polonia, y yo, señor, solamente 
reino eael ^ra%an de mi madre. > 

Esta oportuna ; reapuesta» á la vez tan noble y llena de 
gracia, escító con razón la admiración de todos los pre- 



182 REVISTA DB ESPAÑA, DE INDIAS T BEL BStRANJERO. 

sentes, y praeba lo que pudo haber sido Krcl» si su eapa^ 
Gidad natural hubiese sido cultivada, y no sidfoeada y 
comprimida bajo el pesa de la necia pasión niatemah 

Madama Ont&owska estaba dotada de la menuma mas 
feliz, y aun siendo ya centenaria se acordaba exm toda 
vi?eza y distinción , no solo de los ftconteaimientos im« 
portantes, sino también de los mas triviales, cofli todos 
sus pormenores. Cuando tenia de once á doce aftos. Car* 
los Xn de Sueda, en str marcha de Siao^gavia á Boriaow, 
se alojó por algunos dfas en la casa de- so padre; y me 
contó mudiaá cosas curiosas, toeanles á este hombre oéte« 
bre , relatadas como si acabasen de paaar, qme repetiré 
como se las oí , aunque sin pretender el reproducir eauM>- 
tatnente sus mismas palabras. 

c En cuanto mi» padres, deeta maddma Onukoivska, 
supieron con certexa que el' ejército sueco avanzaba aóa 
Rusia, determhiaroii empaquetar y e«(viar £Éera todos los 
objetos de valo^ y «Ibandonar su cosa^ que eatoba>8obre el 
camino real de BoriiBorw, pues sabían muy bien que si 
permanecían serian saqueados^ por lov soecoa , de quian 
teníamos que precavemos, aunque se llamaban nuestros 
protectores y amigos. ¡ PoioAia ha tenido no poco qoe 
sufrir, tanto entonces comodespdé», de tdeS' proteeoioiMs 
y amistades ! Todos nuestros bienes mmdtyle^ ^de maa valor 
estaban ya cargados en carros, y solo esperábamos á saber 
que los suecos se acercaban para salir acia un psesto de 
refugio , dejando la casa y propiedad restante á la merced 
de nuestros incómodos huéspedes , cupido llegó un es- 
preso para informarnos de que Carlos XII se proponía 
aposentarse bajo nuestro techo. 

> Siendo asi, dijo mi padre, no es menear que salgamos 
en busca de posada á otra parte, pues el rey no iráá sa- 
quearnos; al contrario, su presencia nos defenderá* 



r 



»CoD. esto.fibitiiftbajo Ae^Qinpaqufttaf secwibió por el 
mas agradable de desempaqueto,, y hacer aqv^Uos pve-^ 
paratiEvsoa qua pennili^ el ,e0rta tieiQP^paffal^iieedpiPiojí 
ddúkí^lre hiiésp^dt |i^,<!;^gfiAanu«'¿4( ierriopelo^^ 
dMiiaficotMMrcm^vi.kigi^^ jíae-atl^^ajmi las mejovesha-: 
biíadoneft). que* $o..pwe9»i^m< an. e^aAo decente. Se 
abaAle«íero0/O«»EÉMis idA»pep«ii^ 
la. Hegidft de aaeitn^ toéaped^' viothijDiarios» si no coq 
impaeid»efov eoBmiuií^i^ •Al'fift «q^iiBos ^<» e^t^b^ 
earoa^^taaiael aac^ei^^i^^f^si^pi^i^nlid' utt-^já^tac 
de vei»l0 y/e^atkro ealMpRiMf lap^aadadoa pov mi iQ|i(ual, qpi^u 
deapuée ia'^solMar dos'^ettaa d» ee«|ía»e)a4 la puerta, 
maadd isasral tope un^i^áa baadera aioat)Hlit»:oo^^ las^,^r 
wts de Sueeiat e»' señal de ^Bfi»qmíl e],ciuvM te^ Amx- 
qoeaeliaMan preparad^ ciiarkis'^efi m^ ala^ daledIQcio 
para el oficial y la tropa, no-^Mer^B ocuparlo», y se 
quedaíTOB toda la «eielNi en el pat^, ai rededor de u^a 
boguera, -ernt- ana cabalt0& epattladeía^ é peaap de ser á 
mediados de marzo y las fijoehes edoeaivameate irías , por 
ser aquel u&iívnfenio* largo* y cmélo, Tedsi la noicke se 
p«!fieroñoi|tlfts^> alertas de tiempiO e» tiempo» y Bwcho 
. «aligar cérea de^ta eaisa y'eo^ oamiiio , y bobo adeíods 
tanto puidoi^ que nittfguno^de ndsetros'pHdo dormir. A poco 
de haber aiBtenoeld^ paaé el ej^re^ siieecK saludando tos 
tambaleaba) estandavtéieak Dos regiaii^Qtaa de infenterf ^ 
y algvMs esoiuulrojie» áe^ cabaltexóia $e acamparon detrás 
de^puestre. igf apero, ^ et oua| se alojavon sus oftcíalee. 
Mi madveiy hile dos hepaaanaa y ye nos» lievantamos y vesti-^ 
moa, no en l^i^ 4b mabaiia, sino eo» nuestros mejores 
atatios, y ná padre se puso an peluca 4^ cer^inonia y 
vestido» de eo^te v^daapnto de lo emX noeipusimos'iodos á 
la ventana para ver venir al rey, á 6& de estar proatos pfira 
reoibirteal pié de loa escalones de la puerta. Ada el me- 



184 R£YISTA DJ& mffé^Jit PK UWAS Y DSL BSTIUNJERO. 

dio dia^ rlIi^fiFOCí <JígtSM&fij(¿(kld»:rtc^flip«aadoS(.de un sola 

»(¿. £aiK3i$iI>lei<pe a^tos ^^ tayudantes dfil jrey^.S» 
6$t#riop.no4em)U «ajrmgo xany^^up^ior; <ü)9 mi padte« 

> Los .o&eiatea s^ apaaron» e»tmroii:6Q la oaaa^.y ba<*> 
biendo atravesarla ai^cáma^ ^oaiitcai»m en la fiaza 
ime4iata á nuestijo i^tart^oíi^ (iimyordaiDato) ; y nosotossá 
todo .^ato ^09.maatéBiaI»o&eIl 9m<shf>jm}í^ Tanlanaadel 
ccoaedor, qi^e daban .alpatto. Mip^itk^ ínfermádopor el 
nujr$mlek d^ que los oficialeisi. querían ^i^r al dueño dala 
casa, salid ¿dionde o^tefeto, ynaaOtoM leiaeigumioa) lu*» 
biendo priinej^o situada imcnadot 9» la vmimsí.pBX^iqaB 
no$av|sase)é(si qu^a0:dmaaaeairey» : .1: 

»£1 joaas Joven 4a lo^ oficíala» ^babluado. en alemán» 
pregiuitó con muisha eorta^ia á mi padre/: 

— ¿Sois el amorfa .l^iíasa? ..x .) ' .: v 
,— Para i^ervü'osi r,espí>ndtó íui p«d«e^ . j;» 

— EotoBcea , eomo el rey . eatá ajjpjado^ aquí , .tened á : 
bieii elef^enaroüíe^suaiapoisenJiosu .<. 

— Tq4os ellos ; jtQd4 la casa e9tá¿to'dÍAposiaion4eS.ll' 

r-T, Una pieza le>4atarái;>«plo neceaitará doai<^ tresmaa. 
p^a,#li,sec^etar¡Ofy u»iíiai?>de ayudantes, i .. , 

-^En este (5a«Q , jesoioged yos¿:mi§av>^ l%s piezas qvie 
gustéis* E^ejro^i^riuitidoi'e pvegui^r cuándo es )p£aba})le' 
que S. U» llegue^ piues debemosrecibirle á}la piufista^ 

rr-.Ya le>.babeis reoibidio/, dijo el.^líai9ero iSMiáén* 
dosa,. y: de un modo mas agradable para éliy .pfra^ vos qm^ 
si bubíese sido con toda .ceremonia. Yo soy ^Ltey. . . 

j Tódes n^^entimos aobrc)cagidos,, >; im^aidre quedd 
tan con&iso, 'que>ain perder-artícular/ipatobira se estuve: 
haeíendo oort^ias, mieiftiras iiM3!K^i:i^ia a} re7jen.!iu;ílS!ti;s^ 
mejores^salas de redho^ ? ./ . ; .'.. li / 7 » i; j . r- 

A'Paréceme que tod^tiaiteB^io delante dftimi.aqael hv 



CMMMS xn Y puma si. iUiAüit^K^ 185 

moaay temble.CaolQ& ^«Saed», de qtíea ^e^n escrito 
tantos libros. Por tres 4taSieQteriOJS le estuve .Qont6ttipk0do 
sin saciarme, yvCreed]iie,«ttaope'8tt n0BQj»«'Uai^ii^ oon* 
sigOiel terror.porlodaaipartasven'Sii ipepsonafarecia tan 
imm<y coraos un oocdefo v y Utado /cpnm uaá* 'monjas £r^ 
bistaiite<alto^iMgado^ tobado de i«»i ^coii,0nrofilro'que 
parecía deín8siad9fieqaéño«para suf cuerpo y aun pnsrú su 
eebetBu Estaba eiettaménle; lejos de' ser bennosov 'aobque 
pedia ser tenido por bimtante biódi^paTeoido, japésar de 
^rtar marcado 'de las virtistes; S«so|os eran botaUeménte 
penetcaitíiest y^brillabaí» lecunó- diamantes. Era la moda 
entonces de los que adoptaban el traje alemih d etiropeo, 
el cubrirse la qabeza ooh Hnae>'peluciia encunes';' moda 
que á nosotnasf^polaéos, no8>pareoiaínoémoda^Sf iSdicula ; 
pero Carlos usaba. sanforqfíio. ieabeUof»> qiiei'era castiino, 
corto, echado atrás, recogida enibriola decoleta p>eque&a 
y lijeramente empcüiiada. Ttoia/ entunóos véÍBle y seis 
anós^ y^tteyaba suinvaei^éi tm^fe , qtté'erai;lai.<imifo)nne 
azul con solapas amarillas y^ualkiéacérnado, calaones de* 
ante aknávíllov y enormea> botas^ccni. eapuelas'misy )aiiga$« 
Susídesmesmadosi^ciantes do'piel^ que casi leiltegaban á 
los codos, «orrian paiisjas.«Oii(lap botas. en ttfmaüo,;; unos 
y otras^ibMifm ^fue^losiiniembp^fi re^ótii^osf^pareciesen 
que habían serridoáuniGoliats^úka qiie> ¡i ^ nosotras, las 
muchachas noadiyertiatgíBandem6nt^4 Su sombrero, pcH? 
el eGBti|ario,)era nolid^lemenfe^pecpafia^'y eltafaa^imple^ 
mmteai^»uBtado,<8Ín^mingttbá:'gmrKÍicion ni* gliilo,n, como 
tampoco se Yeic^ien(ninguna<parted«>áuy)^ido.:Kuestno 
padresolia despuésereefrdbmos la senisBleír deltrs^e de 
Carlos, observanda)({áéínoí;íiéoésitaba}distinguir8e pfov ¿1, 
pues eva realmente uniitombre/^eaiide.ii-tTílHMnbre cuya 
grandeca era semejante ala de nuesbpefoan SóbiesfcyryíE^f- 
toban Batorii £lk> es^qae niiijpadpe,¡que ik) eístabaf en nada 



186 REVISTA DB> KSPAÑA, DjB 41IMA» Y BEL BIMANJERO. 

de parte de los alimanes*, «teb» muy» pradiapne^l»' m 
flivor de Caitos XH» por haber avojadiBidatVoleinaii* A»» 
gttslo II y pueftloeael troai» i E^rtanishmM^Wí^Mlujb 

»Uiia liofd despoja que e]/feyv UegliiteuifQcietMiQ óioír 
iiMaro el cond» Pipeta conteos lyidantaa^ y mtint énpwto , 
e<m eayo amulo ooi madre p in i gmi & $¡í: a^nda^ ée ^isam% 
de Cfflipa cuáles em» Ids ptedoe ^ flMrpn|o«;dar& ll« 

1 GiMl^terfénerodde.eaive adsdavampoadid^ f uaoMiif 
eaza i de verduras pretoe las eBpíiiaoaii»^ TV^¡¡^ espaóiaa 
j^fluentayradfu Mtoreifiaibay.ftiita»; peraaib^rliauíiiMt^ 
qoe se pongan eet la mea» ai» idta porqoft: al vaiy te gisatan 
coftesÉremoi 

^ » ¿ Y qué eapeeíede^iiiieipreierer}^ pmguittáinuiMdres. 

— » Ninguna; nunoa lo4o<)ar: salo hete agnat 

> Lo qu» fidtaba qu» avenguar avat enántee ciAÉaatcinae 
hialMan disiponer-en bi mesa daLipey» 1^ cttal< A ajiada; de 
eámara fué é preguntar, y wlvideon lareaponsbL debigne 
S. M. comwia eon la &imlia« Eat» netioia noa limé it-tét 
dds^de eontentO': k» ^nieoi qis^ dlsiniíiyia nniialm<'SaÉiar 
üiedon era que ni^a doa bennanea, que eatabaot ed»«AD^ 
dose^ en, Wilna > na podían participar éfik hencmiiftabQBar 
eon i^rey* Yo por mi pari» no dej^ de niraijf^i^ ^¡a 
todala comida. R^asé que eeoHftcón.wi apatíto^ eaoe^ 
Imte, y que* gusid mucho deuna eabeuLde ^«ali en jate^ 
fifia. PiEireeia aficionado á l8*gonbii% y comi» mincho pan 
con. todo lo demásv Duvante ia me$B. hiao muchas pnagmir 
tas á mi padre sobre la» condición delpais^ y asagurdi que 
la gnenra terminaria muy presta, y que éli póndna«¿ Sala» 
nislao Lesaczynsky en el caso de poder reparartlodaa'laa 

desgránelas que^ la Polonia habia sufrido* t; 

. »HiAia en la mesa tres geniralea que habían vMida^fá 
hablar con el rey antes de com^f y mi padra les bahía 
convidado. Ni ellos ni los otros suecos manitetaron aer 



muy cortesanos, pCHTCpae, en vez áe hM^rcooBOo tpsLe seguían 
et ejemplo moderado del re; su amo^ b<ebieron vi&ei ^en 
abmtdaneiay sin que Id real preaeneia les st^vies^de emba^ 
rsxo. Gáfrios, sin- embargo, nO' lo toci^ y bebió sDlaiEientie' 
agoa^ siempre mascaado pan. .Hizo nwy poeo eas» de mi'* 
die» y ¿ nosotras laa henaAntis nonosrdivigíi una sola pa^ 
kbra, escepto una veM qat bteo» ns cumpiimiento á mi 
madre pot su babilidaá*en cmiserv(U! frutas , al oír* que 
algunas^ manzanas 4» los postres eaa%. de nuestro jar (Mu. : 
' » Al diar-slguiente^mi «adre sope por ét a^yuda de oármara 
que el rey e^fíbw eatrMiádiixieate satisfeelio por tod6; 
pero que pedia que solo se prusiesen cuatr6 platos es>l8 
coñuda , y que^ «ata' M> dUrasO' inas que im tnarío' i& hora. ^ 
Por la noche solo tomaim uñ tásí» de leche fresca, en la 
eualeebaba sai;!-<^y e^a estiafie^ mexclay crní un groeso 
zoquete de pim^ constituianlioda en cena. < Durante toda la 
macana estabttocupadp» con papeles^y negocios: y nos di« 
jeron que^ para atéuder á estos y despachar correoe á Sue- 
da, se^ babia deleniít» el rey en nnestra casa en donde iba 
á pasar tre» dias. Al partir regaló á mi padris una caja de 
oro con su cifra de bHllantes, mandando además que se 
pagase eoeotto lHS)i«a'c<]ttsumMo M genfd y stfé> eabaKos; 
Ei^j aunqAe becho con bnená intfiencion, mas l^ien que 
otiNi cosa ofendió d mi padre, quié1»<dijo al ayudante <]fue 
te^a el lencargo de pagarte : ¡yo no^ soy posadero, sino un 
noble pol^o (S%lachcic) ; ni soy ooilifMista ni traficante: 
as! que estoy ya mas q^e pagad<y cfon el honor de haber 
tenido al rey por mi huésped ! CuaAfdo mas adetante supi- 
mos el acontecimiento de la batáDa de la Pultowa, nos 
compadecimos en estremo de Carlos, confiando sin em- 
bargo en que su suerte se m^erark; pero cuando nos 
Hegó la noticia de su muerte, todos lloramos. 
«También puedo envanecerme, continuó madama Onu- 



188 REVISTA DB ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

kowska, con haber visto otro hombre .muy. grande y muy 
nombrado — el rival del desgraciado Garlos — el Czar Pe- 
dro de Rijsia. Fué en el año de 1711, y en la misma esta- 
ción del año, és decir, á mediados de marzo. Estando si- 
tuado en Sluck el jefe ruso, el mariscal Sheremeter,' mi 
padre fué allá llevándonos á todas consigo, con el objeto 
de solicitar seguro y protección contra los cosacos, bash- 
kirs y calmylíos, que cometian terribles robos por donde 
quiera que pasaban, precisamente como si estuviesen en 
pais enemigo.... Se decia que el. mismo Pedro y su consor- 
te, entonces por la vez primea llamada Czarina ó Empera- 
trízt irían á Sluck. La nueva emperatriz se decia que era 
cié origen polaco, descendiente de una famlia noble que se 
babia establecido en Llelland, en el tiempo de Sigismun- 
do, y .después babia caido en la pobreza. Nuestras señoras 
polacas, por consiguiente, teniangran curiosidad de verla, 
y por tanto persuadieron á los metridos á preparar una 
función en honor de los reales personajes. Un espacioso 
Sfilpn en la £ábríca d^ porcelana de Hadziwil se alhajó cpn 
este jpbjeto» y se hicieron todos los jd^mái^ preparativos 
necesarios para un gran sarao, al cual asistió Pedro con 
su consorte, acompañado de sus generales y ^ptros oficia- 
les. Pe.droj que en estatura era casi un gigante», parecía 
mfks joven jie lo que era en realidad (tenia entonces cua- 
renta años); tenia bigotes notablemente negros, ;ina mi- 
rada penejtifante como la del águila, y podia habérjsele te- 
nido por hermoso ho.a)ib];e, á no ba}>er sido por el pelucon 
que llevaba que desfigur^])a su postro. Yestia un uniforme 
azul, y se condujo de .ui|a^ manera Yií^e y :Sin miramientos» 
hablapdo muy alto^ y chanceado y riendo á despecho de 
toda /etiqueta. Lo que me sorprendió un poco fué que» 
semejante á la de su rival Carlos de Suecia, la para de Pe- 
dro era sumamente pequc^ña en proporción de su perso- 



GARLOS Xn Y PEDRO EL GRANDE. 189 

na. La emperatriz era una mujer de hermosa presencia, 
con ojos negros, y hermosa garganta de la mayor blancu- 
ra. Llevaba un vestido de raso blanco, con un corpino de 
terciopelo carmesí y uña especie de chai , y joyas y perlas 
en abundancia. Tenia el pelo empolvado, y al tope de él 
una tiara pequeña ó corona de diamantes. Hablaba el po- 
laco admirablemente, aunque mezclando coií él muchas 
palabras rusas , y también hablaba el alemán con bastante 
facilidad.' En el curso de la noche el Czar se llegó á mi, y 
empezó á lisonjearme (algo á la militaire) por mi estatu- 
ra, preguntando mi edad, y diciendo que si me sentía dis- 
' puesta al matrimonio, él me buscaría un marido á propó- 
sito para mí : y haciendo seña á un oficial de sus granade- 
ros casi tan alto como él, me lo presentó. Siguiendo su 
broma le, respondí, que siendo yo tan alta me contentaría 
con un marido pequeño : con el fin sin duda, dijo Pedro, 
de poderle gobernar mejor. ¡ Ah, traviesas polacas! ! Tanto 
él como su consorte bailaron varías danzas, y permanecie- 
ron hasta la cena, bebiendo vino en una copa grande, bríií- 
dando por la salud de Augusto II y la prosperidad de la 
Polonia, de la cual se declaró apasionado. De las damas 
polacas ciertamente pareció prendado , si se puede juzgar 
por su familiaridad para con ellas. 

> Pedro personalmente adquiríó grande popularidad en 
Polonia, que es mas de lo que puede decirse de su favo- 
rito el principe Menshikow, á quien se acusó entre otros 
actos de extorsión, de haberse apoderado de todas las jo- 
yas de madama Oginsky, la tía de Oginski, uno de los mas 
acérrimos partidarios de Pedro, y qué estuvo en su servi- 
cio en la guerra con la Suecia. El Czar, sin embargo, in- 
tervino, y Menshikow al fin se vio obligado á abandonar 
su presa. 

> Pedro y su consorte estuvieron cinco dias en Sluck, 



190 ttlVISTÁ M «S»aKa« BB H»IJS Y Dl^ XftT&ANJERO. 

y yo4os vi tod^ Jo6 4iaft ó en U^xaUas ó en CM^.de Jiiap 
Gbievinsky* La ¥ez príoierii qud vB^^enoonivé desj>ués del 
baile el C&ar, me «oneckS^ y re{»itieud<»'6a chanza 4qo que 
estaba detocminado i hacer de .mi ima g^aaad^a. Con tov- 
do esto, á pesar de au afabilidad ma ¡gastó menos que el 
apacible y peBsativo Cartas de Sueda^i 

Aunque Pedro el (kaade bo llevó á efieoto. su amenaza 
de hacer de mi tia en tercer gmdo ana : granadera ^ la an«- 
cisma mantuvo en sti easa un siislema de subordinación y 
dbeiplina, que hubiera sentado el icrédito de un ej^cito. 
Siempre había sido <estremiadAmeaie aficionada al bordado 
y iapioería ; y no pudiando ya ^ccutar la obra por sí mis- 
ma , dedicaba muobo .tiempo á dirigir una especie do fá- 
brica en su propia casa , donde mas de veinte huér&nas y 
otras estaban diariamente empleadas en trabajar alfombras 
y colgaduras. Sus productos cubrían los muros y los mue- 
bles de casi todas las piezas, y algunas de ¡sus obras eran 
escasamente inferiores i las mejores tapices de Gobelins. 
Eeíte capricho de la buena. señora era un poco costoso por- 
que como tenia á menos el vender porción alguna de su re- 
puesto , 5oIo la servia para baoer ostentación de su libera- 
lidad en hacer buenos regalos á sus parientes y conocidos, 
y aun también á estraños, como hizo una vez con el rey de 
Polonia, eaviándole algunas de las mejores muestras de su 
fábrica, que lod inteligentes en tales materias celebraron 
mucho ; como que ella no economizaba gasto para obte- 
ner los .mejores dibujos. Algunas de ks mayores colgadu- 
ras representaban batallas y caceria^s con figuras del tama- 
ño natural. £1 amueblado rico y sólido, aunque anticuado, 
estaba en admirable armonía con los tejidos pródigamente 
desplegados en toda la tsasa : y el timbre y armas de la fa- 
milia cubrían con profusión los varios muebles^ además 
de estar esculpidos sobre todas las puertas y ventanas, es- 



' -^efÉMtfí^^m #* >— o «1/ «MWM. ' . ' . Iftl 



tafiís y cliiaieiitas. En uno de los salones , que servia de 
galería de retratos, tenia una colecdon de todos los de 
nuestros aiiitepaaBdd8,(díeadie el iÍgk>xvi.¡Ba toa palabra: 
la manáon^ lo misino que su dueña, podía llamarse fttsld- 
fica, pues estaba tan llena de recuerdos y tradiciones que 
si la Lituania hubiese poseído un Sir Walter Scott, no hay 
la menor «luda que Rusinowicsr y su olcaidesa hubieran 
ñgurodo en tm^oniitioe histtfritm. 

(New MonOüy Magmne.J 
'• . ' -I , • 

:,. . '. V_, '. ,.....,, . A. de R. C 



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CRÓNICA PQLmCÁ m ESPÁÑi^i^ Ho d 

' ' '' ■ •■ ' '. . I ••' '^-íll} .\\\í 

Estando para abrii^se el pabnque ^ettoml ; el patuco 
progresista ha resuelto laniarae á la^hMha^ y airadla d& or- 
ganizar una comÍBkm de ^ectmas t noaotn^s Midtm&os 
de ello á este partido y nos alegramos sinoeramente » so- 
bre todo si este paso indica, como parece natural, que 
trata de salir de la situación revolucionaria en que se halla 
desde fines de 1843, y apelar para su triunfo á los medios 
constitucionales. Aun cuando el partido progreaista no 
renuncie á tentativas revolucionarias, consideramos un 
gran bien que se halle representado en las próximas cor- 
tes ; el partido conservador saldrá de esta lucha mas fuerte 
y compacto de lo que hoy se encuentra, y si el progresista no 
se vale del parlamento como de un medio revolucionario, 
podrá irse aflojando el sistema duro y compresivo que el 
gobierno ha seguido hasta aqui , escudado en las circuns- 
tancias difíciles del pais , y en las continuas tentativas de 
desorden. 

Continúan llamando con motivo la atención del público 
los sucesos políticos de Portugal ; la situación de este pais 
es en estremo desgraciada , no habiendo ni en el trono ni 
en los partidos bastante fuerza para crear y consolidar una 
situación regular y estable. Agrégase á la realidad de los 
males interiores de esta nación los que ha promovido y 
promueve la Inglaterra con su funestísima influencia, fo- 



mentando y alentando las reyueltas, según conviene á sus 
particulares intereses. El gobierno español por altas con- 
sideraciones de' pálitica debe , por t6dos los medios que 
dicte la prudencia , ayudar á Portugal á salir del estado 
lamentable en que se halla^y.al trono de la humillación y 
vilipendio que ha sufrido y sufre : de esta manera hará no 
solo un servicio señalado á este pais, sino que asegurará al 
nuestro de tentativas de'revuéltas. El ejemplo de Portugal 
debe servirnos.de viva y elocuentísima lección, para no 
perder el terreno ganado desde i84S, y parfi que el go- 
bíenao espaiol poéda salirtriun&nte y Tictx>rioso, contra 
todos loa ataque» revidnetanuioBqiie puedan en lo suce- 
sivo dirigírsele. . 

Fermín Cormlo Mor&n, 



' ! 






T. VH. 13 



\«MM>vv^v«Vl'to«% w ANWV %Wvivvwv«vvuN«\iMWvvwvvi\ ^/^^■'v^\lWv»^\^v^4v<^w»MW^lW^\^WM^ww w 1M* 



CRÓNICA DE mDU$. 



El horroroso huracán que ha vuolto á cubrir de luto á 
una gran parte de la isla de Cuba , es hoy el objeto de to- 
das las conversaciones en España. Este cruel azote, que 
ecn tan dolorosa frecuencia visita á nuestra próspera pro- 
vincia de ultramar, parece haberse presentado ahora mas 
terrible que nunca. Muertes numerosas, casas y ediñcios 
públicos destruidos , naufragios sin cuento : tales son los 
resultados de este horroroso huracán. Los españoles, que 
tanto simpatizan con sus hermanos de ultramar, se dispo- 
nen ya para auxiliarlos en medio de sus desgracias. £1 
Heraldo ha abierto ya en sus oficinas una suscricion con 
este objeto, y ya ha recogido algunas cantidades, fruto de 
la generosidad de hombres que tienen intereses en aque- 
llos paises. Esperemos que esta suscricion corresponde- 
rá á la magnitud del desastre , y que será una nueva y 
elocuente prueba del afecto que une á españoles y ame- 
ricanos. 

Hé aqui los primeros pormenores que recibimos de un 
alcance del Faro de la Habana del 11 de octubre : 

A LAS ONCE DE LA MAÑANA. 

¡Bendigamos á la divina Providencia! 

Hace doce horas que un huracán desencadenado con 
torbellinos de agua tiene envuelta á esta desgraciada ciu- 
dad. La noche ha sido horrorosa ; pero desde el amanecer 



CRÓNICA DE INDUS. 195 

^aé tan deshecha la tormenta, que sembró el terror y el 
csterminio en esta capital de la manera mas espantosa. Al 
fin , tras cuatro horas mortales, amaina el viento , y la es- 
peranza de la salvación penetra en nuestra alma contris- 
tada. ¡Bendigamos á la divina Providencia! 

Nada hemos visto aun ; pero escribimos entre ruinas , y 
á la vista de los destrozos parciales de este edificio. Nos 
estremecemos por la población. 

Suspendemos la pluma para echar una rápida ojeada por 
la ciudad y puerto, 

A LAS DOCE DEL DÍA. 

La pluma se resiste á trazar el cuadro de desolación que 
présenla la Habana. Las calles desiertas y cubiertas ik 
despojos dejan ver donde quiera sólidos edificios de marn*- 
postería arruinados y deteriorados en gran parte. Las fa- 
rolas del alumbrado han desaparecido ; la plaza .de Armas 
ha quedado rasa. Frente á la casa capitular vemos multilod 
de planchas de cinc arrojadas por el viento : son del tin- 
glado del muelle. 

Este se halla medio cubierta por el mar, por buques y 
fragmentos de estos : algunojs de mayor porte desarbola- 
dos , destrozado el casco , chocan aun unos con otros y 
contra el muelle. El de San Francisco hasta la Machina no 
parece sino que ha sido agrandado ; los fragaientos de d&n 
buques hechos menudos pedazos han agregado á él una 
especie de balsa. En lontananza no se ven mas que bu- 
ques desarbolados y al través. Cada buque presenta el es- 
pectáculo de un naufragio. La marina mercante de todas 
las naciones , la de guerra española , francesa y america- 
na , tienen todas su gran parte en tan cuantiosas pérdidas. 
La Machina ha venido abajo. «El teatro principal está ar^ 
ruinado. Los muelles de los vapores no existen ; ti^es va- 



i96 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO. 

pores hay sobre sus ruinas inutilizados ; está interrumpi- 
da la comunicación con Regla. 

Los barrios estramuros han padecido estraordinaria- 
mente. 

El teatro de Tacón ha sufrido mucho. Lo mismo el cam- 
po de Marte; los árboles seculares del paradero de Villa- 
nueva, que respetó el huracán de San Francisco , están 
atravesados en la calzada ; la alameda ha sido arrasada: las 
nuevas fábricas de Neptuno se han desplomado. En la cal- 
zada de San Lázaro hay tantas casas en pié como por tierra. 

Volviendo á intramuros , vemos arruinada la torre del 
Ángel , que en su caida demolió los techos de la iglesia ; 
el paredón de S^nta Teresa, que da á la calle. del Aguacase, 
cayó y an*uinó las casas fronterizas , causando muertes y 
contusioifes. El edificio de Paula y el de San Francisco 
han sufrido grandes deterioros. 

En fin, no tenemos pormenores de ninguna clase : na- 
die puede darlos. Pero á juzgar por la impetuosidad y du- 
ración del huracán, y por sus inmensos destrozos, el del 
año de 1844 fué poco en comparación de este. 

El Faro no ha podido repartirse, y le recibirán nuestros 
lectores con este alcance. 

Á LAS SEIS DE LA TARDE. 

El viento es menos impetuoso ; ha llovido mucho de 
ese agua salobre que toda la mañana ha inundado nuestra 
casa. — Hemos adquirido las noticias siguientes : 

El Motezuma ha varado frente á la alameda de Paula. 

El bergantín Constitución se ha ido á pique. 

La goleta Criolla idem. 

La goleta Polka idem. 

El bergantín Habanero ha sufrido varias averias en la 
arboladura. 



GBÓmCA DB UtBUS, i97 

La fragata, la corbeta y vapor que componen la escua- 
drilla francesa, han varado, y hay esperanzas de sacar los 
dos primeros. 

El vapor Tacón se ha ido á pique. 

El Villanueva y el Almendares se han destrozado contra 
el muelle. 

En las playas de San Lázaro se ha visto un barco vara- 
do , pero no se ha podido distinguir cuál sea. 

Nada sabemos del arsenal. 

En el ediñcio de la comandancia general de marina se 
han arruinado varias habitaciones. El de la real audiencia 
ha sufrido grandes destrozos : han volado todas las puer- 
tas y ventanas y parte de los techos. 
— Las noticias de Méjico siguen siendo muy tristes, y cada 
dia confirman mas nuestros pronósticos. Monterey, des- 
pués de una heroica resistencia , ha caido en manos de 
los americanos del norte , y no tardará toda la California 
en esperimentar la misma suerte. Con e^ta gran base de 
operaciones al oeste de Méjico , los anglo-americanos no 
tardarán en dominar completamente al pais, desorganiza- 
do y debilitado con sus discordias , y privado hasta del 
último recurso que da el patriotismo : la fuerza de la des- 
esperación. Méjico ya no es mas que un cadáver san- 
griento, en que puede saciarse sin oposición el coloso del 
norte. A su postración actual , es cierto, seguirá una nue- 
va vida, mas activa y mas enérgica que la anterior; pero 
será la vida de una nacionalidad estranjera , á cuya inva- 
sión desaparecerán las costumbres y el idioma que llevó 
á aquellas remotas playas el genio de Hernán Cortés. 

N. 



CRÓNICA DEL ESTRANJEllO. 



La cuestión del jmuitriíaonio español aun está ocupando 
la atención de la diplomacia estranjera. Lord Palinerstou 
ha pasado una nueva nota verbal de mas de ochenta pági- 
nas á M. Guizot , en que recapitula y amplía todos los ar-> 
gumentos que ya le había sometido contra el enlace de la 
infante D.' Luisa con el hijo de Luis Felipe. Lord Pal- 
merston insiste en que han sido infringidos los tratados de 
Utrecht, y en la necesidad de que la infanta renuncie por' 
si y por sus herederos á sus derechos eventuales, al trono 
de España. 

Entre tanto, las tres grandes potencias del norte , con 
cuyo auxilio contaba la Inglaterra para sostener su opinión 
en este asunto, han seguido una conducta diametralmente 
opuesta á la que se esperaba. Las tres han declarado que, 
sin aspirar por esto á tomar parte en los asuntos interiores 
de España, no creían que se habian infringido los tratados 
de Utrecht , puesto que estos solo declaran la imposibili- 
dad de que las coronas de España y Francia se reúnan en 
una sola cabeza, y de ningún modo prohiben que las dos 
reales familias estrechen mas y mas los vínculos que las 
unen, por medio de nuevos lazos matrimoniales. 

Confirma esto lo que acaba de suceder en Paris, con 
motivo de la presentación del cuerpo diplomático estran- 
jero á la infanta D." Luisa Fernanda, en el palacio de las 
Tullerias. El nuncio de su Santidad es el que ha llevado la 



CRÓNICA DKL B6TRANJEB0. i99 

palabra en esta solemne ocasión, en que se hallaban pre- 
sentes los representantes de Prusia, Rusia y Austria* 
— ^El hambre sigue haciendo tristes estragos y produciendo 
lamentables escenas en Irlanda. Este azote ha empezado 
á estenderse á Escocia, y aunque los habitantes de esta 
parte del imperio británico sobrellevan la calamidad con 
mas fortaleza que los irlandeses, estas dolorosas circuns- 
tancias causan grandes sinsabores al gabinete inglés. Há- 
cense muchos esfuerzos por aliviar tantas desgracias, pero 
nada alcanza á satisfacer las necesidades de una población 
de ocho millones de hombres que se muere de hambre. 
— £1 estado de Portugal sigue siendo muy poco satisfac-. 
torio. La revolución no crece , pero en todas partes per- 
manece armada. La reina ha reasumido el poder absoluto 
interinamente, para contrarestar los esfuerzos de la revo- 
lacion » y el marqués de Saldanha , elevado á la dignidad 
de duque , ha salido de Lisboa, al frente de un ejército 
bastante respetable, para rechazar el barón daa Antas, que 
^e aproxima ¿las puertas de la capital mandando las fuer- 
zas populares. El resultado de la contienda no parece ser 
dudoso. El pais está cansado de desórdenes , y clama por 
que se le dé paz. Dentro de breves dias sabremos si triunfa 
el partido cartista, ó si la reina pierde su trono , porque ¿ 
esto parece decidida la revolución, si entra triunfante en 
Lisboa. 

iV. 



WMA««« W»»><MWWl% »W líWna>»W I WWWWIM>f>»»^WW^ W VWM>lW AlWWIIWílMM W llNKWIW»»%»M tf fc»>WWWiW 



HESEÑA política DE ESPAÑA. 



RÁPIDA OJEADA DE LA GUERKA C(TXt Y DE LA StTÜACIOK IK)LtTICA DE LA PENÍNSULA 
DESDE 1831 BAWA (HIEBTROD DUS. 



ARTICULO XXIV^ 

Inüícamos en el artículo anterior, que reunidas junto á 
Aranda de Duero las dosespediciones de D. Carlos yZaríá- 
tégtii , resolvieron volver á las provincias del Norte , des- 
vanecidas y completamente frustradas las esperanzas que 
ya habían concebido al proyectarlas. D. Carlos, es cierto, 
que habia recorrido las principales provincias de España, 
y burlado la persecución de las tropas de la reina , obte- 
niendo á veces victorias importantes al lado de algunos 
descalabros ; empero no habiendo podido ocupar ningu- 
na población ó fortaleza notable , y no encontrando en el 
pais el apoyo que esperaba , y con el cual habia contado 
coma base de sus operaciones , no quiso prolongar por 
mas tiempo los azares y peligros de su vida espediciona- 
ria : asi pues aceleró sobre todo su marcha desde el dia 14 
de octubre, en que el conde de Luchana alcanzó , batió 
y dispersó su gente en Huerta del Rey. Derrotadas y 
perseguidas las dos espediciones de D. Carlos y Zariáte- 
gui , hubieron de dividirse , dirigiéndose la del primero 
por Cabaleda y Vinuesa acia Soria , y la del segundo por 
Santa Crnt de Juarros acia Viltafranca de Montes de Oca. 
T. vil. 14 



20i RSVlSTiW DE ESPAÑA, Ofi tIfI>lA9 Y DEL E8TEANJEB0. 

Zariátegui entró eu Ollauri el 18, el 19 y 20 repasó el Ebro 
por los vados de Revenga ó Camero con el infante D. Se- 
bastian , mientras D. Carlos, cada dia mas estrechado por 
nuestras tropas, pudo poco después penetrar por el valle 
de Mena, en la provincia de Vizcaya. Dias antes de su lle- 
gada , se hablan apoderado sus fuerzas de Peralta ; pero 
en cambio de este favorable suceso el comandante gene- 
ral del ejército en la costa cantábrica, D. Leopoldo Odonell, 
tomó á Guetaria, y á consecuencia de un desembarco, 
practicado con habilidad por el capitán de fragata D. Juan, 
Otalora en los puntos de Ondarrua, Devs^ y Motrico , se 
apresaron veinte y cinco lanchas enemigas con varios | 

efectos y utensilios de su uso. I 

I 
A la entrada en las provinciasdel norte de las dos es- 
pediciones de D. Carlos y de Zuriátegui , siguió pronto,, 
como era natural , la de la división del conde de Lucha- 
na, y al penetrar este en el teatro de la guerra , y al ver la 
desmoralización del ejército, persuadióse de la necesidad 
de hacer un severo y ejemplarisimo escarmiento por los 
asesinatos de Escalera , de Mendivil y de Sarsfield , na 
obstante el tiempo que habia trascurrido. Los deplorables 
sucesos de Miranda, de Logroño y Pamplona hablan reía-, 
jado tan escandalosamente la disciplina militar, y los 
manes de Sarsfield y de Escalera pedian de tal ma- 
nera venganza en el ánimo de todos , que el general Es-^ 
partero hubo de comprender fácilmente, que sin reprimir 
con rigor tamaños atentados , ni le era posible responder 
im solo dia de la lealtad y de la sumisión de las tropas, ni 
atajar en el ejército la mas espantosa anarquía. Dudosa y 
muy digna de censura habia sido la conducta del conde 
de Luehana en los acontecimientos de Pozuelo de Arava- 
ca, pero la imparcialidad exige decir, que asi en Miranda 
como en Pamplona supo castigar con firmeza y brio los 



RESEÑA POLÍTICA DE ESPAÑA. 203 

crímenes cometidos por mía parte de su ejército. Hallába- 
se el general Espartero el 30 de octubre en Miranda de 
Ebro , jiannadas todas las tropas con el aparato mas im- 
ponente, manifestóles en breves pero enérgicas palabras 
la irremisible necesidad de imponer el castigo que á- su 
presencia iba ¿ ejecutarse : ordenó pues inmediatamente 
que fuesen sacados de filas diez individuos del provincial 
de Segovia, acusados de principales autores de la muerte 
del general Escalera, y luego que hubieron recibido los 
auxilios espirituales , fueron pasados por las armas , sin 
que para nada valiesen los méritos que ellos y su regi- 
miento hablan contraído en la acción tenida en Valladolid 
contra Zariátegui ; condenóse también á igual pena á otros 
siete cabos y soldados, que se hallaban ausentes, treinta y 
seis mas á diez años de presidio, y el resto de la tropa del 
provincial de Segovia fué refundido en los demás regi- 
mientos. Vengado con esta solemnidad y aparato bélico el 
asesinato de Geballos Escalera, partió sin dilación el conde 
de Luchana á Pamplona, y tomadas que fueron las con- 
venientes averiguaciones , resultó de ellas , que el coronel 
comandante de tiradores, D. León Iriarte, el comandante 
del iJ" batallón del mismo cuerpo, D. Pablo Barricat, y 
cuatro sarjentos, se hablan puesto al frente de una cons- 
piración que tenia por objeto la independencia de Na- 
varra, y en la cual se hablan elegido por victimas á Sars- 
field y Mendivil. Acusados y juzgados con prontitud por 
un consejo de guerra todos estos conspiradores, sufrieron 
el 16 de noviembre, en Pamplona, la misma pena que aca- 
hebBL de imponerse en Miranda de Ebro á los provinciales 
de Segovia; de esta manera enérgica y ejemplar supo el 
general Espartero aplicar condigno castigo á los escan- 
dalosos asesinatos de Miranda y de Pamplona ; y si de la- 
mentar fué que la impunidad de otros crímenes anterio- 



204 REVtSTA DE ESPAÑA, DE URDÍAS Y DSL. KSTRANJERO. 

yes bubiese sin duda traido estos , todanría es de elogiar Iff 
tardía pero saludable firmeza con que fueron castigados 
los últimos, y que sirvió admirablemente parir restablecer 
la sumisión y disciplina de las tropas. 

La importancia que hemos dado á las espediciones de 
D. Carlos y de Zariátegni , y el hecho de haberse unido á 
las del primero las facdones del Maestrazgo, de Aragón 
y de Valencia , nos ha impedido dar alguna noticia de los 
sucesos militares de Cataluña, durante el segundo semes- 
tre de 1837. En esta época continuó d barón de Meer 
dando pruebas de su bizarría y actividad; y en las accionres 
de Capsacosta y de Pedregosa, en la defensa de Prats de 
Llusanés y de la Llacuna , en la ocupación de RipoU y en* 
el ataque dado á los carlistas delante dé San Juan de las 
Abadesas, abatimos y humillamos el orgullo del enemigo^ 
Digna es también de especial mención la victoria que en 
3 de setiembre obtuvo el brigadier D. Jaime Carbó, cerca 
de Manlleu, en que perecieron doscientos carlistas^ además 
de haberse hecho un gran número deprisioneros ; y no seria 
justo pasar en silencio las defensas de Rocafbrt de QueroU 
Pont de Armentera, Tora, Ampostayla Escala, poblado^ 
nes todas de Cataluña, que se sostavieron con gran. valor 
contra fuerzas muy -numerosas del enemigo. Fueron por 
este tiempo igualmente ventaíosas á nuestiras armas la bc^ 
eion de Castelseras, daid¡a en Aragc«i ri 11 de noviembre, 
la de Burriol en el reijao de Valencia, dada el dia 14 , y la 
defensa de la villa de Azagra, no debiaRído tampoco omi-^ 
tirse la derrota y pérdida de )a mayor parte de su gente,, 
que sufrió en 30 de octubre el cabeeiUa Montija, que re- 
corría y devastaba los pucdblos fronterizos ^e Portugal, e» 
la provincia de Estremadura. Y aquí cottvendri internan- 
pir la relación de los sucesos iMÁlitares , ya que se han re^ 
brido los principales del año 1837 , y que en el norte 



USBEltl POLÍTICA Dfi SSPAIÍA. SOI 

fueron hasta cierto punto insignificantes los que no que- 
útai anteriormente narrados. 

Dejando pues la reseña de los hechos de armas , para 
ocupamos e^ la situación política del pais , hemos indica-r 
do otras veces que la prok>ngacion de la guerra, la divi- 
sión de los partidos , el enardecimiento de los ánimos , y 
las pocas raices que enlre nosotros tenia el régimen cons-^ 
títucional, unido todo á la profunda desmoralieacion y 
multitud de ambiciones creadas por todas estas causas, 
influían de la manera mas desagradable en la estabilidad 
4el gobierno : ningún ministerio duraba seis meses ; con- 
tra todos se falminaban iguales cargos , y todos vivían y 
Hiorian casi de la misma manera. ¿ Cómo pues se habia d« 
üfmoéhiT ni continuar con perseverancia ni empeño plan 
«Iguno^ni para la conclusión de la guerra, ni para la reor- 
ganización política y administrativa mas conveniente del 
pais? Todo debia quedar al azar y al acaso , porque el go- 
biemo aifuejado j abrumado por tantas partes, y amena- 
zado coatinoamente en su existencia, apenas tenia tiempo, 
humor , ni medios , sino para vivir para el dia , y esto aun 
«on iooertídnmbre y con flojedad. A todas estas causas 
4igr^;ábanse ios errores, por decirlo asi, propios déla 
escelsa reina gobernadora, en el a<$to que hay mas per- 
sonal de los reyes en monarquías constitucionales: nos las 
referimos á la elección de ministros. Los gabinetes se mu- 
daban y remudaban todos los dias , se componían y re- 
componían total y parcialmente , y casi nunca se veia ni 
un pensamiento monárquico , ni un pensamiento parla- 
mentario , ni un plan político : las relaciones personales, 
la idea que se tenia del carácter del candidato, la casua- 
lidad , decidían muchas veces de la elección ; otras veces 
la reina gobernadora se veia apremiada y casi obligada á 
oombrar á tal ó cual persona, bien por la idea exagerada 



206 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRANJERO, 

que tenia de su valer y de sus medios^ bien porque no 
hallase donde debiera el apoyo y el esfuerzo necesarios. 
Un ejemplo de este género se dio ya en 1837, cuando des- 
pués de los sucesos de Pozuelo de Aravaca se confirió la 
secretaria de la guerra , con la presidencia del consejo 
de ministros al conde de Luchana : no quiso este admitir 
tan honorífico encargo , como ya indicamos en el articulo 
anterior, y todo fueron después alteraciones y mudanzas. 
D. Diego González Alonso sustituyó en el ministerio de la 
gobernación á D. José Manuel Yadillo , y D. Evaristo San 
Miguel sucedió al conde de Luchana, el 30 de agosto , en 
la secretaría de la guerra ; esta combinación se descom- 
puso al cabo de un mes: San Miguel, Alonso y Salvato hi- 
cieron dimisión de sus puestos , y admitida por S. M. en 
I."" de octubre , entraron á reemplazarles en gobernación 
D. Rafael Pérez, D. Francisco Javier Ulloa en marina , don 
Ignacio Balanzaten guerra, y D. Juan Antonio Gastejon en 
gracia y justicia ; estos dos últimos no quisieron aceptar, 
y fueron nombrados en su lugar D. Francisco Ramonet y 
D¿ Pablo Mata \igil; también D. Pió Pita Pizarro,que 
había gozado según voz pública el favor de la corte , cesó 
en el ministerio de hacienda , el 7 de octubre , reempla- 
zándole en este cargo D. Antonio María Seijas; por último, 
terminó la penosa y larga elaboración de este ministerio 
en 18 de octubre, concediendo la presidencia al Sr. D. En- 
sebio Bardají y Azara, nombrado primer secretario de es- 
tado. 

Fácil era inferir que im ministerio como este , formado á 
retazos y compuesto de elementos tan heterogéneos, de- 
bía ser de poquísima duración : las cortes para su fortuna 
tocaban á su término , tanto que en 4 de noviembre fina- 
lizó la legislatura. Habíanse convocado las nuevas para 
el 19 del mismo mes^ y las elecciones, que durante la 



RESEÑA POLÍTIGA BE ESPAÑA. * 207 

apertura de las cortes se estaban verificando , faeron re- 
ñidas , y se hicieron tumultuariamente en varios puntos por 
el calor de los partidos y elenardedmiento de los ánimos: 
en Cádiz , Barcelona y otras ciudades se alteró la tranqui- 
lidad pública y ocuníerron sucesos desagradables . Sin 
embargo , reuniéronse las cortes en 19 de noviembre de 
1837, y como por aquellos dias la institución peligrosísi- 
ma de la milicia no recibia sino ovaciones é incienso, 
llevóse muy á mal por los exaltados , qiie en el discurso 
de S. M. no se hiciese mención de tan benemérito cuer- 
po : empezaron pues las quejas y reconvenciones contra 
el ministerio , y no habia pasado un mes desde la apertu- 
ra de las cortes , cuando se verificó otro cambio completo 
de gabinete. En 16 de diciembre confirióse la secretaria de 
estado con la presidencia al acreditado diplomático don 
Narciso Heredia , conde de Ofalia ; la de guerra al tenien- 
te general D. Baldomcro Espart^o , la de hacienda á don 
Alejandro Mon , la de gracia y justicia á D. Francisco de 
Paula Castro , la de gobernación al marqués de Someirue- 
los y la de marina á D. Manuel Cañas. Este gabinete reu- 
nía mas condiciones de fuerza y de vitalidad que el ante- 
rior; mas como el partido progresista se había habituado 
á monopolizar el mando desde la revolución de la Granja, 
Hevó muy á mal la formación de este ministerio, y se dis- 
puso á combatirle : la mayor parte de sus individuos go- 
zaba el concepto de retrógrados , y enardecíanse los áni- 
mos de los mas exaltados al considerar que el conde de 
Ofalia, que habia sido ministro bajo el régimen absoluto, 
tuviese en el constitudonal el alto cargo de presidente de 
este gabinete : comenzaron pues á ponerse en juego todos 
los resortes imaginables , y trató , sobre todo, el partido 
progresista de atraer á sus filas al general Espartero , por 
euyo omnipotente influjo se crearon y derribaron gabine- 



^8 BEVISTA DE SSPAÍU, QE OmiAS Y DEL XSTRANIEBO. 

les , hasta que con la ocasión mas propicia y con el pro^ 
Bunciamiento de setiembre espulsó á la reina goberna- 
dora , y logró encaranuurse á la alta dignidad de único re-> 
gente. 

Tal era la situación política y militar del reino al con-* 
eluir el año 1837 y comenzar el dS; el estado presente era 
bien poco lis<injero, y el porvenir presentábase incierto y 
sombrío : nuestras tropas continuaban , como al principio 
de la guerra , siendo impotentes en el norte para dar gol- 
pes decisivos y destruir las fuerzas carlistas ; estas se or* 
ganizaban, engruesaban y fortificaban cada dia mas.aa 
Navarra y en las Provincias Vascongadas ; no temian de 
modo alguno pelear a todas horas con nuestro ejército , y 
creyéndose dominadoras de aquel territorio , enviaban de 
vez en cuando al interior del pais espediciones numero- 
sas, que corriaoy devastaban y alarmaban todo el reino» 
obteniendo victorias y sufriendo alternativamente derro*. 
tas ; las facciones de Cataluña , de Aragón , de Valencia y. 
de la Mancha seguían basta cierto punto el progreso del 
ejército carlista del norte ; cada dia eran mas numerosas, 
mejoraban su organización y aumentaban sus medios de 
resistencia, kü puede decirse muy bien , que no obstante 
los sacrificios hechos por la nación , las fuerzas del ejér- 
cito, ni las auxiliares de cuerpos francos y milicia nacio- 
nal, eran bastantes para terminar la guerra dvil en el nor- 
te , ni para destruir en las demás provincias las diferentes 
y numerosas gavillas^ que infestaban el pais : esta situa- 
ción tan poco lisonjera de la guerra tenia su influjo funes- 
to en la gobernación del reino. Las pasiones , y las ideas 
exageradas recibian con ello un nuevo estimulo , la divi- 
sión y los odios se hacian cada dia mas profundos y mas 
fuertes , los partidos se sucedían en el mando con violen- 
tas reacciones, los hombres sensatos y justos se separa- 



&ISEÑA POLÍTICA 9B ISFAÑA. fOV 

b«n de los negocias , al ver taato desorden y desquicia- 
miento; 7 todo era debilidad, instebilidtd y anarquía, cuan^ 
do mas que nunca eran necesarios , para Tencér y conso** 
lidar el régimen constitucional, orden, unidad de ideas y* 
fuerzas, y concentración de todos los oiiedios de gobierno. 
Con estas esplicaciones, no estrañará por derto el leetor 
que la guerra civil continuase todayia prolongándose por 
tiempo , y ofreciendo poco mas ó menos las mismas vicisi» 
tudes y alternativas que hasta entonces habia tenido. 

Dejamos atrás indicado que D. Carlos y Zariátegni, 
después de la derrota sufrida en Huerta del Rey, el dia 14 
de obtubre de 1837, habían vuelto y penetrado por dis^ 
tintos puntos en el norte , des^gañados al parecer de la 
utilidad de estas correrías y espedicienes. Es cierto que 
de ninguna de las proyectadas y realizadas hasta entonces 
habia sacado la causa de D. Carlos los resultados y ópi* 
mos frutos que sus parciales habían esperado en sus \\u* 
sienes y sueños dorados; pero sin embargo , no parece 
sino que una especie de vértigo se habia apoderado de lo» 
consejeros de D. Carlos en favor de las espediciones , se- 
gún que unas se sucedían á otras sin interrupción : el ás^ 
pero territorio de Navarra y de las provincias venia sin 
duda ya estrecho para los defensores del ex-infante, y ha- 
llábanse estos cansados de tanto combate inútil, buscando 
por lo mismo ocasión de ensanchar su imperio , y de au- 
mentar en el pais y en el estranjero la opinión de su va- 
lor , de sus fuerzas y medios de triunfo : asi es , que no 
bien acababa de entrar D. Carios en Vizcaya , cuando sus 
principales caudillos proyectaron nuevas espediciones al 
interior. Designóse para este ñn al cabecilla D. Basilio 
García, y pusiéronse á sus órdenes cuatro ó dnco batallo- 
nes, con el número correspondiente de caballos. En 29 
de diciembre de 1837 logró D. Basilio García pasar el 



SIO MBTISTA DE ISPAflA , DE lN»IAft T DEL ESTRANJKRO. 

Ebro por un vado próximo á Mendavia , y atravesando 
€on velocidad el territorio que le separaba de Moneayo, 
pareció dirigirse desde un principio acia Aragón» pero fíié 
bajando , sin detenerse, hasta la provincia de Cuenca. Las 
fiíerzas de D. Basilio eran muy cortas , para esponerlas en 
tierras tan distantes, y diósepor lo mismo orden á los ca- 
becillas de la Mancha y de Aragón , para que procurasen 
incorporársele y ayudarle con sus fuerzas: á consecuencia 
de estas órdenes el cabecilla Tallada , que se titulaba co- 
mandante general de Valencia, salió de Chelva donde se 
hallaba en el mes de enero de 1838, y unióse el dia 26 
del mismo en Alearas á D. Basilio Garcia. En este pueblo 
deliberaron sobre el partido que deberían adoptar , y re- 
solvieron encaminarse acia Murcia; mas teniendo después 
noticiadeque el general Ulibarry los perseguía de cerca con 
la segunda división del ejército del norte , tomaron el ca- 
mino de Andalucía , corriéndose á Viilapalacios. Ocupa- 
ban Garcia y Tallada á Siles el dia 2 de febrero , y refor- 
sada en este pueblo su fuerza con la caballería de Palillo, 
se trasladaron á Veas para dirigirse al reino de Jaén. Habia 
relevado el brigadier D. Ramón Pardiñas al general Uli- 
barry en el mando de la 2.' división del norte, y poco 
después incorporóse al primero con sus fuerzas el general 
Sanz , y púsose al frente de ambas columnas ; D. Basilio 
iba un poco delante de Tallada, y pasó el dia 4 de febrero 
de Villacarrillo á Ubeda , donde noticioso de la proximi- 
dad de nuestras tropas esperó á su compañero Tallada, pa- 
ra combatir á un enemigo superior en número : la fortuna 
no favoreció las cálculos y deseos de D. Basilio ; pues ha- 
biendo llegado el general Sanz en el dia 8 á la vista de 
Baeza , y hallando desprevenidos á los carlistas de Tallada 
los acometió denodadamente , y los puso en gran confu-^ 
sion y desorden. Pasados sin embargo estos primeros 



RISIÑA POLÍTICA BK ESPAÑA. 911: 

momentos, corrieron al amparo de D. Basilio, que se ha- 
laba en Ubeda; mas antes de incorporarse con él, y al pa- 
sar por el Encinarejo , cayeron en el lazo armado por los 
escuadrones de Borbon y de la Constitución, y allí fueron 
acuchillados y alanceados sin compasión , pereciendo en 
aquellos campos la mayor parte de los mismos. Suerte 
muy parecida cupo á D. Basilio García : vióse este preci- 
sado á empeñar el combate acia la torre de Pedro Gil; pe- 
ro viendo imposible su reunión con Tallada, llevó su gente 
á los egidos de San Lázaro , adonde llegaron muy pronto 
los dispersos y atropellados en el Encinarejo ; su presen- 
cia infundió desaliento y terror en el ánimo de los solda- 
dos de D. Basilio, de tal suerte que aun cuando al prin- 
cipio trataron de sostenerse,. cargados por la caballería 
lijera de Pardiñas, y atacados bizarramente por el regi- 
miento de Córdoba al mando del coronel Urbina, dejaron 
el campo lleno de cadáveres y tuvieron que rendirse pri- 
sioneros en número de mil y quinientos hombres. Asi 
quedaron en un momentg frustradas todas las esperanzas 
de O. Basilio, y quedaron disipados como el humo sus fan- 
tásticos proyectos ; y el mal estaba no solo en la derrota 
que acababa de sufrir , sino en el pais que habitaba, ene- 
migo de su causa. Era sin embargo preciso tomar una re- 
solución, y D. Basilio y Tallada no hallaron otra mas con- 
veniente que encaminarse acia Murcia , y corriendo con 
lijereza por todo el pais contrario hasta ganar las márge- 
nes del Júcar volver pronto á sus respectivas guaridas. La 
empresa era en este momento muy arriesgada , porque, 
los pueblos, noticiosos de su derrota, hablan cobrado 
gran ánimo , y perseguían con empeño á las facciones ; 
por otra parte, acudía con sus tropas el general Oraa, á 
fin de impedir que penetrasen estos cabecillas en el ter- 
ritorio de su mando , mientras el general Sanz se hallaba 



41S REVISTA D« ISPAÜA, BB INDIAS Y DKL B9TRAIflBRO« 

en Gara¥fiea, La espodicion de D. BasOio y Tallada llegó 
el 37 de febrero á las orillas del rio Gualdar, próiimo á 
Castril , y se diddió á echar un puente para pasarlo ; em- 
pero cuando se hallaba ocupada en esta maniobra, apare- 
ció inesperadamente el brigadier Pardiñas con las tropas 
de su mando, y empeñóse de una y otra parte el combate: 
duró este sin embargo muy poco tiempo, porque la mala 
posición de los carlistas y el vigor de nuestros soldados 
apenas les dieron tiempo para defenderse; allí se hizo por 
nuestro ejército una horrible carnicería : los infelices car- 
listas perecieron en este encuentro, unos alanceados y 
acuchillados , otros pisoteados por los caballos , y otros 
por fin sumergidos en el agua ; muy pocos escaparon de 
aquella sangrienta jornada , que dio ignominioso fin y 
remate á la espedicion de D. Basilio. Salvóse este cabe- 
cilla por haberse separado poco antes, con el fin de es- 
quivar el encuentro con nuestras tropas ; pero no fué tan 
afortunado Tallada, que si bien logró evadirse en lo mas 
apurado de la acción , fué sorprendido el 6 de marzo por 
los nacionales de Barras en un cortijo de este pueblo , y 
desde él conducido á Chinchilla , donde juzgado por un 
consejo de guerra, sufrió la pena ordinaria de ser pasado 
por las armas. 

D. Basilio García , no obstante la derrota completa de su 
gente á las orillas del rio Gualdar, fué bastante hábil para 
incorporarse con los cabecillas de la Mancha, y para reu- 
nir en poco tiempo la fuerza de cuatro mil infantes y 
ochocientos caballos: con ella se dirigió acia Ciudad Real, 
y ocupó á Almadén , sin hacer daños considerables en sus 
minas ni fundiciones : hallábase á la sazón de comandan- 
te de la provincia de Ciudad Real el general D. Jorje Flin- 
tcr, y limitóse al principio á observar los movimientos del 
enemigo, esperando ocasión propicia para embestirle. No 



USEÍÍA POkimCA DE KSPASa. ftS 

tardó esta en ofinecérsele ; pues notíciofio de queD. Basi- 
lio se encontraba muy tranquilo en Valdepeñas , oon átá^ 
vao al parecer de esperarle, se encaminó inmediatamante 
á aquel puoto , donde llegó al rayar el dia 14 de mano : 
allí atacó D. Joi^e Flinter á la gente di D. Basilio» obligóla 
á evacuar el pueblo» y después de un porfiado coudMUe, 
derrotó convictamente á los espedicionarios, causando-^ 
les la pérdida de cien muertos y de un considerable nú-" 
mero de heridos, y cogiéndole prisioneros cuarenta y ocbo 
jj^es y oficiales y doscientos quince individuos de Iropa. 
Tal fué la serie de contratiempos y derrotas sufridas por 
la espedidon de D. Basilio» que salió orguUosa y envide-» 
cida de las Provincias para volver á las mismas humillada 
y escarmentada ejemplarmente. 

Algunos dias después que D. B^isilio Garcia salió drt 
norte con su espedicion » proyectaron los generales car-^ 
Usías enviar otra al interior» con el fin de auxiliar e&ta» y 
de distraer las fuerzas de nuestro ejército ; impidieron por 
entosiceala realización de estos planes D. MartiaEi Zurb»- 
no y el general Ribero» que acudiendo con presteza á los^ 
vados de San Martin y Casa*Peña» obhgavon no solo á retir* 
rarse con pérdida á los espedicionarios» sino á los batallo^ 
nes carlistas que se presentaron á proteger el paso. Por el 
mismo tiempo» esto es, en 2 de enero de 1838» logró el 
virey de Navarra dejar espedita la carretera de Tafalla, obs- 
truida por los enemigos; en 14 del mismo mes salvó el ge- 
neral León un convoy en las inmediaciones de Pamplona, 
después de un combate victorioso, y el 30 y el 31 conisiguió 
el general Espartero levantar el sitio de Balmaseday dejar 
libres las comunicaciones con este punto » á fuerza de re- 
cios y empeñados ataques en los desfiladeros de Orrantia. 
Empero el hecho mas glorioso de armas» á principios de 
este año» fué el ataque dado por el general León en el 



214 REVISTA DS ESPARa, DE INDIAS Y DEL SSTRANJERO. 

puente de Belascoain en los últimos diasdelmes de enero. 
Hallábanse los enemigos obstinados en conservar esta po- 
sición, que los hacia dueños del Arga, y estaban por lo 
mismo nuestras tropas no menos resueltas á lanzarlos de 
ella: empezóse pues y sostúvose el combate con el mayor 
encarnizamiento , pero todo cedió por fin al indomable 
esfuerzo de nuestros soldados, que obtuvieron la victoria, 
y cogieron trescientos prisioneros , además del número 
considerable de muertos y heridos que hubo en las filas 
carlistas. Por este tiempo emprendió también algunas 
operaciones el comandante general de la costa de Canta- 
bria, D. Leopoldo Odonell, mereciendo especial mención 
la que practicó el 6 de febrero, para destruir las fortifica- 
ciones del Monte Garate ; empero todos estos hechos, glo- 
riosos sin duda y útiles para mantener el entusiasmo del 
soldado , no daban resultado alguno importante : nuestras 
tropas se veian las mas veces precisadas á abandonar los 
puntos y poblaciones conquistadas á fuerza de sangre , y 
los enemigos volvian á ocuparlos y fortificarlos , repitién- 
dose siempre la misma pesada y monótona historia de 
combates y acciones honrosas al par que estériles. 

Fermín Gonzalo Morón. 



Wñ » »W(IÍMW>»%WW»WM>WWílfcW<tWWW<IIW»<ll<»M»WI»W^^ 



SOBRE EL APRESAMIENTO 

BE LA FRAGATA NÜMA Y DE LA GOLETA RAÜRET 

en las cosías de la isla de Cuh 

por el bergantín de guerra inglés Damko. 



El suceso que dio motivo á estos articolos ha ocupado 
la atención pública no solo en España , sino en todas las 
naciones europeas y americanas; y justo será que nuestra 
Revista^ que, si no tuvo por objeto único tratar de las cosas 
de nuestras posesiones indianas, las miró siempre como de 
preferencia por su grande importancia y por la dificultad 
de presentarlas bajo su verdadero punto de vista, examine 
esta cuestión sin mezcla de intereses ni pasiones, y si con 
la calma filosófica, resultado de im estudio profundo y 
detenido por espacio de muchos anos á la vista de los su- 
cesos mismos. 

El apresamiento de la fragata iVttma, y muy especialmen- 
te el de la goleta itaura^ acaban de revelar el fundamento 
con que el capitán general déla isla de Cuba espuso al go- 
bierno los gravesinconvenientes que ofrecerla la ley repre- 
siva del tráfico de esclavos en las costas de África, y según 
la interpretación lata y arbitraria que desde un principio 
habia pretendido dar el gobierno británico á los conve- 
mos de 18i 7 y 1835, y mas lata y arbitraria aun por el abuso 
de los agentes y de los oficiales de su marina, que jamás 



2t6 REVISTA DS ESPAÑA, DE INDIAS T DEL SSTRANJEAO. 

han desperdiciado ninguna ocasión de hacer alarde de ese 
odioso lujo de su prepotencia y de esa monomanía que los 
hace insultar con el carácter público , á los que sin duda 
no pudieran insultan* en otro concepto. 

Guando se presentó el proyecto de ley penal sobre la 
represión del tráfico de esclavos, por cuantos medios es- 
tuvieron al alcance de nuestras débiles fuerzas lo comba- 
timos, sin temor de cargar con el terrible anatema de las 
preocupaciones de un siglo, mezcla estraña de filosofía y 
de errores ; porque nosotros, fundados en la investigación 
de los hechos, no creemos que la esclavitud africa- 
na en las colonias españolas haya sido perjudicial á la es- 
pecie humana , y menos que sea merecido el epíteto de 
anticristiana^ con que la hemos oido apostrofieur por hom- 
bres cluya celebridad respetamos. 

Nosotros empero liemos reprobado los medios con qne 
se ka hecho el tráfico de esclavos, y hemx)s llorado los es« 
eesos de la esclavitud al propio tiempo que combatíamos 
e^a ioiciia orneada, mengua del siglo, levantada por las 
sodedades inglesas , bajo el santo pretesto de la humana^ 
dad y de la religión : ellos que han sido por muchos ates 
los únicos proveedores y traficantes de negros, y que han 
oprimido mas que ningún otro pueblo esa raza desgcada«« 
da, ellos cuya máxima durante dos siglos ha sido, hágme 
asíúcofi aunque muera la negrada. 

Nosotros coHibatíamos el proyecto de ley , porque lo 
creíamos innecesario y fuera de tiempo , y porcpie la os- 
periencia de muchos años habia demostrado la neccsidaii 
de reformar las basies del célebre convenio de 23. da se-^ 
tiejBd>re de 1847 , cuyos males habían aumentado m««h^ 
desde el ícslIsá^ de) Sr. Martínez de la Rosa de. 28 de jNi- 
nio de ISSK; pero lo que antes era un proyecto,, es hoy na 
preeepio legiriativo, y nosotros también lo acalaaM>s y rt^ 



éÓBRkS BL Á9RB&AHI1MTO DE U VlUGAtA NUÍU. ^l) 

lidiosamente lo «umpliremos. — Hace años que nutdsb^á 
inerte nos conduce á ser testigo presencial de los sucesos 
más trascendentales enesta célebre cuestión, y á tener e» 
ellos un conocimiento impasible, para poder seguir su cur-« 
so y analizar todos sus resultados. Casi al mismo tieínpo 
que la JVtthut surcábamos nosotros lad aguas de-Matanzas; 
y cuando la vimos apresada por el bergantín inglés Da-* 
Hfi^, y después de íealmada la indignación' que se siente 
kl ver hutifillado el pabellón de su patria; nb pudimos 
menos de prever que aquel suceso habia de escandali- 
Isár á todos los hombres amantes de que se respeten el de<^ 
recho de gentes y los santos principios de justicia^ 
' Conociendo que el apresamiento de la fragata Numa y 
de !á goleta RawretiiBtiiA éé dar ocasión á debates' áoido^ 
^ados eñ el terreno de lá política, nos {iropusimoa desdé 
M principio ent!6tarnos dé todos los antecedentes y se<* 
guir-^ etirso de'las'a!Ct»acioneB judiciales que se promo^* 
vitsi^ipaiiá lá dédfiratbria; del tribunal mi^to da juifitiBia^ 
sifindoiro^fáéil estar ál ¿orrle&te'de todo por nuestras ne* 
fiá($ñ'é)s'eoll les -própieítairiOB y cargadores de tai kmves 
a][>i^ésÉclas, 7 coíi la knayor pan^te de los síqetos que teniait 
qné'lj^lritert^gadbsen esia cétebre abtua¿ion% 

Seguros de la vetded áo cuanto espondretoos, pues qtté 
tosí misníos interésiado^ ños han facilitado los documentos 
JúistiAcátWós, creemos hacer ún sé&alado servicio á nue&M' 
tra pUtí^ia; dandé A corio^i^al mundo civilizado una de la$ 
lébntiíltías véjadoiiei qué por los agentes de níi& nación 
dmiga se causa de continuo á nuestro coniei*cio, de suerte 
^^ pariecé ser este el único y esclusitó objeto de los trá^ 
ladds sobre el ti^lBco de negros^ 

- Por lio que nosotros espondi'enios no solo quedarán re^ 
fotttdas todaí^ tiai^ impugnaciones d¡e la prensa abolición 
liista, sino que esta cuestión pódrájuzgarse con todas las 

T. VII. i5 



}18 ÜEVISTA DK IS^A^A, 0S INDUS T DBt ISTRAICISIIO. 

solemnidades y rigor de derecho , y será un nuevo dato 
para demostrar la necesidad de modiicar algunas de las 
bases comprensivas de los tratados existentes » altamente 
perjudiciales á nuestro comercio marítimo y depresivas 
del -honor nacionaL 

En 10 de junio último , Henrique James Matson , co- 
mandante del paquebot de la armada de S. M. B. Daring^ 
autorizado por el tratado entre la Gran Bretaña y España, 
su fecha 28 de Junio de 1835, para la supresión del tráfico 
de esclavos , declaró que en el propio dia 10 hallándose 
en latitud iZ"" 18* norte y longitud 8V SO"" oeste de Gre^- 
wich, apresó la goleta española costera, nombrada üaure/, 
de que eracapHán Antonio Silva, por haber violado dicho 
tratado ; que el buque tenia á su bordo al tiempo de su 
captura una tripulación de tres hombres sin pasajeros y 
sin esclavos, y un número estraordinario de cascos de 
aguada, mas que el suficiente para su tripulación, sin 
que el capitán tuviese certificado alguno referente á eUos, 
aunque manifestó que iba á venderlos á Matanzas ; y que 
abordó este buque por haber recibido noticias de que ha- 
bla cambiado señales con otro ya detenido por el decla- 
rante, á causa de estar empleado en el tráfico de esclavos, 
lo que el caj^tán negó al principio y confesó después. 

En el 11 declaró el mismo: que en el 10 citado, hallán- 
dose en la espresada latitud y longitud, apresó la barca es* ^ 
páñola JViuma, de que era capitán José Cátala , por haber 
violado el propio tratado 4 que el buque tenia ásu bordo al 
tiempo de su apresamiento catorce personas de tripulación, 
sin pasajeros ni esclavos, y estabababilitado y equipado para 
el tráfico de esclavos, teniendo á su bordo : 1.^, divisiones 
y soUada en la bodega y sobre cubierta, en mayor núme- 
ro del que es necesario para los buques empleados en el 
comercio licito ; — 2.°, tablones de repuesto, listos para 



SWBX IL A»RBSAHIXNTO bB LA FRAftATA HUMA.. S19 

colocarlos en forma de un completo sollado para esclavos 
á popa y á proa; -^ S/, un número estraordinarío de bar-* 
eos de aguada, mas que el suñciente para un buque mer- 
cante , además de un número de cascos abatidos empa-* 
quetadoSy listos para formarlos otra vez, todo capas de 
contener cinco mil galones dé agua, sin tener el capitán 
ningún certificado relativo á alguno de los anteriores arti-* 
culos; — 4.**, mayor cantidad de platos de rancho que los 
necesarios para el uso de la tripulación; — 5/, dos luga- 
res e^aciosos para cocinar, mas que suficientes para la 
tripulación de un buque mercante, y habilitados para reci- 
bir grandes calderos; _ 6.°, tres calderos grandes, mucho 
mayor cualquiera de ellos que el que se requiere para la 
tripulación de un buque mercante ; que á su primer ida á 
bordó no se le presentaron los papeles en regla, y almani* 
festar repetidamente que no eran suficientes para probar el 
carácter nacional del bucpie , produjo el capitán los demás 
que aparecen del proceso ; que algunas horas antes del 
abordaje se mantuvo el buque alterando continuamente 
el rumbo para evitar la estela que seguia el Daring ; que 
habiéndosele dado parte de que repetidamente habia cam- 
biado de señales con una pequeña goleta costera, mandó 
abordar este último buque, y se le halló sin cosa alguna á 
su bordo, escepto cascos de aguada que manifestó el capi- 
tán eran para su venta, y que el capitán negó al principio, 
mas después reconoció haber hecho señales porque se ha- 
llaba un buque de guerra á la vista. 

En el 11 citado , el Sr. juez británico , acompañando la 
precedente declaración, ofició al Escmo. Sr. juez español» 
esponiendo : que el apresador de dichos buques los habia 
enviado á este puerto para su adjudicación por el tribu- 
nal misto ; que la goleta se encontró en consorcio de la 
barca como si intentase poner á bordo de esta los cascos 



920 RIVICTA OV BS»AÑA; m IMIMAS T del tSTBlNlB»». 

que calcaba ^e agaada, y que tenia que aguardar se sdk^ 
tase dia |áira la adjudicación por díclio tribonfil. 

fin el propio dia los Srésl comisarios boritáíiicospartici^ 
paren al Esemo Sr. capitán general dicha aprehensión, así 
como que de los varios individuos encontrados á, bordo de 
ambos buqmes se dejaron seisá bordo de la JVttma, dds á 
bordo de la Jtimref , y once á bordo del Aarmg, á fin de 
que se pusiesen en segura custodia, y se presentasen ante 
el tribunal misto cuándo sé reuniese para la adjudicación 
con arreglo al tratado. Lo relacionado resulta' de varias 
traducciones del intérprete del gobierno D; Luis Pagne'. 

En 12 del propio mes , D. Francisco Alvarez , consigna* 
tario y condueño que espresó ser de la Nutna^ representó 
al Escmo. Sr. capitán general, que aquella llegó ioste 
piloto, procedente del de Barcelona, el 4 de aquel mes 
¿on ciento seis colonos con la vasgeria necesaria para la 
aguada dé los mismos, y un fogón además del ordinario, 
por ser también indispensable ; que desembarcados aqae-« 
líos se le proporcionó vendar piúra entregar «n Matanzas el 
vit^ qu^ oondujo él mismo buqtie dé Barcelona, consisten-* 
te en dosciénias noventa pipas, cincueptá media» y treinta 
cuattos ; quépam verificar su desembarco alli, se le habi«4 
Htóp^ la rell^ aduana con el despacho que ordinariamente 
se da á los biiqti^ de cabotaje ; estaba cargado en el or-* 
d^ti corriente que lo estaban todos los buques de licito 
comercio, y su constmccion y 'todo su aparejo manifes-* 
taban que era un mercan ton que no podía, dedicarse á 
laráficos atrevidos, dónde hubiere que vigilai^ y pasar por 
cruceros de buques de guerra : á pesar de todb lo ouat 
babia sido apvebehdidoibajo la preten^on de estar habilita-* 
do para el trefilo de negros. Concluyó pidiendo se pusie- 
se la Nima libre de la detención que sufría, admitiéndote 
desde luego la reclamación de dalíos y perjuicios quepu-* 



cKesen resultar centra el comandante apresador : á que se. 
decretó se pasase esta instancia y la comunicación de los 
Sres. coi^isarios británicos al tribimal misto para que to- 
mando conoclmimto del^asunto, como .de su esclusiva 
Gompetencaa, dictase la determinación que correspondie- 
se en juslida. 

Con estos antecedentes, el tribunal misto levantó auto de 
preceder en el 13, el intérprete del gobierno ratificó la& 
traducciones qm hizo del parte y declaraciones relaciona- 
dast y Alvarez represéis que fáóllnente desaparecería el 
eomercio de buena fe^ si con frecuencia se repitiesen de-, 
tenciones como la de la iVttma, y que, en el momento de 
ser detenida esta, el comandimte apresador se apoderó de 
todos los papeles del capkán de aquella, entre los que se 
bailaba una contrata de venta del cargamento, igual poco 
mas ó menos á la copia que acompañaba, con fecha 8 de 
juíiio y firmada por D.üariano Pérez, en la que espresai 
este haber comprada dicho vino á txeintay un pesos p^ia, 
y que seria entregada en Ifatanzas á^ Iqs Sres* Dk Bablo &o^ 
1er y compañía. — También p* esenió Alvarez un testimo- 
nio de escritura, otorgado en Matanza», en el 43 citado, 
por los Sres. AbalH y sobrino , D. Pablo Séler y c^mpa- 
iUa, D. Féfix VUloch, Sres. Rivas y Basó , D. Bartolomé 
Rodriguez y los Sres. Liuirense,'Canety ccsnpaftia, por la 
que espu^eron, habían comprado por órdenes dadas á su 
dependiente 0. Mariana Ferez dicho cargamento-, y pro- 
feslaton contra el comandante del buque apresador, su 
tripulación d contra quien hubiese lugar, reclamar todos 
k>s costos, costas, daños, atrasos, perjuicios y. menosca- 
bos que.se le habían ocasionado y originasen en lo suce- 
sivo , mediante no haber cometido falta de ninguna espe- 
cie , ni haber dado margen al procedimiento adoptado. 

Es:aminado el comandante Maíson por medio del intéiv 



2SS BSYIflTA DI ESPAÑA, D8 VXKiA Y DKL ISTBANJIRO* 

prete del gobierno , ratificó las relacionadas declaraoíoaes 
originales, escritas en idioma inglés, y exhibió los docu- 
mentos que acreditaban estar autorizado por su gobierno 
para la detención de buques españoles que se ejercitasen: 
en el tráfico de negros, los que le fueron devueltos, exhi- 
biendo igualmente los que le fueron entregados por el capi- 
tán déla barca detenida : los que examinados, resultai*on los 
primeros el rol déla tripulación, despachado en Barcelona 
á 25 de abril último, la patente real de navegación, la contra* 
seña, el cuaderno de bitácora ó diario de navegación , una 
póliza para conducir á Matanzas doscientas novaita y cua- 
tro pipas de vino tinto , cincuenta y ocho medias y treinta 
y dos cuartos de pipa, su focha 8 del presente mes, y un 
oficio de la administración general de rentas reales marí- 
timas de este puerto, con fecha del 9, participando á la 
de Matanzas que salia de él en lastre la Numa , conduciendo 
por la via de cabotaje los efectos que constaban de la ad- 
junta guia, que era la póliza que queda descrita. También 
exhibió la licencia que le entregó el patrón de la goleta 
detenida, Antonio Silva , espedida al mismo, por la coman- 
dancia militar de matriculas de esta provincia en 6 de ju- 
nio citado, para hacer viajes á Canímar, con los compa- 
ñeros Juan Antonio Balido y José González ; y por último 
una amplificación de la declaración del mismo, relativa á 
la barca , un reconocimiento de peritos tomados de entre 
los oficiales del buque apresador, que espresa dispuso 
se hiciese de ella , y un plano de las cubiertas principale& 
de la misma, suscrito todo por el exhibente, lo que rati- 
ficóv Agregó , que al tiempo de la detención de la barca 
no ocupó algún otro papel ó documento del capitán , á 
quien dio de los exhibidos el competente certificado; pero 
que tres dias después de la detención encontró su teniepte» 
que era el capitán de presa, porción de papeles dentro do 



'SOBRE VL APBBSAMUNTO DI LA FRAGATA NGMA. fitt 

la cámara de ia Numaj los que le entregd, y habiéndolos 
examinado» resultaron ser pasaportes de pasajeros y otros 
hisigni ficantes , los que devolvió al capitán de la barca. 

En la amplificación de la declaración exhibida por Mat- 
son agregó en i 4 de junio la siguiente : que los tablones 
de repuesto que formaban parte del sollado para los es- 
clavos» eran aparentemente nuevos, consistiendo en tablas 
nuevas de pino, que ni se habían ensuciado ni mojado en 
ningún viaje anterior; que en efecto el sollado aunque conb- 
pletamente colocado parecia que jamás se habia usado , y 
tenia cincuenta y ocho pies de largo , veinte y siete de an- 
cho» y sobre tres con onoe pulgadas á cuatro pies, una 
pulgada de alto bajo los baos ; que el buque parecia haber 
sido recientemente habilitado con un número de agujeros 
(entre sesenta y setenta) al rededor del sollado, los que se 
usaban comunmente para recibir las barras de hierro ó ca* 
denas para ia mejor seguridad de los esclavos» y que tenia 
á su bordo un pabellón y gallardete sueco y una bandera 
lisa encarnada, símbolo bien conocido de los buques ne- 
greros españoles, y catorce cuacaros ó ca&ones fingidos con 
Capas de bronce. 

El reconocimiento de la Numa^ también exhibido, apar 
rece firmado por el primero y segundo teniente» por el 
piloto y por el carpintero del buque apresador , quienes 
dijeron : que habian encontrado en aquella tres mamparos 
en la segunda cubierta, ó sollados para esclavos, en parte 
ibrmados, y el resto listo y pronto para colocarse, y un 
tojin puesto ; detrás de las bombas un pedazo de mam- 
paro de dos pies, diez y medía pulgadas de largo, enten- 
diéndose los tojines para los mamparos cuatro pies, diez 
pulgadas, con marcas de lo mismo hasta los costados» en 
la cubierta de la cámara la señal de otro mamparo» según 
se demostraba todo en el plano cpie acompañaba ; come 



tfl BÍV19T4I Pl SSFAÍA, M UmUiS Y PU «STI^K^W^* 

i0S6tiÉa tablones, de respeto conatrav^aoo» toados» sin que 
gran porción de los tabloiiies se I^iesea usado jamás, 
escepto para el objeto.de colocarlos, y estar perfectamente 
limpios^ con las orillas perfeelaflcvente acepilladas y lim-t 
|>i«s; ciucuenta cascos (bocoyes)^ de ellos yeinte y cinco, par-< 
ie llenos» parte vacíos, una pipa de vino, un casco vacio, y 
veinte y tres abatidos separados y prontos para, armarse,, 
siendo mucho mas de lo qiie se req^ieriaparael uso de 
la tripulaoíonft en vúinero de catorce ; cíxmk> gru^des ti-? 
ñas» quince platos de rancho, tres calderos de 1^, i^apaci^ 
dad de trece y medio, ocho y siete y medio galon^ ; ptros 
«nncbps utmsilios menores pertenecientes á ana cocina 
que no se hallaban en uso para la tripulación» habiendo á 
bordo otrOi mucho rm^ que suficiente para e^e fin ; una 
cantidad Inusitada de víveres para la cámara, particular- 
mente de galleta y papas , estivada la mayor parte de las 
prímeraa en cinco pañoles, y mas que suficiente para el 
consuma de la «tripidadon en un viaje de ida y vuelta ipoi^ 
^1 Atlántico ; á,os lijStonea nuevos de pino, en el forro de 
los costados del sollado, y en el de arriba, que se compone 
de pedazos de madera separados y desigus^les^ que se unian 
y dejaban aberturaa á distancia, que. vari^a^ de trece á 
quince pulgadas, y se decía que eran únicamente OQP ob-r 
jeto de la ventilación, pero que eran las que se usaban cgk 
^unmente en buques negreros para admitir las puptas 4^ 
las barras de hierro ó cadenas para asegurar los esclayos» 
estando muchos de los agujeros parcial ^enteva^iente cu^ 
hiertos Con madera ; y á bordo nna cantidad (se: supone 
que catorce) de cuacaros de madera (cañones fií^dQS;)» 
perfectamente formados y huecos, y adaptados para atomi^ 
liarse á las portas con tapas de bronce ; un pabellón y un 
fárdete sueco, el primero muy usado y perfectamente 
compuesto con lanilla nueva, y el gallardete usstdo y roto 



soBmK Bi. irPBisAXiBinro m hk riACiUiA nvuk. 225 

en dos pedazos» Ires'^etfos pequeños. bétes ibittsnorosv 
uno de los. cuales parecia haber sido cambiado hacia pocq 
por la.laDcha« cuyos cáleos se hallaban aetuafan^alte á bor» 
do; y sim la cual no acostumbraban los buques mercantea 
de lídto comercio «rutar el AtUnUco. 

También se agregó al espediente el imiicado plano con 
la correspondiente traducción de su aplicadon, así como 
la póliza para conducir el Tino á Matanzas, y el oficio de 
la administración de rentas reales de este puerto, tamhiéii 
mencionados, en que se aeompañó aquella, 
• D. José Cátala, capitán de la Numa^ y de treinta y nueve 
años, dijo : que salió de este puerto en la mañana del 10 
con desuno á Matanzas» en cuyas aguas fué detenido sobre- 
punta de Guano como á las cinco de su tarde por el ex- 
presado baque inglés con el fin de reconocer y registrar 
el «uyo, como lo «hicieron» por tenerlo por sospechoso, 
sin entenderse otra cosa al conumdantey demás del apre-« 
sador» por no saber el inglés ; que seguidamente lo . eon^- 
dojeron á este puerto; que en 1& propia 4a]f de le recogió 
uno de los oficiales del apresador» á presencia del coman^ 
dante varios documentos» dándole otro de resguardo» los 
mismos espreaádos. que se le pusieron de mfmifijesto; que 
al dia siguiente se apoderó el mismo oficial de , otros do^ 
cornetos que estaban sobre la camft del piloto» sin c^ se 
}iailase p^resente. el comandante» entre ellos la contrata de 
venta del cargamento de tino que exhibía para que so 
agregase^ y está conforme' sustancialmpnte óon la relacio- 
nada; qqe dichos últimos pápele^ le fueron devueltos por 
el mismo oficial, cuando- llegó á este puerto ; q^e el. vinO' 
lo trajo desde Barcelona» donde salió para este puerto el 27. 
de abril último y llegó el 4 de jwio». no habiéndolo dea», 
cargado en esta ciudad eñ raaon á la contrata relacionada; 
<|u^ también trqjo un número considerable de baúles; y 



228 ElVItTA DB ISfAftA, DS INMM V DEL KSTUAIUIRO. 

cqas , cpie per haber side conducidos á bordo la mayor 
parte á última hora, fué predso colocarlos en la cámara, 
dividiéndolo al efecto con ellos para que quedara franca la 
parte suficiente para cuatro pasajeros de cámara y los ofi*- 
cíales del buque ; que también condujo ciento seis colo- 
nos blancos que desembarcaron en este puerto con los 
otros cuatro pasajeros y las cajas y baúles , que si había 
sollados en la bodega (no sobre la cubierta) en mayor 
número del que es común, consistía en la conducción que 
hizo de los colonos ; que habia también divisiones, porque 
^tre aquellos habia diez y siete mujeres ; que los tablones 
i|ue se encontraban eran los mismos que estuvieron colo- 
cados en el viaje de Barcelona formando el sollado, como 
se demostraba fácilmente, volviéndolos á accmiodar, en 
cuya operación resultaría sin duda que algunos se habian 
quebrantado como innecesarios y para otras aplicacio- 
nes; que el número de cascos de aguada, que era de diez y 
ocho pipas, no eraescesivo, si se atendía á que habia de 
servir para su próximo viaje á Europa, en que además de 
la tripulación contaba ya con ocho ó diez pasajeros de cá- 
mara ; que si también se habian encontrado cascos abati- 
dos, era porque en esta conformidad debía volverlos á 
Barcelona, donde se conservaba para armarlo de nuevo 
cuando se necesitase, para conducir soldados ó colonos, 
según se acostumbraba de algún tiempo á la fecha, refi- 
riéndose á lo mismo en cuanto á la mayor cantidad de 
platos de rancho ; que las dos cocinas las tenia el buque 
desde su creación, porque ya se contaba con que habia 
de servir para traer reclutas, lo que habia verificado el de- 
clarante en siete ú ocho viajes, habiéndose ejercitado an- 
tes el buque en lo mismo, siendo otro su capitán ; que 
eran tres los calderos, de los cuales uno por viejo y abso- 
lutamente inútil no habia tenido uso en aquel viaje;, que 



SOBRB IL APRSfiAMIWfra BX LA V1U6ATA lilIHA. S27 

respecto á los docconentos ya tenia espuesto lo oeanrido^ 
en lo que influyó para no entenderse prontamente el po-» 
seer distintos idiomas ; que era fídso lo que se le atribuía 
sobre haber andado alterando continuamente el rumbo de 
su buque» pues que en estos no hubo mas movimiento que 
los que exigia el viento, no habiendo visto. al apresador 
hasta que no tomó la vuelta de tierra ; que no era menos 
falso lo de haber cambiado señales con una goleta coste- 
ra, pues que absolutamente tuvo comunicación con .ella, 
y no conocía á su patrón ; que por mas que se (Mjese que 
los tablones que formaban parte del sollado ^an aparen- 
temente nuevos^ jera inexacta esta aseveración, asi como el 
juicio de no haberse usado en ningún viaje , pues que so- 
bre eUos durmieron los colonos indicados , que sus di'« 
mensiones serían acaso las que se designaban ; que los 
agujeros^que estaban alrededor del sollado, estandOiitmy 
altos respecto del pavimento de este, pues que se halla** 
ban cerca de la cubierta que formaba el techo del mismo 
sollado, manifestaban por tal circunstancia y la de.su 
luz, forma y tamaño, que fueron hechos con el fin de que 
entrase el aire por los dos forros que tenia el buque, para 
evitar que se pudriesen las maderas, lo que tenia adoptado 
él dueño D. José Dulcet, de Barcelona, en la mayor parie 
de sus buques, los que había él hecho construir ; que el 
pabellón sueco y el gallardete los encontró en el buque 
cuando entró de capitán, siendo tan viejos» rotos y deseo-* 
ioridos, que ^ran absolutamente inservibles ; que la ban- 
dera encarnada era la que usaban los buques españoles 
mercantes cuando querían indicar que necesitaban gente; 
que los cuacaros eran unos adornos propios del buque* 
Habiendo manifestado el señor juez brítánico que consi- 
deraba conveniente preguntar al declarante, en qué tiempo 
podim trasladarse á tierra los tablones del sollado, pipas 



REVISTA mt BMAÑÁf DK INMA» T DKL IftTaAlfia0. 

abatidas, y duaiitas mas escedieraii de las ¿ecesarhyi para 
la aguada» caldero^ y fogón ya innecesarios, contestó : 
que atendtendo a| número de individuos de su tri|^Iaeion 
creía que invertiría como ocho horas; pero que. en su in- 
tención no estaba dejar de llevarlo á Barcelona,, creyendo 
repetir viajes, llevando colonos y I^a6ervan do tomar sobre 
ellos el resguardo necesario, cuando veneiese el viaje de 
Matanzas, por ser de cabotaje. 

Dk José Nadal, contramaestre, dijo : que solo en aquel 
viaje de Barcelona á esta plaza ejerció en la iVuina laplaza 
de contramaestre ; que vino en dereefaui^ cqn «wrgameQÉo 
de vino , porcioh considerable de baúles, enartro pasajeros 
de cámara, la que se dividió para que tuviese cabida, to- 
mando un lado para los baúles y ciento seis colónos, entra 
ellos como diez y ocho mujeres, losque dormían en un so- 
Dado quetfe formó con tablones de ^ino que aiun existüan á 
bordo, habiendo ui^adivision para la sepáráciom de las mu- 
jeres ; que la Nwna salió de este puerto para Matanzas con 
el mismo cargamento de vino , pues que tolo había descar- 
gado aquí los baúles ó ^jas ; que e¡R el mismo dia de su 
salidsufué detenida, hallándose alfrént&de Punta de 6uana, 
por un bergantín ^e guerm inglés, sin que'se supiese el lüo-» 
tivo ; qqe no vio á goleta algbna ni sé iisó de'bandevas, 
sino para izarla, cuándo lo rárificó el faérgontfabritánico; 
y que' las alteraciones que pudo haber en el buqwe ^ede-^ 
bieron á la variedad del tiefaipó, que era chutascosó. 
- D« Cario» Pisacó dijo : que esa piloto de la Ni^a desde 
elSS de abril últitno , habiendo salido dos liias.después da 
Bafrcelona para este puerto, sin hacer escala en ningún otro, 
y ll^gó en el 4 de junio con el espresado oargamento ; que 
dé los colonos venian los hombres en la bodega y las mu- 
jeres éti un faigar que servia para la despaoisa , habiéndose 
foimido en la bodega un tablado, ó sea sollado, ipie se 



SOBRS KL APHKSAHISXTO DE LA FRAGATA NUHA. tíü 

d«pbflf«IÓ luego que debembarotrón todas las personas 
que lo usaban, ooido preciso para descargar. el' baque 
y sacar muestras de vino, Conservándose los tablones i 
boqrdo ffln hkber otros ; que los colónos vinieron en todo 
elTÍaje én el sollado, ocupando más su peotro; pues qué 
por los lados sub oofires'j equipajes, cuyos tablones por lo 
mismo no se eñsdciaion como los otros y conservaban la 
blancura de nuevos, siénddld todos al salir de Baróelo** 
na ; que eraii de pino dé la Península y fio del dé Atnéiica ; 
que los del centro se ensuciaban mucho con frecuenoiai 
y se limpiaban cada ocho dias con un lampaso; que los 
dos Ó tres 4ue faltaban se habian empleado en récómpbn*^ 
clon del buque ; que lé altura del paviiyieñto que formaba 
el sollado á' la cubierta por su parte ibterior,^ seria á su pa^ 
fteeer com& de vara f media; que el 10 salió la barca dd 
este pÜ€fií;ó para Matanzas con él mismo cargamento de 
vino, y por la tarde, hallándose á seis ú ocho millas de dis^ 
tancia de Matanzas , viéndose Punta de Guana, Punta Goi-^ 
da, el Pan de. Matanzas y las Telas de Camarioca, habiendo 
virado para tierra en busca de su puerto, fué detenida por 
un buque inglés de guerra, ignorando el motivo , aunque 
infería seria por considerarlos sospechosos; que después 
de esto vieron una goleta cuando se dirigieron á bordo de 
ella con el bote del bergantín ; que en la Numa no se vio 
otra bandera que la nacional para contestar al bergantin, 
y que no es cierto que aquella cambiase de rumbo , y so- 
bre esto no pasó otra cosa sino que, yendo de la vuelta de 
tierra cuando avistaron el buque inglés que venia sobre 
ella , le derribaron para dejarle el barlovento como á bu- 
que de guerra; mas conociendo que este por sus manio- 
bras les quería venir al habla, le volvieron á osar; y por 
último , por su mandato se pusieron en facha ; habiendo 
además precedido á todo el haber habido chubascos, du' 



230 BEVISTA DE XSPAF(á, DB INBÚS T DBL BSTRANJtftO. 

rante los cuales se echaron ¿ andar » derribando basta que 
pasada la fugada , volvieron á su rumbo con todas las de- 
más maniobras propias en estos casos. 

La exactísima relación que acabamos de hacer de los 
hechos bastarían por si solos para formar un juicio cabal* 
capaz de producir un convencimiento moraU suficiente para 
calificar no solo de mala presa sino también de mal dete- 
nida la fragata Nnma y U goleta Rauret ; pero este proceso 
ha tenido felizmente mayor aclaración , como lo esp<Midf e- 
mos en nuestro siguiente articulo , y se han disipado no 
solo las mas leves sospechas que se quisieron deducir con- 
tra la destinación de la Numa^ sino que se ha probado 
hasta la evidencia que no hubo motivo justo para su aiMre- 
samiaato; el de la goleta Rauret^ es un atentado inconce- 
bible á tal estremo, que sus dueños no quisieron producir 
ni una sola alegación. Dejamos para su oportunidad hacer 
todas las deducciones lógicas que se desprenden tanto en 
el orden moral como en d orden político. 

Ignacio de R. Carbonell. 



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APUNTES 



PARA 



LA HISTORIA DE LAS LETRAS EN LA ISLA DE CURA. 



ARTÍCULO ni. 

{¡pocas en que puede dividirse la bisloría de la educación primaría. — 
Testos. — Introducción del sistema esplicativo. — Necesidades ras^ 
1>ectoi la pedagogía y á la educación. 

. AuNQUfi nos proponemos tratar de la' instn^ccion espe- 
cial y universitaria, y la división de époeas que vamos á tra- 
zar, parece que debió influir en el progreso y mejor orden 
de los estudios superiores , no ha sucedido asi : la instruc^ 
cíon primaria se anticipó en adelantos ; la educación de po- 
cos años acá ha mejorado; la universidad nq varió de sus 
antiguas formas hasta su reoi^fanizacion en 4844, época en 
que se abrieron los estudios de ciencias naturales con ge- 
neralidad y método. 

Distinguimos por lo visto la educación de la instrucción : 
ocúpase aquella del corazón, esta de la inteligencia ; y nues- 
tro juicio acerca de su necesidad pondrá fin á este articulo. 
Como hechos históricos de lo concerniente á la instrucción, 
pueden fijarse algunas épocas. No podia dejar de producir 



1fó2 REVlátA Dtt JESPAfiÁ, bE INÍ5US Y ÚSL EStRÁlfjeRO. 

SUS frutos el establecimiento de un periódico por D. Luis 
de Las Casas, á quien siempre citamos los cubanos de esa 
manera sencilla y para nosotros tierna ^ porque plácenos 
considerarle como uno de nuestros padres literarios : él 
escribia en el periódico» él fundó una sociedad económica, 
y cuando cesó en el mando jamás dejó de asistir á los tra- 
bajos de la sociedadk ¿ Y qué elementos contaba aquí la en- 
señanza? Todo fué hijo del entusiasmo ; pero el entusiasmo 
hace milagros cuando le dirigen jefes como el general Las 
Casas. 

La época anterior de la que acabamos de hacer indica- 
ción puede llamarse la primitiva en que descuidada la en- 
señanza primaria en los hombres ^ casi prohibida en las 
mujeres , era todo lo que se sabii^ en primeras letras : las 
cuatro reglas de la aritmética en números enteros, desde 
cuyo estado se paaaba al latin, y se seguían los estudios 
UBiversítarioft. . 

Hecha esta indicación , fijaremos la crónológia de la en- 
señanza primaria en las siguientes épocas. 

1.*' Lñ primitiva, desde la población déla íslá hasta lt94. 
" 2.^ De organización, desde 1794 á 18Í4; 
' S.» Be décádenciáy m lá édücacioii grátúitift desdé 1884 
TÍastal'83S; "'' ' ' •'' ' ^ •■• ■ : ^^ '•''•.' 

4>/De ampliación y mejoras ^ desde 1833 á 1846; . 
' ' 5> 'Eñ época de ceñtrálizatiéñy áésié 1846 etf adelante. 
' ta dijimos él carácter distintó de la primfeíra épéCa , en 
Iqúé abandonada lá enseñanza, la propia iiíi^pirtt^ü^i era 
el colmo del saber en primeras letras ,' poseéis ádgo dé griH 
mática, y en cóiisideracion dé lo cuál sfe bfi^eiM por la 
"sociedad económica los premioá, de que ya'tíctten coho- 
tiimietito' nuestros lectores. : ^ 

En la época segunda ya fueron más amplios los eludios : 
l« aritmética y la gramática española se enseñaron én tódn 



SOBRE LAS LETRAS SN LA ISLA DE CUBA. 235 

SU estension , y los estudios de las ciencias matemátícas 
faerou apreciados. El bello sexo obtuvo una rehabilitación 
que reclamaban las luces del siglo , y todo parecía enca- 
minado á un desarrollo completo de un plan general de 
instrucción pública, en que meditaba la real sociedad. Pero 
las urgencias del Estado reclamaron los fondos permanen- 
tes creados p6r los arbitrios propuestos por la junta eco- 
nómica , y careciendo de mas de 32,000 pesos de fondos 
que obtuviera antes, merced en gran parte al inmortal don 
Alejandro Ramírez, intendente de la Habana, decayeron 
las escuelas primarias , se entibió el entusiasmo de los so- 
cios , y casi se creía perdido el trabajo de tantos años, vol- 
viendo á quedar confiada de hecho la enseñanza á los es- 
tímulos del interés privado , y sin el pan de la inteligencia 
el pobre y menesterosa , á pesar de los esfuerzos de la so- 
ciedad. 

Era casi imposible que permaneciera en ese estado de 
abandono un ramo tan importante de la felicidad pública; 
y en virtud de esfiíerzos y reclamaciones de la sociedad, 
dispuso el gobierno supremo que se designasen arbitrios 
para que cubriera sus preferentes atenciones, entre las cua- 
les son la primera atender al presupuesto de escuelas. Sin 
que la ilustración moderna y sus necesidades recomenda- 
sen la enseñanza , quizá sea el Código de las Partidas el pri- 
mero de los tiempos modernos , en que se impusiera como 
una obligación al curador del huérfano el enseñarle letras, 
y esta benéfica tendencia del legislador no habia de ser 
desapercibida ante el clamor respetuoso de los hijos de 
Cuba , á quien concedió siempre Femando Vil una singu- 
lar predilección , de que es buen ejemplo el no haber cer- 
rado su universidad , cuando en la calamitosa época del 
absolutismo lo hizo con todas las de la península y el resto 
de la nación. 

T. vil. 16 



234 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDIAS Y DEL ESTRANiERO. 

Siempre hemos tenido el defecto de exagerar nuestra ilus-^ 
tpacion , creyendo que los ejemplos individuales de adelan- 
tamiento intelectual eran hechos generales : asi pues^ cuando 
se habla dé la segunda época de nuestra historia de la edu- 
cación primaria, se eleva el tono mas de lo conveniente á 
la verdad. Por mas que existieran positivos progresos, el 
número de escuelas gratuitas era muy corto. 

El deber y la gratitud exigen que consignemos aqui ün he- 
cho honroso á las comunidades religiosas de la isla : invi- 
tadas por lá sección de educación., establecieron escuelas 
de niñas y viurones, enteramente gratuitas, y sin distinción 
de clases. En Santo Domingo y la Merced se conservaron 
por mas tiempo , pues en 1829 , en que se recogieron datos 
estadísticos sobre el número de alumnos que tenian , re- 
sultaron en tres escuelas de varones doscientos ochenta y 
uno , y en cinco de niñas , en los monasterios de religiosas, 
doscientas cincuenta y una. Como en los artículos anterio- 
res se han recopilado cuantas noticias corresponden á las 
distintas épocas en que puede dividirse la historia dejas^ 
letras, debemos agregar que en cuanto á la educación de 
bello sexo solo existia el colegio de niñas de San Francisca 
de Sales, fundado en 1638, digno de considerarse coma 
un instituto de enseñanza antes de los trabajos de la so- 
ciedad económica; y que este y la escuela náutica de Regla,, 
fundada en 1811 , y la casa de beneficencia por D. Luis de 
las Casas , con las demás que del artículo primero constan^ 
fueron las primitivas escuelas gratuitas para pobres. 

En la época de decadencia de la educación primaría, en 
la cual fué importante el auxilio prestado por las comuni- 
dades religiosas, el número de escuelas gratuitas por la real 
sociedad fué cinco de varones y dos de hembras , que edu- 
caban en la Habana en donde se encontraban ciento quince 
varones y cien niñas. 



SOBRE LAS LETRAS EN LA ISLA DS CUBA. 23S 

Según cálcalo de D. Joaquín Santos Suarez (1) existían en 
toda la isla , por los años de 1825 á 1826 , solo ciento cua- 
renta escuelas ; muchos pueblos carecían de ellas como aun 
hoy sucede, y solo habia diez y seis gratuitas. De lo que de- 
duce que solo recibían instrucción primaria entre pobres 
y acomodados de cuatro á seis mil niños. No faltarán pe- 
riodistas y escritores que, no obstante estos datos, probasen 
que nos hallábamos en educación primaria, á la altura de 
los departamentos mas favorecidos de Francia. 

Conserváronse entre prodigios de entusiasmo las escue- 
las, y no dejó la administración pública de hacer algunas 
consignaciones, hasta que se fijó en ocho mil pesos anua- 
les, como se verá mas adelante. Dijimos que eran siete las 
escuelas gratuitas qué conservó la sociedad : el costo de 
ellas ascendía á seiscientos noventa pesos , y itodas las en- 
tradas de esta corporación., á cuyo inmediato cargo se ha- 
llábala enseñanza primaria, sin prescindir de otros objetos 
de interés público , era el siguiente. 

Pesos . 

Pensión que pagaba el Diario 166 

Por auxilio del ayuntamiento 100 

Por id. del obispo Espada 30 

Por la aduana : i . . 200 

^6 



Sin que trascribamos el presupuesto de los demás gasto9 
de la corporación, que no bajaban de siete mil pesos men- 
suales, queda visto que con los fondos permanentes, parte 
de los cuales consignaba el amor á las letras del ilustrado 
diocesano , era imposible siquiera soportar el gasto de las 
escuelas. 

(1) Es posición de las tareas de la real sociedad patriótica en los años 
de 1825 y 1826. 



S36 REVISTA DE ESPAffA, DE INDIAS Y DEL ESTRANJEIK^. 

Con el fin, pues, de no volvernos á ocupar de este par- 
ticular de fondos destinados por el gobierno al ramo dé 
educación y útiles objetos de la sociedad económica, pon- 
dremos en pocas palabras las vicisitudes que tuvieron desde 
que en 1820 la reforma en el sistema de rentas comenzó 
á hacer vacilante la permanencia de las entradas anuales 
que á la munificencia soberana debió el cuerpo patriótico. 
El intendente D. Alejandro Ramírez propuso á la corte 
se concediera á la sociedad el tres' por ciento de todos los 
ramos municipales , que fué concedido en real orden de 22 
de agosto de 1818 , como fondo permanente de la corpora- 
ción , euyo rendimiento medio anual era de treinta y dos 
mil ciento cuarenta pesos. Alteróse este derecho en 1820, 
hasta suprimirse en real orden de 8 de febrero de 1825, la 
eual autorizaba á los gefes superiores de la Isla para apro- 
bar arbitrios que los reemplazasen. ElEsemo. Sr. conde de 
Villanueva fué otorgando auxilios qoe por último vinieron ¿ 
fijarse en suministro anual de ocho mil pesos eir 20 de no- 
viembre de 1833, á condición de establecer dos escuelas 
gratuitas (1). 

Después se ba dividido (2) esta suma, y aunque es im 
hecho que no corresponde á la época de que vamos ha- 
blando, espresámoslo para evitar el volver á ocuparnos de 
este asunto. Consiste , pues, la división en que se consig- 
nen cuatro mil pesos para la enseñanza primaria , y el resto 
para las demás atenciones de la sociedad económica. 

Si la educación gratuita sufrió en este período la deca- 
dencia que era notsd)]e por las espuestEis razones , bas- 
tando observar que en circunstancias de desarrollarse en 
esa misma época la necesidad de la instrucción , el estar- 
cí) Espediente de presupuestos número 5, segundo archivo de la So- 
ciedad. 
(2) En i846 en que ba cesado enteramente la sección. 



SOBRE LAS LETRAS EN LA ISLA DE CUBA. S37 

se sin adelantar era un atraso , no asi la enseñanza en ge-* 
eneral. Los institutos del presbiteio D. Benito Ortigueiray 
el Calazancio, y mas adelante los colegios de Buena Vista 
y Carraguao , se encontraban á la altura de las mejores de. 
Europa. Las necesidades sociales reclamaban esos plante-* 
les de útiles enseñanzas , en donde se preparasen los hom- 
bres para la vida social , en donde se enderezasen los es- 
tudios teóricos á ser un instrumento puesto en ejecución 
en la vida de los pueblos , en donde no fuese el latin el non 
phts iJira del saber elemental. 

Dias de júbilo ^ de remembranza eterna , honda y tler* 
ñámente grabada en el corazón de los cubanos, fueron 
aquellos en que se verificaron los exámenes de colegio de. 
Buena Vista y Carraguao : mezclada la educación primaria 
con la elemental, y mas tarde hasta la universitaria, no sa- 
bemos cómo dividir sin desgarrar la historia de estos ins- 
titutos. Nuestros padres tanian que ir á Europa y los Esta- 
dos-Unidos á educarse , y ante la prohibición de que sa- 
lieran los hijos de Cuba á educarse en el estranjero , te- 
niendo que escoger entre la infracción y la ignorancia. ¿ Con 
€uánto placer saludaron esos institutos que pocos dias des*- 
pues hablan de dirigir hombres del saber y las virtudes de 
D. José de la Cruz y Caballero? 

Cuando emitimos este juicio favorable acerca de un 
asunto en que aun no podemos olvidar las impresiones de 
nuestra alma á la presencia de los hechos , queremos dar 
convicción á las palabras , que escritas para lectores euro- 
peos no tienen la fuerza de verdades indudables. Un ar- 
tículo inserto en el mejor periódico que han publicado las 
prensas de Cuba , y que red'actó el bien conocido literato 
D, José Antonio Saco , dijo en 1831 , refiriéndose á los 
exámenes generales de diciembre del anterior : — t Qui- 
siéramos siempre tomar la pluma mas para celebrar que 



338 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL ESTRANIERO. 

para reprender. Este placer nos le proporciona amplía- 
mente el resultado de los exámenes acabados de verifi- 
car en los grandes establecimientos de educación de que 
ya disfruta la culta Habana. No podemos menos de con- 
gratulamos con todos nuestros compatriotas , y mas par- 
ticularmente con los celosos padres de familia, al notarla 
completa revolución que han sufrido entre nosotros cuan- 
tos ramos componen la enseñanza primaria, y aun muchos 
referentes ¿ la secundaria. No hay mas que cotejar el es- 
tado en que se hallaban las escuelas cuatro años ha , con 
el que ofrecen al presente ; debiendo advertir para hacer 
resaltar mas la actual superioridad , que por ese tiempo 
ya contaban infinitas mejoras respecto á las épocas ante- 
riores. En lo adelante no se verán los padres que suspiren 
por una educación escogida para sus hijos, compelidos 
como hasta aquí á desprenderse de ellos en la estación 
mas critica para formar el corazón, y enviarlos á paises es- 
traños y distantes. Lejos de nosotros condenar el sistema 
de hacer viajar á los jóvenes para completar su educación : 
mas no es lo mismo recorrer el mundo el mozo ya for- 
mado , para acrecentar el caudal adquirido , que salir de 
la tierra natal en la edad tierna, para sustituir una len- 
gua estraña ala nativa, y lo que es peor todavía, para 
contraer hábitos distintos y quizá contrarios á los de su 
futura sociedad. A tal estremo estábamos aquí reducidos, 
por carecer de establecimientos que llegasen á la altura que 
reclamaba la civilización, y hacíamos gustosos el sacrificio 
de arrancar de nuestro lado las caras prendas del corazón, 
en obsequio del grado de cultura que esperábamos alcan- 
zasen en paises mas aventajados. > 

La ventaja que para nosotros lleva la educación á la sim- 
ple instrucción , nos hace considerar como razón única y 
digna de toda consideración la que se espresa : la madre 



SOBRE LAS LETRAS EN LA ISLA DE CUBA. S39 

^s la que da las primeras lecciones en «sa ciencia sublime 
del corazón; el padre perfecciona esa enseñanza; el pre- 
x^eptor ó maestro no hace mas que ayudarlos. El corazón 
pertenece á la familia , la cabeza al profesor. 

Empero en el escelénte articulo de nuestra Revista Cu-- 
ifana, aun se encuentran períodos que pintan la fisonomía 
de la enseñanza primaria en los tiempos que espresamos. 
— c Desde luego principiaremos manifestando la agradable 
^sorpresa que nos causó el notable adelantamiento y uni- 
formidad en las varias clases de lectura. Llegaron nuestras 
escuelas primarias á un estremo de abandono en este ra- 
mo fundamental, que solo alguno que otro niño, que tu- 
piese buen oído ó naturales disposiciones, lograba leer con 
propiedad : la mayor parte lo hacia con tonillos desapa- 
cibles y otros resabios harto conocidos. Ahora es un pía* 
t5er oir hasta centenares de niños que todos leen á ciial 
mejor en cualquier género de composición, todos perfec- 
tamente uniformados, y modulando oportunamente la voz, 
según el asunto ó la ocasión se lo mandan. Ha llegado á 
tal punto la perfección en algunos establecimientos, que 
no hay mas diferencia entre el modo de leer de un niño y 
el de otro , sino el mayor ó menor agrado -produddo por 
la diversidad de órgano de que á cada cual ha dotado la 
naturaleza. Hacer á todos los alumnos, sean cuales fueren 
sus disposiciones , susceptibles de llegar al mismo resul- 
tado : hé ahí el triunfo mas completo de lá diséipUna y del 
mérito. 

1 Tampoco nos queda casi nada que apetecer en el im- 
portante ramo de la escritura. En todos los establecimien- 
tos están los niños familiarizados, no tan solo con las va- 
rias formas de nuestra gallarda letra española, sino tam- 
bién con la suelta y osada de los ingleses, con la delicada 
dé los italianos y hasta con la suntuosa y esmerada de los 



S40 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL ESTRABMERO. 

gennanoá. Como esta última tiene , por decirlo así , que 
pedir auxilio al arte del diseño , y es tan susceptible de 
ornato, seria conveniente se estableciesen clases de dibujo 
lineal, para contribuir á su adelantamiento y perfección : 
proyecto en que creemos se ocupa ya la infatigable sección 
de educación. Por eso dimos á entender al principio que, 
aunque poco, todavía nos quedaba algo que apetecer en 
el particular. En suma, lo principal está conseguido, no 
pudiendo menos de observar con suma satisfacción que la 
forma inglesa, que por mas fácil y cursiva está ganando 
terreno por todo el mimdo culto, se vaya también llevando 
la primacía en nuestro suelo. 

1 Como el dibujo tiene mas relación con la escritura que 
con los demás ramos de la enseñanza , parece el lugar 
oportuno de decir algo sobre el estado en que se halla. Se 
enseñan generalmente los principios del arte en los prin- 
cipales establecimientos, habiendo todos presentado muy 
buenas copias de los modelos mas notables de la antigua 
Grecia y de la moderna Italia. No cabe género de duda á 
cuantos han dirigido la juventud habanera, que si para toda 
especie de ramo demuestran las mejores disposiciones , y 
distinguen muy en particular las que se necesitan princi- 
palmente para el cultivo de las bellas artes ; mas suele fal- 
tarles la constancia á lo mejor del tiempo, y sin ese requi- 
sito no se puede llevar á cabo ninguna obra importante. 
Sin embargo, no podemos pasar en silencio , por su 
íntimo enlace con la caligrafía, un cuadro que representa 
una mesa de escribir revuelta. La escasez de tiempo es culpa 
de que no nos detengamos gustosos á hacer la descripción 
de tan acabada obra , en donde compiten el gusto y varie- 
dad de la elección con la maestría y verdad de la ejecución. 

Viniendo ahora de los placeres de la vista á las arideces 
de la gramática, debemos asegurar desde luego que la de 



SOBRB LAS LETRAS EN LA ISLA DE GU3A. 241 

nuestra lengua se ensena , no solo practicando completar 
mente el régimen de la oración, sino aun haciendo entrar 
á los niños en consideraciones filosóficas que no se hallan 
tan lejos de su alcance como parecería á primera vista* 
c N^die se atreva á desdeñar por minuciosos los rudimen^i 
tos gramaticales», decia nuestro doctísimo Quintiliano; y 
al que todavía creyera superfinos ciertos principios, na 
seria menester mas que instarle á que emprendiera el esr 
tudio de cualquier lengua estrana, para que palpara las 
ventajas de conocer minuciosamente las reglas gramatica- 
les de la propia. A esto debemos atribuir en gran parte la 
facilidad que han manifestado los alumnos en la adquisi- 
ción de los idiomas estranjeros , como veremos mas ade- 
lante. 

(Tampoco debemos echaren olvido la complacencia que 
hemos esperimentado al ver que también se atiende en 
alguno de estos institutos al estudio de la gramática ge- 
neral y de la ideología. Consideramos tanto mas impor- . 
tante el cultivo de estos dos ramos de suyo fecundísimos, 
cuanto que ejercerán al mismo tiempo una influencia sa- 
ludable , así en la elección de materias como en la de los 
métodos, que son el alma de la enseñanza. Por lo demás, 
los alumnos han dado muestras de un aprovechamiento, 
que honra sobremanera á su director. > 

Por la estadística del articulo 1.° se advierte el aumento, 
que se dio á la enseñanza en la época de ampliación y 
mejoras. Los maestros antes mal pagados , los institutos 
poco numerosos , el mismo sistema adoptado , no el mas 
á propósito para un clima tropical y para una población 
ya muy estensa , hace considerar como época de mejoras 
efectivas la que en nuestra relación alcanzamos respecto 
de la instrucción gratuita. Destináronse á este objeto los 
mas importantes esfuerzos de la sociedad, que miraba á su 



242 RBVIfiTA BE ESPAÑA, BE INDIAS ¥ DEL ESTRANJSRO. 

sección de educación con la especial atención que su im-^ 
portancia merecia. 

Las juntas de la sociedad madre del tiempo en que iué 
su secretario el que escribe estos renglones , están llenas 
como las anteriores^ de esos brillantes ejemplos en que 
luce purísima la llama del patriotismo, y en donde el amor 
de la humanidad se premia á si mismo con la satisfacción 
del bien. El ilustre príncipe de Anglona se prestó á las in- 
dicaciones del director D.José dé la Luz y Caballero, y el 
entusiasmo mas general trajo á las arcas de la sociedad 
sumas considerables , debidas á la beneficencia pública , 
que luego se impasíeron á rédito, y con sus productos se 
crearon dos escuelas; y ahi están los informes del celoso 
Sr. Valle, que por su unción patriótica y su minuciosa es- 
posicion. demuestran los esfuerzos de la sociedad. 

En estas circunstancias comenzó á tratarse del estable- 
cimiento de un plan general de enseñanza, en el cual el 
gobierno privaba á la sociedad de intervenir en las escue- 
las primarias. Principió á entibiar el celo de sus socios, y 
en medio de que se han dado pruebas de laboriosidad y 
patriotismo hasta la efectiva supresión de la clase después 
de treinta años de servicios. Ya espresamos antes nuestra 
esperanza de que el vasto plan propuesto se lleve á cabo. 
£1 establecimiento de escuelas generalmente convenido en 
el proyecto en todos los pueblos, y graduándose su número 
por el de sus habitantes , haciendo participe de ía ense- 
ñanza primaria hasta la gente de color; el reahzar el sus- 
pirado proyecto de la sociedad de generalizar la enseñanza 
gratuita por todos los ángulos de la isla, habiendo demos- 
trado la sección en su estadística moral, que el vicio es 
casi siempre el compañero de la ignorancia : son cosas 
harto generosas é hidalgas para que las veamos con indi- 
ferencia. 



SOBRE LAS LETRAS EN LA ISLA DE CURA. 243 

La Comisión ha aprovechado las luces de los antiguos 
socios, nombrándoles de Inspectores ; y si bien carece del 
elemento del entusiasmo de corporaciones numerosas, en 
que brillan los momentos de apreciable desprendimiento, 
podrá sentar su edificio en mas sólidas bases, si el gobierno 
le presta los auxilios qué exige el vasto plan que acomete, 
destinando á este fin rentas públicas. El sistema de acudir 
á la generosidad , solo puede dar resultados en la forma 
que ideó y llevó á cabo el Sr. Luz ; en cuanto á suscri- 
ciones, oigamos. al apreciable Dr. Valle: «En suma, veinte 
y cuatro años cumplidos de trabajos nos autorizan, seña- 
lando las actas y espedientes de la sección ,. para afirmar 
que no hay fianza segura de educación para los pobres, 
mientras se libre á merced de las suscriciones ; que tan- 
tos años de consagración para cultivar el ramo de prospe- 
ridad adjudicado á los buenos oficios de la clase la han 
hecho acreedora al prestigio que decora su nombre ; que 
mas que nunca cree hoy que la educación , en el verda- 
dero sentido de la palabra, guarece el orden, sanea las cos- 
tumbres, amortigua el crimen, ennoblece el trabajo, y 
constituye una de las seguridades mas maravillosas del 
régimen social. Espera, pues, con la confianza que inspira 
el propósito del bien , que algún dia figure en el presu- 
puesto fiscal de la isla la suma anual de dos mil pesos 
por lo menos , para despejar el entendimiento y corazón 
de tantos desvalidos niños que hay, y que bien educados 
pudieran aumentar con provecho propio las rentas de la 
corona y la fama del gobierno. Este pensamiento no lo 
abandona la seccio» cuando celebra la feliz ventura de 
que rija los destinos de la isla el ilustrado Escmo. Sr. 
principe de Aiiglona, y no olvida que el Escmo. Sr. conde 
de Villanueva, esté genio de hacienda, mira con dolor el 
desolado cuadro actual, que presenta el espectáculo de 



244 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL SSTRANJERO. 

escuelas para indigentes, que por todas partes claman 
por un puerto donde aprender la doctrina y á escribir y 
contar, i 

Si las épocas que hemos señalado se reñeren á lo gene- 
ral de la educación en la isla , el sistema de trabajos , las 
tendencias déla sección en toda la isla en materia de ense- 
ñanza, y en sus principios teóricos y de aplicación prác- 
tica hasta donde lo permitían los fondos , pueden clasifi- 
carse en otra forma , y ya lo ha hecho el antes citado doc- 
tor Valle. — c La sección ha recorrido periodos de diverso 
carácter. De 1816 á 1819 descolló por su entusiasmo es- 
pansivo en todas direcciones. Desde 1819 hasta noviembre 
de 1830 iba ^educiéndose al campo de la educación con 
aquellas opiniones de intervención coactiva en ella , y con 
miras de pretensa uniformidad , que luego abandonó por 
principios mas seguros sobre el progreso humano. De 1830 
á 1835 se anuncia atenida á las insinuaciones y palabras de 
buen consejo, á la autoridad de los ejemplos, á la publicidad 
de los servicios que se hicieren á la instrucción , estiman- 
do en mas los resultados que los sistemas ; y en 1836, fiel 
observadora de los hechos, de su coincidencia, de su nú- 
mero y de su enlace en el orden de causas y efectos , raya 
en la época estadística , viniendo por ahí el conocimiento 
de que las ventajas topográficas , la educación intelectiva 
y moral , la agricultura , la industria , el comercio, la po- 
blación , ninguno de estos medios maravillosos de ven- 
tura social por si , ni aun juntos, dan de suyo ó suponen la 
existencia de bien distribuida felicidad y de civilización 
satisfactoria. Quizá lo que ha perdido de su primitivo lus- 
tre la clase en* aquella generosa diseminación de su fo- 
mento, por tantos objetos en que se empleó la solicitud del 
Sr. Ramírez, puede resarcirlo reconcentrando esfuer- 
zos para dar maj^or impulso á la educación procomunal.» 



SOBRE LAS LtTRAS BN LA ISLA DE CUBA. 245 

En el artículo de la Revista se ha aseverado que el mé* 
todo de enseñar habia hecho progresos indudables : sin 
embargo, en la generalidad de los establecimientos, el ejer-* 
cicio de la memoria era eNmico de los alumnos. Debe tam- 
bién la isla al sabio Luz la introducción del sistema espli* 
cativo. Este no se ha generalizado : para que esto suceda es 
necesario que el maestro sepa, y aquí muchos se lanzaban 
en este ministerio, cuando ya no tenían otro recurso 
por ser c carrera soconida» — como dijo en su informe 
el laborioso cubano D. Juan Bautista Sagarra, recor- 
dando unas frases análogas de Quevedo. También faltan 
testos de lectura graduados para niños ; faltan libros para 
la enseñanza , para la educación principalmente. Apenas uno 
que otro ensayo aquí como en la Península hacen que se 
use de libros poco adecuados á su objeto. 

Cuando hemos leído en los estudios de Sachi^ en Milán, 
el juicio de cuarenta y tres obras impresas recientemente 
en Italia con este objeto, y recordado los lamentos de 
Lambruschini sobre el descuido déla educación en Italia, 
no hemos podido esplicar nuestro abandono y desidia. 
Cuando esto vemos, no nos admira la ferocidad que se la- 
menta de nuestras guerras civiles: comprendo por qué no 
tenemos paz y felicidad. 

Mientras mas se ensancha el circulo trazado á la ense- 
ñanza primaria, mayor es la deficencia que notamos de 
profesores y de métodos. La pedagogía no es una ciencia 
conocida en España. El inolvidable presidente de la sec- 
ción de educación D, Nicolás de Cárdenas y Manzano, 
reimprimió á su costa y repartió gratis un cuaderno con 
útiles c consejos á los maestros de educación primaria §• 
Sagarra, en Cuba , Luz en la Habana , todos cuantos han 
tocado de cerca los vicios de nuestras escuelas, han cla- 
mado por el establecimiento de enseñanza para maestros. 



346 REVISTA DE ESPAÑA, DE INDUS Y DEL ESTRANJERO. 

Ya hemos indicado repetidas veces en el curso de estos 
apuntes tan imperiosa necesidad ; pero no concluiré este 
articulo sin repetir lo que díje.á la sociedad en un infor- 
me (1) en 15 de junio de 1840. — La idea deque se eduquen 
los jóvenes en la escuela normal de Madrid, para que pasen 
á esta ciudad con el fin de establecer otra en ella, donde se 
instruyan los que quieran dedicarse á la enseñanza de la 
juventud, coincide justamente con la espresion á tiempo 
manifestada por la real sociedad patriótica, acerca déla 
necesidad de que se llevé á cabo un establecimiento que 
debe corregir muchos de los estrayíos de la educación. 

Pero oigamos á nuestro amigo presidente que, al enu- 
merar las ventajas, dice entre otras muchas y buenas cosas : 
• Para impedir pues que un osado especulador, escudado 
con la aparente facilidad de dirigir una escuela primaria, sin 
mas vocación que el hambre del oro , sin mas aprendizaje 
qué el hombre mas vulgar ó charlatán, y sin mas costum- 
bres que la de un simulador momentáneo , usurpe el mas 
sagrado de los ministerios, fuerza es que se obligue á to- 
dos los aspirantes á prestar un certificado de haber con- 
cluido sus cursos en la clase normal del instituto. Que no 
sea de hoy mas la enseñanza primaría el recurso de la ig- 
norancia y de la nulidad. ¡ Dia de ventura para la educa- 
ción, y por lo mismo para la moral, aquel en que hasta los 
rudimentos de la lectiira sean enseñados por hombres, si no 
inventores, capaces de penetrarse del espiritu de una teo- 
ría!... Hombres puramente mecánicos y rutineros (habla 
la voz de la esperiencia) para nada., para nada : están en 
peor predicamento aun para mover las máquinas materia- 
les que una fuerza física bien aplicada ; esta es capaz de 



(1) Archivos de la sociedad , sobre remitir á España alumnos para la 
escuela normal. 



SOBRE LAS LETRAS EN LA ISLA I^E CUBA. 24T 

continuar el impulso : aquellos sin duda lo detendrán ó es- 
traviarán. i 

Hemos dado mas estension de la que pensamos á este 
articulo, y en el siguiente emitiremos nuestro juicio respeo 
to de lo que á la enseñanza en general corrresponde , tra- 
tando de los estudios secundarios y enseñanzas especiales. 

A. Bachiller y Morales. 



^f¥mñmimÑMiMifvtMmMt n imii0mMMMmmtim0iiiMtitmt y ym^ 



DE ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSAS. 



(Conclusión.) 

Para dar ña á las observaciones en otro articulo comen- 
zadas , será bien fijar un momento la vista sobre el estado 
actual de nuestro idioma. En su periodo clásico respiraba 
grandeza y pasión ; en los tiempos que estamos atravesando 
necesita plegarse á las multiplicadas exigencias de una so- 
ciedad cada vez mas complicada. Para la ortografía es época 
de transición, porque ¿cómo resistirán las generaciones, 
imbuidas del espíritu utilitario , á la tentación de reducir 
cada letra á un sonido, y de señalar un sonido único á cada 
letra? Este término, que es ciertamente la perfección de 
la escritura , se concibe con la imaginación ; mas como es 
también el desheredamiento y behetría del idioma, no hay 
cordura sino barbarie en atropellar la marcha natural de 
las cosas, sacrificando un manantial perenne de bellezas al 
ansia de allanar pequeñas dificultades , menores en caste- 
llano que en otra lengua alguna de las vivas. ¡ Como si el 
entendimiento del hombre no estuviera destinado á espa- 
ciarse sobre obstáculos , como si el discernimiento de los 
niños no hubiera de ejercitarse en las nociones elementa- 
les , como si las facilidades del idioma de hoy no fueran 
un divorcio y una doble dificultad para los idiomas anti- 
guos , adonde siempre se acudirá en busca de modelos ! 



WR ALGUHilS LOeiraiONBS VICIOSAS. 3V9^ 

- BiBspe^o de «nalogía» sintaxis» y prosodia, el easstellano^ 
Qscrito y fijado por los grandes maestros, puede esUr sa-" 
tísfecbo de sí nüsmo ; pues si no reúne todas las partieü^ 
laridades de los demás idiomas, lo cual es tan contra na<^ 
turaleza coma el que oimiis ferat onmiaéelluSt se basta para 
la fuerza de las voces, composición de las frases, espre** 
sion de lo» conceptos, y armonía de las oraciones ; apito 
para ensancharse y admitir cuanto necesario fuese , menos» 
en modismos que en vocablos suelta», y siempre con de-^ 
licadeza, no barbsürizando ú hospedando, como candida- 
mente hacen otros, sino amoldando loestraao, pulién- 
dolo, y dándole carta completa de ciudadanía. La época 
presente no es sierva del siglo xvi :\es su continuadora por 
nacionalidad , su conservadora por convicción , sin que el 
respeto vaya tan lejos que dejen de rezagarse algunas est 
presiones por parecer menos felices^ nitampooo de adop- 
tarse las que nuestros mayores mismos prohijaran si en es*- 
tos tiempos vivieran. Tal es eV carácter del actual idioma 
castellano, prescindiendo de la suerte que pueda depararle 
el trascurso de los siglos v tal es nues^ obligación: man- 
tenerlo y sustentarlo. Sobre todo, es sumamente púdico y 
altamente eufónico. Tan honestas son hs palabras de nues^ 
tros esmtores y de nuestra^culta sociedad, como torpes y 
vergonzosas las muletillas de la gente soez , especialmente 
en algunas provincias ; siendo acaso lo segundo una de las 
causas qué contribuyen al desagravio del lenguaje en lo 
primero, sin que uno ni otro puedan considerarse como 
bardmetro de la moralidad respectiva. La eufonía, y en 
ello debe pararse la atención, ejerce tal dominio , ^ue se 
«obrepone á las reglas racionales de la analogía y cons- 
trucción; y por su influjo se esplican única y satiafactoriaf 
mente muchas de las anomalías é idiotismos que á los ideó^ 
logos disactores apuran y atormentan. 

T. VII. ^ 17* 



250 REVISTA DK ISPARa, DE INDUS Y BEL BSTRANJERO. 

Entremos en los arcaísmos, ó uso de voces y frases a&-^ 
licuadas. En esto aconseja Quintiliano tomar máxima nova, 
y debe de fundarse en que cuantas mas generaciones hayan 
pasado sobre una palabra, tanto mas ratificada está la ra- 
zón de su abandono. La primera condición de todo buen 
arcaísmo es que haga falta ó cuando menos que haga al caso; 
y aquí vienen de toda justicia aquellas voces que apenas se 
ejercitan por ser raro el nombrar las cosas de su significa- 
ción. En segundo lugar, han de evitarse las de sabor es- 
tranjero, como muchas antes usadas conjuntamente con 
los fi*anceses, y que hoy, por rancias y castizas que fueran, 
no se escaparían de la nota de galicismos. La tercera ad- 
vertencia es, que las voces rejuvenecidas sean bellas, por- 
que la mayor parte de las en desuso adolecen de pesadez 
é inelegancia. Antigüedad tienen casi todas las espresiones 
que en el día empleamos , pues que son las de Garcilaso 
y los Argensolas ; algunas han adquirido mayor propiedad 
y k^stre, porque el espíritu analítico las ha despojado de 
sinonimia y confusión : por donde se conocerá fácilmente 
que queda poco que espigar en el campo de las voces pos- 
tergadas. Finalmente , ha de huirse de incurrir en afecta- 
ción, vicio á que son muy ocasionados en ingenios bisónos 
los arcaísmos, y de que únicamente se libra un tacto de- 
licado, dándoles cabida según la Índole, el género y el es- 
tilo de lo que se escribe ó se habla. Lo cierto es, que casi 
todos los arcaísmos aprovechables han sido con mas ó me- 
nos tino intercalados en las composiciones de los poetas, 
prosistas, ú oradores del siglo que corre y de fines del an- 
terior. 

~ Sentado esto , y conformándonos con el Sr« Alcalá Ga- 
4iano , en que chocan los arcaismos en obras plagadas de 
locución francesa , no acertamos cómo pudiera realizarse 
jsu deseo de resucitar el ende^ para usarlo como al en de 



DE ALGVlfAS lOCÜGIOlfKS VIpfOSAS. SSl 

nuestros yecinos y el ne de los italianos. Ende es el latino 
tfutó ; y por mas que lo haya ensanchado el uso en el an-* 
tiguo romance, dista mucho de la preciosa adquisición que 
en el .choque y amasijo de los idiomas teutónicos con el celta 
y el latín y formación de la Jmigue d*oil al norte y langue d'ac 
al mediodía V resultó del pronombre en, tan manuable como 
útiL Es relativo de lugar : j'en vienSy je tríen vais; y de per- 
sona ó cosa :yensms,yenai,j*en conmem. Indudable- 
mente ganaría mucho en precisión nuestro idioma si pu- 
diera emplear este mecanismo, y mas si reno^vara el mala- 
mente olvidado adverbio hióy {ibi latino) , tan corríenle 
en los primitivos tiempos : ambas partículas se conservan 
en el dialecto catalán , tomadas del le/nosin ; pero seme-- 
jante innovación ni pondría en escena al ende, ni seria uh 
arcaísmo, sino que llevaría mas bien el carácter de neolo- 
gismo de colosales dimensiones. 

Estamos al lado del Sr. Alcalá Galiano cuando censura 
el mal uso del pretéríto contingente ó imperfecto de sub- 
juntivo en ra, que algunos prodigan en sustitución de dos 
ó tres tiempos de indicativo ; mas no bastan la x^ensura ná 
la admonición , si no rse establece y pone en claro la regla 
suficientemente motivada. — Los latinos sincopaban á ve- 
ces los pretérítos perfectos y pluscuamperfectos de indi- 
cativo é infinitivo, y el futuro de subjuntivo ; asi dice Vir- 
gilio : 

.... :ifwU08 8i quis tentarat amictus-; 

siivigque ei swva quierant 

/Equora... 

y Lucano : 

Jam vento vela negarat 

Maffttus... 

Esta manera tan elegante , á que sdlo alcanzaban la poe- 
sía y <el lenguaje de la elevación y los afectos en prosa , es 



382 REVISTA M KSFAÑA, DS INSfAS T ME ISTBANJIRO. 

la que haa imitado ó copiado algunos autores españolesv 
tomándose la licencia de usar unos verdaderos pluscuain^ 
perfectos de índole y formación enteramente latinas : li:* 
cencia de seguro inspirada por la pasión á lo bello , y tan 
solo justificable per lo grande y oportuno de cada ocasión, 
y por lo agradable del efecto. Cuya observación es bastante 
para determinar las circunstancias y la limitación de su uso. 
Por no haberse fijado en ella , y por coincidir los pretéri<- 
tos asi formados con los imperfectos castellanos de sub«- 
}untivo en una de sus desinencias, es sin duda por lo que- 
ha reinado en este punto la anarquia , y por la que ban* 
pecado escritores modernos de gran nota, dando un mal 
ejemplo, que habia de encontrar sobrados imitadores. Jo- 
vellanos empleó generalmente este modismo con propio* 
dad en la espresion, como hombre de vasto saber, pero lo^ 
degradó gastándolo hasta en el estilo fitmiliar ; Melendez y 
otros menos escrupulosos lo desnaturalizan, aplicándolo al 
sentido del pretérito perfecto , y hasta del imperfecto ó> 
coexistente. Todo esto es vicioso é intoler^le. Consistirá 
pues la r^la, respecto del idiotismo que nos oeupa,.en que 
debe usarse con suma parsimonia ^ que solo cabe, en estilo- 
elevado ó enlático, y que nunca puede significar la acdon 
sino en pretérito indefinido anterior ó pluscuamperfecto de 
indicativo. 

Antes de llegar á la parte mas importante de la discusión 
entablada, nos haremos cargo de una locución que el se- 
ñor Alcalá Galiano califica según la analogía , y que á nos- 
otros nos parece de otro modo resuelta por la eufonía, su- 
perior, como ya se indicó, á las prescripciones de la ri- 
gurosa construcción gramatical. Según aquel distinguido 
publicista, hay solecismo atroz en anteponer á la píHrticula 
reflexi?a ó pasiva el pronombre, y en no decir $6 me ol" 
vidó, se te olvidó, &e le (dvidi, pues que serian ridteulos 



01 ALGimAB LOCUCNnOES YlGI09á8« StS 

«Ntf «s úbridó , te se obndó , le se oleidó. Aquí la exageración 
conduce al estravio. Le se olvidó , U se dio es absurdo , y 
á nadi« se le ha ocurrido ; me se olvidó^ me se dió^ es vulgar 
y aun raya en chavacano ; pero te se olvidóy te se dio es bast- 
íante corriente y de buen efecto. Muchos oídos se re^s- 
ten ásete trago una tíllüy se te puso á la mesa, se te obse^ 
quii , mientras que les suena mas fácil y agradablemente 
te se trigo una süla, te se puso á la mesa , te se obsequió. Así 
^es que este último modo de hablar, aunque menos ló* 
■^ico., no lleva tal carácter de atroddad, pues que campea 
7 aun prevalece entre las personas de gasto delicado, y de 
consiguiente presenta en su defensa un titulo por ahora 
indestructible. 

Pero vengamos ya á lo esencial, que es el uso del pro- 
nombre ^, eÜMyeüo énlos casos oblicuos, dativo dter- 
mküativo , y acusativo ú objetivo : materia de larga contro- 
v^sia, en que unos alegan la razón, otros la autoridad del 
ejemplo , habiendo estado con tal motivo mas de una vez 
alterada la paz en la repM)lica de las letras. Non nosírwn 
Ínter vos tantas eon^onere lites ; mas no dejaremos de tra* 
tar también este punto , que espone y no dedde el señor 
Alcalá Galiano. Porque cuando después de tanto hablar 
y escribir acerca de ello, titubean varones doctísimos, y 
casi declaran que no hay regla i>osible , preciso es que to- 
dos salgamos á probar en el palenque las fuerzas ; siquiera 
quedemos muy inferiores á la magnitud del asunto , que 
alguna consideración ha de granjeamos esa misma difi«- 
cultad, y alguna benevolencia lo sano de la intencicm. 
- O estamos altamente equivocados , ó la cuestión se re- 
suelve estrictamente por la analogia, siendo debidas ala eu- 
fonía y al dudoso régimen de algunos verbos las Ucencias, 
-tan frecuentes en castetlano , y aqui malamente erigidas en 
precepto. Lo cual procuraremos poner en todaevidencia. 



254 REVISTA VE ISPAi^Ay DE INDIAS T BEL BSTRANJERO. 

La verdad es > que no tenemos mas que tres terminacio- 
nes oblicuas en singular ^ le, la y lo, cuando necesitábamos 
seis para fijar con absoluta precisión los tres géneros en 
dativo y acusativo. En plural contamos con otras tres ter- 
minaciones y les, las, los, en lugar de las cuatro que requie- 
ren los dos géneros. Nadie ignora que el neutro carece de 
plural en nuestra lengua, como que solamente sé aplica á 
abstracciones;. aun cuando no opinamos con el Sr. Alcalá 
Galiano y quien , siguiendo á la Academia española y á la 
generalidad de los gramáticos, lo reduce al adjetivo sus- 
tantivado y á los pronombres que se le refieren, escluyendo 
é/los infinitivos de los verbos, cuyo derecho no es inferior 
en funciones de complexivo ó sujeto , á la. manera de los 
sustantivos. Guando se nos cita como ejemplos del neutro 
castellano á los griegos to kalon, to agathon ó agaxon, ta 
kakon, que no son otra cosa que pülchruin, bonum, malum, 
sin articulo por no existir en latin , recordaremos nosotros 
que Homero pone en boca de Néstor : epeipeizeszai ámei^ 
non\ y que Demóstenes dccia : jalepdn pokman estin a%&^ 
naiois, sin que queramos hacinar otros testos, ni buscar- 
los entre los autores latinos, donde á buen seguro que no 
se encontrará ejemplar en contrario. Nuestro intento es 
consignar de paso que en ningún idioma puede el modo 
•infinitivo de los verbos dejar de pertenecer al género neu- 
k*o, en el acto de usarse como sustantivo abstracto é inde- 
pendiente. No importa que lleve ó no articulo definido, ni 
que este sea él y no lo; entendemos que corresponden al 
género neutro todo nombre , toda espresion , todo.modi&- 
mo , cuyos pronombres, se usan necesariamente en el mismo 
genera, pues que los pronombres no se hacen neutros sino 
cuando se refieren á cosas que lo son. Y en prueba de que 
tCft indiferente el género del articulo , citaremos los sigoieu* 
tes versos de Jáuregui, en su Atninta : 



BS ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSAS. 2S8 

No desecha de Venus los placeres 
QitieD se retira del amor ; mas goza 
El dulce del amor sin el amargo. 

De la escasez de terminaciones en el pronombre perso- 
nal participan , como el castellano , todos los idiomas cu- 
yas declinaciones se hacen por inflexión. Sin hablar de los 
primitivos hebreo y árabe, de sencíllisima combinación 
gramatical y pausado movimiento , encontramos que el 
griego , abundante , flexible y armonioso , está desprovisto, 
y también el latín , de la gracia con que los españoles pos- 
ponemos los afijos, como en téngalo, d^ek, vüa. Y es de 
notar que este pronombre tiene sobrada pesadez en aque- 
llos dos idiomas tan castigados y cultos , especialmente en 
el primero , remora de que solamente han sabido pres- 
cindir los poetas y á veces los oradores. Las terminaciones 
griegas son tres en cada uno de los acusativos de singular 
y plural, pues del dual prescindiremos : dos no mas alcanza 
cada dativo dútf, átUe, áutóis, iutáis, de modo que hay 
voces para espresar doce ideas. En el latin los tres gé- 
neros se distinguen perfectamente, á imitación del grie- 
go^ en los acusativos ; pero el dativo üli es común para 
todos en singular, y lo mismo acontece con iUis en plural. 
Entre las lenguas procedentes de la latina , la francesa está 
igualmente reducida á un dativo lui en singular , y otro leur 
en plural; La italiana tiene dos terminaciones, gU, U» en el 
primer número , y una sola loro en el segundo ; la portu- 
gués , en fin , enaltecida por Gamoens , y suavísima si se 
pronunciase á lo romano , no usa mas que á lAe y lAes para 
los dos dativos. 

Sentados estos hechos , resulta que no habiendo en los 
idiomas desinencias suficientes para distinguir los géneros 
en cada uno de los casos oblicuos de la tercera persona del 
pronombre ó sustantivo relativo, es necesario, forzoso. 



^S6 RXvisTA DI espaSva, DB tlOkUS^ IHEL'ISnáiaiRa. 

irremediable el confundir en ocasiones, ó los géneros ó los 
casos* ¿Cuál de ambos males es el menor? i Qué sistema es 
el preferible? Hé aquí toda la duda y toda la controversia. 

Para ilustrarla' examinaremos : primero, la claridad de 
la locución en uno y otro sistema; segundo, el partido 
adoptado en igual conflicto por los idiomas conetíonados 
-con el castellano ; tercero , lo que este puede aventajar ó 
desmerecer, según fuere la solución de la dificultad. 

Llámase relativo al tercer pronombre sustantivo, porque 
áfin de escusar pesadas repeticiones, ocupa el lugar de 
una persona ó cosa que antecede en el periodo gramatical ; 
por consiguiente, siéndonos 4)onocida esta persona ó cosa, 
sabemos su género, sin que la referencia á ella pueda 
causarnos ambigüedad. Juan es mi amigo , voy á buseatle 
ó buscarlo, tomo un libro ; y k leo ó lo leo; tengo una casa, 
y pienso pintarla; recibo una carta y la miro; lo alegórico 
agrada á quien lo entiende el; morir es forzoso , pero todos 
procuran alejarlo. En estas frases se advierte cuan distin- 
tamente está determinado por^el pronombre el género res- 
pectivo. Mas ¿qué sucedería si se cambiasen los casos , pa- 
sando al dativo el acusativo del pronombre ? Las termina- 
ciones le , ía, lo están ya apuradas ; ¿ se repetirán vaciando 
en el mismo molde ambos casos? Entonces se dina : Juan 
es mi amigo j voy i buscarle ó buscarlo alojamiento; tomo 
un Hbro y le leo, Ó lo leo unas cuantas hojas ; tengo una casa, 
y 1^ (i pingarla la fachada; recibo una carta y la miro el 
selU); lo alegórico agrada á quien lo entiende las alusiones; 
el morir es forzoso, pero todos procuran alqarlo el plazo. 
Diriase también : en cuanto llegue Pedro, le recomendaré á 
Juan ; en viniendo María, lapresentaré á mi hermana. 

Si en este supuesto señala el relativo con todo rigor el 
género , nadie desconocerá que confunde completamente 
Jos casos, con lo cual embrolla el concepto. Por si solos 



resaltarán los inconvesiientes de semejante confuéion. Gonr 
trapongamos ahora la natural distinción de casos, encer- 
rando al dativo en el k común, y veremos cómo no resulta 
ambigüedad en el género , al paso que se conserva la pre- 
cisión del sentido. Diremos : Jtmn es mi amigo , V0y á Im^ 
€arlo {acosativo}... vey á buscarle (dativo) alejamiento; 
temo «01 libro y lo leo... y le ko algunas hojas; tengo una 
casa y pienso pintarla^., y pienso pintarle la fachada; re- 
cibo una carta y la miro... le miro el sello; lo alegórico 
agrada á quien lo entiende... á quien le entiende las abisUh- 
nes; elmorir es forzoso , pero todosprocuran alearlo... pro- 
turan alq arle d plazo. En cuanto üegue Pedro, lo (acu- 
sativo) recomendaré á Juan... le (dativo) recomendaré á 
Juan. En viniendo María, la presentaré á mi hermana..* le 
presentaré á mi hermana. De buena fe ¿hay aquí duda ú 
oscuridad respecto al gén^ot Nosotros no la encontra- 
mos , porque es perceptible y patente la referencia del pro- 
nombre á la persona ó cosa,, como k) seria del atributo al 
sujeto. Ni se nos objete la dificultad procedente de largos 
periodos compuestos de varias frases ú oraciones ; pues 
«adié que escriba ó bable bien emplea el pronombre re- 
lativo á timta distancia que pueda producir an^olo^a, 
siendo en tales ocasiones preferible la repetición del nom<^ 
i>re ó la adopción de otro giro á la locudon. 

Está pues el género señalado y fuera de toda incerti- 
dumbre,sea que el pronombre relativo tenga tres termina- 
<^iones en dativo, sea que se reduzca á una sola. Mas al des- 
cubierto está indudablemente en el primer supuesto ; pero 
una ves que no se origina oscuridad del segundo, merece 
este la absoluta preferencia, porque evita el desorden gra- 
matical y la algarabía que proceden de la amalgamación 
de los casos. Todo lo mas á que podemos condescender, 
esa admitir dos inconvenientes, entre los cuales susten- 



888 RIVISTA DI KftPÁÍlÁy DK INDIAS Y DBL KSTEAKIIEO. 

tamos que es infinitamente menor el de la uniformidad en. 
la espresion del género en dativo , y de consiguiente nos 
decidimos por ella. Con efecto , en el sistema de la pro* 
miscuacion de los casos, cuando se dice : Juan es mi amú 
go , voy á buscarle, puede este le ser acusativo ó dativo , y 
tiene que quedar pendiente el oído del que escucha, para 
cerciorarse de si se concluyó ó no la frase ; pues si se con* 
cluyó , está el le en acusativo , y Juan es buscado , mas si 
continúa con la adición de alojamiento , varia el sentido, 
es el alojamiento el que se va á buscar , y Juan la persona 
á quien se destina. Del mismo modo, cuando tengo una casa 
y pienso pintarla, es dudoso si la pintura es total ó parcial : 
la añadidura de la fachada se necesita para desvanecer la 
incertidurobre. La ambigüedad es aun mayor y enteramente 
inestricable, si á la llegada de Pedro pienso recomendarle 
á Juan, 6 si hablando de Haría me propongo presentarla á 
nd hermana. ¿ Quién es aquí el recomendado, Pedro ó iuasií 
¿Quién será la presentada, mi hermana ó María? No hay 
contestación satisfactoria posible , no tiene salida el ato* 
lladero. 

Al contrario , por la distinción de casos desaparecen to- 
das estas dificultades. Si al mencionar á Juan , voy á bus-» 
cario, es concluida la oración, porque el relativo está en 
acusativo ; mas si voy á buscarle está en dativo, falta el acu* 
sativo ú objetivo, y no se completa la oración hasta el 
enunciado de la cosa que voy á buscar para él. Si la casa 
pienso pintarla, doy á entender que la pinto toda; mas si 
pienso pintarle.... alguna parte es únicamente la que rcci* 
birá pintura, y esto es lo que queda por determinar. Si en 
llegando Pedro, lo (acusativo) recomiendo áJuan, aquel 
es el recomendado ; pero si le (dativo) recomiendo, es Juan 
el objeto de larecomendacion. Si á Itfaría la presento á mi 
Jiermana^ aquella es la presentada ; no asi si le presento á 



DE ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSAS. 2S9 

mi hermana^ porque esta está en acusativo, y será presen- 
tada á la que ocupa el dativo. No cabe mas perentoria de- 
mostración. 

De donde se deduce rigurosamente y sin réplica , que 
en la necesidad de optar entre reunir en el dativo los gé- 
neros 6 hacer este caso igual con el acusativo , es mucho 
mas ventajoso lo primero, porque conserva una clarid^ 
de conceptos imposible en lo segundo. Todavía hay que 
observar , y lo haremos mas adelante , lo que disuenan á 
oidos delicados el la y sobre todo el lo, puestos en dativo 
y en equivalencia de á ella, á eüo. Pasemos á ver lo que 
sucede en otros idiomas. 

En aquellos que declinan el tercer pronombre personal 
por medio de artículos ó preposiciones, como hacemos 
nosotros con los sustantivos absolutos , ninguna dificultad 
se ofrece, pero también están privados de la belleza de la 
inflexión desinencial. En los que dieron origen al castella- 
no, y en los que procedentes de la misma fuente marchan 
á la par de él, con inflexiones en los finales del pronom- 
bre , ya se anotó arriba que ninguno posee terminaciones 
suficientes para diferenciarlos géneros según las necesida- 
des de los casos. Pues bien : todos sin escepcion se con- 
traen en el dativo, formando una como cintura ó estrechez 
en la declinación , y absorbiendo casi siempre los géneros 
en uno. Si el griego presenta dos terminaciones en dativo 
de singular y plural, consiste esta particularidad en que es 
realmente un adjetivo el qu^ usa y aplica al pronombre de 
tercera persona en los casos oblicuos ; y si el italiano tiene 
dos terminaciones en el dativo únicamente de singular, es 
porque rompiendo ligaduras se ha provisto de mayor ri- 
queza y variedad desinencial que otro idioma, no sola- 
mente en el pronombre, sino hasta en el articulo defindo. 
-Pero dejando á un lado, por lo que va dicho, al griego, es 



•260 BEVISTÁ DE BSPAfíA, ÜB INDIAS Y DEL ESTRAKJERO. 

de advertir : primero, que todos los dativos de pronombre 
sustantivo acaban en i ó en e en singular , y segundo , que 
en ninguno de los idiomas citados, incluso el griego , son 
iguales ni parecidas, sino al contrario muy diferentes, las 
terminaciones del dativo y acusativo , de manera que no 
hay el menor riesgo de equivocarlas ni confimdirlas. Los 
dos hechos de haber diferenciado con suma escrupulosi- 
dad ambos casos entre si, y creido en general -suficiente 
una terminación en el dativo con reunión de los géneros, 
prueban hasta la evidencia, tanto la opinión de los escri* 
tores y hablistas en la serie de los siglos trascurridos, 
cuanto la sanción del uso general , que no habría subsis- 
tido si se hubiera sentido coartado en las mas frecuentes 
entre las locuciones. 

No podia el castellano sustraerse á esta ley de las len- 
guas romanas. Se concibe, si, que hubiese inventado mas 
terminaciones para el dativo , á ejemplo del italiano , pero 
no que hiciese común al acusativo y dativo una misma t^- 
^nacion, cometiendo la mayor ^de las irregularidades, y 
la que no habría encontrado en el mundo culto modelos 
ni imitadores. Asi es que la Academia española adopta el 
mismo principio que nosotros en la declinación del plural 
del relativo él, eüa, eüo, y en el singular femenino y neutro ; 
un paso mas, que sin duda no le consintieron dar su natural 
circunspección y la fluctuación del uso, habría resuelto la 
cuestión hasta donde alcanza la autoridad. No lo ha hecho, 
antes al contrarío rompe la analogía entre la declinación del 
singular y plural de un mismo nombre, y entre el primar 
género y los dos restantes del singular , ño para conservar 
al idioma alguna belleza, no para proporcionarle mayor lu- 
cidez, sino para desmejorarlo, consintiendo que te, dativo 
preceptuado comün, sea al mismo tiempo y esclusivamente 
acusativo de singular para el masculino, en daño j menos- 



D& ALGUNAS £0GDGION£S TIGIOSAS. 36f 

aaba dé laclaridadé No es esto inculpar á corporación te» 
sabia y respetable y en cuyo descargo vendrán mas tarde al- 
gunas aclaraciones nuestras ; es espres^ el sentimiento de 
que no se baya desentrañado la mater¡»cual merece, ni se 
bayan establecido los verdaderos cánones, que atendida la 
naturaleza de nuestra lengua, sus antecedentes y conexio-* 
nes , y dando su parte á los carriles formados por el uso va^ 
rio, deben y pueden ilustrar ei público y servirle de guia« 
La regla de la Academia para la declinación del relativo en 
el número plural y para el femenino y neutro en singular 
es filosófica , porque está en la índole de la familia á que 
corresponde nuestro idioma ; es racional,, porque presta á 
la locución la mayor claridad posible con los elementos de 
que dispone^y es necesaria, porque cierra el principal por- 
tillo por donde amenaza una irrupción de la anarquía ej> 
el campo gramatical. Fáltale únicamente á esa regla el ha- 
cerse estensiva al masculino en singular, y porque desapa- . 
vezca la inoportuna y sorprendente escepcion es por lo que 
pugnamos*^ 

En poco tenemos la razón, ó mejor dicho, la escusa de 
que lo hacedero en plural, donde solo existen dos géneros, 
es imposible en el singular que tiene tres. Si el confundir 
tees géneros es tan malo que exija evitarse á toda costa, no 
habrá quien llame bueno al confundir dos ; nos avendre- 
mos á reconocer que lo primero lleva tres grados de riesgo 
ó de malicia, pero nadie le quitará sus dosá lo segun- 
do. Si el remedio aplicado á lo menos surte su efecto , de- 
bió aplicarse á lo masr, y si aparece peor que laenferme- 
dad misma, hubo error en propinarle en poco ni en mucho. 
Corta cosa es de todos modos el neutro en castellano para 
eausar alarma en el acusativo del pronombre , cuando no 
la causó la absoluta homonimia en el dativo ; y én fin, si 
se querían distinguir los géneros del acusativo, hubiérase 



932 REVISTA DÉ ESPAÑA, D£ INDIAS Y DCL KSTÁANJERO. 

al menos ideado otra cosa que no echase por tierra la vallfl 
divisoria de los casos. Pero es muy frecuente en los hom- 
bres huir de un inconveniente pequeño y caer en otro gran- 
de. De empírico se resiente en verdad, sobre pernicioso, 
el temperamento adoptado , que á unos parece mezquino 
y á otros exorbitante; y no porque los términos medios 
sean siempre censurables , sino porque tanto como impo- 
nen los que proceden de la convicción y de la templanza 
hermanada con el sentimiento de la propia fuerza, otro 
tanto se desautorizan los'que trascienden á vaguedad, in- 
decisión ó timidez. 

Visto cuál es él sistema racional de la declinación del 
sustantivo relativo , consagrado por la Academia con una 
sola escepcion, fundado en tradiciones, y apoyado en la 
práctica de todos los idiomas análogos, réstanos probar que 
el separarse de él hace desmerecer al castellano , tan lejos 
de favorecerlo. 

Para ello no insistiremos en el tema. ya demostrado, de 
que el género común en dativo resuelve sencillamente las 
dificultades que serian invencibles si se distinguiesen y 
separasen sus tres géneros tomando las terminaciones del 
acusativo : cada lector puede repetir los ejemplos , y en- 
contrar otros hasta la saciedad. Lo que haremos presente 
es que todos necesitamos desconfiar algún tanto de nues- 
tro propio juicio, si no nos desprendemos de impresiones 
estemas capaces de estraviamos. £1 que se ha educado ha- 
blando y leyendo buen lenguaje, suele cuando se establece 
en alguna provincia donde encuentra variantes de dicción, 
hacerse tan fácilmente á ellas, como irse conformando con 
los actores que al principio le parecieron intolerables en el 
escenario ; porque desde el quedarse suspenso al salirsele 
una palabra de la boca , dudando si debia pronunciarla en 
conciencin y ley castellana, ó si acomodarse al gustóles- 



BE ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSA^. S63 

tragado de sus interlocutores , pasa á connaturftfizayse con 
lo que oye diariamente , hasta el estremo de llegarle á cho« 
car con el tiempo la misma voz castiza con que se habia 
amamantado. Con mayor nK)tivo perseveran en sus resa* 
bios los que nunca han buscado ni admitido corrección; 
mas esta consideración de lo que puede el hábito en el 
hombre, de mayor poder aun respecto del que estudia y 
sabe que no va equivocado, es bien que la aprovechen unos 
cuantos novadores de los que el Sr. Alcalá Galiano justa- 
mente censura, empeñados en trastornar el idioma en busca 
de tal cual mejora imaginaria ó de leve momento, sin ten-> 
der la vista ¡los obcecados! sobre el conjunto, y percibir 
el daño que ocasionarían si fuesen sus palabras escucha* 
das. La discusión, sin embargo, no es perdida, porque la 
sana doctrina logrará prevalecer, y la educación que ha de 
progresar porque es una de las condiciones del siglo, la 
trasmitirá á los hijos de los que hoy contendemos ante el 
público por dilucidarla y fortalecerla. 

Las oraciones siguientes pueden conducir á una con- 
clusión en este punto. 

Masculino. — Encuentro á un amigo, lo saludo, le hago 
compañía, y dándole la mano, lo dejo al cabo de un rato. 

— Encuentro á unos amigos, los saludo, les hago compa- 
ma, y dándoles la mano los dejo. — Tomo un libro, le exa- 
mino la encuademación, lo abro, le noto defectos, y no lo 
compro. 

Femenino. ^^ Persiguió el juez á una jitana , la prendió, 
le tomó declaración, la condenó, y le notificó la sentencia. 

— Persiguió á unas jitanas, las prendió , les tomó declara- 
ción, las condenó, y les notificó la sentencia. 

Neutro. — Lo serio me agrada, y lo prefiero á lo jocoso, 
jorque le hallo mayor conformidad con mi genio. £1 an- 
^ar es sano, mas no todos lo ejercitan aun cuando le pro- 
diguen elogios. 



Kl REVISTA DS SSBAÑi;> DS IBDIAS Y lOL ESnua^JERO; 

Aquí está guardada la perfecta analogía, no solam^Eite^ 
ean otros idiomas, sino también entre los géneros y los 
números : esta es la declinación racional , como lo reco- 
noce el Sr. Alcalá Galiano, si bien sigue la escepciou 
puesta por la Academia, Digamos ahora dos^ palabras so-- 
bre los que, separándose de este sistema, y abusando, se* 
gun costumbre, del autorizado. ejemplo, bastardean eV 
idioma, trasladando todas las terminacionea del acusativo^ 
al dativo. 

Es de uso frecuente, y pudiéramos añadir vulgar^ en las^ 
Castillfis, el espresarse de este modo : ¡aprendió, la toiná 
declaración, la condenó , y la noíí/M la sentencia. — Divisa 
unas naves, luego la$ vi elaramente, las noté roto el velamen,. 
las hice señas para darlas socorro ,. hasta que las perdí de 
vista. — En cuanto supo que estaba allí la reina, se la pre- 
sentó pidiéndola, órdenes. No es estrago que oidos poco es- 
peditos busquen ante todo la apreciación del género sin 
curarse mucho de la precisión del régimen,, porque la na-^ 
tqral torpeza ó la desidia se satisfacen con acabar pronto 
y percibirlo que les parece esencial* Mas no basta eso para 
un idioma que necesita y puede perfectamente distinguir 
^1 acusativo ú objetivo , susceptible siempre de ponerse 
en nominativo de la oración por pasiva^ y el terminativo 
ó dativo ) que nunca sale de la forma activa ; pues silos 
casos.de nada sirvieran, ¿á qué fin se esmerarían y aun se- 
estremarian los gramáticos enx ellos? El uso corriente del 
la en dativo, bien se ve que es una incorrección de mal 
gusto. Y no alcanza á redimir esta locución el Sr; Salva, 
quien en su gramática, llena generalmente de razón y me- 
sura, la admite únicamente como recurso paraobti^r á la 
ambigüedad en ocasiones determinadas. En sus ejemplos 
áe.encontréá Pedro con su hermana, y hi di un encargo , 
y do cuando la visité estaba alli su primo , y nada la dije , 
no hallamos motivo ni necesidad de faltar así á la gramas 



DB ALGUNAS LOCUGIONES TIGIOSAS. 268 

tica. Pedro y la mitada son los acusativos en la oración , 
la hermana y el primo constituyen dos accesorios que po- 
drían desaparecer, y á estos no se aplica inmediatamente 
el relativo , cuando tiene en aquellos su llamada natural y 

directa. Encontré á Pedro y le di un encargo ; lo en- 

coníré con su hermana^ y á esta (ó á ella) le hice tal recuerdo. 
Esto es lo regular, y sobre ello no quedará escrúpulo 
Guando se observe el mal efecto que producen los relaü* 
vos desnudamente encaminados á cada una de las dos 
personas del período. Encontré á Pedro con su hermana^ 
le di un encargoi y la hize un recuerdo ; — cuando la visité 
estaba su primo^ y nada la dije por no darle que pensar. Se- 
mejantes locuciones son efectivamente económicas de 
tiempo, pero tienen siempre tal tirantez. y son tan ocasio*- 
nadas ¿ anfibología , que aun cuando no pecasen contra 
las reglas^ las desecharía el castellano, como las desechan 
los demás idiomas. El maestro daba lecdon á los niños, le 
alargué la mano\ y los animé al estudio. Así se hablaría 
ideológicamente bien , pero usualmente mal , porque se 
prefiere dedr : á aquel le alargué la manOj y á estos los 
animé al estudio ^ ó bien variar los pronombres en él y ellos,, 
el primero y losúüinws, el uno y los otros etc. De consi- 
guiente no ha lugar la habilitación del la dativo, ni aun 
para lances apurados. Únicamente en letrillas y poesías 
cortas de candidez pastoril ó de erótico ardor, y rara vez 
en prosa del mismo género , es dónde deja de disonar 
esta licencia, y aun llega ár producir buen efecto . 

Por lo que hace al neutro , apenas merece refutarse la 
pretensión de los que aspiran á trasladar al dativo su rela- 
tivo lo de acusativo. Lo serio me agi^ada^ lo hallo confort 
midad con migenio^ lo tengo afición. El juagar es peligroso^ 
lo huyo el cuerpo, porque lo he cobrado horror. ¿Es pojsible 
qjie tal deformidad haya quien la proponga? ¿Y con qué: 
T. vn.- 18 



S66 REVISTA BI KSPARa , DE INDIAS T DEL ESTftANIERO^ 

objeto? Ya hemos yisto su fotilidad. Sería, sobre impertí'* 
nentei de tan baja ley este solecismo, como los cpie em-' 
plea para el masculino la zafia gente pintada en callejuelas 
7 bodegones por el malogrado Alenza, cuando dice : Si 
fulano me mira i la cara^ lo salto las muelas ^ ó lo doy de 
remoquetes, ó lo saco las tripas.Esio es menester dejarlo en 
el lodo. 

Volviendo al masculino, que es lo que llama, fácilmente 
nos esplicariamos la causa si la Academia y los preceptis^ 
tas hubiesen señalado indistintamente el le y el 2o para 
acusativo , porque al cabo se apoyarían en el uso ; mas el 
haber escluido absolutamente el lo, reduciéndose al te, 
común con el dativo, nos sorprende y conturba, aunque 
no nos descorazona, porque la razón se ha dicho muy bien 
que acaba siempre por tener razón. Según esos señores 
anda desacertada Baltasar de Alcázar en la siguiente ce- 
lebrada redondflla : 

Porque allí llego sediento, 
Pido vino de lo nuevo, 
Mídenlo, dénmelo, bebo. 
Pagólo, 7 toime contenió, 

M 

Pues pongan en su lagar : 

Miden2^, dánme/^, bebo, 
Págo/f , y voiine contento ; 

y ¿quién no siente que seria despojar á estos versos de su 
rotundidad, de su gracia, y hasta de su buen humor? 

Tiempo mal gastado seria y estéril cansancio para los que 
leyeren, el aducir nuevas citas capaces de ocupar volúmenes 
enteros^ de pasajes parecidos al que acabamos de estampar, 
bien así como podrían formarse otros vdúmenes, con tes- 
tos de escritores de uso contrario ; al cabo de lo cual ven- 



DE AtOüKAS Loeccioiiss viaosAs. S6? 

driamos á que cada uno prefiriese aquello á que están 
ftcóstumbrados sus oidos* ¡Cosas hay tan bellamente di<^ 
chas de uim y otra Baulera, si con desigual propiedad, con 
igual primor! La diversidad nadie la niega ^ mas el acierto 
ha de estar en algún lado; y mientras ni siquiera se intenta 
seriamente el esciaredmiento en busca de una convicción, 
¿cómo se justifica la absoluta proscripción de un sistema 
dé tanto séquito cuando menos como el otro, é indubtta"» 
blemeote mas fundado y racional ? La proscripción se verá 
derogada, ó caerá, y será peor, desatendida» A bien que la 
Academia esputóla es la primera que incurriría en multa 
si llevara sanción penal su mandato, pues lo desatiende y 
quebranta ella misma en el prólogo de la última edidon 
de su Diccionario , escrito no según su sistema esclusivo , 
sino segon el que nosotros acabamos de evidenciar pre» 
ferible. En tan fn^nte contradicción de precepto y prác<^ 
tica, i qvtlén no trae á la memoria á Jacobo de Inglaterra 
en el combate naval de la Hogue, que destruyó sus espc* 
ranzas^ cuando enemigo de los suyos y á bordo de la es* 
cuadra francesa, se olvidaba de su interés y dejaba esca* 
par «el corazón por la boca , esclamando : c ¡ Qué bien se 
ibaten mis ingleses ! > 

Firmes en nuestra condencia, bien que distantes de todo 
género de arrogancia, suspendemos la mano en este par« 
ticular» dispuestos supero á la continuación de la polé- 
mica, si necesario fuese. Algo ha de quedar en reserva, y 
algd ha de dejarse á los lectores, muchos de ellos capaces 
de discurrir y juzgar mejor que el que esto escribe. Soia-i- 
mente hay que responder á dos objedones presentadas en 
su tiempo por un distinguido helenista, menos sólidas que 
especiosas» Consiste la primera en que en virtud de la 
analogía del relativo él, ella, ello con el demostrativo este^ 
eslo, esíB, asi como hablando de dos sombreros se dice : 



268 RIVISTA BS ISPAlÜAy DS INDIAS T DEL BSTRANJERa. 

elyo estCf y no esto^ corresponde decir : le elijo, y no fi? 
elijo. Aquí hay error en el supuesto : esteno es declinable 
por inflexión , y i^I lo es , de modo que el uno permanece 
inalterable mientras que el otro cambia de terminación. 
El acusativo del primera es á cste^ y el del segundo es á el, 
ó I09 correspondiente el último al illum latino y al áuUm 
griego, porque ¿cómo traduciría en e un- etimologista de- 
licado* los masculinos latinos y griegos que hacen um y on 
en acusativo? Lo elijo es illum eligo, ton áuUm éklego ; mas 
si se dijese lo elijo á élj 6 hago elección de él (indeclinable 
por inflexión)^ ya era patente la analogía con eli/o este. Del 
mismo modo se. deshace la segunda objeción , reducida á 
que siendo el toro y no lo toro, debe decirse que el torero 
le mató, y no que lo- mató; La equivocación está en supo- 
ner que lo traduce únicamente á iUud r sin comprender á 
iVurn, y que lo^ neutro de nominativo, no puede estenderse 
al masculino de acusativo , como si tuviéramos en caste- 
llano otro recurso, como si de ello resultara grave peijui^ 
cío , y como si todos los adjetivos castellanos , franceses , 
italianos y portugueses, tuvieran mas de una sola termina- 
ción para el masculina y neutro , y lo mismo en acusativo 
la mayor parte de los latinos y griegos. En inglés es tan 
sola, que el adjetivo no se presta por sí á la distinción de 
géneros. 

Quede pues demostrado, al menos en nuestro concepto, 
que U es dativo absoluto del relativo , y lo es acusativo, 
masculino y neutro, por proceder así de la analogía, de la 
razón y de la práctica del idioma latino, y de los que de 
su progiene salieron y se propagaron : 

Et oali natorum, et qu¡ Dascentur ab ¡llis.. 
Sea permitido concluir con este hermosa verso de Vir- 



DE ALGUNAS LOCUCIONES TICIOSAS. 

gfUio, á propósito de progenie, y traducción de otro aun 
mejor de Homero : 

Ka¡ paidcs paidón, kai oi metópisz* éguenonto (i). 

Pero en la variedad del uso del le y lo por los escritores 
españoles , tan versados algunos en las lenguas sabias , ¿no 
babrá otra cosa mas que arbitrariedad ó capricho? Impo- 
sible. ¿No existe algún fundamento, alguna razón para lo 
uno y lo otro? ¿No se encontrará un hilo en semejante 
laberinto? Existe, si no nos hacemos ilusión, y duéle- 
nos el que no haya habido quien asiéndose á él, se to- 
mase k molestia de caminar con pié seguro recorriendo 
todas las sinuosidades en que se desliza y pierde la criti- 
ca, para comunicar al público el resultado de sus elucu- 
braciones. Nosotros no nos atreveremos mas que á aventu- 
rar indicaciones someras , lo uno porque nos reconocemos 
con fuerzas escasas, lo otro porque es ya demasiado largo 
el trabajo que por distracción y buéH deseo emprendimos, 
y finalmente, porque carecemos de tiempo que destinará 
estos asuntos, agradables sí, pero propios de imaginación 
fresca y espíritu apadblemente desocupado. 

£1 romance, bí|o del latin, empleó en cuanto se fué 
puliendo , el To como derivación natural en acusativo para 
masculino y neutro. Tres causas han de haber concurrido 
posteriormente y en determinada época á ir aventurando 
el le para el masculino , especialmente cuando se referia 
á la materia animada. 

Es la primera la eufonía. No solamente el hiato que 
puede originarse del relativo lo antepuesto al nombre, sino 

(1) PoDemos las voces griegas con letras del alfabeto coman, para que 
todos puedan leerlas, y percibir cuando menos la cadencia y medida del 
exámetro, y la aplicación al castellano de varias preposiciones citadas 
en el corso de este articulo. 



¥10 REVISTA 01 SSPÁÜA, DK INOUS Y INIL ESTItANJBRO. 

también el mal sonido quepos puesto al verbo produce en 
algunas ocasiones , han debido obligar á escritores y ha- 
blistas elegantes á privarse de locuciones un tanto frecuen- 
tes, ó autorizarlos á licencias que habia de sancionar el uso 
como cuando dijeron ef agtia, el alma, el ave, y asi cam- 
biaron el género del artículo aun mas de lo que les era me- 
nester. Hay violencia en lo oigo hablar, y mas en soliólo, 
acicalólo, aboUólo, colocólo, etc. Si en lugar de escribir 
Cienfuegos : 

Abrió sin tíempo su sepulcro odioso , 
Y derribó jf eu él , 

habiese puesto derribólo, habria naufragado el verso. Que 
estos tropiezos tenian que allanarse en un idioma por tan- 
tos, tan elevados y atreridos ingenios cultivado, era cosa 
indudable ; la ocasión y el modo pertenecian á un orden 
secundario. 

Otra causa la hallamos en la dificultad de discernir á ve- 
ces entre nosotros el régimen del verbo , y en ciertos de^ 
licadísimos accidentes, que ya lo inclinan al dativo, ya al 
acusativo, apreciaciones que halagan á los doctos, y que 
escapándose á entendimientos vulgares ó superficiales, de- 
generan, por falta de celo , en perderse ó desvirtuarse. Des- 
dé luego se le nota al castellano el sensible defecto de que 
cutúido no cabe el articulo definido para los nombres, no 
hay modo de distinguir ambos casos ; porque ni se dife- 
rencian por la terminación como en latin, ni el artículo 
es como en italiano , igual para el nominativo y acusa- 
tivo, con lo cual se caracteriza este sin contacto con el 
dativo. Prefiero á Pedro á Juan, entrego á Blas á Diego, 
etivio á Lucas á Francisco, leo á Vega á Bretón, y otras» 
son locuciones que están secuestradas por su necesaria 
anfibología , y que dejan un vacío parecido á una sima. 
Tampoco con el artículo se evítala confusión, pues siendo 



9B ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSAS. 271 

ni común á los dos casos , únicamente se conoce cikU de 
estos se emphea, por el contesto y sentido de toda la ora* 
ciou. Bien es que se han apurado poco los gramáticos en 
estudiar cuándo deba ponerse al en acnsativo, y cuándo el 
siguiendo en esto último á los italianos, cuál sea la ñierza 
de uno y otro » y cuál su respectiva dís^incia del dativo. 
Porque no basta señalar á al copio acusativo de persona, 
y á el como de cosa, toda vez que los verbos transitivos^ 
afectan al acusativo mas ó menos directamente, variando 
el sentido y para ello el articulo. Veo los libros y carteles 
de una escuela bien colocados^ al maestro en su sillar y á los 
niños leyendo. La bala que no atravesó el tabUm del blanco, 
oíravesaria al hombre que alü se pusiese. Pero también se 
dice : contemplo la creación, el hombre, y los demás seres. 
Voy á cazar lobos; voy á cazar el lobo por medio de una 
trampa; voy á cazar al lobo de un tiro en la cabeza. En el 
combate mataron las tropas un centenar de soldados enemi- 
gos, y al centinela de la muralla. El es mas inerte , mas abs- 
Iracto, mas genérico ; mas colectivo, mas impasible; al 
indica vida, individualidad, interés que pudiera llamarse 
dramático. Mayor espacio se necesitaría para desmenuzar 
un punto tan importante; pero baste lo dicho, unido á que 
en muchas espresiones no significa la preposición á acu- 
sativo ni dativo, como en ir al monte Jugar al tresillo^ to- 
car al piano, cantar al uso, combatir al sable, ascender al 
délo, llegar al fin etc. etc. , para que se conozca por una 
parte la diferente fuerza é intención de que es susceptible 
la acdon del verbo re^ecto de los acusativos , y por otra 
e) riesgo de confusión entre acusativo ú objetivo y dativo 
ó terminativo, y entre estos y los modismos que esterior- 
Agente se les asemejan siendo en su esencia muy diversos. 
Guando el acusativo lleva el artículo el, está claro su re- 
lativo lo; um cuando va precedido de al, que sobre so-^ 



372 REVISTA i>i bspaRa, de indias y del bstran jsro. 

nar lo mismo que el dativo, se le aproxima realmente y 
auna veces deja lugar i la duda, entonces es cuando se con- 
cibe que haya podido aplicársele el relativo le en la mar- 
cha del lenguaje. Y eso es en efecto lo que ha sucedido; 
que no al acaso , sino por delicado criterio se empezó una 
práctica hoy degenerada. 

La tercera causa está en el italianismo que algunos ámen- 
nos escritores injirieron en nuestro idioma, emulando il 
dolce favellar^ y trayéndose mucho de ternura y suavidad 
envuelto en licencias gramaticales. Al mismo tiempo que 
los mas esclarecidos varones empleaban un lenguaje cor- 
recto y puro, rico en conceptos y sobrio en pronombres, 
para soltar el vuelo á la fantasía, ostentar grandeza de 
alma, y espresar á porfía los afectos con elevación de 
tono y fuerza de colorido, otros mas apuestos y melodio- 
sos ensanchaban el idioma exhalando los suspiros de la 
pasión en menos castizos acentos, á pique de formar dos 
distintas escuelas. A los últimos estudiaron , ó por no al- 
canzar á la estatura de los primeros , ó por genial confor- 
midad é] inclinación , los escritores que después vinieron 
de capa y espada, heraldos de caballería y galanteo, eru- 
ditos mas que sabios, fáciles mas que profundos, á quienes 
su misma facilidad privó de remontarse á la altísima es- 
fera adonde por su maravilloso ingenio eran llamados. Es- 
tos son los que hicieron ya costumbre de lo que en otros 
había sido licencia , y tomaron por regla lo que no podia 
considerarse mas que como escepcion , no diremos con 
empirismo, pero sí con amaneramiento. Estos hallaron mas 
fluido el le para acusativo, y aun á veces el la para dativo, 
y dieron en emplearlos, especialmente el primero, en verso 
y prosa. Eistablecieron el uso, al menos dentro de cierto 
circulo , la imitación les ha traído séquito, la exageración 
los canoniza, y hé aquí cómo olvidado el motivo, escure-^ 



DB ALGUNAS LOCUCIONES VICIOSAS. 973 

cido el origen , y conculcada la ilación gramatical y filosó- 
fica, viene el abuso apoderándose del terreno, como se 
apoderaría también si no se le atajara, la inoportuna apli- 
cación del pluscuamperfecto ideal de indicativo, cuya pro- 
fusión hemos censurado. Pero los modernos se han puesto 
á mirar de frente ¿ los hombres ilustres de los tiempos que 
pasaron, si ya no como rivales, como jueces, y cuenta es 
y responsabilidad de su buen criterio el restaurar el idioma 
patrio, en aquello en que por lijerezay malas prácticas pu- 
diere á pasos contados haber venido á menos. 

Tales, según entendemos, la historia de lo sucedido 
y la esplicacion de lo que presenciamos. El punto fun- 
damental creemos haberlo presentado en toda su luz, esto 
es , la genuina y legitima declinación del pronombre de 
tercera persona en sus casos oblicuos , sin seria refutación 
posible , porque la verdad es una , y cuando se da á cono- 
cer, no hay mejor partido que el de acatarla. La variante 
introducida en el acusativo masculino la hemos motivado, 
determinando su índole, pretensiones y razonable acep- 
tación ; con lo cual tenemos por desapasionadamente re- 
suelto el problema en el actual estado de la lengua espa- 
ñola, y en el interés de su mayor propiedad y ornamento. 

Resulta de todo, que la regla con su escepcion puede 
reasumirse y fijarse en los términos siguientes : 

1.' Que lo es generalmente el acusativo masculino del 
relativo él; 

2.* Que el le es una concesión ó bien una licencia , so- 
lamente admisible en ciertas ocasiones por eufonia , ó por 
particular significación del verbo acia el nombre represen- 
tado por el relativo ; 

3.*^ Que nunca ó rarisima vez convendrá el le acusativo 
á pronombre de cosa ; 

4.'' Que aun en pronombre de persona ú otro ser viviente 



274 REVISTA OK £8PAJ^A, BE IN0US Y DEL S8TÍUNJSR0. 

Ó al meaos orgánico, no debe usarse el acusativo le cuando 
el nombre en igual caso llevaría el articulo definido el^ 
sino cuando le correspondería el articulo al ; y eso única- 
mente ai acción determinada, concreta, de herir á la 
imaginación como presenciada afectaria á los sentidos ; 

5/ Que el precepto gramatical, que atribuye esclusiva- 
mente á le el acusativo masculino , es de todo punto in- 
sostenible. 

Basta ya de esta improba tarea. Los lectores preocupa- 
dos se impresionarán de maneras diferentes. Los que han 
sido llamados teístas, avezados al uso de Castilla y connatu- 
ralizados con él , es posible que griten ¡ escándalo ! mien- 
tras que los Unstas de otras varías provincias de la Península 
y de todo el mundo ultramarino donde se habla la lengua 
española , tachen acaso de debilidad lo que se les figure 
,una misera propuesta de transacción. Hemos dicho lo que 
por verdadero tenemos y lo que á nuestro juicio se alean* 
j^ ;el público, que se compone de unos y otros y de mu- 
chísimos que dudan, imparcial como lo son las masascuando 
no las ciega el interés ó las exalta la pasión , muy grande 
para apandillarse , muy noble para prostituirse, el público 
ilustrado á quien no puede ser indiferente el que se ade- 
lante un paso en el estudio de nuestro bello y hoy asende- 
reado idioma, se apoderará lentamente de la cuestión p^ra 
decidirla , y ante su fallo se inclinarán con resignación las 
frentes mas erguidas y caracterizadas. 

Aquí daremos punto , mas no sin mencionar siquiera una 
de las especies que al principio nos cruzaban por el magin 
cuando anunciamos otros asuntos de crítica literaria. 

Entre los azares de corrupción para el idioma es preciso 
contar la precipitación con que necesariamente s$ desem- 
peñan los trabajos de la prensa períódica, en particular los 
de orden subalterno, descuidados generalmente de un modo 



BS ALfiDHAS tOCCClONES VICIOSAS. tTS 

lastimoso en perjuicio de la misnia especuladon. Asi es 
que las ráfagas de luz vienen acompañadas de tinieblas y 
errores , amén de otra cosa que tendremos el miramiento 
de dejar que Virgilio se la diga : 

Túm ficH prmique tenax, quam nuníia veri. 

Pues siendo asi» los males que la prensa causa diaria-* 
mente al idioma , ella sola pudiera como la lanza de Aqui^ 
les curarlos. Un periódico que destinara una sección á la 
crítica literaria , digna y completamente desempeñada se 
entiende , censurando sin acritud los defectos cometidos 
por sus hermanos los periodistas y por sus cuñados los es- 
critores de por libros » conseguiría paulatinamente la en«* 
mienda, purgaría al lenguaje en que se escriben la política 
manual, la filosofía é industria, y las relaciones sociales, 
de las manchas que lo afean , y prestaría al pais un servi- 
cio Insigne, recompensado á no dudar por gratitud, cré- 
dito y suscripciones. 

Entre las palabas y locuciones viciosas que repugnan 
cuando se leen ú oyen , pero que se olvidan ú quien no 
tenga el humor de hacerse coleccionista , nos vienen á la 
memoria unas cuantas, empezando por el prurito deformar 
verbos de nombres verbales ó participios de otro verbo, 
sin necesidad y con mal gusto. De presupuesto , partici- 
pio de presuponery sale el presupuestar ^ estravagante y ofi- 
nesca imiovacion ; de espubo , participio de espeler ( ex- 
pello) hacen el espulsar, y otros por el mismo estilo. 

Al verbo coligar y coligarse (se colligare) lo hemos visto 
en tiempos de coaliciones políticas maltratar nüserable- 
mente con coaligar y coáligados , que un dia con otro nos 
taladraban los oidos. 

En los de irregular conjugación es muy común leer en 



276 RKVI5TÁ DI ESPAÑA, DX INDIAS Y DIL ISTRAWJIRO. 

tercera persona del presente holla por huella, denosta por 
denuesUij asóla por asuela^ desoía por desuela. Y es por no 
hacerse cargo de que los verbos siguen constantemente la 
ley de sus raices, muchas perceptibles, otras oscurecidas, 
pero que de seguro han existido. Huella ^ denuesto ^ suelo 
son las raices de los verbos apuntados. El Sr. Salva pa- 
dece equivocación en su Gramática , calificando de irre- 
gulares á derrocar, cuya raíz es roca, y que solo adolecería 
de irregularidad si por imposible procediese de rueca ; y 
á aporcar, que no viene como emporcar de puerco, sino 
del latino porca, caballón ó lomo de tierra entre dos sur- 
<;os. Conocida es la copla de Juan de Mena , en que con 
aporque sale airoso del emp^o de hallar un consonante 
bien dificil. 

Tampoco es raro ver á exhonerarpor exonerar (exone- 
rare), suponiéndole por raiz á honor, cuafido es onus, car- 
go ; y lo mismo á impugne por impme (impunis) , no de 
pugnare sino de puniré. 

Selvicultura se ha puesté hace pocos dias, en vez de Sf2- 
vieuUura, en documento tan oficial como una Real oseen 
publicada en la Gaceta. Este pecado no es de periodistas. 
Selva se dice cierlamente en castellano , pues está olvi- 
dado el antiguo silva^ pero también se dice campo (ager) 
y h^ierto (hortus) , y sin embargo los compuestos no son 
eámpicultura, huérticultura, ni selvictiUura , sino como los 
latinos agricultura, horticultura; y siUricuUura. 

Lo cual nos trae á la memoria otro solecismo chocante, 
que es llamar trabajo agrlcolo , cuando agrícola es real- 
mente masculino , al igual de regnícola y publicóla, de ad- 
vena, y aun de indígena, adjetivado en razón de su fre- 
cuente aplicación, comunes todos en género , y por am- 
bas razones invariables en la terminación. Eso es tomará 
trompón del francés, tan pobre en la parte desinencial, sin 



DE ALGUNAS LOtSÜCIONKS VTCIOSA». 277 

conocer ui curarse de lo mucho mejor que eit casa te- 
nemos. 

Es viciosa locución, porque encierra un- contrasentido ; 
aunque demasiado corriente , la de no quiero ir, tanto mas 
que me desagrada la función. O debe decirse tanto menos:, 
6 hay que hacer un esfuerzo violentísimo para suplir lo 
que falta cuando se espresa una cosa enteramente opuesta 
al pensamiento. No me decido , tanto ma& que carezca de 
medios. No quiero á Pedra, tanto mas curnito que ilm,e 
desaira. Estas oraciones adolecen de inexactitud é impro- 
piedad* — Tampoco está bien usado por su ambigüedad 
dar un dividendo y frase muy común en el lenguaje de las 
empresas industriales y mercantiles. Dividend& no indica 
mas que una opeiracion aritmética que ejecutar. Conocidas 
en su consecuencia las cuotas que corresponden á los aso- 
ciados, se hace su distribución ^ ya como carga para gas- 
tos, ya como beneficio por reembolso ó ganancia. 

Pero no es menos desagradable el efecto de improvisa- 
dos dáctilos ó esdrújulos , con que se dan algunos una 
importancia grotesca. En la duda de la cantidad de las 
silabas, ó suelen pronunciar despacio y silabeando para que 
no se note el acento, como quien entra, en paraje oscuro 
y desconocido, ó por el contrario bajan la cabeza y echan 
su esdrújula de corrida, como quien sale de un mal paso. 
Cálega dicen en lugar de colega ; opimo por oplmo^ equivo- 
cándolo acaso con óptimo; sincero por sincero; sulfuro por 
sulfuro , confundiendo esta terminación de la nomencla- 
tura química con los aumentos de su^lur que son breves; 
válida 9 que denota váUdez ó fuerza legal, por valido, que 
espresa el valimiento, privanza ó crédito de que goza una 
persona, y lo mismo una noticia ; Cátula por el tierno poeta 
Catúlo (Catullus) ; Lúcülo por el espléndido Lucúlo (Lu* 
cuUus) f y enckota de todos por lo estrafalario y mas inol- 



S78 RIVISTA DB ESPAÑA, DI INDUS T 0SL E8TIIANJER0. 

vidableque todos por lo risible, se mece y flamea el perito 
por perito , de un género de simplicidad que llega á ha<« 
cerse chistosa si no picante, y que mborita á quien fre-* 
cuentemente lo escucha, teniendo que aguantarlo de per« 
sonas altamente colocadas. 

También tienen aquí su lugar los testos de otros idio« 
mas que suelen intercalarse en la escritura ó el discurso, 
muchas veces sin oportunidad , aun mas sin que los en« 
tienda quien los ensarta , y casi siempre con chocante in-* 
corrección. Perlas son las buenas citas con discreción dis- 
tribuidas ; manchas y lujo de ignorancia cuando no vienen 
al caso ó salen arlequinadas. 

Pero esto seria nunca acabar. Con permiso de quien lo 
dijo en sazón , diremos también nosotros : for$% áliro can* 
Urá con miglior plettro. 

Alejandro Olivan. 



RECUERDOS 

SOBRE LA CAMPAÑA DE COSTA-FIRME, 

DURANTE EL MANDO EN JEFE 
DEL MARISCAL DE CAMPO O. MIGUEL DE LATOIUUE. 



La pérdida de Caracas había sorprendido estraordinaria* 
mente al general Latorre , porque no podia concebir cómo 
el enemigo con setecientos hombres mal disciplinados hu- 
biese podido penetrar por barlovento, atravesando monta- 
ñas diñciles , puntos casi inaccesi bles y parajes que á cada 
paso presentaban medios de una ventajosa defensa, y que 
solo el intentarla debia causar la ruina de aquel. Se hallaba 
tan penetrado de esta con fianza, como que en el mes de marzo 
habia hecho reconocer aquellas posiciones por el capitán 
de ingenieros D. Juan Saldon, que estableció la defensa con 
doble fuerza de la que se creia necesaria para el efecto. El 
batallón de Hostalric , que estaba situado en los valles de 
barlovento, eratmode los cuerpos mas brillantes del ejér- 
cito espedicionario ; la fuerza de que constaba, bastante res- 
petable, y el terreno en que debia operar muy ventajoso. A 
<ficho cuerpo podia agregarse la milicia de los valles, y los 
cuerpos volantes inmediatos^ con lo que se reuniauna fuerza 
importante. Desde que el general Latorre tomó el mando 
de aquel ejército, habia dedicado el mayor cuidado por la 



280^ UeVISTA DB ESPAÜAf BE imUfr Y DEL E0«UUf»Ea. 

conservación de la capital, ya en razón á la fuerza moriJ 
que esta daba á la provincia, y ya por la mayor suma de 
intereses reunidos en ella. Habia destinado al teniente co- 
ronel graduado D. Lucas González, para que organizara un 
«uerpo de milicias en los valles de Ocumare ,. además del 
que habia establecido en los de barlovento ; y dispuesto 
desde San Carlos que pasaran á Caracas cuatro compañías 
del batallón de milicias de Valencia y como lo tenemos ya 
dicho, porque conceptuó con esa reunión de fuerzas sufi- 
cientemente asegurada la capital de todo peligro,, puesto 
que esas mismas fuerzas^y las milicias de Valencia, Ocumare 
y aquellos valles, eran cuerpos que sirviendo de observa- 
ción podian aumentar las colocadas á barlovento y acudir 
en su caso á la seguridad y sostenimiento de Caracas. ^ 
. Si el capitán general de las provincias, eu lugar de haber 
destinado parcialmente la fuerza que tenia á sus órdenes^ 
lo hubiese hecho desde luego de la totalidad de ella, come 
se lo previno el general en jefe, y se hubiera puesto á la 
cabeza de la columna, el resultado sin la menor duda hu- 
biera sido otro , por la ventaja que tenia sobre el enemigo 
eñ número y en disciplina^ y por la que le ofrecía el ter- 
reno que ocupaban nuestra^ fuerzas, y en el que debia^ 
operar. 

El disidente Bermudez habia entrado en Caracas con sei- 
scientos hombres, cuando el capitán general contaba con 
mil doscientost á los que podia agregar las milicias de Ara- 
gua» En el pueblo del Conseje donde diehaautoridad llegó 
-á reunir quinientos de los dispersos, y cuando ya estaba 
próxima la división del brigadier Morales, prefirió esperar 
al enemigo , sufriendo una nueva dispersión en la que quedó • 
prisionero el brigadier Gires, cuando se pudo haber con- 
servado aquella fuerza, que unida á la del brigadier Mora* 
Jes.habria.sido suficiente para batir á Bermudez, y.nose- 



lubtift Tisto ei general Latorre , como sa vio , en la siece« 
sidadde desprendersedél 3.'' deValencey, según queda 
ya manifestado. 

'. '£n iestaa clrcanstandasrecibid el general en jefe parte 
del gobernador de Cumaná , pintándole el estado critico 
en que se hallaba dicfaa^laaa» la necesidad de que se re- 
hmse BU ^luarnicion , y la absoluta carencia de víveres^ que 
esperimentabá para el sostenimiento de los ochocientos 
sesenta. hombres que la componían» 
' El .general, que conocía la importancia de aquella plaza 
porJasTentajas que ofrecia al e¡)ércilo « y porque perdida 
quedaba este reducido ala sola provincia de Caracas, oeo- 
pada ya en mucha parte por ri enemigó, reunió la junta de 
pacificación, 1^ que resolvió se r^máties^ i Cumaná cuatro 
mal pesos é igual suma iodoa loa meses ; que sin perder 
tiempo. se enviasen á su gobernador todos los víveres y las 
medicinas que con este objeto ise habian remitido, previ- 
niéndole que, como jefe militar en placa sitiada, adoptase 
cuantas medidas le parecieran necesarias para una defen* 
sa heroica, separando de ella las personas que le inspira- 
sen desconfianza, y dirigiese las operaciones interior y es-^ 
teriormente según se lo dictasen su pericia y lo que exigiera 
la defensa misma. Esta situación era verdaderamente la- 
mentable, y los auxilios que para aliviarla la preparó el gene- 
ral Latorre , los hada cuando se hallaba mas combatido de 
necesidades y 4e apuros, cuando la real hacienda, exhausta 
de recursos, y aun puede decirse desorganizada con el aban- 
dono que acababa de hacerse de Caracas y la Guaira , era 
difícil repararla y traerla á un estado productivo en algún 
tiempo ; cuando no esperaba socorro alguno de la Habana, 
según asi se lo habian avisado los comisionados que pasa- 
ron á dicha plaza; y cuando por momentos veia que se iba 
acercando la época de hacer el último esfuerzo, bien dande 
T. vn. 19 



UTI8TA DB SSPAÍA, DB INDIAS Y jaOi EBTBABIBM. 

un g^lpe dedsiTo al enemigo , ó salvando los restos de iaí 
ejército que tantas veces se hábia cubierto de gloria y se 
hallaba desamparado, á pesar de las repetidas, reclamado-^ 
nes hechas por su antecesor el conde de Cartagena y por 
él mismo* 

El dia 5 de junio se presentó doabedUa R^es Vargas á 
las inmediaciones del pueblo de San Felipe, con quinientos 
infantes y cien caballos» La columna al mando del coman-* 
dante Lorenzo se hallaba situada en aquella dudad, y al mo- 
mento dispuso que los cazadores de Navarra y un piquete 
dé caballería atacasen al enemigo, el cual huyó con direc^ 
cion á Cocorote. Nuestras fuerzas le persiguieron ;desalo- 
jándolo de varias alturas, después de un fuego bastante 
sostenido , dispersándose por último, y dejando ochenta 
muertos en el campo , una caja de guerra , varios fiísiles, 
dnco muías y todo el botin que había sacado de Barqui- 
simeto ; nuestra pérdida consistió en cuatro muertos y 
ocho heridos. Al amanecer del dia 8 volvió el enemigo á 
presentarse en el pueblo de Tinajas, á cuyo punto marchó 
d comandante Lorenzo con la columna volante de San Fe-? 
lipe, y no habiéndolo ya encontrado en dicho pueblo , si- 
guió al de Candelaria , donde halló doscientos infantes y 
cincuenta caballos en una altura de difícil acceso. Des{)ués 
de mas- de dos horas de un fuego continuo, pudo llegar al 
enemigo el teniente de lanceros de Barquisimeto, D. Pedro 
Paez, con. una fuerte guerrilla de infantería^ Este bizarro 
oticialal envolver al enemigomurió gloriosamente recibien- 
do cuatro balazos, y hasta el momento de espirar no se le 
oyó otra voz que la de : adel(mteymtic1mhos;yo mtiero^ pe* 
ro gustoso, porqtie sé que la gran nación deque dependamos es 
madre de nuestras familias , como lo será de tma mujer y 
dos hijos que dejo. El enemigo fué completamente arrolla- 
do, lanzado de la altura con pérdida de cuarienta muertos, 



lUBGVKRBQS SOBAB LA CAMPA&k BE GOSTA-FIBIIK. 28S. 

y pierseguido basta las inmediaciones del paeblo de la 
Cruz; se le cogieron caareiita y. tres fusiles, seis caballos 
y cuatro muías, sin mas desgracia que la sensible pérdida 
del referido temente« 

El mismo dia sostuvo el comandante D. Ramón Aboy 
una gloriosa acción contra cuatrocientos infantes y ciento 
treinta caballos, al mando del coronel disidente Macero* 
que le atacó con la mayor intrepidez en el sitio *del Rin- 
cón, en la inmediaciones de Caracas. La fuerza de las co« 
lumna de Aboy consistía en doscientos ochenta infantes y 
veinte caballos, con la que á la bayoneta recibió y derro-^ 
tó completamente al enemigo., persiguiéndole basta Si«* 
quire, donde ya apenas lloraba ciento cincuenta reunidos^ 
Esta victoria costó á los disidentes bastante número de 
muertos, 'sesenta fusiles, dos cargas de munióiones ,.ca-^ 
bailes y equipajes ; por nuestra parte sbííó berido el co-^ 
mandante Aboy con dos bailaos que le atravesaron lina 
pierna, y á pesar de que los recibió á las diez de la maña- 
na, continuó basta las tres de la tarde la persecución que 
tuvo ^e abandonar, ya agotadas sus fuerzas por la mucha 
sangre que babia perdido. 

Pero á pesar de estas acciones heroicas, sostenidas por la 
bizarría de jefes, o&ciales y tropas del valiente qérbito esn 
pedicíonarío, eA nada variaba el estado critico de este 
mismo ejército , la decaída opinión dal país, la falta de 
recursos para sostener la guerra, y las ventajus que por 
estas causas adquiría el enemigo y aprovechaba con sus 
intrigas. 

La situación siguió oompljicándQS<{ mad , y ofreciendo 
nuevos y mayores cuidados al general Latorre^ El eacua-* 
droñ de Apure, que estaba acantonado en Charco-azul, se 
sublevó pasándose á Pae^, habiendo' intentando mcttariá 
su comandante y oficiales. En la costa, á barlovento d^l 



384 REVISTA DE SSPáSU, DE INDU8 Y DEL ESTRANJERO« 

paerto de la Quaira, filé ocupado el pueblo de Cai^batte- 
da por trescientos hombres, cuyo suceso sembró el alarma 
entre los veoiiios de dicho puerto, que apresaradamente 
trataron de salvar sus intereses á bordo de los boques^ y 
düandonar >el pais* En la misma fecha ofició el intendente 
general de aquellas provincias al geneml en jefe y al jefe 
superior político , que habia llegado el caso de darse por 
concluida la hacienda pública de Vene^u^, io que hacia 
presente á laSiireferidas autoridades , para que no apare- 
ciese con su silencio que habian divido engañadas de la 
verdadera situación del erario, y para que adoptasen 
aquellas medidasque les parecieran mas convenientes, pa- 
sa acudir ealo sucesivo al sostenimiento del ejército y de 
su administración^ A una situación tan desesperada llegó 
á verse reducido el general Latorre. Todos sus esñierzos 
y los de las tropas los inutilizaban eempletamente ja mi- 
seria en que habia allí caido el estado» y el descrédito en 
que^ se hallaba la haoienda, ya por falta de ingresos y ya 
por el desorden que laseircunstanoias habían introducido 
en los empleados, que separados unos de sus destinos por 
haber los enemigos ocupado el territorio , interceptados 
otros, y emigrados los mas , era un verdadero caos aque- 
Ha administraeioi», sin que bastase á sacarla de él el Ta- 
lor, la energia y una voluntad de hierro, porque todo se 
estrellaba contra ese poder inmenso de la disolución. 
;Qué amargura, qué compromisos y qué grado deán-* 
gustia seria el que en aquellos momento^ sufriera el ge- 
neral en jefe, en vista de la situación tan deplorable de un 
ejército digno de otra suerte, y de unos pueblos en los 
que parecia haberse cebado la desgracia ! No tenia racio- 
nalmente otro partido que adoptar, que el de ceder á las 
circunstancias y salvar los restos de aquellos yatientes. 
Todo se habia apurado , los esfuerzos hechos hasta. aiU 



BSGUSRDQS SOBRS hA CAUPAÑA DB C(^TA*FIBU. 28S 

hahian sido siq)eiiore$ á lo pa$íbl6, no qvi€i<Jlaba la tnft$ 
reotota esperanza de ser auxiliados de ninguna manera y 
de ninguna paite ; y el ctosancio , la desconfianza y hasta 
la dese^eraciaa presidia en los ánimos* y entraba en pri- 
mer término en todos los cálculos y las pombinaciones. 
Solo el bosquejo de esa situación terrible basta para for<^ 
mar la del general en jefe^ y deducir el mérito de sus ser»' 
Tidos en tan azarosa y desesperada época. 

Con el armisticio^ celebrado el S6 de noviembre del añq 
anterior, habia ocupado el enemigo un vasto territorio, e) 
mas productiva á las rentas, en particular á la del ramo de 
tabaco; La rotura de ese mismo armisticio colocó fuexa 
de nuestras cajas mas de tresdenios mil pesos de existen<- 
cías que btd)ia en el partído de Güanare; la ocupación 4^ 
Caracas, el abandono de la Guaira y eLde otros puntos 
del interior, babia puesto el sello al, aniquilamiento de 
las rentas^ y desapareddo hasta la esperanza de^lograr se 
restabledesen en mucho tiempo* Tampoco ofredan niU'*- 
guna los comJ&ipQ^os que habían pasado á la Habana 4 
solicitar auxilios para laproyinda;: todo esto y la absoluta 
parali^^acion del comi^rdo, redud^o á solo Puerto Cabello, 
eran las graves causas de b situación , y cada una dcf por 
si bastante para que no se pudiese continuar un solo dia 
arrastrando ,tan comprometido esta4o ; eran también harto 
poderosas para manif^^tar que, con ellas de modo alguno 
podia sostenerse el f^itáio^ y de consiguiente que era imr 
posil^e^ya su permauj^nda en el pais« A todo esto debe 
a^adiirse el disgusto 'que liabia enr aquellos empobrecidos 
pueblos, por lo qu!e f r{| pnscsso tomarles para la precaria 
sUbsjsteada de las atropas;, ei? laestrecljieziy miseria á que 
^biim .quedado jre4ucí4os : lp;|Oual Iv&pía que el general 
Laiqr^e palpara, ^omonof podía meno^^^ precaria situa- 
ción y la imposibibdgd ¿(e sosteufpr por vm tiejupo á Yene- 



RIETISTA DB ESPAÑA , DK INDIAS Y DSL ESTRANJERa. 

zuelá» y ni aun á la importante plaza de Puerto-CabelTa. 
Al considerar el intendente concluida la hacienda pú^ 
blica, exigia, como uno de los remedios que presentaba, 
que la diputación provincial decretase contribuciones para 
sostener el ejéccito. ¿Y sobre qué riqueza habian de im- 
ponerse semejantes exacciones? La agricultura podia de- 
tírse que no existia , el comerció se hálWba paralizado, 
las fortunas particulares completamente arruinadas , y el 
que mantenía algún resto de ella abandonaba apresura- 
damente un país donde le era imposible permanecer. No 
había pues producción , de coná guíente ftiifigíma imposi- 
ción podra hacerse. , . 

Volviendo á la parte relativa alas operaciones de la guer- 
ra, durante la permanencia dé Bermudez en Caracas, se 
publicaron varios discursos en la garceta de dicha ciudad, 
los mas sediciosos y alarmantes. Su ayuntamiento circuló 
una prociama ep términos insidiosos, pues trataba de pro- 
bar en ella que el voto de la España estaba en favor de la 
emancipación de aquellas provincias, que este principio le 
protegían los diputados á cortes, y convidaban á todos los 
españoles europeos y americanos, afectos al gobierno legi-» 
timo , para que concurriesen al logro de aquella separa- 
ción. 

• ¿Qué podia esperarse de la situación en que se hallaba 
el ejército, cuando los disidentes, conociendo que la con- 
ducta que habian seguido hasta entonces los alejaba del 
término á que encaminaban sus aápiraciones, mudando de 
política adoptaban ya la que había de disminuir nuestra 
influencia sobre los pueblos? ¿Cuál hábia de ser la reso*- 
lucion de los habitantes, que habian visto correr cinco años 
de guerra, sin que se trasluciera el diá deseado en que la 
paz les proporcionase la tranquilidad por que anhelaban» 
al presentárseles la ocasión de separar de si los males que 



&|iCU£B0OS SOBRE LA CAMPANA DE GO&TA-FmiffB. 387 

sufrían , con soló reunir voluntades y atender á su propia 
conservaeion? Eii dos ocasiones habia pedido el gene-^ 
i^'Latorre á Caracas reemplazos que cubriesen las bajas 
del ejército» y en ninguna logitt ñi un solo hombre de loé 
cupos que tocaron á dicha óiudad, en número de ochenta 
y dnco y ciento cincuenta, y cuándo Bermudez entró en 
eHa fué reforzado con trescientos treinta. ¿Y no prueba esto 
la opinionque teniany Jtos deseos que animaban álos puet» 
blós? Ni la moderación , ni las consideraciones , ni ninguno 
dé aquellos pasos benéficoB que marcan la marcha de los 
gobiernos justos, empleados por el general en jefe con el 
mayor eámero » habian producido nada favorable al ejér?* 
cito ni á la pacificación ; antes por el .c(»itrarlo, esa con* 
ducta equitativa debiUtó mas con- su práctica la fuerza mo** 
ral del gobierno» y aumentó la de los enemigos» que su^ 
pieron aprovecharse de ella para destruir la del ejército; 
de un ejército á quien nio pudo vepcer la guerra mas obs^ 
tinada» ni las constantes privaciones que sobrellevó ,pon la 
mayor conformidad en tan larga como desastrosa campar 
ña. Hacia el general Latorre cuantos esfuera^s estaban á su 
arbitrio 'para que las armas de S. M. triunfasen <^on. ven-* 
taja» para que se estableciese la paz en aquellas desgnn 
ciadas provincias» y volvieran al grado de prosperidad y de 
riqueza que disfrutaron eji tiempos mas felices» y á que 
habia de llevarlas la pacificación ; pero esto no dependía 
de sus buenos deseos ni de su patriotismo; ni tampoco 
la lucha estaba reducida ¿ veneer al enemigo con las ar-^ 
laaíi : era^ la» opinÍQn69 efttravia^spor las intrigas de lod 
disidentea^ al cansando y la miseria de los pueblos» las 
privaciones, que sufirian todas las clases» y el abandono to-^ 
talen que ae hallaba Ql;e}érGitOi los poderosos é inven<^i*- 
hle^ obstáculos que habia de superar, y que era poco me- 
JOO0 que imposible el vencerli3>6 en, aquellas malhadadas 



28& RfTISTA DI ESPAÑA, DI INDUS T DIL E8TRANJIR0. 

drcunstancias. Caalqaiera auxilio estertor de tropa y diiiera 
habría dado un nuevo ser, ua gran impulso ala oi>ra po« 
Utica de la pacifieacic» ; y no hay duda alguna qne si hu- 
biese llegado en oportunidad un cuerpo de ejército <de oua« 
tro mil hombreSf y el numeraJÉio sufioimle para sotQtenerlo 
mi año, Boliyar habría sido veiicido, la papifieadon se hu-* 
biepa verificado, y no se habria penlido el Perú. La sola 
llegada de fuerzas y de recursos habría inspirado la ooa«* 
fianza, animado la agrieultuca y dado vida al eomeroio; 
y todo lo qne pasd y obró contra nosptros» habria pasado 
y obrado contra los disidentes^ A esa falta de aaxSiosopor-^ 
tonos^ al abatimiento y desesperación en que todos ci^e^ 
ron, porque se pevdió ha$ta la esperanza^mas reoiota de 
alivio> se debe el triste téripiao de aqueHa-luefaav fitn emr 
bai^o, hubiera quedado siempre un fuerte obstáculo que 
venoer» y ^ste obstáculo loera el^sistema político que re* 
gia; Mil dificultades hubi^rarofreddo su sola observancia^ 
para Uevaral cabo la gloriosa empresa de {M|eificack)n , y 
habria sido pi'ecisb coiregkdic^o mal , reuniendo losman^ 
dos político y militar en lel jefe del ejército » d habiendo 
declarado^ como después se^ha he^o, cpie los piaises ul- 
tramarinos debían regirse-^or leyes especiales, 6 sean lai 
de {ndias« » ^ ? . ^ , . 

Gontirntaiido la parte histérica de los heebos , volver de^ 
bemo$ la vista al estado de^ ellos , en él punto ^i que los 
dejamos. Desde que> ürdaneta se apoderó de la provincia 
de Coro ^ oonoci ó el general Latorre qne el* objeto de^Bo* 
Hvar era reunir sus diferentes divi^ones, para ^er sobre 
el grueso del^jercito, cómo ea efecto se'víó luego con-** 
firmado. Los^ucesos de Caracas habian hecho variar al gé^ 
neral en jefe el plan de operadones, y no le era ya posible 
detmier po r mas tiempo el llegar á las manos con Bolívar* 
Las privación es q^e padeeia el ejército , y las demás cau^ 



BBCflKBIlBÓS SOBIUB LÁ GAIUPASa DX GÓSTA^ItHE. 289 

sas manifestadas, le decidieron i hacer e) último esftieráó ; 
y habiendo dejsdoen Ists inmediaci^mes de Cariocas el 2J^ 
deValencey y e)^^.** del'Rey^ coil un escnáárcm de húsares 
de Femando Vil; al máfidó^del cüroUél ^Dt JosiéTerbira, 
paraqM batíe^ á B^iMudez; qné^e faalUbaea el Rodeo; 
remiió ál ejérdté te parte restante de la ditigioh de van* 
gtiÉirdia del mando del brigadier 'Morales, y pal»ó con toda 
la foérza á óeújpéit to S&bana de CarabobOy eñ cuya p<)si^ 
cioín ventajosa; <se proimsa 'esperar al enemigo/^Esle ptmto 
le ofrecía maütenei^áe en observación^de^ Paérto^labéllo^' 
cuya ptaafa d^ia^óo^servará toda costa, en casb de' ana 
desgrana ; era ^aídtemás á propósito para sostener la caba«^ 
Heria, ^e sé hhlM>á'2«stante estropeada con las nttrrcfaai 
repetidas y prontas que.faablaüeehóy y tofiícilfitaba también 
la cotnuníeadon oéh^el conHaidfirile Lorenzo ^ haciéndose 
dueño de la ménfañá), él asi Itegase': á exigtHo la necési* 
dad/ Bale j«fe, que se haUabéoónaueolümm! sdbrela 
ciudad de San Felipe, y eubrta e4'eamitM):4ue flanqueaba 
lapirte de Coro f-Bárcpiistmetov üStííii ak general^ Lator*^ 
m , tiíanif^stándole la proidmidad^le'ddr mü toen^igosnü 
mando de Urda»dtay y la necesidad en'tpie se' haHaba de 
retirarse, por no poder hacerle frente con<Íá8q)oeaiftter*^ 
«as de su maádo«'La:eommiicaGÍon del empandante Loi« 
renso la recibió^íl geiieval LíStonreél Slf y oido bl pat^cér 
de su segundo «i brij^er^Movileé ydé los jefes del ejér<¿ 
^to; y Gonvenóido al miaitioítienipo! de ki tbrgente qpe era 
veforaar al comándame Loretíeo'^ para^'que iimpUiesé en 
««auto le foese- posible tas' operáotopes dbi'Qrdanetay su 
reunión á BoMlrar, baUéndole; «i; fes éit«fufiélsndás le eran 
ftvorables, destaca desde (fombe4>o.t'éti la: toid 
del 23 , al corcel DJ Juan TisDo c«gi et batallón de Barí^ 
ñas «i cinco compañías del prim;ePO!de"Nttvarra; eF&^'.es»* 
dftadiHMi de lanc^os^elAéyyetde Baqueanos; 'cu^fiato^i 



290 REVISTA DSSSPAÑAi D£ JdfDUS Y D]IL ESr^ItmO» 

tal fuerz9 era de quiaiento3 hombres ^ pur^ que , reimiád-' 
dose ala que tenia aquel, atacase á los enemigos, iqproYe-; 
chando las posiciones ventajosas que le .ofifecia elteoreno. 
Quedó el general Latorre en Cárabobo con dos mil cua- 
trocientos sesenta y seis infantes, mil quinientos dncuenta 
y un caballos, sesenta y dos artilleros y dos piezas, en ob- 
servación de las fuerzas de Bolitar que set ballatmn en los 
pueblos de Santiago y el Tinaco, al parear sin delibera- 
doa á hacer ningún movimiento^ La pica qi^e va de la vi- 
lla del I^ao al pueblo del Toicuyito , y que qucidaba á. reta- 
guardia del ejército , donde teniamos cuatrocientos hom- 
bres de'infimtería y caballería, la dejó cubierta el gen eral 
Latorre con cien milidanos del batallón de los valles de 
Aragua y un pi^ele de caballería. 

Al amanecer del 24 se presentaron Bolívar, Paez y Se- 
deño con cmtto mil quinientc^s infantes y dos mil quinien» 
tos caballos, tomándola dirección del caminó quebrado 
de su izquierda que condui:^ al bosque claro de la de- 
recha dé nuestro ejército, con A objeto de flanquearlo* 
Ocupó prontamente, el general Latorre ^on el S."" batallón 
de Burgos la altura que indicaba querer, tomar el enemigo, 
lo cual no pudó este porsntoíie^ oonseguir, á pesar de la 
decisión con que la atacó y del horroroso fuego que hizo, 
viéndose dos v^cesien la necesidad de ceder á ios valien- 
tes que lai defendían^ Rwovádo insttotáneamente el ata** 
que, previno tí: general á los batallones d0l la&nte y Hosr 
talric pasaran aceleradamente á iseforzat aquel punto* que 
se sostuvo boíl la mayodrJbizarria ; empegado iHas el ene-» 
migo en ttoiarlo á viva fuerza , le opudojosl^aíitllones del 
Principe y Barbastro, que unidos álos anteriores continuar 
Fon tan obstinada defensa^ pTincipiada ya sobrehora y me» 
dia. Erenepotigo se prolongó entonces sobire. la derecha de 
nuestro ejércitOi cuyo movimiento verificó tamhi^ eslie* 



REGUEKDOS SOBRB LA CAMPAÑA DB GOSTA-nRME. 291 

disponiendo el general que dos escuadrones de húsares y 
lanceros diesen una carga. Emprendieron estos su marcha^ 
pero volvieron caras después de disparar las carabinas. AI 
mismo tiempo cedian terreno los batallones del Principe y 
Barbasti*o por el vigoroso ataque que sufrían. Se acercó á 
ellos el general Latorlre, y les prevind sostuviesen la posi- 
ción á toda costa, lo que verificaron ambos cuerpos con 
la mayor serenidad y bizarría; en seguida se dirigió al re« 
gimiento lanceros del Rey, que se Imllaba inmediato y en 
aptitud de cargar , y le mondó lo verificasen. No bastanm 
las persuasiones del general para qiie le siguieran, con el 
objeto de salvar la infentéría ya cafei etfvudta, y por ul- 
timo volvid caras á sesenta caballos que le acometieron 
Ya á la salida del campó coñáigüió el ddten^lo, lo misma 
qué álosbiisares; pero observando qué el batallón deVa- 
léncey con una de las piezas , y los regimientos de caba- 
llería dragones léales y guias del generri, que.cúhrian el 
camino de San GftrlosV^-i*etiraban eá el mejor oi^den , i 
pésat* ^'las repétldais cargas que lea daba el enemigo, em- 
pleó élgeñelraltodos'lbsi medios que estuvieron de su parte, 
para ó&ligái* á ^^éllos ofuerpos á qua siguiéndole marcha-i 
sen á sostener los otros batallones ; pero tódo&é en vano, 
y la acción quedó pérdida*^ •• ' '/ •• 

Continuó Vaíenóey su íni>t!lDQientóbÍistánte: acelerado, 
ló- qué le faéSIitaba e! hriterse k, tropa sin mochilas, hasta 
lo!d arrabales dé Valeiif^ i ^ó^enJendo en toda su marcha 
el fuego mas vivo coütra^la 68ba)ietía enemiga, que no cesó 
de perseguirlo con el mayor empeño, y que llevó á la grtipa 
hasta e\ pueblo 4él Tocu^ito dos batallones, de que Jio 
pudo hacer Uso. - 

La persecución que el enemigó hizo détefaamMfañiefnte 
al batallón de Yalencey, dio lugar á que mucha parte de 
los restos de los dérná^ étiérpos, que teman cortada Ib re- 



292 REVISTA DS ESPAÑA, PX INDIAS Y DSIi i^THAálKaO. 

tirada» se salvasen por la montaña y entrasen en Puerto 
Cabello, lo mismo que todos los que tuvieron la suerte de 
hallarse al abrigo de los:&iegos de aquel baUllon. 

Nuestra pérdida eu muertos , prisioperos 7 estraviados 
en esla deagraoiadaoomadft Alé de dos jefes, cuarmta y 
tres capitanes , setenta y siete subalternos, dos mil sete- 
cientos ochenta y seis indíviduoa de tropa, y una de las pie- 
xas. El enemigo la tuvo considerable, atendida la firme- 
xa, serenidad y acertados fuegos de nuestros -cuerpos» ha- 
bjiéndoles muerto al g^eral Sedero, al coronel Plaza y al 
jefe de batallón , Mellado. El cuerpo d^ ingleses y el del 
mando de Plaza perecieron casi todos €fñ tan sangrienta 
aecion. Nuestra infantería en esta ocasión , como siempre 
lo habia hecho, se cubrid de gloria, sacrificándose bi- 
zarramente en las^ continuas cargas que sufrió por fuerzaa 
duplicadas. Fué muy singular el mérito que contrajo el 
t/' batallón de Burgos, sosteniendo eotí heroica ^fiítnexa, 
desde que principióla acción^ bi altura. «tacadft hasta p^- 
der la mitad de su fiíenuí ; y el 4/ de Valencey ente reti- 
rada que hizo con la mayor bizarríiet^^ p^$egm4o coas- 
tcmtemente en la distancia de seis leguas por oasi toda la 
caballeria enemiga. { .1. 

Si la nuestra hubiese obrado : en esta aeasi^n con el 
denuedo que lo habia hecho, en otras, in&Uble era la 
denx>ta de Bolívar; y ] quién pMde calcular hasta qué 
punto habrían llegado las resultad fav:orables. de la jor- 
nada, á pesar de que sel /ejército no. llegaba á las dos ter- 
eevas partes de la fuerza enemiga, si todo él hubiese coo- 
perado al éxito de la batalla! Los laureles los hubiera 
recogido , como llegó á consentirlo el genw^l en jefe ya 
empeñada la acdon , visto isl desuiedoiy bixairía de nues- 
Ivastropas. 

Este desgraciado suceso noaradujo á la plaza. de Puerto- 



BÍECÜISKOOS SOfiftff'XX'CAttPAtA DB'COSTA-nRME. 293 

Cabello, donde entraron los restos del ejército, reducidos 
á poco mas de dos mil hombres , inclusas las divisiones 
del coronel Tello y comandante Lorenzo, que se retiraron 
á dicho punto. 

Pedro Tomás de Córdoba. 



W»M»WWWWyW»l»l» W»» ^IMMÍ»»i» ' 4M)lMlW(W»%IW<W>l<^fl^( W <W(»W>^ 



TRAGEDIA INDIANA- 



ESCRITA BN INGLES POR INÉS LASCELLB6. 



Era el principio de la primavera , en 1837, y el sol aca- 
baba de nacer , cuando junto á las plácidas aguas del lago 
de Michigan, no lejos de la cascada de Santa María, que 
lo junta con el mas anchuroso lago superior, im hombr» 
y su caballp, conducido por la brida, eran los únicos ob- 
jetos vivientes que se descubrían. Salia lentamente de un 
bosquecillo; y estando al parecer algo cansado, se sentó 
por un breve rato sobre la yerba. En aquella situación su 
apariencia era la de un hombre de mediana edad , vestido 
como uno de los traficantes de la clase mas ordinaria de 
poniente de los Estados-Unidos , armado con una carabina 
y un machete , el cual estaba sujeto á un cinto de cuero. 

Después de mirar al rededor con ademán impaciente, 
sacó de la faltriquera una enorme rebanada de pan y que- 
so , que empezó á comer con voracidad , como quien tiene 
un escelente apetito y no mucho tiempo para satisfacerlo, 
refrigerándose con repetidos tragos de una botella de buen 
tamaño, sacada también de su amplío bolsillo. Su rostro 
no era nada agradable, porque su semblante no solamente 
se habia deteriorado por lo espuesto á toda clase de in- 
* temperie , sino que esiaipSL dotado de una espresion entre 
astuta y feroz , realzada por un grande apego á los licores 
ardientes , á que ya , aun á aquella hora a pesar de ser tan 
temprano , daba libre rienda. 



. Hdxi6Ddo deminsado, prougoió su cauimo» d69|>adii esr 
verdad» pero sin pararse hasta oosade uoa hora después 
que el sol habia llegado á su. altura meridiana , cuando en-* 
oontró un pequeño campamento* evidentemente provisio- 
nal, como que solo consistía en una reunión de chozaspre- 
cipitadam^nte construidas ; y el no haber alU mujeres y 
niños era oj^a.picueba.de.que no era una eslaaci^ periiMí* 
nente. Gomo no viese á nadie al estar bastante cer(»» ató 
su cabsdlo á un árbol y dio dos ó tres silbidos. Nadie res- 
poixdió á la señal , y entonees pasd á. reconocer: una á dos 
de las chozas; pero pronto volvió con . muestras. ^de* ver 
jacion. 

. tNo hay nadie, dijio.; todos se han ido á sus oae^ias d 
sus peleas, Fastidíosq es, pero i^o hay /mas sinq «esperar, 
pues son buenos parroquianos, para mi aguardiente*. » . 

Su paciencia hubo de ejercitarse bastante, pues ya. se 
estaba pom^üdo elsol.autes que nadie apatpecíQse. Al &i, 
diez ó doce indios de la.tribuide los PptawaiemyBv rasa en 
lo general, atléticat volvieron al caa4>ament0^ algunos car- 
gados con piales d6: castor,, y nopocois con aves acuátiles 
y pegaros qu0 babiaa.ca^iado. Sin manifestar .sorpresa al- 
guna al ver ák traficante, se agriparon, al rededpr de él 
con la salutaciAU d^. < bien venido seas, Jxermano ; los hi- 
jos de la tierra se alegran d^; verte, ¿Has Iraido muchas 
aguas fueirtes de tu pais? lelesperábame^al'Salir el sol.» 
. A lo cual rdspoodiá ; « £1 honubre^blanco se tiene por 
dichoso cuandotrafica con.sus herioaianosvty 'también cqn 
darles lo que tienen» Y en señal de su benevolencia sacó 
otra vez su batella*, y Uí hizo pisas de^rnaao en mano esitse 
los.naturales> quienc^s. tomando c^a uno isu.sórbo> pronto 
la dejaron vacia. A -est^ tiempo llegó un india alto y no 
joven por cierto, pero tan lijeramente le habia tocado la 
mano del tiempo, que no habia hecho mas que añadir dig- 



fM RIVISTA DB BSPAiAy M INDU* T DBL KSTRANJBRO. 

aid«d>y gravedad á su «eiiiÍ9Jant0».6ni «Itemrsa noldéflii- 
rada* Su pt0O eia finaa, el fuego do-aiis: o]o$ vito ; d ^o^ 
lor oscuro dé 8Us>ÍBtoUolfla«e,TMieKefrUf«i^Ü 
aidia linea dé trima , nji'el Éiétanr sui^w hendia M deáfg^jad» 
frente. : olíb oí ^obfifíoqae 

V SlUaflioaífte «e letanCci alnttttef 7 dijo^i tUm ieúláo, 
Qad)que.¿Te lia'6idoipr0pÍ9io«lgiá|adet]É;pirllUid«sde^ 
nos yisnosíS . í ; > c f .' * 

— ^awbísh ..re^yOBdü^ >ék indio , m^ées 'siitísfeoba al {Ah 
Feaei que lo^denubi comía TOta>4el traflqañfe : «'Eea^tfia 
mfts ^sto: eiirMiiii Jkiw;lia$J<sr)6hn»Ui^ 
bebida que Ipsí^pone dementee. > t-i. . ' oi asi « tHi 
A^eftonodre^iQiii^liotra*; pár0ieu*diio^{|«Cf eelM>o 
reljiada, préganM tcm ottaeourísai p(i04iliani|eiM intftíg* 
na : c} Cuándo foácé.y^irVixhintt(a^Jí^m^ QSLé.^úo 

flstei Ka98oiKa¿ent el yeruo.^él^iadio BHwfaifih , . aditeto 
cQü tasto excedo atagoardieiite; que para tetiafifecer su pfo« 
pensicm UD'soWente^Mhid vendido texle el ^mnlucíto/de. 
sikitíM r'.aitatitambífo dado én pitedawl tiiBifioaiiteoíu:és« 
copete, S1B n)acfaetes^^Bo|)popfSBiC^ifidieb(«ebpi9da^ 
había nuisdo'confaVosiái Juan Naylor; detefnn&id eslic^^n^ 
garse induciendo á su yerno ¿ thas^ graves esMitepam ob-^ 
tenerla bobida btal^' « « . » ,r.;;í, / .-:• 

Apenas la respuesta de c aquí está » se había pr ouundado, 
cuK^do JÜ^^g^ el y^no del'Cgcique. .Suv^ikda llevaba pon- 
sigQ joa síníestr% presagio » y un aire peeuliar de la verda-* 
dera tacíta^pidad y terquedad del p^^^ cafacteriza})an su 
pr^iaucia. ;Llegindosei á-Naylor,- )e púró 60b severidad, 
pero sin deairie una paiaibra. íSia etubarga^ el traficante, 
que sabia bien edoto tí*atarle\, lé dijo : - 

c Hermano Nogiscua, no estés énisidado ; todo se arre-^ 
glará á tu gusto. 



^e'Napoede »ar^ respondió; El boaÜ9^6l>laneodebiaiáe->^ 
cir que se lo ha llevado:¿0(i&'/y iio volverá nadaí • 

A pesar de esto, NayIo«^ para hacer: ver su sinceridad^ 
se llegó k su repuesto, y sacando lo que el i'udio había 
empeñado, le dijo : 

f Todo esto áerá tujQ otra, ves ¿ y eo» mas liepr, á muy 
poca costa; Pesoio.dejaremod pkraiOpiando eBteizioe sc^s^ 
y mi hermanocpueda > escucharme , y nadie mas. :• 

Nogiscua se ablandó^m tanto confuía vista de,lo suyo , y 
la promesa de queüotca vez volvería á su. poder,- y el tcafi*^ 
cante ae {^uso á tratar con loa^^máfr, á quiene» tomó cas« 
tQdo;Cuanto«tenian'en.cambioide agnirdtenta^deapuóS'de 
lo cual se pusieron al rodador del fa^o ,. y á leseepeion 
de Bawbish^prontci^e pusieecm. todos mas dámenos» em- 
briagadosi El ndanó Naylor bebió abimdantementej ypro^ 
veyó á Nogisoua de modo que ambo^ quedaron en algún 
modo bajo la kifiuenciftd&BaGOp:peio Naylor se acordaba^ 
perféctamenle del plan que habiá' fraguado para su lamigo,' 
y^ cuando vio qm losuotros. estaben ó bien, dormidos ó de- 
masiadoiocupados con el malhadada lioor que les habia- 
vendido para atender á nada, dijo á Nogiscua : 

c ¿ Quiere el bqo del cacique venirla un lado conmigo,, 
para que hablmnoa üñ poco? » . « . . tv . . 

Nogiscua asintió, y redándose dentro disl bosque, Nay» 
lordijo: 

c Todos hrt^mos de comer para vivir , y de trabajar pa¿ 
ra tener que comer ; á no^ser asi , yo dariar á Nogiscua Icr 
suyo sin pedirte nada*, pero no debemos ser necios. Asi 
pues, si viene bien én elto^ ser quedará-con su escopeta y 
ropas, y con cinco feaseos de. aguardiente de añadidura j. 
con tal que me dé una jaca baya que hace aiguñ tiempo vi^ 
en su lugar, y que le pertenece. i . 

Al oir tal proposición , el. otro manifestó toda la sorpre 
T* vu. ' 26 



REVISTA DB KSPASa, Mr INDIAS V ML KSTRANJCAO* 

sa compitiUe con la graifedaé da un m4io; y átspo&da 
mirar con ahinco a} veododor de* aguardiente jior largo 
tiempo respondió. : . m 

cJbnpoaible, Nogiacuai no puede^ Lajaea ea de s|i »««• 
jer. 

—Ya; pero ba de ser mia, jrai «p,. Noc^acna no es mi 
amigo., y voy á vender sn^ cosaSi: ;Qaé. falta le Ittce á so 
mujer un animal que niqguno de su Uühi h» tenido jamás? 
Y ^escucha, indio : ai me la entcegns, á los cinco fraseos de 
aguardiente prematides añadiré tjrea maii la pHfli(»ra vaz 
qae vuelva« 

-^Bawbisfa se lo dio á mi mu|ec,. respondió el otiro , y 
el quíléraelo tnieria nuobisimo dafio. ^ 

-^ Escucha^ Nogisena, continuó et traficapte. Mi^iiras 
la noche y ,el sueño ocupan el campamento^ corre á tü 
irancha, tráete la jaca» y yo me la llevaré «ules que ama^ 
nezca ; y cuando tu mujei; ta eéhe dé menos, nuiv^a podrá 
saber que tú la has vendido* Pued^ haberse deacsrriiido, d 
pueden haberla sobado, y se olvidará pronto de ella. No<^ 
giscua es el mas lijcero de los suyos, y si se pone á ella, 
nada hay mas ttdl. » 

. El indio no respondió, hma sa levaÉttf con tiento, y mo*- 
viendo la mano en señal dé conentimienlo, se internó eq 
el bosqne y partió en hosca del antmaL 

Atotunadamente para el traficante, Nogiscua voWió an** 
tes qae su gente hubiese disípadio su e^^brí^guea; „ pues 
de otro modo; el jefe podia haberse^ informadlo^ y hab^ 
evitado la.venta de la japa de su hija» Sin e^bar^O', y^ em 
de^ <iHa ; y Noi^amia eneonlraa^o donaádo lil amevioauo, lo 
dispertó, y señalando acia la salida del bosque, diÍ9i 3 
«Hombre Uanco, ya está listoi; y se.dirigió als^io don«» 
de habia dejado la jaca. Parecía entonces sumamente sa^ 
tisfecbo con suajttste,yperfiN)tamanteindi^rente á que. su 



TRXGKBIÁ INDUIfA. 299 

mi^ á sa suegro supiesen ó no qiie era dbra auySi. Pbv 
su parte el traficante eslaba seguro de que podría render 
el animal con gran ventaja en Iqs Eatadoe^Unidos, y qw 
le habia costado xnuy poco. Entregado entonces lo con^ 
venido á Nogiscua^ y al tiempo de marckaiM , dijo : tTo*** 
do esti'conSeiftét^ y secreto.» ' • 

•^No hay seereto, dijo«l 'ñüdío^ lajaca estaba atad)», y 
cnando^ nye I» Hevaba y un miiekatíbo^ el hermano meoot 
de 4ni mujer, estaba afii> y qúso impedirlo; Y sí sospe*» 
chan {píela he veñdid», el yerno de Bowbish no menticápy 
ni traturá de engansfr ; antes bien diri: di )a.jac» al boin^ 
br» blau^eo^para dó Ihórirnke dé hambre.^ > - 

Ya que habia logróte Id qne qtteriav^t^traicaÉte eileyé 
lo mas prudentec el ponerla ^D(Cobros dejando á toda pnsa 
la tribu de Potawal^y.<£l jmfpo delcaeique, (lespn^ de 
ver q»e sa amigo se perdia' cb vista qn la direcoíoa del 
fuerte de Mictaillimackinaci,, recogíóia^ueUoxpie leliabia 
sidadeYuekoJantoconsu^psetíiwoagttardieiltei yae eitóa«- 
minó acÍE&~sttpropiahahUaciQii^];íen ajeno dd destina que 
aüiloeisfiecabft;:. . ... 

Era una esoen», aunque inculta., linda y ipmkfft^sjcA^JA 
^uéolreoia el pié de una linea de montañas. sitoadas,- al 
norte delbofiquedeíc^ebablaBioa^ «lo j^a de^usfaíba-^ 
se estaban colocados 1^ sencillos alii>érgues de una raza 
de natuittleS', armonlaandoi perfedamenle ««ín el aspecto 
del'paiir Aunases necesario» decir que de allí fué^ por 
desgrada coma después» &e^ vio , tomada la jaea , y qus aUi 
estaban entonces* estacionados los miembros- da la tstbu 
Potawatemy que uc^ babian salido á la ceceda. 

fiii^tiH> de una espaciosa tienda€id[>iertai con eoptíi^f cq-^ 
mo preservativo contra la intemperie, estab& sentada 
Hiamí la hi^ dé Baiwbish y mujer ds Nogiseaa^ laiñis her- 
mosa infia de la tribus Sua&cctones eran muy semfsjaniosi 



300 RKVISTA DE BSPJlÍA, DK linUAS Y DEL ESTEAintRO. 

á las . de su padre; pero la gravedad de que este se revisli», 
así como los demás natiirales» no se p^cibia en su hijaei^ 
aquel momento. La emódon animaba^urostro moreno; sus 
manos se apretaban, sus ojos givában con desasosiego, y ea 
su ceño amenazaba una desbfjchfttesxpestacl decQlera« Su 
vestido era de un género de algodón amarillo, traído de los 
foertes delósl europeos , y CHibria sU'Cabeza unpanuelo del 
mismo color ; y cerca de ella, en una tosca euna hecha de 
estera y ramas de pino, <k>^nnia. profundamente un nina 
del color pardo/de la casta de Potawatemy. 

. La. india habla estado ocupada en lejeir yerba pora ha^ 
cer una estera; mas como la kopaciefioia de su espíritu la 
pusiese incapat de continuar su.^ oVra.^ lba> á salir de la 
tienda cuando entró en ella un muchacho acalorado y sin 
aliento. Este era su heranano menor á quien Miami habla 
enviado en busca de la jaca. La noche anterior habfa visto 
á'Nogiscua desatarla y llevársela; admirado délo cual, 
habia ido corriendo á decírselo á su hermana, y esta le 
habia mandado volver y asegurarse de lo« que su marida 
iba á hacer con ella. Pero entre tanto, ocurrióle la idea de 
qüeeNogiscua no pódia habérsela llevado* con otro fin mas 
que, el de cambiarla con alguno de. los hombres blancos 
por aguardiente ; y esta idea habia escitado su ira hasta un 
grada nada común, entre los indios, que generalmente son 
suaves.y pacientes en las injurias». Pero Miamí era la hija 
de un cacique, su padre le habia dado la jaca antes de 
que fuese, la mujer de Nogiscua; ninguno de su tribu ha- 
bía nunca tenido ó quizás visto un animal semiejante; asi 
que, su pérdida no podia menos de ser muy sentida. 

-Así que vio entrar al muchacho: em la tienda, dijo : 
•Tlascála ; hermano , la j^ca. > 

- — La jaca ha desaparecido r he reconocido la montana^ 
el bosque» la llanura;, pero la|aca ni está^pacíenda en hk 



TRAGEDIA INDIANA. 501 ^ 

iHia V ni enredada e» la otra , ni 'corneado por el UanóiTr. 
' Al fin volvió Nogiscua, medio embriagado y con la es- 
copeta y demás que habia tomado por la jaca. - 

Asi que llegó se arrojó al suelo , y se disponía á renovar 
sus libaciones , cuándo Miami arrebató de sus'' manos :e. 
frasco esclamando : , » ' v; ...;*-• ?■ 

«¡Lajaca!... la jaca ! ¿Te ha dddo esto el hombre blanco 
por la jaca?» ' 

El indio, candado por su joimáda, y embotafdasrsuifacul** 
tades con el licoi* de qae tan libremente habia usado, cruzó 
los brazos, y después dé una larga pausa re^pondió^ bon la 
mayor gravedad : : t ^ • . 

tNogiscua la vendió. Nogiscua no podia cazar,-ni''podia 
alc^izar que comer, lii agua fuerte que beber. EMiombre 
blanco lo tenia todo : el hombre blanco quería la jaca ; ya 
la tiene, y Nogiscua tiene esto, — y esto» , — seitalahdo 
á las ropas y frascos. ' ' 

A esta confesión , la sangre de la india hirviendo coíi 
violencia , parecía que iba á reventar sus venas. Sus faccio- 
nes por dos ó tres minutos adquirieron una espresloh ijue, 
para cualquiera que conociese su rostro naturalmente suavfí 
y plácido , era un signo seguro, de que habia entrado en su 
pecho un proyecto de. venganza nada común. Al fm escla-*» 
mó, levantando sus brazos en alto con ademán arrebatado : 

€ ¡Por el nombre del Grande Espíritu que nps gobierna • 
por ^1 nombre del Dios de quien predican los^ misioneros 
blancos, que. mereces morir! Y si yo pudiese , te raataria 
por causa ele mi jaca, > 

' Ai pir CiSto,, Nogiscua sacó su cuchillo y se lo arrojó á 
Miami. diciendo : c Mata pues.» 

, Séase que su embriaguez era tan grand<^ que no sabia lo 
que se hacia; séase que se figurase que la india no sentía 
lo que decía, ó bien que despreciase su ira : el acto temC'- 

t 



303 RETISTA DE fiSPA&A, DS INDUS T DEL BSTRANJERO. 

nirio deponer taüastramento en sus manos en aquél mo- 
mento fué fatal para él. Miamf se abalim^ó á él, agarró él 
cuchillo y se lo clafTáeo él pecho hasta el cal>o¡ El indio 
ca76 sobre su aguardiente tan caramente comprado, y en 
un segundo 6 dos espiró. 

La india recobró su calma, apenas hubo rengado su pér- 
dida de un modo tan terrible ; su cólera se disipó / pero sin 
que apareciese en su lugar ningún signo de pesar d arre- 
^ péntimiento. VoWióse acia la entrada dé la tienda, j^ocu- 
rando descubrir á su hetmano Tlascala. Yiéndolé á alguna 
distancia, le faizo^sefias para que llegase, y cuando entró 
corriendo en la tienda y atónito alzó las manos y los ojos, 
dijo día : ' • 

cEl hombre blanco se ha llevado la jaca^ ; la muárte se 
ha llevado á Nogiscuá.» 

El muchacho no revendió ; por átgunosminutos se man^ 
tuvo mirando inmóvil al cadáver del indio; luego preguntó :: 
t¡Oujéres que vaya á decirlo?' - 

— Si> dijo la india ; y Tiascala llamó á las puertas de toa- 
das las tiendas y todas^ las chozas , diciendo con voz li^* 
bre : c ¡ Nogiscua ha muerto t ¡ Nogiscua ha muerto 1 » 
' A este repentino anuncio , las primeras que vmieron á la 
tienda de Miami, fueron sus parientas (ajenas de que ella 
le hubiese muerto) , para empezar las lamen tacianes de co|^ 
tumbre en lá tribu <;tiando moría uno de bus miembros. 
Dejándolas pasalr, empezando ya con ademanes frenético» 
á desatar sus cl^bellós y á lanzar süs plañidos. Tlascala co- 
municó á los indios que habian permistnecido la nueva de 
que su hermana habla muerto á su marido. Al oírla, uno ó 
dos parientes lejanos de Nogiscua (pues sü único hermano 
estaba ausente) pidieron justicia, la pronta juSlitíá de los 
indios ; pero el aterrado Tlascala, Con Iti esperanza de s^- 
var á su hermana, imploró con empeño él que lio sepío^ 



tHÁGIIIU IWDiUXUí* . 303 

cébete á nada «n saber antes deBavbidí, su padre y el 
jefe éü lodos ; y los mas andado» de los Potawsitemys de- 
dIdicrrDA qúB tenia razo^ : que solo la tox del jefeipodia 
settteneíar al eiriminal* ^ 

£1 angustiado Tlaacala , espantado , cimfuso » repugnando 
el it, y sin embargo^^cont^^itídode que era indispensable 
d haeerlo con «claridad « partió á llevar la nu^va á^ paí» 
dre. Cuando hi^iborpartído, las parientasde Nogíectta,^on-^ 
diioidas poruña india anduiá^tia^del asexuado ^ ^stráron 
eá la tienda donde Ifianü estaba rodeada por casi toda^ las 
mujeres de la tribu* Todas guardaban un profunda silen^ ^ 
eio; porque babieadooidp de subocaquO'eUababiamumo 
á Nogiscua^ suspendieron las lamentaciones hasta que m 
suerte se hubiese deddido. 

Los indios envolvieron el cuerpo del maridoen uoa mapita^ 
lo sacaron afuera» y tendiéndolo á la sombra de unos ár*^ 
boles ve^os » coloear0tf4os pedazos de palo sobre él, en 
forma de cruz , pues con sus propias ceremonias solían nie;ir 
Ciar otnas iqpirendid^ de los misioneros* lunto ¿ 4A puáerón 
también «u eseopéta y algún aguardiente del mismo^que 
tan caro le babia costado* 

La indiano intentd escaparse; y esi^epto que sus manos 
ya no se ocupaban en las acostumbradas foenas diarias , y 
que cuando alguien se acercaba sus ojos se revolyian con 
inquietud y curiosidad, aguardaba su destino con la ma* 
yorcalmaiT 

La noticia fíié tenible para Bavvbihs* Tlascala, el triste 
mensajero, se detuvo flreeuentemente , y aun por un ins* 
tante retrocedió en su camino , creyendo que, si su padre 
inorábalo pasado, quisas se dejarla ásju hermana vivir sin 
ser molestada: Luego se acordaba ^ los parientes de No«» 
giseua que estaban sedientos de venganza -^ y que amique 
úB tt^lpó inmenmrkd los jefes de su tribu habiui acos-i* 



^i REVISTiL BE ESPÁtU, DS INBUS Y DSL ESTRANJERO. 

tambraflo á aplicar justa éimpardal seantenciaicon^a aque- 
llos qvfe habían cometido algún crimen, con todo pensé 
que «n: e«te caso su humana sé Ui^raria , pues no pedia 
ereer (pe su padre condenare á;su propia biji^ á muerte. 

Esta idea alivió en algún modo su corazón^ y^siguiendo 
ttdefenl» r Ueg6«l cajmf)tii^e«l«f3^d« J^^eimdoi^^ Era por 
ia tande » y todos los indioa cataban alUi; pero á la vista de 
«lus bogoeras» juntóla una de las.cUales descubrió á su pa- 
dre , el ánimo de Tliseáladesfall^ció de nuevo tptabuente, 
y sentándose, comemsó a lloiPar amargamente : cosa esdr»- 
ondinaria^an un indio, que en la opinicm de su4ribu solo 
podía ^ntfóutrar esou^ en' su e$tremada}uv0ntu4 Al cabo« 
demasiado oonvencido de que tenta^quedesempeñar su ter- 
rible misión » se acercó; y con, un^ aeHtpd isax humilde y 
melimi^óUea eiGM^no si éj^fu^e^el criminal, «dijo : t Padre en 
nMfiiira:tahtea.Qlaman f^or^stíeia'; — justioia contsa mi her- 
mana, que ha muerto á Nogiscua pior su jaca que dio al 
bMkbre bjianeo. » ^ .. 

MiEleaeíque estaba sentado sobre la y^a con algunos de 
sw fiedles i el cambio de roMro, que no pudo reprimir, 
hito patente lo ficticio de laodma'oon que dijo : cHijo de 
BaMi^bish, tu dolor es propio (jbe un Potavvatpmy^ Hablas de 
muerte^^Ha aidoMiamlel insl^umenlo^de l^^d^^j^ogiscua?» 

cSí ; y los suyos piden venganza. » 
• tBaisbi^ no.pudo responder : sus ojos se dirigüeron acia 
sus gentes, y parecían pedirles consejo. Estos, al verle silen- 
cioso , Ieacordaron.su obligación^ díciéndpla:* Jefe de nues- 
tra tribu^ obra con justicia. Ve á la aldea ; nosQtros te se- 
guiremos; allí, que el GraAde Espíritu .te dirija.» 

Con amargo suspiro i^^spondió ;'f Bien dicho. Mayfiharé 
*esta noche, ahofa mismo. Niño, ven popiüigo.». 

Diciendo os^ se levantó ; mftsaTOqit^ííipiplep íqda su 
fortaleza en ocultar á los indios ;l0} que $enti£^ , ia natara-f 

'i 



TftAGBDU INDIANA. SOS 

lesa era demasiado poderosa; y los paaos» aiites firmes del 
cacique» se bideron vaciiantesy endeblescomo los de la ni- 
ñez. Se vio forzado á apoyarse en TlasCala*' Al yer. esto , su 
gente' esclamó : cfiawl)iidhs ya'vamos ; la^iestreHas^aftems 
ban sáfido ; vamos todos juntos.» ; 

Pero ya la dignidad de su puesto y el estoicismo de un 
indio habüan acudido al aaxUio de Bawbisfa \ y reproeliádole 
su visible emoción. Para repararla, respondió con precia» 
pitaeion : f Yo marcho ahora , «éguid vosotros «luego ; al 
salir el' sol pronunciaremos la ifónteBcia.» 

Sin esftel'ar á mas* te encaminó aoía la f3dea con i'eno*- 
vado vigor, siguiéndole Tlaseala lentamente á alguna dis^ 
tantía. Btéu sabia (|ue su^adre no le diñgiria la f^alabra» 
y sin éiñbajrgo en ac}uel lAoméniO^í^Mtó^ so atrevió á ha«- 
blar ; nías la precisión desdecir algo en el curdo del cami^ 
no le sugirió voces, y en tono bajo iniinuó : c^Míami no ha 
deitíoríri»' ' 

Bawbish comprendió la observación, y resptmdió : «Entpe 
los Potawatemys ha dé haber justicia ; desde tiempo inme- 
morial el jefe ha condenado los delieuenteis ; elGj^de Es- 
píritu lo ofdeaa. Tlaseala ^ ten- paeieneia^^alma y fortale- 
za. Pesar como el que muestras es indigno del hijo de 
Bawbish; un indio debe despreciarlo, y no llorar como'un 
hombre bignco Hora á sus hermanos.» 

Estoofirecia muy pococonsuélo , y Tlaseala ^ntió susan^ 
gre OQBgelarse , pues ^tonoes se le i[0v^i69ep^vtími6fi«ki^ 
Cfue era posible que el padre condenase á la hija. Contuvo 
~su mancha, y Bawbish sin reparar en él siguió' la suya 
espresando de cuando, en cuando con un hondo suspiro e 
dolor, que por estar violentamente reprimida era cienve- 
oes mas amajpgo. ' <. ' : 

La noche cubría ia aldeft.do Potawatemy ; el. vi^ato era 
fiuHrtOi y sapadía los bosques con su vio]isn<»a, y las^ nubes 



306 RiVisTá DE espaFul, ikm indu& t del estranjero. 

yft4deurecitnlas estrella»^ yaerao arrebatadas por laafre- 
cueotéi ráfiígaft* Los iadios congregados alrededor de las 
bogúelas;, guslabaii del- aguardiente redeutemente eoai<* 
pvado al traficante^ y esperabao la llegada de Bawbish. 
Pero antes que este apareciese^ un ^traüjero sie presentó 
entri&«lIos« 

Este- era un europeo, án compañero ^evidentenieiite ni 
eaaador nir mercader , pues ni Uetaba annaé ni mercfloEicias; 
tedo ooasto t^ia era un libro y un grueso bastón ^ y so yes- 
tido sencillo era el de uil recién llegado al Nuevo Muido; Ent 
muy joven ; pero m rostro eragravey unpocopálidOé^Acer- 
eándOfte á la hoguera, preguntó enii^Ms cuánto babia de 
allí al fuerte de Michillimackitiaek ; y al oír que Wma&ana 
le «Icanzaria antes de llegar á él, pidió hospitaHdaid-por 
amella noche , lo cual' le fué concedido , aunque los na-* 
turaies no gustaban de estranjeroé que nada traian^que ven* 
der , y sobre todo que venían sin aguardiente. Pronto llamó 
la atención la llegada del jefe, en cuyo semblantee el dolor 
hicbabá teaasmenle con la altivez indiana. Los parientes de 
Nogiscua le rodearon al momento ; pero él, sin darles tiem-* 
po á eiÉpesarsusquerellaa , señalando al£ate dijo : <Baw^ 
bish sentenciará al sálh* el sol ; hasta entonces, hermanos* 
aofot^d vuestto damor por sangre »« 

Dicho esto, se retiró á stt tienda, no á buscar reposo* 
sino á reflexioiiar sobre su miserable destino, 4unqu9 con- 
fonne é las ideas de los indios su camino esteba bien mar- 
cado* Las mujeres que cercaban á Miami, al saber que el 
etidique había llegado , prorumpieron en mi . lamei^ do« 
loroso, ^paz de quebrantar el ánimo mas firme, llamando 
la atención del pensativo europeo, que preguntó la causa. 

Al saberla dijo : c Ciertamente mis pasos no se encaint^ 
aaron en vano á este sitio. Quiriera ver á la mujer que taj 
ha hecho. I Los indios oyendo lo que poáie, se dijeron 



por lo bajo el ano al otr6 t c Es on «i«ti«9^o del íGfande 
Espirítti. » Y ^Btonced te indicaron la tienda. 

Allí dirigió sus pasos, 7 ftHf estaba Miamf aentada den*^' 
tro del tfroulo qne formaban ana ^parientaa, cuyos aiiiidüs 
apenas dejaban oir otra^osa. Con eBos casi quebrantaron* 
la cdma de Miamf ^ aunque eran solo una formafidad de 
costumbre, cuando moria al{i;uno de la tribu ; pero éstos 
lamentos eran entonces mas por su probable suerte y co*^* 
mo en anticipación de ella , que por la premateva muerte 
deNogiscua. 

La aparición de un estrafio las acálld por un instante ; 
del que se aprovechó él para decir : « Hijas de la tierra; 
; cuál de Tosotras ha muerto á uno de vuestros hermanos"? 

— ^Yo, hombre blanco, respondió Hiami. '' 

—Es uá gran crimen^, y lo hace peor d que aun no muee^ 
tras arrepentimiento. • 

— I Es un crimen ? respondió la india ; entonces, quelos 
hombres blancos den cuenta de él. Hasta que ellos no noá 
trajeron bebidas ardientes, no nos matamos los indios los 
unos á los otros. 

-^¿Cuál es d castigo entre vosotros?» preguntó el eu- 
ropeo. 

A esto nadie respondió ; la india se sintió incapaz de 
pronunciar c la muerte t; y después de un momento de si-» 
leneio la banda de doloridas levantó el grito con otro agu- 
do alarido. Pero el europeo determinado á hacerse escu^ 
ehar, con fuerte voz esclamó t cNo pregunto en vano; 
decidme, ¿no es vMa por vida? Si es asi, aquí vengo á tu 
ayuda : arrepiéntete y te bautizaré , y tu espirita tendrá 
entonces entrada en los cielos. Vosotras, mujeres, dejad que 
vc^tra compañera me oiga , y cesad con vuestras lamen- 
taciones. > 

La india le miraba^ y apenas le comprendía ; pero id fia 



^8 REVISTA DE ESPAÜA, BE INDIAS Y DBL ESTRANJERO. 

le respcHidiü : c Aates^e ahora he oido á los predicadores 
de los hombres blancos, —tú eres uno de ellos; pero ¿có* 
mo quieres que p'üeda oirte esta noche? 

—Hermana, tei^go los medios para ayudarte; para pre- 
dicaros á vosotros he vQnido de mi pais. Llámame Ani- 
plius, aUaque este no es el nombre de mis padres,^ porque 
aquel lo abandoné {lara pasar mi ^da entre vosotros. Ha- 
bla : ¿ha tocado Dios tu corazón? » 

Miamf movió la cabeza, é hizo sena á sus parientas de 
que continuasen sus plañidos ; pero Amplius , resuelto á 
no ver frustrado su intento de ^convertirla, se puso de ro- 
dillas y oró en voz alta. 

Asi pasó la noche. Antes de amanecer todoa los indios 
se reunieron frente á la tienda de Bawbislu Allí llevaron eí 
cuerpo de Nogiscua. A su cabeza se puso su tia; al rede- 
dor sus parientes inmediatos, y en el centro tendieron el 
cadáver. Miami fué entonces conducida al sitio, seguida 
por casi todas las mujeres de la tribu, que entonces redo- 
blaron sus gritos ; y estos, sonido^s advirtieron al jefe que 
era llegada la hora en que tenia que sentenciar á su hija. 

Entonces se presentó, y á su vista todos permanecieron . 
en silencio. Su emoción solo se mostraba en su palidez, que 
alteraba estrañablemente su color naturalmente . oscuro^ 
pero el pesar comprimido era tan inmenso , que en aquel 
corto intervalo una vejez prematura habia h^ho presa de 
él. Las fuerzas del cacique le habían abandonado p^Hra 
siempre. Antes de que hablase una palabra^ Amplius se 
introdujo entre los naturales, y se colocó no l.ej:0S.del ca- 
dáver, ^tre este y Hiami ; y, miró al rededor comp si:fiiese 
él el que iba á juzgar aquel caso. 

Los indios quedaron admirados ; pero, conao Bavrbish no 
reparó en él, le dejaron permanecer. El cacique ,. abruma- 
dor «on su sentimiento, al &n dijo : c Xia muerte ha es- 



TRAfiBDU mBUüíA. 309 

todoentfe nosotros ; dolante de mí « veo á su presa. Uno 
mano violentaba caído* sobre é\. Hablad, vosotros suspa^ 
rienteSy { qué pedís? » 

-Yéllos respondieron : < Que esta mujei ibuera^ pues que 
ellaJomatóéJi i . > 

—¿Puedes justificarte? preguntó Bawbísh á su hijav cu* 
yaafaccionesi» restituido i su natural apariencia v á Ja vez 
que bermosa, poco dabati á conocer que su carácter era 
uño de los mas fogosos y firmes: dé toda la tríbu<» 

Ella no respondió ; y el jefe^ ^aiido 1á visiá pcmueroaü 
el cad9Y£c y luego en. ella, continuó : c Segun.lá eostum* 
bre de nuestra tierra v la justicia ba de tener lugar. Que la 
mano del pariente mas cercano . de Nogiscuá la dé la 
riuierte*» 

Asi que pfonuneid la sentttida se retiró á su- tienda ; y 
los piurientés de Nogiscua despacharon un.m^asajierorá su 
bennano Omai, ó fin do que pudiese sei> ejecutada antes 
áe ponerse el soL 

Ampüus, el bombre e6tmno> siguió solo al cacique denr 
tro de su tienda : acto al cual ninguno de los naturales Be 
hubiera atrevido en,aquella 0Gaaíónw:c^ Hombre I lad^ : 
{ú, has condenado i tu bija» y con esto crees que has lle- 
nado un deber.<Si tal esvue^raley, sea asi ; ni pido, ni 
es de^ ninguna importancia la conservación del cuerpo. Pe- 
ro, vosotros « pecadores^ que juagáis á los demás con tanta 
durezay pro^tHud, salvad al sdma aunque no conocéis su va- 
lor. Haz que esa mujer me oiga, y cumido esté ibaujtízada 
que muera. > 

La ira deBawbisb se^eneendióon un alto grado al ver el 
sagrado de su retiro invadido por un hombre blanco, con- 
tra el todo.de cuya rasa síentía^n aquel momento lamas 
profunda aversión, y respondió^: . 

c [Hijo del mal I Guárdate de mi y los mios^ si ao quieres 



SIO^ REVISTA DE ESPiítA, DI UTDUS T DEL KSTRÁNJERO. 

perderte vida tambiéD!. Nó qtiiero oir ta toe ni la de nin^ 
gimo de tus malditos oempatribtas .»! Viendo, enloiiceiá 
Tlascala en la puerta de la tienda, le h»o seña de qoéeá* 
tfíira; y como AmpUus'iáe preparase paró yolwt «hablar» 
echó mano á un machete , y con la ferocidad propia de 
un úidió esdamó : iTetft de^ aqiii, ó en este* instaole te 
haga el cráneo pedazos.» 

El europeo» que vio que su: intercesión era Timaf sé re** 
tiró ; y como úot había tiempo que perder^ se apresuró s 
enoontrar i la india , para renovar sus esAierzos para per- 
snadirta á abrazar él cristianismo. Tlascala quiso seguirle; 
pero Bawbish, recobrando isu dignidad de jefe» le mandó 
que se detuviese , y le amonestó de esta manera : 

c Eres indigno del nombre de Potawatemy. ¿ Cómopue^ 
des irá guerrear contra nuestros enemigos; ó cazar cuan- 
do asi lloras sin motivo? Guárdate; porque si sigues de 
esta maneta sárás espulsado déla tribu^ Quédate aquty ao 
vayas á arriesgar tu vida mostrando tu debilidad cuaadé 
muera tu hermana.» Tlasc^a obededeado» peimaneció 
enlatíenda^ 

' Farcíal sflendo reinaba en la ald^a , interrumpido i ve* 
ees por los tremendos gritosde las indias» La voa de Am* 
plitts también resonaba » y sa raego ftié oido* 
• c HtMtnana» dijo : i te «repientés de tu delito y de: todos 
los que hayas coBMtida antes? ¿ Quieres qite te bautice?' 
— HMiámi, respondió la india, no 6abe.i}ué pensar ó qué 
dedr ; pero hará aqaella^qae el meaisajero del Grande Es* 
pifúu orea lo mejor. 

-^Péro tienes que creer en lo qm té hé díebo. 

~ Sí «peo. » 

Goaoso id oireista H^onfesioHy AmpMus eonrió á ün atar»-» 
yo vedno, y volviendo con agaa, proceiitó á administisr' 
éi santo bautismo. Goáada hubo coadruidó dqó : 



-**;B^atraa! Lt saai^e dexmc^iro Señor. Jesuefi^o íf 
kva y MOtífioa ; y iualm&y que< tan pronto stut ¿ aepacaro^ 
de tu cuerpo, será por süsmérhosadoiitidá eti }o% €ifild&7 

La india, cuyas facciones habian perdido entonceatoda 
}a ent^ezaé indiforencifiqüe antes tas ijábUm oaracferita- 
do, y mostraban una espresiooEi de sorpresa, pes^; y. ho^* 
mildad, inclinó' su 4^ttbeza; yAmp^ius continuó: ^Aühn- 
que.hoteaiidopoootiwkpopara instruirte, emnola gracia 
del Se&op y su missricovdia no necesita da dias ni homs^^ 
él te eoiioederá ooiúpletQ perdón.» 

%n esto quedó* repentioaniente enmudecido; porqué 
viendo que-las indios se reunian , no le quedó duda de la 
llegada del hermano de Nogiscua. Un iastaate después 
toda^ :las indias se salieron de la tienda, y se colocara» can 
«i del mismo modo que cuando se pnmunció ta sentencku 
Omai había llegado; efectivamente, é informado del oficioá 
que estaba obligado ; aguzaba su cudaillo. Setrajootrave^ 
«1 cuerpo d^ Nogiscua,y Ba^vbi$h s.alióde8ur0tiroyoeapó 
su puesto, pero fijó sus ojos en el suelo. Miami penetrada 
de qtífi no t^nia tiempo que p^der, arrebatdá su niño y 
poniéndolo en los brazos de Amplius, dijo con tono sdem«- 
ne; cMensájero det Grande Espíritu, bauti%alo>l... y Tiendo' 
llegar al vengador de la sangre, señaló acia los bosques^ 

Pero cuando Omai hubo agarr^o ¿ la india por sü lar- 
ga c^i^ell^^, y copducidblaal ceptro ^\ cirQuIO:, A<n- 
pliio.siguió^, y ^a^ único e^ la mnUítud qm «Q:s^ptU 
ningún a0WA^ d^ 14^ti9ia. $« pi^nelp^l.^Wi^ioD mM 
alegría al ver un aUo^ ^rraiicada de las títtieblfta,.;y'«9íi 
cuanto á la m^^te, p po ^ wc^l^^míc^ Uttmftl*: S«í jttM^- 
nll entusiasmo s^ ocvjpal^.e^ modÁtar ^^Orj^l^^tizftiÁaial 
infanta .<{ue le esta];)a QnjQ(Knein4fMÍo* y daría: i^^Arucoiw^ 

El hermano 4e Nog)i$cuft fd^e^ifuiá^ ^ ¡biabar, Imbp lOta 
incisión en iorm4 det cjci^ cft ta firwte ,4ci Mmú^ oleré el 



311 REVISTA DE ESPAIÍA, DE nfDUft Y DEL ESTBANJEROV 

puñal en sa pecho. Un grito agudo , un.borboton de san^- 
gre, y algunos sollozos moribundos y'convulsioses se si*? 
gttieron, y la india quedó tendida con la rigidez de la 
muerte. 

'Satisfecha asi la venganza , los parientes de- Nogiscua y 
los amigos de MiKlnl quedaron inmediatamente reconci- 
liados, y ambos cuerpos fuerpn encerrados junto» en im 
banco de arena. Amplius oró .lai^o« tiendo junto á esta 
melancólica tumba. La noche sobrevino» y aun estaba allí 
cuando oyó que alguno se acercaba. Al volverse vté á Tías* 
aala, quien en. voz. baja, medio ahogadaicouel llanto y el 
temor, le dijo: 

c ¡Buen» hombre blanco, huye ! Bawbish: está tan frené^ 
tico con la muerte de su hija, que si te ve te matará ; pues 
odia todfr tu raza. Aquí está el bijo'de Miami, llévatelo y 
corre ál fuerte de MichillinadLinack'; allí alguna buena 
gente tendrá compaision de éL Mas ;ah! enséñale á guar- 
darse del aguardiente , que ha* muerto á. su padre y á su 
Ddadre. 

— i Puede& serivirme de guia? preguntó Amplius; ignoro 
el eamino. 

— Si, si, respondió Xlascalá ; escóndete en el bosque 
inmediato, y yo iré á encontrarte.. En. mi tribu me abor- 
recen , y voy á abandonarla. » 

Haciendo lo que se leindicaba , el europeo se internó 
en el bosque ; á pocose le reunióel muchacho- con abun- 
dancia de provisiones, y juntos se dirigieron al fuerte de^ 
ifichillHnackmiaek. AUiñié bautizado el hijo de Hiami, y 
Ilascala también fuéreeíbido en la fe cristiana. Amplius 
(cerno quiso llamarse aunque natural dé Inglaterra. en 
donde teniabienes) se esmeró en darle instrucción, y Tías- 
eala pronto se hizo un hábil cazador , con lo que podia. 
asi mantenerse á si y á su sobrino ; de manera que Am^- 



TRAGnU INDUlfA. 3tS 

¡dios no tardó en partir en busca de otras tribus naturales 
á quienes predicar. El mercader, Juan de Naylor, supo la 
muerte de Nogiseuay la de su mi:yer, y tuvo gran cuidado 
siempre después de no encontrarse con losPotawatemys. 
Esta historieta no es una ficción : sus principales acon- 
tecimientos ocurrieron hace pocos afios en América. ' 

{Bentley*s Mücellany.J 



T. YB. 17 



WMKMWWWWMWIWIMM) MM>»M%%MMMMia«>>)l<lN><MíWI< >% il»l> í l»W%MII^^ 



CRÓNICA F0UTIC4 DE ESPAÑA. 



Cuando el país esperaba con cierta curiosidad ver el re- 
sultado de las elecciones generales, y toda la atención se 
hallaba contraída á este acontecimiento político , ocurrió 
una de esas peripecias tan comunes en nuestra historia 
constitucional ; y el ministerio se vio á su pesar colocado 
en disidencia con la corona á consecuencia de la renuncia 
que el Sr. Pacheco había hecho del alto puesto de fiscal 
del tribunal supremo de Justicia. El jefe de la oposición 
conservadora en el último congreso, creyendo que su 
cargo no le dejaba la libertad necesaria para obrar como 
lo exigía su posición política , y teniéndose por desairado 
con la negativa de la licencia pedida al Sr. Caneja para 
marchar á Córdoba , donde creía hallarse combatida fuer- 
temente por el gobierno su candidatura de diputado , re- 
solvióse á presentar su dimisión , y salió de Madrid sin 
perder un momento. Los ministros consideraron , á nues- 
tro modo de ver con razón , que la dignidad del gobierno 
exigía la admisión de la renuncia del Sr. Pacheco, y acor- 
dáronla, al parecer por unanimidad ; S. M.^ no creyó opor- 
tuno admitir la dimisión del Sr. Pacheco , y vino por lo 
mismo el conflicto y el desacuerdo ; los ministros insis- 
tieron en su deliberación, y ofrecieron verbalmente su 
dimisión á S. M. ; S. M. tomóse tiempo para resolver, y 
no sin gran sorpresa , atendidos los antecedentes de este 
grave negocio , pidió consejo al Sr. marqués de Viluma, 
quien le dio, según la opinión general , con gran lealtad 
y buena fe, manifestando los inconvenientes políticos del 



«ambio del g^üiúnete m «queUa& momeQlo»; S. M. varice 
eo su prigiiüva restducion, se manifestó dispuesta á adr 
mitüf la dkmáo» del Sr,. Pacheco, y mandó á los miois^ 
tro^ , que^ continuaraa m sus puestos. Seinejante suceso ^ 
ocurriclQ precisamente pocos dias. antes de comenzarse las 
eleceicmes generalas » ha sido en nuestra opinión lamea^ 
table por muchas cousidaracioues : los amantes, del pres^ 
ligio y <lel esplendor del trono han visto cpn disguMo* 
colocarse ¿ S. Mt en uu terreno. poco firme * y losd^fen-p 
sores de la cama del orden púbUoo han< reconocido gra** 
ves peligros ^o^ el cambio del ministerio, enlos.cEÍÜQ09 
momentos en que esto se intentaba. La consecuencia 
natural de tales hechos, ha sido sembrar i» desconfianza y 
el temor en las filas del partido, moderado, é infundir 
ánimo y aliei^o á sus contrarios. Las elecciones generales^ 
han dado si una numerosa mayoría, al primero , pero no sin 
que el partido progresista haya dejada de sacar unrgran 
número de sus mas. notables, individuos. Nosotros na ne- 
gamos ni queremos negar á estos su legítima influencia 
en las cortes : la consideramos necesaria en el única régi- 
ti^en hoy posible , que es el constitucional ;, recelamos sin 
eníibargo que el partido progresista no> se* resigne á conr- 
qyistar el infiuja y el poder por medios legítimos, y sin 
escándalos ni desórdenes; empeco no. queremos, anticipar- 
cargos ni acusaciones , y si solo diremos., que es< llegada 
el momento solemne de que el partido moderado se pre- 
sente unido y compacto, á la apertura de- las próximas, 
cortes, para luchar y tener á raya á. sus. adversarios polí- 
ticos, y ayudar eficazmente á la consolidación del orden 
público , á la fuerza moral y material del gobierna, y á la 
adopción de todas aquellas mejoras y reformas que el 
pais espera con justicia en el orden económico y adminis- 
tcatívo. La primera base de esta posición fuerte y com- 



816 BVISTA BK ISPAÍA9 DC ODIAS T ML ] 

pacta del partido moderado es la fonnadon pnmta de' ira 
mmislerio compuesto de los hombres de mas talk del 
mismo ; siendo solo senable que este hecho no se halle 
ya realizado. Hacemos el honor ¿ los mmistros aetudes 
de creer qoe conocen sa posición, despoés de los nhimos 
acontecimientos, 7 estamos persoadidos de qoe ven las 
cosas p6blicas de la misma manera qne nosotros ; sorjnrén- 
denos, sin embaído, qne en medio de la voluntad resodta 
qne han mostrado i S. M. de resignar sns puestos, no se 
haya todavía resuelto la cnestion ministerial. Toda diladon 
puede dar origen á conflictos desagradables, y deseamos 
por lo mismo que la corona y los ministros tengan la pre- 
visión y el acierto necesarios, para inangorar bajo bnenaa 
bases la nueva situación política que trae consigo ki 
feumon de las cortes en 31 de los corrientes* 



\AMm\itmmim0mmiM 



CRÓNICA DE INDIAS Y DEL ESTRANIERO. 



La esciusez de noticias qm ha, dado de si el mes. pasado 
nos obliga á reunir bajo un solo titulo estas dos crónicas. 

Según vemos por los periódicos americanos, la situación 
de los partidos beligerantes en Méjico sigue siendo suma«- 
mente critica. El general Taylor^á pesar de sus deseos ar- 
dientes de marchar sobre la capital del imperio de Mo- 
tezuma, carece de las fuerzas necesarias para verificarlo , 
porque todos los voluntarios, que formaban la mayor parte 
de su ejército, lo ban abandonado y han vuelto á sus ho- 
gares, cansados de tan penosa guerra. 

El comodoro Stockton, que manda en Californias, ha 
dividido á este pais en tres provincias , y ha convocado á 
elecciones para mandar representantes al congreso de los 
Estados-Unidos. Se ha dicho que los cónsules de Francia 
y de Inglaterra habian protestado contra la agregación de 
este magnifico territorio á la república del Norte , y que 
la respuesta del comodoro habia sido privarlos de su li- 
bertad. Pero esta noticia exige confirmación. 

Santa Ana se baila en San Luis de Potosí al fi*ente de 
20,000 hombres, disponiéndose á contrarestar la invasión 
anglo-americana , aunque algunos opinan que está de 
acuerdo con los invasores y dispuesto á favorecer sus mi- 
ras^ El tiempo nos dirá si este patriota tan celebrado es 
traidor á la causa de la nacionalidad de su pais. 

La escuadra que bloquea las costas de Méjico ha sufrido 
grandes averias de resultas de los temporales, y grandes 
bajas en sus dotaciones por la fiebre amarilla que se ha 
pronunciado á su bordo. Esta circunstancia, la prolonga- 
ción de la guerra y los grandes gastos que ocasiona, cau- 



318 RITISTA 1^1 iSPAtiA, DB limt AS Y BIL MTRAIUBBO* 

san serias inquietudes al gobierno de Washington» porque 
el pais empieza á exigir la suspensión de una guerra tan 
onerosa, y ha perdido todas sus ilusiones de conquista. 

— La misión de M. Hood á Buenos-Aires no ha producido 
los resultados que se esperaban. La especie de tratado de 
paz que habia celebrado con Rosas no ha sido' aceptado 
por los representantes de Francia y de Inglaterra, qae te- 
men la mala fe del dictador y la prolongación indefinida 
de las hostilidades. M. Hood ha vuelto á Inglaterra , y su 
gobierno piensa enviarlo de nuevo al Rio de la Plata con 
nuevas instrucciones. 

—En Chile ha caido el ministerio de resultas de haber 
presentado al congreso un proyecto de ley que imponía 
severas restricciones á la libertad de imprenta. Las ten- 
dencias despóticas que se descubren en acpiellos gobier- 
nos prueban cuan distantes se hallan los principios repu-*' 
blicanos de haberse aclimatado en aquel territorio que 
antes (tié español , y donde aun imperan nuestras tradí-i- 
ciones. 

— En Europa nada notable ha ocurrido d no ser laagre*^ 
gacion de la república de Cracovia al imperio austrimso. 
Francia é Inglaterra han protestado contra esta violación 
de tratados solemnes. Pero el hecho está consumado, y es 
irrevocable. 

— Por lo demás , Portugal sigue en un estado de in- 
comprensible confusión. La guerra civil arde con furia 
incontenible , y no se descubre el fin de los males que 
afligen á aquel desventurado país. Siquiera Irlanda, donde 
tantos estragos causa el hambre, ve el fin de sus padeci- 
mientos en la próxima cosecha; pero para Portugal pa- 
rece que no hay remedio humano, y que la discordia em- 
puja al pais á una completa disolución social. 



A LOS Sms. SUSCRITORES 



DB &A RBTISTA. 



Al concluir el año 5.® de nuestra publicación, no pode- 
mos menos de dar las gracias á nuestros suscritores, por 
la constancia con que siguen favoreciéndonos , manifes- 
tándoles que esta empresa cree que el único medio de 
corresponder á ella» es el de seguir proporcionando nuevas 
mejoras á la Revista y basta ponerla al nivel de las publi- 
caciones de este género que salen á luz en el estranjero. 

A este efecto, concluida la Historia de los Reyes Católú' 
eos, de S. W. Prescott, cuyo 4.® y último tomo se repar- 
tirá á los Sres. suscritores en el mes próximo, daremos 
principio á la no menos interesante, del mismo autor, la 
Conquista de Méjico , cuya publicación recibirán también 
gratis en la forma establecida, y no sufrirá retraso alguno, 
por hallarse muy adelantada su traducción* 






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